2 jun 2026

La energía solar ya reina en España: el reto ahora no es instalar más paneles, sino aprovechar toda su energía


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La energía solar fotovoltaica ha alcanzado un nuevo hito en España. Durante mayo de 2026 se convirtió en la principal fuente de generación eléctrica del país, aportando 6.253 GWh, equivalentes al 28% del mix eléctrico nacional. La distancia respecto a las tecnologías tradicionales refleja un cambio estructural del sistema eléctrico español: la energía más barata también empieza a ser la más abundante.

Un cambio histórico en el mix eléctrico

Los datos de operación del sistema muestran una clara transformación:

TecnologíaProducciónCuota del mix
Solar fotovoltaica6.253 GWh28%
Nuclear3.756 GWh17%
Eólica3.246 GWh15%
Ciclos combinados2.986 GWh13%

Por primera vez, la fotovoltaica domina con claridad el sistema eléctrico español, superando ampliamente a la nuclear y la eólica. Este resultado confirma una tendencia que lleva varios años consolidándose gracias al fuerte despliegue de nueva capacidad renovable.

El dato realmente importante está detrás de los números

La noticia no es únicamente que la solar haya alcanzado el 28% del mix.

Lo verdaderamente relevante es que lo ha conseguido a pesar de los crecientes curtailments, es decir, de las limitaciones que obligan a reducir generación renovable disponible porque la red o el sistema no pueden absorber toda la energía producida en determinados momentos.

España está entrando en una nueva etapa energética:

El problema ya no es generar electricidad renovable barata. El desafío consiste en transportarla, almacenarla y consumirla cuando está disponible.

Durante años el cuello de botella fue la falta de renovables. Ahora empieza a ser la capacidad de las redes y la ausencia de almacenamiento suficiente.

¿Qué habría ocurrido sin vertidos renovables?

Si España dispusiera de suficientes sistemas de almacenamiento mediante baterías (BESS) para capturar toda la energía solar actualmente desaprovechada, la participación de la fotovoltaica habría sido todavía mayor.

Tomando hipótesis razonables de vertidos nacionales del 3% al 5%:

  • La cuota solar habría aumentado desde el 28% hasta aproximadamente el 29%.

  • En zonas con mayores restricciones podría haber superado el 30%.

  • Parte de esa energía se habría desplazado a las horas de tarde y noche.

La diferencia porcentual puede parecer reducida, pero su impacto económico sería muy significativo.

Menos gas significa precios más bajos

Aquí aparece uno de los aspectos más importantes y menos comentados del almacenamiento.

Cada MWh solar que una batería desplaza desde el mediodía hacia la tarde evita que sea necesario producir esa energía mediante una central de ciclo combinado.

Y en Europa sigue siendo el gas quien fija el precio marginal durante muchas horas del año.

Por tanto:

  • Menos generación con gas implica menos horas con precios elevados.

  • Disminuye la volatilidad del mercado eléctrico.

  • Se reduce la dependencia energética exterior.

  • Bajan las emisiones de CO₂.

  • Se abarata el coste medio de la electricidad para consumidores e industria.

En otras palabras:

El verdadero valor de las baterías no consiste únicamente en evitar vertidos solares. Su principal aportación es sustituir generación de gas en las horas más caras del día.

El almacenamiento se convierte en infraestructura estratégica


Durante años las baterías se consideraron una tecnología complementaria.

Hoy empiezan a convertirse en un elemento central del sistema eléctrico.

Los BESS permiten:

  • Absorber excedentes solares.

  • Reducir curtailments.

  • Aportar servicios de estabilidad a la red.

  • Desplazar energía renovable hacia las horas punta.

  • Sustituir generación fósil.

  • Reducir precios mayoristas.

Por esta razón, numerosos analistas consideran que la próxima gran ola de inversión energética en Europa no estará en la generación renovable, sino en:

  • Redes de transporte.

  • Redes de distribución.

  • Almacenamiento estacionario.

  • Flexibilidad de la demanda.

  • Electrificación industrial.

Una oportunidad para los centros de datos y la industria

La creciente abundancia de energía solar abre además una nueva vía de competitividad para industrias electrointensivas y centros de datos.

Los futuros centros de datos de inteligencia artificial podrían incorporar distintos grados de flexibilidad:

  • Desplazamiento de cargas no críticas.

  • Gestión dinámica de potencia de cálculo.

  • Sistemas BESS integrados.

  • Almacenamiento térmico para refrigeración.

La combinación de estas tecnologías permitiría absorber excedentes renovables, facilitar nuevas conexiones a la red y reducir costes operativos.

La siguiente fase de la transición energética

Mayo de 2026 marca algo más importante que un récord fotovoltaico.

Marca el momento en que España empieza a pasar de una economía centrada en instalar generación renovable a otra centrada en maximizar su aprovechamiento.

La gran pregunta ya no es cuántos paneles solares más pueden instalarse.

La pregunta es cómo almacenar, transportar y utilizar toda la energía que esos paneles ya son capaces de producir.

Y en esa nueva etapa, las baterías, las redes inteligentes y la flexibilidad de la demanda pueden resultar tan importantes como la propia energía solar.

