25 sept 2026

Europa no tiene un problema de renovables. Tiene un problema de flexibilidad

La nueva crisis energética vuelve a mostrar la vulnerabilidad europea ante los combustibles fósiles. Pero esta vez la respuesta no puede limitarse a instalar más generación renovable: hacen falta redes, almacenamiento y demanda flexible.

Europa vuelve a encontrarse ante una crisis energética apenas cuatro años después de la de 2022.

Las circunstancias geopolíticas son diferentes, pero el problema estructural es sorprendentemente parecido: una elevada dependencia de combustibles fósiles importados expone nuevamente a la economía europea a precios internacionales que no controla.

La Comisión Europea reconoce la magnitud del problema.

Desde el comienzo de la actual crisis en Oriente Medio, la Unión Europea habría gastado alrededor de 53.000 millones de euros adicionales en importaciones de combustibles fósiles, según la Dirección General de Energía de la Comisión.

No estamos, por tanto, únicamente ante una discusión climática.

Estamos ante un problema de competitividad, seguridad energética y costes industriales.

La respuesta europea: electrificar

El 17 de julio de 2026, la Comisión Europea presentó su Electrification Action Plan — COM(2026) 595 final.

Su objetivo es acelerar la electrificación de la demanda energética europea como herramienta para mejorar simultáneamente la descarbonización, la competitividad y la seguridad energética.

El razonamiento es sencillo.

Europa importa buena parte del petróleo y del gas que consume.

Pero dispone de un recurso energético doméstico cada vez mayor:

electricidad producida a partir de renovables.

Electrificar transporte, industria y edificios permite sustituir progresivamente combustibles importados por electricidad producida dentro de Europa.

Pero aparece entonces el siguiente problema.

Electrificar sin flexibilidad puede trasladar el cuello de botella

Instalar más renovables no significa automáticamente disponer de energía exactamente cuando y donde se necesita.

Solar y eólica producen electricidad siguiendo las condiciones meteorológicas.

La demanda, sin embargo, sigue sus propios ciclos.

Y la red eléctrica tiene límites físicos.

Por eso el verdadero reto del nuevo sistema energético empieza a desplazarse desde una pregunta:

¿Cuánta electricidad renovable podemos producir?

hacia otra bastante más importante:

¿Cómo hacemos coincidir producción, red y consumo en cada momento?

Aquí entra el almacenamiento.

BESS deja de ser simplemente una batería

Durante años, el almacenamiento con baterías se analizó fundamentalmente como una tecnología de arbitraje:

cargar cuando la electricidad es barata y descargar cuando es cara.

Ese modelo sigue existiendo.

Pero el valor de un sistema BESS moderno puede ser mucho mayor.

Puede absorber excedentes renovables, desplazar energía entre horas, reducir picos de demanda, prestar servicios de flexibilidad, responder rápidamente a necesidades del sistema y disminuir la presión sobre determinados puntos de la red.

En otras palabras:

BESS convierte energía disponible en energía gestionable.

Y esa diferencia será cada vez más importante en un sistema eléctrico dominado por recursos variables.

Las redes son el siguiente cuello de botella

La transición energética europea está entrando además en una nueva fase.

Durante la primera etapa, el reto principal era construir generación renovable.

Ahora empieza a aparecer otra limitación:

la capacidad de conexión.

Industria electrificada, movilidad eléctrica, bombas de calor, almacenamiento, hidrógeno y, especialmente, centros de datos están solicitando grandes cantidades de nueva potencia.

Pero construir redes eléctricas requiere años.

La consecuencia es aparentemente paradójica:

Europa puede disponer simultáneamente de grandes cantidades de energía renovable y de proyectos que no pueden conectarse porque la red local no tiene capacidad suficiente.

La solución ya no puede consistir únicamente en construir más generación.

Hay que utilizar mejor la infraestructura existente.

