13 mar. 2018

Si los tejados de Madrid estuvieran cubiertos de paneles solares…

El Observatorio de Sostenibilidad (OS), coincidiendo con el acto de constitución de la Alianza Solar Internacional (ISA), en el marco de la Cumbre Solar que pretende instalar en todo el mundo 1.000 GW de energía solar para 2030, ha estimado en un informe preliminar el potencial de producción de electricidad solar de los tejados de Madrid y los beneficios que ello supondría.

Los principales resultados de este informe preliminar apuntan que los tejados de Madrid, con diversas restricciones y usos:

• Podrían cubrirse hasta 13.444 hectáreas de superficie con paneles fotovoltaicos, de las que 6.722 hectáreas serían energéticamente viables. Esos módulos producirían unos 6.462 GWh/año, para una potencia instalada de 4.503 MWp.
• Equivaldría a reducir las emisiones en 3,17 millones de toneladas de CO2.
• Supondría un beneficio directo para los autoproductores, al lograrse la amortización de las inversiones por debajo de los cinco años. 
• El despliegue de paneles fotovoltaicos en los tejados de Madrid daría energía para abastecer el consumo eléctrico total de 1,2 millones de personas; o 1,9 millones de personas de su consumo doméstico directo.
• Lo que supondría el 51,4% del consumo de la ciudad de Madrid en 2016. 
• El empleo generado durante la instalación se situaría en torno a las 14.000 personas, que pasarían a 9.900 estables para la operación y mantenimiento.
• La inversión movilizada se situaría en unos 5.800 millones de euros.
• En cuanto al ahorro producido a los inversores, éste podría situarse hasta en 100 €/MWh producidos por domicilio, o 350 €/año, adicionales a la amortización de la inversión. 

Según Fernando Prieto, del OS, “el proyecto de cubrir los tejados de Madrid con placas solares es extensible a otras ciudades, sería una apuesta decidida por la sostenibilidad desde la ciudadanía; una iniciativa que generaría empleo local, evitaría emisiones de gases de efecto invernadero, contribuyendo directamente a la lucha contra el cambio climático; aumentaría la seguridad en el suministro al disminuir la dependencia energética; ayudaría a superar la pobreza energética; y produciría unos ahorros directos a todos los ciudadanos”. Se trata, por tanto, de “aprovechar un recurso sin utilizar en el que ganamos todos, y un sinsentido que se siga desaprovechado en el siglo XXI."