La red de distribución: el cuello de botella que amenaza 100.000 millones de euros en renovables y almacenamiento en Europa



Durante años, el debate energético europeo se ha centrado en acelerar el despliegue de renovables. Sin embargo, un nuevo informe elaborado por AFRY para Beyond Fossil Fuels apunta a una realidad incómoda: el principal obstáculo para la transición energética ya no es construir más parques solares o eólicos, sino conseguir conectarlos a la red.

El estudio Grid Expectations: The Distribution Backlog Stalling Europe's Energy Transition concluye que las redes de distribución se han convertido en uno de los mayores limitantes para la electrificación de la economía europea. Actualmente existen aproximadamente 375 GW de proyectos renovables y 455 GW de sistemas de almacenamiento en batería (BESS) esperando conexión, lo que representa alrededor de 100.000 millones de euros de inversión bloqueada o retrasada.

La distribución emerge como el nuevo cuello de botella

Tradicionalmente la atención se ha concentrado en las redes de transporte de alta tensión. Sin embargo, AFRY destaca que la congestión se está desplazando progresivamente hacia las redes de distribución, precisamente donde deben conectarse gran parte de los nuevos proyectos fotovoltaicos, sistemas de almacenamiento, puntos de recarga de vehículos eléctricos, bombas de calor e instalaciones industriales electrificadas.

La magnitud del desafío es enorme. Según el informe, los operadores de distribución europeos gestionan ya más de 11.000 solicitudes anuales de conexión por mercado, siendo aproximadamente el 70% de ellas proyectos fotovoltaicos.

Pero el problema no es únicamente físico.

AFRY subraya que las distribuidoras están limitadas tanto por la capacidad de sus infraestructuras como por su capacidad administrativa para procesar, analizar y gestionar miles de solicitudes de conexión de forma eficiente.

El almacenamiento deja de ser un activo energético para convertirse en un activo de red

Uno de los mensajes más interesantes del informe es el papel que adquiere el almacenamiento energético.

Durante años, los sistemas BESS han sido valorados principalmente por su capacidad para realizar arbitraje energético o participar en mercados de servicios de ajuste. Sin embargo, AFRY sitúa ahora al almacenamiento en una posición mucho más estratégica.

El informe destaca que las baterías pueden:

  • Absorber excedentes renovables.

  • Reducir vertidos.

  • Desplazar energía entre diferentes horas del día.

  • Proporcionar flexibilidad rápida al sistema.

  • Retrasar inversiones en infraestructuras de red.

En otras palabras, el almacenamiento ya no debe verse únicamente como un activo energético, sino como una herramienta capaz de aumentar la capacidad efectiva de la red.

Esta visión tiene implicaciones profundas para el mercado español.

En un entorno donde las limitaciones de acceso comienzan a ser un problema estructural, la capacidad de aportar flexibilidad puede convertirse en un factor tan importante como la propia generación renovable.

España ante una oportunidad estratégica

Aunque el informe analiza ocho mercados europeos, muchas de sus conclusiones encajan perfectamente con la situación española.

La creciente electrificación de la industria, el desarrollo masivo de centros de datos, la expansión del autoconsumo y el crecimiento previsto del almacenamiento ejercerán una presión cada vez mayor sobre las redes de distribución.

En este contexto, las futuras soluciones probablemente no pasarán únicamente por construir nuevas líneas o subestaciones.

AFRY identifica una combinación de medidas mucho más amplia:

  • Conexiones flexibles.

  • Instalaciones híbridas.

  • Gestión activa de la demanda.

  • Capacidad dinámica.

  • Digitalización de las redes.

  • Uso intensivo de almacenamiento distribuido.

Precisamente estas son algunas de las líneas regulatorias que empiezan a ganar protagonismo en España y en Europa.

El desafío de los centros de datos y la nueva economía eléctrica

Las conclusiones del informe también tienen una lectura especialmente relevante para el sector de los centros de datos.

La creciente demanda asociada a la inteligencia artificial está generando una presión sin precedentes sobre las infraestructuras eléctricas. En muchos casos, la disponibilidad de acceso a red se está convirtiendo en el principal factor limitante para nuevos desarrollos.

En este escenario, tecnologías como:

  • BESS.

  • Almacenamiento térmico.

  • Gestión inteligente de cargas.

  • Generación distribuida.

  • Plataformas de flexibilidad.

pueden marcar la diferencia entre un proyecto viable y uno inviable.

La flexibilidad deja de ser un elemento complementario para convertirse en una condición necesaria para el crecimiento.

La próxima década será la década de la flexibilidad

La principal conclusión que se desprende del informe de AFRY es clara:

Europa ya no compite únicamente por generar más energía renovable.

Compite por acceder a una red capaz de integrar esa energía.

Y en ese nuevo paradigma, la flexibilidad se convierte en el recurso más valioso del sistema eléctrico.

Las baterías, la gestión inteligente de la demanda, las conexiones flexibles y la digitalización de la red ya no son herramientas auxiliares. Son los elementos que permitirán desbloquear miles de millones de euros de inversión y acelerar la transición energética.

La pregunta ya no es cuánta energía renovable podemos construir.

La verdadera pregunta es cuánta energía renovable seremos capaces de conectar.