De conexiones rígidas a conexiones flexibles

Aquí puede producirse uno de los cambios más interesantes del mercado eléctrico europeo.

Tradicionalmente, una instalación solicita una determinada capacidad de conexión y espera poder utilizarla prácticamente cuando quiera.

Pero en redes congestionadas empieza a tener sentido otro modelo:

flexible grid connections.

El consumidor acepta reducir temporalmente su demanda durante situaciones críticas de la red a cambio de conseguir una conexión que, de otro modo, podría tardar años.

Para que ese modelo funcione, el consumidor necesita flexibilidad.

Y BESS es una de las herramientas más sencillas para proporcionarla.

Un sistema industrial podría consumir de la batería cuando la red está congestionada y recargarla cuando vuelve a existir capacidad disponible.

La batería deja entonces de ser únicamente un activo energético.

Se convierte también en una herramienta para gestionar capacidad de red.

Los centros de datos son el ejemplo perfecto

Pocas industrias representan mejor este nuevo problema que los centros de datos.

La expansión de la inteligencia artificial está creando instalaciones con demandas eléctricas enormes, precisamente cuando muchas redes europeas empiezan a mostrar limitaciones de capacidad.

Considerar esos centros simplemente como cargas eléctricas rígidas puede agravar el problema.

Pero existe otra posibilidad.

Un centro de datos equipado con:

  • almacenamiento BESS,

  • generación local,

  • sistemas de refrigeración gestionables,

  • almacenamiento térmico,

  • gestión inteligente de cargas,

  • y conexión flexible a red,

puede convertirse en una carga parcialmente gestionable.

La diferencia es enorme.

En lugar de exigir permanentemente toda su potencia contratada, puede adaptar temporalmente su comportamiento a las condiciones del sistema.

De MW instalados a MW gestionables

Aquí probablemente está uno de los mayores cambios conceptuales de la transición energética.

Durante años hemos medido el progreso casi exclusivamente en:

GW renovables instalados.

Pero un sistema eléctrico con alta penetración renovable necesita empezar a medir también:

GW flexibles disponibles.

Una batería.

Un vehículo eléctrico conectado inteligentemente.

Una industria capaz de desplazar procesos.

Un sistema de climatización con almacenamiento térmico.

Un centro de datos capaz de coordinar compute, cooling y almacenamiento.

Todos ellos pueden aportar flexibilidad.

La propia Comisión está explorando esta dirección incluso mediante entornos regulatorios específicos para tecnologías como Vehicle-to-Grid (V2G), incluido dentro de los documentos de acompañamiento del Electrification Action Plan.

El verdadero riesgo sería repetir 2022

Javier García Breva plantea en Energías Renovables que Europa no aprendió suficientemente de la crisis energética de 2022 y sigue demasiado expuesta a gas y petróleo.

Algunas de sus conclusiones —especialmente sobre el diseño del mercado eléctrico, nuclear o el papel exacto del gas— son opiniones debatibles.

Pero el diagnóstico estructural es difícil de ignorar:

la dependencia energética exterior sigue teniendo un coste económico enorme para Europa.

La diferencia es que ahora disponemos de tecnologías que en 2022 estaban mucho menos desplegadas.

Solar.

Eólica.

Baterías.

Vehículos eléctricos.

Digitalización.

Demand response.

Energy Management Systems.

Y sistemas de optimización capaces de coordinarlos.

La próxima infraestructura estratégica europea puede ser la flexibilidad

La transición energética ya no consiste únicamente en sustituir una tecnología de generación por otra.

Consiste en construir un sistema energético capaz de absorber grandes cantidades de electricidad renovable y utilizarla de manera eficiente.

Eso requiere generación.

Pero también requiere almacenamiento, redes, digitalización y consumidores capaces de responder al sistema.

Por eso el próximo gran mercado energético europeo podría no medirse únicamente en nuevos GW de renovables.

Podría medirse en algo diferente:

GW de flexibilidad.

