La aprobación por parte de la Comisión Europea del mecanismo de capacidad español ha despejado una de las mayores incógnitas regulatorias del sector energético. Con un presupuesto de hasta 9.000 millones de euros durante los próximos diez años, España ya dispone del marco europeo necesario para remunerar capacidad firme, almacenamiento y gestión de la demanda. Ahora comienza la fase verdaderamente decisiva: convertir la autorización en inversiones reales. (European Commission)
El mercado ya existe. Lo que falta son las reglas
La pregunta ya no es si habrá mercado de capacidad, sino cuándo llegarán las normas que permitan celebrarlo.
Desarrolladores, fondos de inversión, bancos y fabricantes esperan la publicación de la Orden Ministerial y las resoluciones que definirán aspectos clave como:
Volumen de capacidad a contratar.
Límites de precio.
Metodología de firmeza.
Penalizaciones por incumplimiento.
Duración de los contratos.
Tratamiento de activos existentes frente a nuevas instalaciones. (Ministerio de Transición Ecológica)
Sobre el papel, el mecanismo está diseñado para que compitan generación, almacenamiento y gestión de demanda mediante subastas tecnológicamente neutrales. Pero para los inversores los detalles importan mucho más que los titulares. (European Commission)
La gran oportunidad para los BESS
Si existe una tecnología llamada a beneficiarse del nuevo mercado, esa es el almacenamiento con baterías.
España está entrando en una nueva fase de la transición energética. El desafío ya no consiste únicamente en instalar más renovables, sino en gestionar su creciente peso dentro del sistema eléctrico.
La energía solar bate récords de producción de forma recurrente, pero cada vez aparecen más episodios de vertidos, precios horarios extremadamente bajos e incluso negativos y congestiones en determinados puntos de la red. En este contexto, las baterías dejan de ser un complemento para convertirse en infraestructura crítica. (El País)
Los BESS aportan precisamente aquello que busca el mercado de capacidad:
Potencia disponible cuando el sistema la necesita.
Flexibilidad instantánea.
Reducción de vertidos renovables.
Servicios de estabilidad.
Capacidad de respuesta ante situaciones de escasez. (El Periódico de la Energía)
La firmeza será el factor decisivo
Sin embargo, existe una variable que puede determinar el éxito o fracaso de cientos de proyectos: la definición regulatoria de la firmeza.
No todas las tecnologías aportan capacidad firme de la misma manera. Un ciclo combinado, una batería de dos horas, una batería de cuatro horas o una respuesta de demanda tienen perfiles distintos.
La metodología que finalmente adopte el regulador determinará cuánta capacidad reconocida recibe cada tecnología y, por tanto, cuántos ingresos podrá obtener en las subastas.
Para muchos promotores de almacenamiento, este aspecto será más importante incluso que el propio precio de adjudicación.
Un pequeño cambio en los criterios de firmeza puede transformar un proyecto financieramente viable en uno incapaz de conseguir financiación bancaria.
Una carrera contra el reloj
El mercado español de almacenamiento se encuentra en una situación paradójica.
Por un lado, el interés inversor nunca había sido tan elevado. Los grandes fondos internacionales, utilities y desarrolladores consideran que España posee uno de los mayores potenciales de crecimiento de Europa gracias a su enorme parque renovable. (El País)
Por otro, la mayoría de las decisiones de inversión siguen esperando señales regulatorias definitivas.
La aprobación europea elimina una barrera importante, pero no resuelve la principal preocupación del mercado: la incertidumbre sobre el diseño final de las subastas.
Cada mes de retraso supone proyectos que permanecen en fase de desarrollo, pedidos de equipos que no se formalizan y capacidad de almacenamiento que tarda más en incorporarse al sistema.
El verdadero indicador de éxito
Cuando se celebren las primeras subastas, la atención mediática se centrará probablemente en los megavatios adjudicados y en los precios resultantes.
Sin embargo, el verdadero indicador de éxito será otro.
La pregunta relevante no será cuánta capacidad se adjudica, sino cuánta capacidad nueva consigue financiación y llega finalmente a construirse.
Porque el objetivo del mercado de capacidad no es organizar subastas.
El objetivo es crear la certidumbre necesaria para movilizar miles de millones de euros en almacenamiento, flexibilidad y seguridad de suministro.
Y esa partida empieza a jugarse mucho antes de que se abra la primera puja.
Fuentes: Comisión Europea, MITECO, PV Magazine, Energía Estratégica, El Periódico de la Energía, Infoenergética. (European Commission)

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