1 jun 2026

De la industria “difícil de descarbonizar” a la industria lista para electrificarse


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Durante años hemos escuchado que gran parte de la industria era un sector hard-to-abate, difícil de descarbonizar y dependiente de combustibles fósiles durante décadas. Sin embargo, un reciente análisis de Jan Rosenow cuestiona esa narrativa y plantea una idea mucho más optimista: la electrificación industrial podría avanzar mucho más rápido y mucho más lejos de lo que habitualmente asumimos.

La reflexión llega en un momento especialmente relevante para Europa. Las crisis energéticas de los últimos años, la volatilidad del gas y las tensiones geopolíticas han demostrado hasta qué punto la industria europea sigue expuesta a factores externos que no controla. Cada subida del precio del gas se traduce en pérdida de competitividad, reducción de actividad industrial y aumento de costes para empresas y consumidores.

El potencial real de la electrificación industrial

Actualmente, la electricidad representa aproximadamente el 20% de la demanda energética final de la industria a nivel global. Sin embargo, el estudio recopilado por Rosenow muestra que los escenarios más ambiciosos sitúan esa cifra en torno al 51% para 2050, llegando incluso al 85% en los escenarios de mayor electrificación.

La conclusión es contundente: el principal límite ya no es tecnológico.

Bombas de calor industriales, calentamiento por inducción, calderas eléctricas, almacenamiento térmico y otras soluciones eléctricas ya permiten cubrir una gran parte de los procesos industriales de baja y media temperatura. Incluso para aplicaciones de temperaturas muy elevadas comienzan a aparecer tecnologías viables basadas en inducción, hornos eléctricos y plasma.

Lo que separa los escenarios más conservadores de los más ambiciosos no es la física, sino las decisiones que se tomen durante esta década en materia de redes, regulación, financiación e inversión industrial.

Una oportunidad estratégica para Europa

La electrificación industrial no debe entenderse únicamente como una herramienta de descarbonización.

También es una herramienta de competitividad, soberanía energética y resiliencia económica.

Cada proceso industrial que sustituye combustibles fósiles importados por electricidad generada localmente a partir de renovables reduce su exposición a los mercados internacionales de energía. En un contexto marcado por la incertidumbre geopolítica, esta ventaja adquiere un valor estratégico enorme.

Europa parece haber entendido esta oportunidad. La Comisión Europea ya ha puesto en marcha la primera subasta específica para electrificación del calor industrial, movilizando cientos de millones de euros para acelerar la adopción de tecnologías limpias en sectores intensivos en energía.

Donde el almacenamiento energético se vuelve imprescindible

La electrificación industrial a gran escala traerá consigo una consecuencia inevitable: un incremento significativo de la demanda eléctrica.

Y aquí es donde el almacenamiento energético emerge como uno de los grandes habilitadores de la transición.

Una industria electrificada puede convertirse también en una industria flexible. Procesos alimentados por electricidad, almacenamiento térmico y sistemas BESS permiten desplazar consumos, optimizar costes energéticos y adaptarse a las necesidades del sistema eléctrico.

La combinación de electrificación industrial, energías renovables y almacenamiento ofrece una oportunidad única para construir un modelo energético más robusto y eficiente.

No se trata únicamente de sustituir gas por electricidad. Se trata de crear fábricas capaces de interactuar activamente con la red, absorber excedentes renovables, participar en mercados de flexibilidad y contribuir a la estabilidad del sistema eléctrico.

Una oportunidad también para los centros de datos

La misma lógica que impulsa la electrificación industrial puede aplicarse al creciente ecosistema de centros de datos.

La integración de baterías, almacenamiento térmico, gestión inteligente de cargas y flexibilidad operativa permitirá acelerar nuevas conexiones a red y reducir los costes asociados a la infraestructura eléctrica.

La pregunta del futuro ya no será únicamente cuánta potencia podemos generar, sino cuánta flexibilidad somos capaces de aportar.

Conclusión

La tecnología ya existe. Las bombas de calor industriales, los sistemas de calentamiento eléctrico y las soluciones de almacenamiento han alcanzado niveles de madurez impensables hace apenas una década.

El verdadero desafío ya no es tecnológico. Es regulatorio, económico y estratégico.

La industria europea tiene ante sí una oportunidad histórica para reducir su dependencia energética, mejorar su competitividad y acelerar la descarbonización.

Y en ese camino, la electrificación industrial y el almacenamiento energético están llamados a convertirse en dos de los pilares fundamentales de la nueva economía energética europea.

La cuestión ya no es si la industria puede electrificarse. La cuestión es si seremos capaces de hacerlo con la suficiente rapidez para aprovechar toda la oportunidad que tenemos delante

30 may 2026

El mercado de capacidad acelera: las eléctricas ya presionan para activarlo este mismo año


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La aprobación de Bruselas apenas ha tardado unas horas en producir su primer efecto político e industrial.

Tras recibir el visto bueno de la Comisión Europea al mecanismo de capacidad español, las grandes eléctricas agrupadas en Aelec ya han reclamado al Gobierno que acelere su implantación y lo active antes de que termine 2026.

El movimiento no es casual.

Detrás de esta petición hay una realidad que empieza a hacerse evidente en toda Europa: la transición energética está entrando en una fase donde la prioridad ya no es únicamente instalar más renovables, sino garantizar que el sistema siga siendo estable cuando las renovables no producen o cuando la red entra en situaciones de estrés.