Y en ese sistema, BESS deja de ser un complemento de las renovables.

Se convierte en una de las infraestructuras que permiten utilizarlas.


Fuente principal: European Commission, Electrification Action Plan, COM(2026) 595 final, 17 July 2026.

Datos de contexto: European Commission, DG Energy, Energy Union Task Force takes stock of oil and gas security of supply in the EU, 13 July 2026.

Artículo de referencia: Javier García Breva, 2022-2026: dos crisis de altos precios de la energía y cinco años perdidos, Energías Renovables, 25 September 2026.

España tiene renovables. Lo que empieza a faltarle es red


Redes saturadas, nueva demanda industrial y electrificación están cambiando el problema energético español. Y el almacenamiento empieza a convertirse en una pieza de infraestructura, no solo en un complemento de las renovables.

Durante años, buena parte de la conversación energética española ha girado alrededor de una pregunta: ¿cómo instalar más capacidad renovable?

Esa pregunta empieza a quedarse pequeña.

España entra en una nueva fase de la transición energética en la que el principal cuello de botella ya no es necesariamente producir más electricidad renovable, sino hacer posible que esa electricidad llegue donde se necesita y que nuevas industrias puedan conectarse al sistema.

El IV Foro de Transición Energética de El Periódico de la Energía ha dejado un diagnóstico especialmente contundente: representantes del sector eléctrico advierten de que aproximadamente el 90% de los nudos de distribución están saturados.

Es un cambio de paradigma.

De la escasez de generación a la escasez de capacidad de conexión

España dispone de una de las mayores plataformas renovables de Europa y continúa incorporando nueva generación solar y eólica.

Pero las redes no han avanzado a la misma velocidad.

Según los datos expuestos durante el foro, una nueva subestación puede necesitar alrededor de cuatro años para desarrollarse, mientras una línea de alta tensión puede requerir hasta siete años. Al mismo tiempo, industria, electrificación, movilidad eléctrica, inteligencia artificial y centros de datos están aumentando rápidamente la demanda potencial de electricidad.

La consecuencia es paradójica:

podemos disponer de abundante energía renovable y, al mismo tiempo, no disponer de suficiente capacidad para conectar nueva demanda.

Ese problema puede convertirse en uno de los principales límites al crecimiento industrial español durante los próximos años.

Los centros de datos convierten la red en una cuestión de competitividad

El fenómeno resulta especialmente visible en los centros de datos.

España dispone de atributos extraordinariamente atractivos para este sector: elevada penetración renovable, disponibilidad de suelo, conexiones internacionales de telecomunicaciones y una posición estratégica entre Europa, África y América.

Pero todos ellos pierden valor si un proyecto necesita decenas o cientos de megavatios y no puede obtener conexión eléctrica en el plazo requerido.

Durante el foro se advirtió precisamente de que las denegaciones de acceso pueden provocar que determinados proyectos industriales terminen localizándose en otra región o incluso fuera de España.

La disponibilidad de capacidad eléctrica empieza así a convertirse en un factor de localización industrial.

No se trata simplemente de energía.

Se trata de time-to-power.

Construir más red es imprescindible. Pero no llegará mañana.

La respuesta estructural es evidente: España necesita más redes.

Más inversión.

Más subestaciones.

Más capacidad de transporte y distribución.

Más interconexiones.

Y procedimientos administrativos mucho más rápidos.

Pero existe un problema físico difícil de ignorar: construir infraestructura eléctrica lleva años.

Por eso, mientras llega esa nueva capacidad, aparece una segunda pregunta:

¿podemos utilizar mucho mejor la infraestructura que ya tenemos?

Aquí empieza a cobrar importancia la flexibilidad.

Schneider Electric defendió durante el foro que la digitalización, los sistemas de gestión, la inteligencia artificial y la flexibilidad de la demanda pueden permitir una utilización más eficiente de la infraestructura existente y evolucionar desde una operación reactiva hacia una gestión anticipatoria.

