La electrificación ya no es únicamente una política climática.
Se está convirtiendo en una estrategia industrial, económica y de seguridad energética.
Y para España esto tiene una consecuencia especialmente relevante:
cuanto más electrifiquemos nuestra economía, más importante será poder consumir la electricidad en el lugar y en el momento adecuados.
La Agencia Internacional de la Energía acaba de poner cifras a esta transformación.
En su nuevo informe Electrification, la IEA estima que la electricidad representa hoy aproximadamente el 23% del consumo final mundial de energía. Con tecnologías que ya son competitivas podría alcanzarse alrededor del 33%, mientras que su escenario de electrificación acelerada lleva esa cuota hasta el 35% en 2035.
Y las consecuencias económicas son enormes.
Según la IEA, una electrificación más rápida podría reducir en más de 400.000 millones de dólares anuales la factura energética de los países importadores de combustibles en 2035 y evitar el consumo de unos 18 millones de barriles de petróleo diarios respecto a una trayectoria menos electrificada.
Pero hay un país para el que esta historia resulta especialmente interesante. España.






