9 jul 2026

PwC ha lanzado una advertencia clara: el déficit de almacenamiento energético amenaza la integración de las renovables en España.


España ha demostrado que sabe instalar renovables. El verdadero cuello de botella ahora es otro: cómo integrar esa energía limpia sin desperdiciarla, sin hundir precios y sin tensionar la red.

PwC ha lanzado una advertencia clara: el déficit de almacenamiento energético amenaza la integración de las renovables en España. La consultora señala que el país cuenta con una capacidad de almacenamiento inferior a la de otros mercados con penetración renovable comparable, pese a estar entre los líderes europeos en generación limpia.

El problema no es teórico. Cada vez hay más horas con excedentes renovables, especialmente solares, que el sistema no puede absorber. Cuando no hay demanda suficiente, red disponible o almacenamiento, la energía se vierte. Es decir: se produce, pero no se aprovecha.

La tesis de PwC es especialmente relevante porque pone el foco en el bombeo hidroeléctrico. Según el artículo, la capacidad instalada de bombeo apenas ha variado en los últimos años, mientras que la energía gestionada por estas instalaciones se ha triplicado. Eso indica que el sistema está exprimiendo al máximo una infraestructura que no ha crecido al mismo ritmo que la fotovoltaica.

Pero el mensaje no debe interpretarse como “bombeo contra baterías”. Esa sería una lectura pobre. El propio Óscar Barrero, socio responsable de Energía de PwC, insiste en que ambas tecnologías deben ser complementarias. El bombeo aporta duración, firmeza, disponibilidad e inercia física. Las baterías aportan rapidez de respuesta, modularidad y despliegue más ágil.

Ahí está la clave: España necesita un mix de almacenamiento, no una única tecnología ganadora.

Las baterías son especialmente útiles para gestionar picos rápidos, arbitraje diario, servicios de ajuste, control operativo y apoyo distribuido cerca de generación renovable, industria o consumo. El bombeo, por su parte, puede absorber grandes volúmenes de energía durante más horas y aportar estabilidad estructural al sistema.

PwC también introduce un punto incómodo para el sector BESS: muchas baterías se están desarrollando donde hay acceso a red y oportunidad comercial, no necesariamente donde el sistema más las necesita.

Ese es el verdadero debate estratégico. No basta con instalar baterías junto a parques solares para mejorar su rentabilidad. Hace falta planificar almacenamiento donde aporte valor eléctrico real: congestiones, tensión, servicios de red, capacidad firme, respaldo local y reducción de vertidos.

El PNIEC 2023-2030 prevé 22,5 GW de almacenamiento para 2030 dentro de un sistema eléctrico con 160 GW de generación renovable. Sin almacenamiento suficiente, ese objetivo corre el riesgo de convertirse en una paradoja: mucha capacidad renovable instalada, pero una parte creciente sin valor porque no puede integrarse bien.

La conclusión es clara: la transición energética española entra en una segunda fase.

La primera fue instalar megavatios renovables.

La segunda será hacerlos gestionables.

Y ahí el almacenamiento deja de ser un complemento para convertirse en infraestructura crítica.