1 jun 2026

De la industria “difícil de descarbonizar” a la industria lista para electrificarse


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Durante años hemos escuchado que gran parte de la industria era un sector hard-to-abate, difícil de descarbonizar y dependiente de combustibles fósiles durante décadas. Sin embargo, un reciente análisis de Jan Rosenow cuestiona esa narrativa y plantea una idea mucho más optimista: la electrificación industrial podría avanzar mucho más rápido y mucho más lejos de lo que habitualmente asumimos.

La reflexión llega en un momento especialmente relevante para Europa. Las crisis energéticas de los últimos años, la volatilidad del gas y las tensiones geopolíticas han demostrado hasta qué punto la industria europea sigue expuesta a factores externos que no controla. Cada subida del precio del gas se traduce en pérdida de competitividad, reducción de actividad industrial y aumento de costes para empresas y consumidores.

El potencial real de la electrificación industrial

Actualmente, la electricidad representa aproximadamente el 20% de la demanda energética final de la industria a nivel global. Sin embargo, el estudio recopilado por Rosenow muestra que los escenarios más ambiciosos sitúan esa cifra en torno al 51% para 2050, llegando incluso al 85% en los escenarios de mayor electrificación.

La conclusión es contundente: el principal límite ya no es tecnológico.

Bombas de calor industriales, calentamiento por inducción, calderas eléctricas, almacenamiento térmico y otras soluciones eléctricas ya permiten cubrir una gran parte de los procesos industriales de baja y media temperatura. Incluso para aplicaciones de temperaturas muy elevadas comienzan a aparecer tecnologías viables basadas en inducción, hornos eléctricos y plasma.

Lo que separa los escenarios más conservadores de los más ambiciosos no es la física, sino las decisiones que se tomen durante esta década en materia de redes, regulación, financiación e inversión industrial.

Una oportunidad estratégica para Europa

La electrificación industrial no debe entenderse únicamente como una herramienta de descarbonización.

También es una herramienta de competitividad, soberanía energética y resiliencia económica.

Cada proceso industrial que sustituye combustibles fósiles importados por electricidad generada localmente a partir de renovables reduce su exposición a los mercados internacionales de energía. En un contexto marcado por la incertidumbre geopolítica, esta ventaja adquiere un valor estratégico enorme.

Europa parece haber entendido esta oportunidad. La Comisión Europea ya ha puesto en marcha la primera subasta específica para electrificación del calor industrial, movilizando cientos de millones de euros para acelerar la adopción de tecnologías limpias en sectores intensivos en energía.

Donde el almacenamiento energético se vuelve imprescindible

La electrificación industrial a gran escala traerá consigo una consecuencia inevitable: un incremento significativo de la demanda eléctrica.

Y aquí es donde el almacenamiento energético emerge como uno de los grandes habilitadores de la transición.

Una industria electrificada puede convertirse también en una industria flexible. Procesos alimentados por electricidad, almacenamiento térmico y sistemas BESS permiten desplazar consumos, optimizar costes energéticos y adaptarse a las necesidades del sistema eléctrico.

La combinación de electrificación industrial, energías renovables y almacenamiento ofrece una oportunidad única para construir un modelo energético más robusto y eficiente.

No se trata únicamente de sustituir gas por electricidad. Se trata de crear fábricas capaces de interactuar activamente con la red, absorber excedentes renovables, participar en mercados de flexibilidad y contribuir a la estabilidad del sistema eléctrico.

Una oportunidad también para los centros de datos

La misma lógica que impulsa la electrificación industrial puede aplicarse al creciente ecosistema de centros de datos.

La integración de baterías, almacenamiento térmico, gestión inteligente de cargas y flexibilidad operativa permitirá acelerar nuevas conexiones a red y reducir los costes asociados a la infraestructura eléctrica.

La pregunta del futuro ya no será únicamente cuánta potencia podemos generar, sino cuánta flexibilidad somos capaces de aportar.

Conclusión

La tecnología ya existe. Las bombas de calor industriales, los sistemas de calentamiento eléctrico y las soluciones de almacenamiento han alcanzado niveles de madurez impensables hace apenas una década.

El verdadero desafío ya no es tecnológico. Es regulatorio, económico y estratégico.

La industria europea tiene ante sí una oportunidad histórica para reducir su dependencia energética, mejorar su competitividad y acelerar la descarbonización.

Y en ese camino, la electrificación industrial y el almacenamiento energético están llamados a convertirse en dos de los pilares fundamentales de la nueva economía energética europea.

La cuestión ya no es si la industria puede electrificarse. La cuestión es si seremos capaces de hacerlo con la suficiente rapidez para aprovechar toda la oportunidad que tenemos delante