El estudio Grid Expectations: The Distribution Backlog Stalling Europe's Energy Transition concluye que las redes de distribución se han convertido en uno de los mayores limitantes para la electrificación de la economía europea. Actualmente existen aproximadamente 375 GW de proyectos renovables y 455 GW de sistemas de almacenamiento en batería (BESS) esperando conexión, lo que representa alrededor de 100.000 millones de euros de inversión bloqueada o retrasada.
La distribución emerge como el nuevo cuello de botella
La magnitud del desafío es enorme. Según el informe, los operadores de distribución europeos gestionan ya más de 11.000 solicitudes anuales de conexión por mercado, siendo aproximadamente el 70% de ellas proyectos fotovoltaicos.
Pero el problema no es únicamente físico.
AFRY subraya que las distribuidoras están limitadas tanto por la capacidad de sus infraestructuras como por su capacidad administrativa para procesar, analizar y gestionar miles de solicitudes de conexión de forma eficiente.
El almacenamiento deja de ser un activo energético para convertirse en un activo de red
Uno de los mensajes más interesantes del informe es el papel que adquiere el almacenamiento energético.
Durante años, los sistemas BESS han sido valorados principalmente por su capacidad para realizar arbitraje energético o participar en mercados de servicios de ajuste. Sin embargo, AFRY sitúa ahora al almacenamiento en una posición mucho más estratégica.
El informe destaca que las baterías pueden:
Absorber excedentes renovables.
Reducir vertidos.
Desplazar energía entre diferentes horas del día.
Proporcionar flexibilidad rápida al sistema.
Retrasar inversiones en infraestructuras de red.
En otras palabras, el almacenamiento ya no debe verse únicamente como un activo energético, sino como una herramienta capaz de aumentar la capacidad efectiva de la red.
Esta visión tiene implicaciones profundas para el mercado español.
En un entorno donde las limitaciones de acceso comienzan a ser un problema estructural, la capacidad de aportar flexibilidad puede convertirse en un factor tan importante como la propia generación renovable.
España ante una oportunidad estratégica
Aunque el informe analiza ocho mercados europeos, muchas de sus conclusiones encajan perfectamente con la situación española.
La creciente electrificación de la industria, el desarrollo masivo de centros de datos, la expansión del autoconsumo y el crecimiento previsto del almacenamiento ejercerán una presión cada vez mayor sobre las redes de distribución.
En este contexto, las futuras soluciones probablemente no pasarán únicamente por construir nuevas líneas o subestaciones.
AFRY identifica una combinación de medidas mucho más amplia:
Conexiones flexibles.
Instalaciones híbridas.
Gestión activa de la demanda.
Capacidad dinámica.
Digitalización de las redes.
Uso intensivo de almacenamiento distribuido.
Precisamente estas son algunas de las líneas regulatorias que empiezan a ganar protagonismo en España y en Europa.
El desafío de los centros de datos y la nueva economía eléctrica
Las conclusiones del informe también tienen una lectura especialmente relevante para el sector de los centros de datos.
La creciente demanda asociada a la inteligencia artificial está generando una presión sin precedentes sobre las infraestructuras eléctricas. En muchos casos, la disponibilidad de acceso a red se está convirtiendo en el principal factor limitante para nuevos desarrollos.
En este escenario, tecnologías como:
BESS.
Almacenamiento térmico.
Gestión inteligente de cargas.
Generación distribuida.
Plataformas de flexibilidad.
pueden marcar la diferencia entre un proyecto viable y uno inviable.
La flexibilidad deja de ser un elemento complementario para convertirse en una condición necesaria para el crecimiento.
La próxima década será la década de la flexibilidad
La principal conclusión que se desprende del informe de AFRY es clara:
Europa ya no compite únicamente por generar más energía renovable.
Compite por acceder a una red capaz de integrar esa energía.
Y en ese nuevo paradigma, la flexibilidad se convierte en el recurso más valioso del sistema eléctrico.
Las baterías, la gestión inteligente de la demanda, las conexiones flexibles y la digitalización de la red ya no son herramientas auxiliares. Son los elementos que permitirán desbloquear miles de millones de euros de inversión y acelerar la transición energética.
La pregunta ya no es cuánta energía renovable podemos construir.
La verdadera pregunta es cuánta energía renovable seremos capaces de conectar.