El mensaje de las eléctricas

Las compañías defienden que el mecanismo debe ponerse en marcha cuanto antes para enviar señales claras de inversión y asegurar que exista capacidad suficiente disponible durante los próximos años.

Su argumento es sencillo:

  • La demanda eléctrica crecerá.

  • Los centros de datos multiplicarán consumos.

  • La electrificación industrial continuará avanzando.

  • Parte del parque convencional irá perdiendo protagonismo.

  • La penetración renovable seguirá aumentando.

Todo ello incrementa la necesidad de recursos capaces de aportar firmeza y flexibilidad al sistema.

Lo que realmente está ocurriendo

Si se observa con perspectiva, el debate es mucho más profundo que una simple ayuda económica al sector eléctrico.

España está reconociendo oficialmente algo que durante años generó controversia:

Un sistema dominado por renovables necesita mecanismos que remuneren la disponibilidad y no solo la energía producida.

Hasta ahora el mercado eléctrico pagaba principalmente por generar electricidad.

Ahora empieza a pagar también por estar preparado para actuar cuando sea necesario.

Ese cambio conceptual es enorme.

BESS: de activo complementario a infraestructura estratégica

Probablemente uno de los mayores beneficiados será el almacenamiento energético.

Durante años muchos proyectos BESS dependieron casi exclusivamente de:

  • arbitraje energético,

  • servicios de ajuste,

  • control de frecuencia,

  • mercados auxiliares.

Con el nuevo mecanismo aparece una nueva capa de ingresos que puede mejorar significativamente la financiación de proyectos utility-scale. 

Y esto ocurre justo cuando España empieza a enfrentarse a fenómenos que aumentan el valor de la flexibilidad:

  • vertidos renovables crecientes,

  • congestiones de red,

  • electrificación acelerada,

  • crecimiento de los centros de datos,

  • necesidad de respuesta ultrarrápida ante perturbaciones.

El factor apagón sigue muy presente

Aunque pocas veces se mencione explícitamente, el apagón ibérico de abril de 2025 sigue proyectando una sombra enorme sobre todas las decisiones regulatorias actuales.

Las investigaciones apuntan a un evento multifactorial relacionado con problemas de tensión y estabilidad del sistema. 

Desde entonces, conceptos como:

  • resiliencia,

  • control de tensión,

  • capacidad firme,

  • servicios de flexibilidad,

han ganado un peso regulatorio mucho mayor.

El mecanismo de capacidad es, en parte, una respuesta estructural a esa nueva sensibilidad política sobre la seguridad de suministro.

La batalla silenciosa de los próximos años

La pregunta ya no es si España necesitará flexibilidad.

La pregunta es quién capturará el valor económico de esa flexibilidad.

Los ciclos combinados parten con ventaja porque ya están instalados y disponibles.

Pero las baterías llegan con atributos cada vez más difíciles de ignorar:

  • respuesta instantánea,

  • modularidad,

  • capacidad para estabilizar red,

  • integración directa con renovables,

  • ausencia de emisiones directas.

La próxima década probablemente estará marcada por esa competencia silenciosa entre tecnologías de respaldo tradicionales y nuevas soluciones de almacenamiento.

Más allá de los 9.000 millones

El verdadero significado de este mercado no son los fondos movilizados.

Es el reconocimiento de que el sistema eléctrico del futuro necesitará algo más que generación renovable barata.

Necesitará capacidad para responder, adaptarse y mantenerse estable en tiempo real.

Y en ese nuevo escenario, la flexibilidad deja de ser un servicio auxiliar.

Empieza a convertirse en uno de los activos más valiosos de toda la transición energética. 

Mercado de capacidad: los 9.000 millones que pueden cambiar el futuro energético de España


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Mientras gran parte del debate energético sigue centrado en instalar más renovables, Bruselas acaba de lanzar un mensaje mucho más profundo: la transición energética no va solo de generar electricidad limpia, sino de garantizar que siempre esté disponible cuando se necesita.

La Comisión Europea ha aprobado oficialmente el nuevo mercado de capacidad español, un mecanismo dotado con hasta 9.000 millones de euros durante los próximos diez años destinado a reforzar la seguridad de suministro eléctrico y evitar situaciones de estrés en la red. (European Commission)

La decisión llega en un momento especialmente relevante. La electrificación de la economía acelera, los centros de datos multiplican su demanda energética, el vehículo eléctrico gana peso y la generación renovable continúa creciendo a gran velocidad. Paradójicamente, cuanto más renovable se vuelve el sistema, más importante resulta disponer de recursos capaces de aportar firmeza, flexibilidad y respaldo cuando el sol o el viento no acompañan.

La señal que esperaba el almacenamiento

El gran mensaje de Bruselas no son los 9.000 millones.

La verdadera noticia es que Europa reconoce oficialmente que la flexibilidad tiene valor económico.

Hasta ahora, muchos proyectos de almacenamiento dependían principalmente de ingresos procedentes de arbitraje energético, mercados de ajuste o servicios auxiliares. Con el nuevo mecanismo aparece una fuente adicional de ingresos a largo plazo que puede transformar completamente la bancabilidad de numerosos proyectos BESS. (Europa Press)

Para los inversores supone una diferencia enorme.