Y ahí aparece una de las piezas que puede resultar decisiva durante esta nueva etapa:

BESS.

El almacenamiento mediante baterías permite desacoplar parcialmente el momento en que la electricidad está disponible del momento en que se consume.

En una instalación industrial puede:

  • reducir picos de potencia;

  • desplazar consumo hacia horas favorables;

  • absorber excedentes renovables;

  • proporcionar capacidad de respaldo;

  • participar en servicios de flexibilidad;

  • reducir la exposición a congestiones;

  • y ayudar a gestionar conexiones eléctricas limitadas.

Esto cambia progresivamente el papel del almacenamiento.

La batería deja de ser únicamente una herramienta para almacenar solar.

Empieza a convertirse en infraestructura energética detrás del contador.

El enorme gap del almacenamiento español

Los datos expuestos por KPMG durante el mismo foro ayudan a entender la magnitud de la oportunidad.

España habría alcanzado aproximadamente 3,6 GW de almacenamiento mediante baterías frente a un objetivo de 22,5 GW, mientras tecnologías como la solar y la eólica presentan un grado de desarrollo mucho mayor respecto a sus objetivos nacionales.

La asimetría es significativa.

Durante la primera fase de la transición se construyó masivamente generación renovable.

La siguiente fase necesitará desarrollar con mucha mayor intensidad:

redes + almacenamiento + flexibilidad + digitalización.

Sin esas cuatro piezas, aumentar simplemente la capacidad renovable ofrece rendimientos decrecientes.

La nueva ecuación energética

El debate energético español puede estar evolucionando desde:

Renewables → Grid → Consumer

hacia una arquitectura mucho más dinámica:

Renewables + Grid + BESS + Flexible Demand + Energy Management

En esta arquitectura, consumidores industriales dejan de ser únicamente receptores pasivos de electricidad.

Pueden convertirse en activos flexibles capaces de modificar parte de su comportamiento energético según:

  • disponibilidad de red;

  • precio;

  • producción renovable;

  • estado de carga de las baterías;

  • restricciones de potencia;

  • necesidades operativas.

Esa capacidad puede adquirir un enorme valor económico cuando la red está congestionada.

Pero hay que evitar una conclusión equivocada

La flexibilidad y las baterías no sustituyen a las redes.

Esta fue también una advertencia explícita de los participantes del foro: las soluciones flexibles pueden aprovechar mejor la infraestructura disponible y aliviar determinadas congestiones, pero la economía seguirá necesitando capacidad firme y nuevas inversiones estructurales.

Ese matiz es fundamental.

Plantear BESS como alternativa a construir redes sería un error.

El enfoque correcto es otro:

construir más red y, al mismo tiempo, utilizar mucho mejor cada megavatio de red disponible.

De almacenar energía a gestionar capacidad

Aquí puede producirse uno de los cambios más interesantes para el sector BESS.

Hasta ahora, muchas decisiones de inversión en baterías se justificaban fundamentalmente mediante:

arbitraje energético, autoconsumo, reducción de picos o servicios auxiliares.

Pero en un sistema donde la capacidad de conexión empieza a convertirse en un recurso escaso, aparece otra fuente potencial de valor:

gestionar capacidad.

Para una fábrica, una instalación logística o un centro de datos, el valor de un BESS puede no estar únicamente en cuánto dinero ahorra comprando electricidad a otra hora.

Puede estar también en permitir que un proyecto opere antes, crezca más rápido o aproveche una conexión eléctrica que de otra manera resultaría insuficiente.

Y eso cambia radicalmente la ecuación económica.

El siguiente capítulo de la transición española

España ya ha demostrado que puede desplegar renovables a gran escala.

Ahora llega una fase probablemente más compleja.

Hay que convertir esa enorme capacidad renovable en:

industria,

electrificación,

centros de datos,

movilidad,

hidrógeno,

actividad económica.

