17 mar. 2017

Remunicipalización

El Ayuntamiento de Barcelona ha decidido recurrir la decisión del Tribunal Catalán de Contratos de Servicios Públicos. La batalla judicial será importante, habrá que seguirla con enorme interés. No debería ser sólo judicial, habría que implicar a la ciudadanía para presionar y lograr que quien finalmente se quede con el contrato se comprometa a salvaguardar las necesidades de la gente con pobreza energética. Cambiar las cosas, conquistar derechos, está siempre ligado a la movilización y a la presión social y en la calle.

La batalla está planteada. El efecto contagio puede ser importante. Otros municipios querrían exigir el mismo compromiso a las compañías eléctricas. Detrás de todo esto se está desarrollando una batalla sorda, a veces no tan sorda, para poner coto a las grandes empresas en la gestión y organización de la vida municipal y en torno a la necesidad de recuperar derechos municipales que la oleada neoliberal ha privatizado. El Ayuntamiento de Terrassa (Barcelona) está en proceso de remunicipalizar el servicio de agua. Otros lo están estudiando. [El próximo 19 de marzo está convocada en Terrassa una manifestación bajo el lema: “Se escribe agua, se lee democracia” para exigir la gestión pública y democrática del agua]

El Ayuntamiento de Barcelona está poniendo en marcha un servicio funerario municipal para abaratarlo. Para dentro de dos años está previsto que cuente con su propia empresa comercializadora de energía eléctrica, que podría dar servicio a casi todos los edificios municipales. No es una utopía, es recuperar lo que se fue perdiendo. Hay que poner manos a la obra y estudiar las condiciones para ponerlo en marcha. Las candidaturas municipalistas por el cambio son favorables, también lo son otras candidaturas de las izquierdas y la opinión pública lo ve con simpatía, visto el despilfarro y la corrupción de las privatizaciones.

Si un pequeño y valiente movimiento, con amplio apoyo popular, es capaz de agitar las cosas y generar ilusión para cambiarlas, hay que poner otros en marcha hasta lograr cambiar la tendencia actual, para convertir en prioritario lo común, lo que necesita la mayoría de la gente, y pasar la página de las privatizaciones, las políticas neoliberales o los intereses de los más ricos.