Un sistema de almacenamiento deja de depender exclusivamente de la volatilidad diaria del mercado eléctrico y pasa a recibir una remuneración por estar disponible cuando el sistema más lo necesita.

En otras palabras, la seguridad de suministro empieza a convertirse en un activo monetizable.

España entra en una nueva fase de la transición energética

Durante años el objetivo fue desplegar renovables.

Ahora empieza una segunda etapa mucho más compleja:

  • Gestionar excedentes solares.

  • Reducir vertidos.

  • Mantener la estabilidad de la red.

  • Controlar frecuencia y tensión.

  • Garantizar suministro durante eventos extremos.

  • Integrar la creciente demanda de electrificación y digitalización.

Es precisamente en esta fase donde el almacenamiento adquiere un papel estratégico.

No solo permite desplazar energía entre horas de baja y alta demanda. También aporta resiliencia, respuesta ultrarrápida ante perturbaciones, servicios de red y capacidad firme para acompañar el cierre progresivo de tecnologías convencionales. (European Commission)

Los centros de datos aceleran la necesidad de flexibilidad

Existe además otro factor que empieza a ganar protagonismo: la explosión de los centros de datos y la inteligencia artificial.

Cada nuevo campus digital supone cargas eléctricas masivas conectándose a redes que ya muestran síntomas de congestión en determinadas zonas.

La consecuencia es clara.

La capacidad de almacenamiento deja de ser únicamente una herramienta para integrar renovables y pasa a convertirse en una infraestructura crítica para facilitar nuevas conexiones, reducir cuellos de botella y aportar estabilidad al sistema.

En este contexto, BESS, generación flexible y gestión de demanda dejan de competir entre sí para convertirse en piezas complementarias de una misma arquitectura energética.

Un mercado que puede redefinir las inversiones de la próxima década

El diseño aprobado permitirá participar a generación, almacenamiento y recursos de gestión de demanda mediante subastas competitivas organizadas por Red Eléctrica. El presupuesto estimado ronda los 900 millones de euros anuales, aunque la cifra final dependerá del resultado de cada convocatoria. (Energías Renovables)

La cuestión ahora no es si habrá mercado para la flexibilidad.

La cuestión es quién capturará la mayor parte de ese valor.

Los ciclos combinados parten con ventaja por su capacidad firme ya instalada. Sin embargo, las baterías llegan con una combinación cada vez más difícil de ignorar: rapidez de respuesta, modularidad, ausencia de emisiones directas y capacidad para resolver múltiples necesidades del sistema simultáneamente.

La batalla silenciosa de la próxima década

La transición energética española entra en una nueva etapa.

La carrera ya no consiste únicamente en instalar más megavatios renovables.

Consiste en construir un sistema capaz de absorberlos, gestionarlos y garantizar que sigan funcionando cuando las condiciones son adversas.

Y en esa nueva fase, la flexibilidad deja de ser un complemento.

Empieza a convertirse en uno de los activos más valiosos de todo el sistema eléctrico.

Porque en el sistema energético del futuro no solo tendrá valor la energía que se produce.

Tendrá aún más valor la energía que está disponible exactamente cuando hace falta. (European Commission)

29 may 2026

El capital ya ha elegido: el futuro energético será eléctrico… y necesitará baterías

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Durante años hemos debatido si la transición energética avanzaría lo suficientemente rápido. En 2026, los mercados parecen haber dado su respuesta. El dinero ya está hablando.

Según el último informe World Energy Investment 2026 de la Agencia Internacional de la Energía (IEA), la inversión energética mundial alcanzará los 3,4 billones de dólares, de los cuales 2,2 billones se destinarán a renovables, nuclear, redes, almacenamiento, eficiencia y electrificación. Mientras tanto, petróleo, gas y carbón atraerán conjuntamente unos 1,2 billones de dólares.

Por primera vez en la historia moderna de la energía, la electricidad concentra ya cerca del 60% de toda la inversión energética global.

No estamos asistiendo únicamente a una transición tecnológica. Estamos presenciando una reasignación masiva de capital a escala global.

El gran cambio: del barril al electrón

La energía mundial ha estado dominada durante más de un siglo por la extracción, transporte y consumo de combustibles fósiles. Sin embargo, la lógica económica está cambiando.

La IEA prevé que la inversión en petróleo vuelva a caer en 2026 por tercer año consecutivo, situándose por debajo de los 500.000 millones de dólares, mientras que las inversiones en electricidad e infraestructuras eléctricas alcanzarán 1,6 billones de dólares, o incluso 2 billones si se incluye la electrificación de los consumos finales.

La razón es sencilla: la electricidad se está convirtiendo en el vector energético dominante para transporte, industria, edificios, centros de datos e inteligencia artificial.

Cada vehículo eléctrico, cada bomba de calor, cada centro de datos y cada proceso industrial electrificado aumenta la dependencia de una red eléctrica robusta, flexible y resiliente.

Las renovables ya no son el cuello de botella

Durante la última década, el principal reto consistía en desplegar capacidad renovable.

Hoy la situación es diferente.