El Foro de Transición Energética apunta precisamente hacia ese cambio: redes, crecimiento de la demanda y seguridad del sistema pasan al centro del debate energético español.

La transición energética deja así de ser únicamente una carrera por instalar megavatios.

Empieza a ser una carrera por hacerlos utilizables.

Y en esa carrera, las redes serán imprescindibles.

Pero mientras las nuevas infraestructuras tardan cuatro, cinco o siete años en llegar, BESS, flexibilidad y gestión inteligente de la energía pueden convertirse en algunas de las herramientas más valiosas para cerrar la distancia entre la electricidad que España puede producir y la electricidad que su nueva economía necesita utilizar.


Fuente principal: IV Foro de Transición Energética, información publicada por El Periódico de la Energía, 25 de septiembre de 2026.

La IA cambia el papel de las baterías: del almacenamiento al acceso a potencia


Wood Mackenzie eleva sus previsiones de almacenamiento en EE. UU. por el crecimiento de los centros de datos. Para España, donde la capacidad de red se está convirtiendo en un recurso escaso, la lectura puede ser todavía más interesante.

Durante años hemos explicado el almacenamiento energético hablando de renovables, arbitraje, servicios de ajuste o reducción de picos.

La inteligencia artificial está añadiendo una nueva razón.

Acceder a potencia.

Wood Mackenzie acaba de señalar que el rápido despliegue de centros de datos está mejorando las perspectivas del mercado estadounidense de Battery Energy Storage Systems (BESS) en prácticamente todos sus segmentos.

Y detrás de esa previsión hay un cambio conceptual importante:

El almacenamiento empieza a ser una herramienta para acelerar la energización de nuevas grandes cargas.

Estados Unidos: 130 GW de nuevas baterías

Según el US Energy Storage Monitor Q3 2026 de Wood Mackenzie, el mercado estadounidense instaló un récord de 5,4 GW / 18,9 GWh de almacenamiento durante el segundo trimestre de 2026.

La consultora proyecta además más de 130 GW / 534 GWh de BESS utility-scale entre 2026 y 2031, llevando la capacidad acumulada estadounidense aproximadamente hasta 207 GW / 715 GWh en 2031.

Pero quizá lo más interesante del informe no sean los gigavatios.

Es por qué están aumentando las previsiones.

24 sept 2026

España entra en una nueva fase del almacenamiento: las baterías de 4 horas empiezan a capturar el verdadero valor de la volatilidad

El Storage Index de Clean Horizon de agosto de 2026 deja una señal difícil de ignorar: tras el salto de julio, los ingresos potenciales de los BESS en España no retroceden. Se mantienen en máximos recientes y vuelven a crecer. Y cuanto mayor es la duración de la batería, mayor es la oportunidad.

Durante años, una de las grandes preguntas alrededor del almacenamiento en España ha sido siempre la misma: ¿de dónde van a salir los ingresos que permitan financiar las baterías?

El último Storage Index de Clean Horizon empieza a dar una respuesta bastante clara.

En julio, los ingresos anualizados de los sistemas BESS de 2 y 4 horas aumentaron un 90 % respecto a junio. El incremento estuvo impulsado por mayores oportunidades en el mercado Day-Ahead, el mercado intradiario continuo y mayores spreads accesibles en mFRR. 

Lo realmente interesante es lo que ocurre después.

Agosto no devuelve el mercado a los niveles anteriores.

Clean Horizon calcula que los ingresos vuelven a aumentar entre un 1 % y un 6 %, dependiendo de la duración del BESS. Esta vez el impulso procede del aumento de precios de capacidad aFRR, del mercado intradiario continuo y de mayores spreads tanto en aFRR energía como en Day-Ahead. 

El gráfico cuenta una historia todavía más interesante

El Spanish Storage Index muestra una separación muy significativa entre las distintas duraciones.

