La revisión del Real Decreto abre nuevas oportunidades para el almacenamiento energético y los PPA renovables, mientras los operadores cuestionan las exigencias de continuidad del suministro y seguridad jurídica.
La expansión de la inteligencia artificial está transformando el mercado eléctrico europeo. Los centros de datos necesitan cantidades crecientes de energía, un suministro prácticamente ininterrumpido y condiciones económicas competitivas. Al mismo tiempo, las redes eléctricas deben acomodar nuevas demandas sin comprometer la seguridad del suministro ni trasladar costes desproporcionados al resto de los consumidores.
España acaba de situar este conflicto en el centro de su política energética.
El 26 de octubre de 2026, el Gobierno remitió al Consejo de Estado una versión revisada del Real Decreto que regulará los requisitos de sostenibilidad energética, medioambiental, resiliencia y soberanía digital de los centros de datos.
La propuesta incorpora cambios significativos después de más de 600 alegaciones y del informe de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC).
El umbral general de aplicación se eleva de 1 a 10 MW de potencia de acceso. Se amplía de 18 a 36 meses la ventana general de adicionalidad de las instalaciones renovables, los contratos PPA reducen su duración mínima de diez a seis años y se flexibilizan determinados parámetros de eficiencia energética.
Sin embargo, el Gobierno mantiene el elemento más controvertido: los grandes centros de datos deberán acreditar una cobertura renovable mínima del 80 %, con una exigencia adicional de correlación horaria.
Y aquí es donde las baterías empiezan a desempeñar un papel que va mucho más allá del respaldo eléctrico tradicional.
Del PPA renovable a la cobertura energética hora a hora
Un centro de datos puede contratar electricidad renovable suficiente para compensar su consumo anual y, sin embargo, seguir necesitando electricidad procedente de otras fuentes durante numerosas horas.
La generación fotovoltaica se concentra en las horas de sol, la eólica presenta variaciones meteorológicas y las cargas informáticas pueden mantenerse activas durante las 24 horas.
El nuevo proyecto mantiene la exigencia de respaldar al menos el 80 % del consumo de cada hora mediante producción renovable elegible.
Esta diferencia entre disponer de energía renovable a lo largo del año y disponer de ella en el momento en que se consume es fundamental.
La contratación renovable anual deja de ser suficiente por sí sola: importa también cuándo se genera la electricidad.
El desafío combina generación, contratación, almacenamiento y gestión temporal de la demanda.
El Gobierno introduce, además, una modificación que podría transformar el mercado de los PPA.
Las instalaciones fotovoltaicas existentes podrán acogerse al régimen de adicionalidad independientemente de su antigüedad, siempre que no tuvieran suscrito un PPA a la entrada en vigor de la nueva norma, en los términos previstos por el proyecto.
Esto abre nuevas posibilidades para productores solares con instalaciones operativas que buscan contratos de suministro a largo plazo.
Y también una oportunidad para integrar almacenamiento en proyectos existentes.
El BESS entra expresamente en la ecuación regulatoria
Una de las novedades más importantes de la versión remitida al Consejo de Estado es el reconocimiento del almacenamiento energético como recurso para respaldar el cumplimiento de la correlación horaria.
Según la información trasladada por APPA Renovables, el proyecto admite expresamente la energía inyectada desde almacenamiento, estableciendo una presunción de origen renovable y reglas específicas para determinadas configuraciones.
Es un avance relevante para el sector, aunque la interpretación definitiva dependerá del articulado aprobado y de las condiciones de contabilización.
Una batería no produce electricidad renovable. Lo que permite es desplazarla temporalmente, almacenando energía cuando está disponible y utilizándola cuando resulta necesaria.
Esta capacidad puede reducir los desajustes horarios entre generación y demanda, mejorar el aprovechamiento de plantas renovables y disminuir determinadas necesidades de compra de electricidad.
Sin embargo, un BESS tampoco elimina por sí solo la variabilidad estacional ni garantiza que una instalación pueda alcanzar cualquier objetivo de correlación renovable.
Su dimensionamiento deberá considerar simultáneamente potencia, capacidad energética útil, eficiencia, disponibilidad, degradación y características de los contratos de suministro.
En otras palabras, instalar baterías no es lo mismo que demostrar el cumplimiento horario de un centro de datos.
La otra gran novedad: flexibilidad a cambio de aceptar restricciones de red
El nuevo texto introduce una alternativa para los centros que no puedan alcanzar inmediatamente los objetivos completos de correlación horaria.
Los proyectos que cumplan las condiciones del régimen transitorio podrán acogerse a objetivos progresivos, siempre que participen en el Sistema de Reducción Automática de Potencia (SRAP).