La inversión mundial en renovables alcanzará los 665.000 millones de dólares, incluyendo 365.000 millones de dólares en solar fotovoltaica.

La tecnología ha ganado la batalla de costes.

La propia IEA destaca que los costes de la solar y del almacenamiento con baterías han caído alrededor de un 80% en la última década, permitiendo desplegar mucha más capacidad con la misma inversión.

El problema ya no es producir electricidad renovable.

El problema es gestionarla.

Redes y baterías: los nuevos protagonistas

Quizá el dato más relevante de todo el informe sea que la inversión está desplazándose desde la generación hacia las infraestructuras de flexibilidad.

Las inversiones en redes eléctricas alcanzarán 550.000 millones de dólares en 2026, mientras que la inversión en almacenamiento mediante baterías superará por primera vez los 100.000 millones de dólares anuales.

La IEA reconoce explícitamente que este reequilibrio es necesario para evitar riesgos para la seguridad del suministro.

No es casualidad.

Las redes eléctricas de todo el mundo se enfrentan simultáneamente a tres desafíos:

  • Crecimiento acelerado de la demanda eléctrica.

  • Integración masiva de renovables variables.

  • Explosión del consumo asociado a la inteligencia artificial y los centros de datos.

Sin almacenamiento, el sistema se vuelve más rígido, más caro y más vulnerable.

Con almacenamiento, la red gana capacidad para absorber excedentes renovables, reducir vertidos, estabilizar frecuencia y tensión, retrasar inversiones en infraestructuras y mejorar la resiliencia frente a eventos extremos.

España tiene una oportunidad histórica

Este cambio global encaja perfectamente con la situación española.

España dispone de algunos de los mejores recursos solares de Europa, una creciente industria de centros de datos, una fuerte electrificación en marcha y una necesidad cada vez más evidente de aumentar la flexibilidad del sistema.

La congestión de determinados nudos, el incremento de los vertidos renovables y las lecciones aprendidas tras el apagón ibérico han puesto de manifiesto que la transición energética no puede basarse únicamente en instalar más megavatios renovables.

Necesita almacenamiento.

Mucho almacenamiento.

La buena noticia es que la regulación española está evolucionando en esa dirección y que los inversores empiezan a percibir las baterías no solo como una tecnología complementaria, sino como una infraestructura crítica para el sistema eléctrico del futuro.

La década de las baterías

Durante años se habló de la década de la solar.

Todo apunta a que la segunda mitad de esta década será recordada como la década del almacenamiento.

Cuando los mayores flujos de capital del mundo empiezan a dirigirse simultáneamente hacia electrificación, redes y baterías, conviene prestar atención.

Porque los mercados suelen equivocarse menos que los titulares.

Y en 2026 el mercado está enviando un mensaje muy claro:

la transición energética ya no depende de generar más electricidad renovable. Depende de ser capaces de almacenarla, gestionarla y ponerla a disposición del sistema cuando realmente se necesita.

El futuro energético será eléctrico. Y será flexible.

BESS: la próxima gran ola energética ya está aquí


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Durante años, las energías renovables fueron la gran oportunidad de inversión de la transición energética. Hoy, la generación solar y eólica ya han demostrado su competitividad. El nuevo desafío no es producir electricidad limpia, sino gestionarla de forma eficiente cuando más se necesita.

Y ahí es donde comienza la verdadera revolución del almacenamiento energético.

BloombergNEF estima que la capacidad mundial de almacenamiento energético podría superar los 10 TWh en 2050, multiplicando varias veces la capacidad actual. Paralelamente, la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) considera el almacenamiento una tecnología imprescindible para alcanzar los objetivos de descarbonización y garantizar la estabilidad de los sistemas eléctricos del futuro.

No se trata únicamente de una cuestión medioambiental. Se trata de economía, seguridad energética y resiliencia.

España es un ejemplo perfecto de esta transformación. El país dispone de uno de los mejores recursos solares de Europa y continúa incorporando nueva generación renovable a gran velocidad. Sin embargo, este éxito trae consigo un nuevo reto: la producción renovable no siempre coincide con los momentos de máxima demanda.

Como consecuencia, aumentan los vertidos de energía limpia, crece la volatilidad de los precios y aparecen cada vez más horas con precios muy reducidos o incluso cercanos a cero. Cuanta más renovable se instala, mayor es la necesidad de flexibilidad.

Las baterías representan precisamente esa flexibilidad.

Un sistema BESS permite almacenar energía cuando existe abundancia de generación renovable y liberarla cuando el sistema la necesita. Pero su valor va mucho más allá del arbitraje energético. También puede participar en servicios de ajuste, regulación de frecuencia, control de tensión, gestión de congestiones, reducción de vertidos y soporte a la estabilidad de la red.

En otras palabras, las baterías están empezando a desempeñar funciones que históricamente realizaban centrales convencionales, pero con una velocidad de respuesta muy superior.

Este cambio está atrayendo cada vez más capital.

Los costes de las baterías han caído cerca de un 90% durante la última década, mientras que los modelos de negocio asociados al almacenamiento continúan ampliándose. La combinación de reducción de costes, nuevas fuentes de ingresos y un entorno regulatorio cada vez más favorable está mejorando significativamente la rentabilidad de los proyectos.

