España quiere atraer centros de datos.
También quiere que esa nueva demanda eléctrica venga acompañada de nueva generación renovable.
Hasta aquí, parece sencillo.
El problema aparece cuando añadimos dos palabras:
“hora a hora”.
El proyecto regulatorio planteado por el Gobierno establece que, mientras las renovables no superen el 90% del mix eléctrico, los nuevos centros de datos deberán respaldar al menos el 80% de su consumo con nueva generación renovable y con correlación horaria. Es decir: no basta con comprar a lo largo del año tantos MWh renovables como consume el centro. La generación debe producirse en las mismas horas en las que se consume.
Y aquí empieza el verdadero problema energético.
Un centro de datos puede consumir electricidad prácticamente 24 horas al día, 365 días al año.
La fotovoltaica no.
Por eso UNEF acaba de plantear algo bastante interesante.
No cuestiona el objetivo del 80% renovable. Lo que pide es una transición más gradual: empezar midiendo la correlación en términos anuales, evolucionar posteriormente hacia periodos trimestrales y establecer desde el principio una senda regulatoria clara. También propone ampliar hasta seis años el criterio de adicionalidad, reconocer determinados vertidos técnicos, flexibilizar los PPA y, muy especialmente, incentivar la hibridación renovable y el almacenamiento.
Y ahí está, para mí, la parte más importante de todo el debate.