Según la información comunicada por APPA Renovables, el calendario contempla una correlación mínima del 60 % durante las horas P1 hasta diciembre de 2028 y, desde enero de 2029, del 70 % en P1 y del 60 % en P2.
Este régimen transitorio está condicionado, entre otros requisitos, a que los centros entren en funcionamiento antes del 31 de diciembre de 2030.
La contrapartida es especialmente importante: los centros acogidos deberán aceptar las órdenes de reducción de potencia del operador del sistema, incluyendo la posibilidad de reducir a cero su consumo de red.
El proyecto también contempla consecuencias graves por incumplimiento, incluida la posible pérdida de permisos de acceso y conexión, bajo las condiciones que finalmente establezca la norma.
Para los operadores de centros de datos, cuyo modelo económico depende de una disponibilidad extremadamente elevada, esta alternativa plantea una dificultad evidente.
¿Cómo compatibilizar la flexibilidad que necesita el sistema eléctrico con la continuidad exigida por las infraestructuras digitales?
La respuesta no puede limitarse a instalar una batería.
Reducir a cero la importación de electricidad de la red no implica necesariamente apagar toda la instalación. Una arquitectura adecuadamente diseñada podría mantener determinadas cargas mediante recursos energéticos internos, siempre que disponga de potencia, autonomía, protecciones y condiciones de operación suficientes.
Pero tampoco puede asumirse que esa solución sea técnica o regulatoriamente viable en todos los casos.
La capacidad de respuesta debe demostrarse mediante estudios eléctricos, análisis de reservas, coordinación con sistemas de respaldo y ensayos representativos.
La flexibilidad energética empieza a adquirir valor estratégico, pero también introduce responsabilidades técnicas y riesgos económicos que deben evaluarse cuidadosamente.
La CNMC advierte: la solución tampoco puede consistir en sobredimensionarlo todo
En su informe del 22 de septiembre, la CNMC cuestionó distintos aspectos de la rigidez de los requisitos originalmente propuestos.
Entre las preocupaciones planteadas destacan los costes derivados de la correlación horaria estricta, el posible sobredimensionamiento de generación y almacenamiento y las dificultades para aprovechar eficientemente los recursos renovables existentes.
La cuestión es pertinente.
¿Tiene sentido exigir nueva generación renovable en un sistema que ya registra períodos de excedentes y restricciones de producción?
¿Es razonable obligar a dimensionar enormes capacidades de almacenamiento exclusivamente para superar situaciones excepcionales que podrían gestionarse de otra manera?
La regulación debe incentivar inversiones que aporten valor real al sistema eléctrico, no simplemente crear nuevas obligaciones cuyo cumplimiento resulte económicamente ineficiente.
La incorporación de fotovoltaicas existentes, los cambios en adicionalidad y la admisión expresa del almacenamiento parecen responder parcialmente a estas preocupaciones.
Sin embargo, la correlación horaria sigue siendo uno de los principales puntos de fricción.
Un sector dividido ante la nueva regulación
La reacción empresarial refleja esa tensión.
SpainDC y representantes de la industria de centros de datos consideran que las modificaciones introducidas resultan insuficientes. Las informaciones publicadas el 27 de octubre apuntan a que el sector ha solicitado comparecer ante el Consejo de Estado y contempla actuaciones judiciales si el texto definitivo mantiene las obligaciones cuestionadas.
Los operadores alegan riesgos para la seguridad jurídica, la proporcionalidad de las exigencias y la competitividad española frente a otros mercados europeos.
Fuentes sectoriales citadas por distintos medios hablan de 9.000 millones de euros en inversiones canceladas y de una cartera mucho mayor potencialmente afectada. Estas cifras deben interpretarse como estimaciones o declaraciones del sector, no como pérdidas contrastadas de manera independiente.
No todas las valoraciones son negativas.
Jefferies considera que las modificaciones reducen significativamente el riesgo regulatorio para determinados desarrolladores, como Merlin Properties.
El Gobierno, por su parte, sostiene que resulta necesario evitar que una expansión desordenada de centros de datos presione sobre la red eléctrica, el precio de la electricidad y los recursos hídricos.
Ambas preocupaciones son legítimas.
España necesita atraer inversiones digitales, pero también debe garantizar que su crecimiento resulte compatible con las necesidades energéticas de la industria, los hogares y el resto de los consumidores.
El desafío consiste en encontrar un equilibrio técnicamente viable y regulatoriamente estable.
SolaX Power: del almacenamiento convencional a la infraestructura energética flexible
En este contexto, el almacenamiento energético puede adquirir un papel considerablemente más amplio.