Además, está emergiendo un nuevo motor de crecimiento: los centros de datos y la inteligencia artificial.

La electrificación de la economía, la expansión industrial y el auge de los data centers están incrementando la presión sobre las redes eléctricas de todo el mundo. Los operadores necesitan recursos capaces de aportar flexibilidad, estabilidad y capacidad de respuesta instantánea. Las baterías se encuentran entre las pocas tecnologías capaces de ofrecer estas tres características simultáneamente.

La regulación también avanza en la misma dirección. Europa ha identificado el almacenamiento como una infraestructura estratégica para reforzar la soberanía energética, reducir la dependencia de combustibles fósiles importados y acelerar la integración renovable. España, por su parte, está impulsando reformas destinadas a facilitar la hibridación y mejorar el encaje regulatorio del almacenamiento en el sistema eléctrico.

La cuestión ya no es si las baterías tendrán un papel protagonista en la transición energética.

La verdadera pregunta es quién estará posicionado para capturar el valor que generará esta transformación.

Hace una década, la gran oportunidad era invertir en generación renovable. Hoy, el cuello de botella ya no es la generación. El cuello de botella es la flexibilidad.

Y como ocurre en todas las grandes transformaciones tecnológicas, quienes identifiquen antes dónde se creará el valor suelen ser quienes obtienen los mayores retornos.

El almacenamiento energético no es únicamente una tecnología emergente.

Se está convirtiendo en una de las infraestructuras más estratégicas del siglo XXI.


BloombergNEF – Energy Storage Enters the 100-Gigawatt Era
(112 GW y 307 GWh instalados en 2025; +48% interanual)
  • (Proyección de 2 TW / 7,3 TWh acumulados para 2035)
  • (Marco de valoración económica del almacenamiento y papel estratégico para integrar renovables)
  • (Las inversiones en renovables, redes y almacenamiento superaron 1,19 billones de dólares en 2024)
  • (Reconocimiento del almacenamiento como infraestructura clave para la transición energética europea)
  • (Panorama regulatorio y despliegue del almacenamiento en Europa) 
  • 28 may 2026

    La seguridad de los BESS ya no se demuestra celda a celda: se demuestra a escala de sistema SolaX


    La seguridad en almacenamiento energético está entrando en una nueva fase. Ya no basta con afirmar que una celda, un módulo o un contenedor cumplen determinados requisitos. En proyectos utility scale, lo que realmente importa para promotores, inversores, aseguradoras y operadores es cómo se comporta el sistema completo cuando se enfrenta a un escenario extremo, creíble y severo.

    SolaX acaba de dar un paso importante en esa dirección. El 21 de mayo de 2026, la compañía completó un ensayo de fuego extremo a escala de sistema sobre su solución ORI de almacenamiento energético de gran escala, con presencia de UL Solutions como entidad testigo.

    La clave no está solo en haber probado un contenedor. La configuración del ensayo incluyó cuatro contenedores DC de baterías y una estación PCS & Transformer, reproduciendo una arquitectura más cercana a una instalación real de almacenamiento. Es decir, se evaluó el comportamiento conjunto de baterías, conversión de potencia, comunicaciones, cableado, protección estructural y medidas de aislamiento frente a un escenario de fallo severo.


    Y ahí está el punto diferencial.

    En un activo BESS, un evento térmico no es únicamente una cuestión de seguridad de producto. Puede afectar a la disponibilidad de la planta, a la valoración del seguro, a los protocolos de emergencia, a la protección del activo y, en última instancia, a la bancabilidad del proyecto. Para un inversor, la pregunta relevante no es solo si una batería es segura en condiciones normales. La pregunta crítica es qué ocurre cuando algo va mal.

    Según las observaciones del ensayo, el sistema ORI logró no propagación a nivel de sistema: no se observó propagación del fuego a los contenedores de batería adyacentes ni al contenedor AC/PCS. El test analizó indicadores especialmente relevantes en almacenamiento de gran escala, como la propagación de runaway térmico, el incremento de temperatura en contenedores próximos, la integridad estructural, el riesgo de incendio en cables, la continuidad de comunicación del BMS y la respuesta del sistema de alarma.

    Este tipo de validación es especialmente importante porque el mercado está cambiando. A medida que el almacenamiento pasa de ser un complemento renovable a convertirse en infraestructura crítica de red, los criterios de compra también evolucionan. Ya no se trata solo de €/kWh, potencia instalada o rendimiento. La seguridad sistémica, la resiliencia operacional y la capacidad de limitar daños bajo condiciones extremas empiezan a formar parte del núcleo de la decisión de inversión.

    El resultado del ensayo apunta a que la arquitectura de compartimentación, la estrategia de aislamiento térmico, la protección del cableado y el diseño de seguridad del sistema ORI fueron eficaces bajo las condiciones probadas.

    Esto refuerza una idea clave para el futuro del almacenamiento: la seguridad no debe venderse como una característica aislada, sino demostrarse como una propiedad integrada del sistema completo.

    En mercados donde los BESS serán esenciales para hibridación renovable, arbitraje, servicios de flexibilidad, respaldo a centros de datos, control de red y resiliencia energética, la validación a escala real será cada vez más relevante. No solo para cumplir normas, sino para generar confianza técnica, financiera y operativa.

