17 jun. 2018

Cambiar de coche cuando el viejo es “poco” viejo no sale ambientalmente a cuenta

Cambiar de coche sólo es favorable a la sostenibilidad si el viejo tiene unos veinte años, o bien mucho kilometraje. Eso concluyen varios estudios de la comunidad académica que ponen en entredicho los planes Renove. Comentaremos tres de ellos.

El primero, de 2010, fue llevado a cabo en el Centro de Investigación de Recursos y Consumos Energéticos de la Universidad de Zaragoza. Sus autores vieron que, si tomamos un vehículo medio que hace 15.000 kilómetros al año (la media europea), sustituirlo por uno nuevo sólo sale energéticamente a cuenta si tiene al menos 20 años de vida si es diesel, y 22 si va con gasolina.

Un par de años más tarde, en 2012, este estudio del Departamento de Ingeniería de Energía y Procesos de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología comparó los impactos ambientales de los coches eléctricos y los de combustión, y no sólo mientras los usamos sino a lo largo de todo su ciclo de vida. Según el artículo, si el coche viejo ha hecho 200.000 km es mucho más probable que el balance ambiental de sustituirlo sea positivo, y en cambio si sólo ha hecho 100.000 el balance será negativo con toda probabilidad.

Más recientemente, entre 2015 y 2016, otro trabajo, en este caso de la Facultad de Ingeniería Mecánica y Mecatrónica de la Universidad de Tecnología de la Pomerania Occidental, en Polonia, estudió cómo ha evolucionado la huella ecológica de un coche concreto, el Volkswagen Golf, a lo largo de las seis versiones que se han hecho, desde 1976 hasta 2012. En este caso sólo se mide un aspecto de impacto ambiental, si bien probablemente el más preocupante actualmente: la contribución al cambio climático. cambiar un Golf Mk5 por un Mk6 sólo sale ambientalmente a cuenta si el Mk5 tiene al menos 21 años.

¿Qué hacemos con el coche, entonces?

A la vista de lo que nos enseñan estos estudios, los consejos para un uso responsable del coche serían:

Racionalicemos el uso del vehículo particular, sustituyéndolo o combinándolo cuando sea posible por otros medios más sostenibles como el transporte público, la bicicleta o ir a pie.

Compartamos el coche. Un vehículo pasa del orden del 90% de su tiempo de vida útil sin utilizarse (la cifra varía ligeramente según la fuente). Compartirlo, ya sea en viajes puntuales o en rutas frecuentes –como el camino al trabajo–, puede ser una forma sencilla y económica de rentabilizar su coste energético.

Reduzcamos los desplazamientos diarios. Siempre que podamos escoger, prioricemos puestos de trabajo cerca de casa o viceversa. También, al buscar vivienda podemos valorar si es accesible en transporte público y si tenemos al alcance los servicios básicos más necesarios (tiendas, educación, sanidad…) para no tener que recurrir a menudo a un medio de transporte.

• Si tenemos coche, alarguemos su uso mientras sea funcional. Evitemos cambiarlo “picando” el cebo de los planes Renove, o por modas o criterios estéticos. Una buena conducción y un buen mantenimiento pueden prolongar la vida del vehículo.