Para fabricantes como SolaX Power, con soluciones de almacenamiento industrial y a gran escala como ORI y TRENE, aparecen tres líneas de aplicación especialmente interesantes.
La primera es la integración renovable. Los BESS pueden complementar contratos PPA solares o eólicos, desplazar energía entre horas y contribuir a mejorar la correspondencia temporal entre generación y consumo.
La segunda es la flexibilidad de red. El almacenamiento permite reducir temporalmente la potencia importada, gestionar determinados picos de demanda y proporcionar recursos energéticos para situaciones operativas específicas.
La tercera es la resiliencia energética. Los BESS pueden complementar las arquitecturas convencionales de respaldo, en coordinación con sistemas UPS, generación de emergencia y protecciones eléctricas, siempre que se validen las prestaciones del conjunto.
Estas aplicaciones pueden resultar complementarias, pero no deben considerarse automáticamente acumulables.
Una misma batería no puede comprometer simultáneamente toda su capacidad para arbitraje, cobertura renovable, reducción de demanda y respaldo de emergencia sin reservar adecuadamente potencia y energía.
Por ello, el valor del almacenamiento no puede determinarse únicamente por los MWh instalados.
Hay que evaluar qué servicios puede prestar realmente, durante cuánto tiempo, con qué reservas y bajo qué condiciones.
El mercado de centros de datos necesitará soluciones energéticas integradas, no simplemente contenedores de baterías.
La importancia de medir resultados reales
Existe otra novedad del proyecto que merece especial atención.
Según la versión descrita por APPA, la CNMC deberá elaborar informes semestrales de seguimiento y se realizarán evaluaciones periódicas de los requisitos establecidos.
Esto podría proporcionar una herramienta valiosa para comprobar si la regulación está consiguiendo los objetivos perseguidos.
El éxito no debería medirse exclusivamente por la nueva potencia renovable contratada o la capacidad de almacenamiento instalada.
También sería conveniente conocer indicadores verificables sobre energía renovable realmente aprovechada, incumplimientos horarios, utilización efectiva del almacenamiento, órdenes de reducción de potencia, costes asociados y evolución de las inversiones.
En materia de eficiencia, el proyecto también adapta el PUE transitorio de 1,15 a 1,25 y contempla una futura metodología de normalización climática, manteniendo exigencias estrictas de eficiencia hídrica.
La sostenibilidad de un centro de datos debe evaluarse considerando conjuntamente electricidad, refrigeración, agua, disponibilidad y efectos sobre el sistema energético.
Lo importante es comprobar que las obligaciones regulatorias producen mejoras medibles.
Del consumidor permanente al consumidor energéticamente integrado
La nueva propuesta española todavía debe superar el dictamen del Consejo de Estado y la aprobación gubernamental. Por tanto, ninguna de sus disposiciones revisadas puede considerarse todavía una obligación reglamentaria definitiva.
Además, el debate jurídico y empresarial probablemente continuará.
Pero el cambio de fondo es evidente.
Durante años, los centros de datos se han diseñado fundamentalmente como consumidores que necesitan disponer de una potencia contratada y un suministro altamente fiable.
La transición energética introduce nuevas variables: cuándo se consume electricidad, cómo se acredita su origen renovable, qué capacidad existe para gestionar restricciones y qué recursos energéticos pueden integrarse sin comprometer la continuidad operativa.
El almacenamiento con baterías puede convertirse en una pieza importante de esa evolución.
No sustituye por sí solo a la generación renovable, la infraestructura de red, los sistemas UPS ni las estrategias de continuidad.
Pero permite introducir una flexibilidad temporal que antes resultaba mucho más limitada.
La cuestión ya no es únicamente cuánta electricidad necesita un centro de datos, sino cómo puede garantizarla, aprovecharla eficientemente y gestionar su relación con una red eléctrica cada vez más dinámica.
Ahí es donde el almacenamiento energético puede aportar un valor diferencial.
Y donde fabricantes como SolaX Power tienen una oportunidad para participar en la próxima generación de infraestructuras digitales.
La pregunta decisiva es si España conseguirá convertir esta exigencia de flexibilidad en una ventaja competitiva o si terminará transformándola en una barrera para la inversión.
La respuesta dependerá tanto del diseño regulatorio definitivo como de la capacidad tecnológica y económica para cumplirlo.
Fuentes y contexto:
Comunicado de APPA Renovables sobre el proyecto remitido al Consejo de Estado, 27 de octubre de 2026.
MITECO: expediente de participación pública del proyecto de Real Decreto.
Análisis elaborado a partir de documentación pública, información sectorial y noticias disponibles a 27 de octubre de 2026. El proyecto revisado sigue pendiente de aprobación definitiva.