    La transición energética necesita baterías. Pero necesita, sobre todo, baterías que puedan integrarse en activos reales, bajo condiciones reales, con una seguridad demostrada más allá del laboratorio.

    Y ese es precisamente el mensaje de fondo: el almacenamiento de gran escala no se gana solo con capacidad. Se gana con ingeniería, seguridad y confianza.

    Europa teme el colapso de sus redes: la flexibilidad y las baterías pasan a ser críticas para evitar el bloqueo eléctrico


    PODCAST >

    Europa empieza a asumir una realidad incómoda: el problema ya no es solo generar electricidad renovable, sino conseguir que las redes sobrevivan al tsunami de electrificación que viene encima.

    Las grandes eléctricas europeas, agrupadas en Eurelectric, han pedido incentivos al consumo flexible para evitar que la congestión de las redes termine convirtiéndose en el gran cuello de botella de la transición energética. Y el mensaje es mucho más serio de lo que parece. (Eurelectric - Powering People)

    Durante años, el debate energético europeo se centró en instalar más renovables. Más solar. Más eólica. Más interconexión. Pero ahora empieza a aparecer otro problema: millones de nuevos consumos eléctricos quieren conectarse al mismo tiempo.

    • Vehículo eléctrico.
    • Bombas de calor.
    • Electrificación industrial.
    • Hidrógeno verde.
    • Data centers de IA.
    • BESS.

    Y la red simplemente no crece al mismo ritmo.

    De hecho, en España el atasco ya empieza a ser visible. Según análisis recientes, gran parte de las subestaciones tienen la capacidad firme prácticamente agotada, mientras proyectos industriales y tecnológicos esperan años para conectarse. (Energética 21)

    Aquí es donde entra el gran cambio de paradigma: la flexibilidad.

    Europa empieza a pasar de un modelo rígido —donde toda la potencia debía estar garantizada permanentemente— a otro mucho más dinámico, donde parte de la demanda acepta adaptarse a las condiciones reales de la red. (Araoz & Rueda)

    Eso cambia completamente las reglas del juego.

    Porque en ese nuevo sistema el valor ya no estará solo en consumir energía barata, sino en consumirla en el momento adecuado.

    Y ahí aparecen los grandes ganadores potenciales:

    • almacenamiento con baterías,

    • autoconsumo inteligente,

    • agregadores,

    • VPPs,

    • gestión flexible industrial,

    • y especialmente los data centers energéticamente gestionables.

    Lo interesante es que España podría convertirse en uno de los laboratorios europeos más avanzados en este modelo.

    La CNMC ya trabaja en permisos de acceso flexible que permitirían conectar nuevas cargas incluso en nudos saturados, siempre que acepten limitaciones temporales o modulación de consumo. (Araoz & Rueda)

    En la práctica, esto significa algo enorme:

    un proyecto con BESS podría conectarse años antes sin esperar a grandes refuerzos de red.

    Y eso puede acelerar radicalmente:

    • electrificación industrial,

    • despliegue de centros de datos,

    • almacenamiento distribuido,

    • y nuevos modelos de flexibilidad local.

    El caso de los BESS es especialmente interesante.

    Hasta ahora, muchas baterías dependían principalmente del arbitraje energético y de servicios auxiliares. Pero el nuevo escenario abre otra vía mucho más estructural: monetizar capacidad flexible y congestión evitada.

    En otras palabras:
    la batería ya no sería solo un “asset energético”, sino también una herramienta para evitar CAPEX masivo en redes.

    Eso explica por qué Bruselas y las eléctricas empiezan a hablar tanto de:

    Porque la alternativa es extremadamente cara:
    reforzar toda la red europea para soportar picos simultáneos de electrificación.

    Y probablemente no haya tiempo, dinero ni capacidad industrial suficiente para hacerlo al ritmo que exige la transición energética.

    Un escéptico podría decir que esto es simplemente una manera elegante de trasladar restricciones al consumidor. Y parcialmente tendría razón.

    Pero también hay una realidad física difícil de ignorar:
    las redes eléctricas se diseñan para soportar picos, no medias.

    Si millones de activos eléctricos funcionan simultáneamente sin coordinación, el sistema se vuelve económicamente explosivo.

    Por eso la flexibilidad empieza a convertirse en el “nuevo combustible” del sistema eléctrico europeo.

    Y aquí aparece otra derivada estratégica enorme:
    los data centers podrían pasar de ser vistos como una amenaza para la red a convertirse en activos de estabilidad.

    Especialmente si integran:

    • BESS,

    • gestión dinámica de carga,

    • generación distribuida,

    • y capacidad de respuesta automática.

    Esto conecta directamente con la tendencia creciente de “grid-aware AI infrastructure”, donde la infraestructura digital se adapta en tiempo real a las condiciones energéticas del sistema.

    En el fondo, Europa empieza a asumir algo que hace pocos años parecía casi herético:

    la transición energética no se resolverá solo construyendo más generación.

    Se resolverá gestionando inteligentemente la flexibilidad.

    Y eso coloca al almacenamiento energético en una posición absolutamente central dentro del futuro sistema eléctrico europeo. (Eurelectric - Powering People)