A finales del verano de 2026, la gráfica sitúa aproximadamente el índice de una batería de:

1 hora: alrededor de 320 k€/MW/año
2 horas: alrededor de 500 k€/MW/año
4 horas: alrededor de 650 k€/MW/año

Son valores aproximados leídos del gráfico, no cifras publicadas explícitamente por Clean Horizon en el texto de agosto.

Pero la tendencia es mucho más importante que el número exacto:

el mercado está empezando a remunerar la duración.

Y eso cambia bastante la conversación sobre almacenamiento.

De vender potencia a gestionar energía

Una batería corta puede ser extraordinariamente eficaz prestando determinados servicios rápidos al sistema.

Pero a medida que aumenta la penetración renovable, aparece otro recurso cada vez más valioso:

el tiempo.

Guardar electricidad durante varias horas permite desplazar energía desde momentos de abundancia hacia momentos de escasez y capturar diferencias de precio que una batería de menor duración no puede aprovechar completamente.

En otras palabras, el valor del almacenamiento empieza a desplazarse desde una lógica basada exclusivamente en servicios auxiliares hacia una combinación mucho más amplia:

Day-Ahead + Intraday + aFRR + mFRR + arbitraje energético.

Clean Horizon ya incorpora precisamente Day-Ahead, Intraday, aFRR y mFRR en el cálculo español. 

Eso es revenue stacking.

Y probablemente sea una de las claves para construir proyectos BESS bancables.

La volatilidad deja de ser sólo un problema

Para un consumidor eléctrico, la volatilidad es un riesgo.

Para un activo flexible capaz de comprar, almacenar y vender energía en momentos diferentes, esa misma volatilidad puede convertirse en una oportunidad.

España ofrece unas condiciones especialmente interesantes para este fenómeno: mucha generación renovable, fuertes diferencias horarias de producción y una creciente necesidad de flexibilidad del sistema.

El comportamiento de julio y agosto parece mostrar precisamente esa dinámica.

No significa que los precios altos sean necesariamente buenos para el sistema.

Significa algo distinto:

cuanto mayor sea la diferencia temporal entre abundancia y escasez de electricidad, mayor será el valor económico potencial de poder desplazar energía entre ambos momentos.

Ahí es donde entra el BESS.

Pero 650.000 €/MW/año no son 650.000 € de beneficio

Aquí conviene introducir una precaución importante.

El Storage Index de Clean Horizon representa ingresos brutos anualizados basados en las condiciones observadas durante un mes.

No es una previsión de lo que una batería vaya a ingresar realmente durante los próximos doce meses. Clean Horizon calcula el resultado mensual y lo extrapola a 365 días.

El modelo utiliza además unas condiciones de referencia concretas: 85 % de eficiencia round-trip, 1,5 ciclos diarios y 100 % de disponibilidad. Tampoco descuenta tarifas de red, impuestos ni costes de gestión del estado de carga. 

Por tanto:

ingresos ≠ beneficio.

Y tampoco debe olvidarse que una batería de cuatro horas necesita mucha más capacidad energética —y normalmente más inversión— que una batería de una hora.

Pero incluso aplicando estas cautelas, la señal económica sigue siendo relevante.

Una metodología además más exigente desde 2026

Hay otro detalle que hace especialmente interesante el movimiento reciente.

Clean Horizon modificó su metodología en enero de 2026.

Hasta entonces calculaba fundamentalmente cuánto podía capturar un MW marginal de almacenamiento aprovechando las mejores oportunidades del mercado.

Ahora incorpora también los volúmenes reales disponibles en los mercados y la capacidad de almacenamiento instalada, buscando representar mejor los ingresos del MW medio conforme aumenta la competencia entre baterías.

Esto es importante porque uno de los grandes riesgos del negocio BESS es precisamente la canibalización de ingresos cuando entran demasiadas baterías en un servicio relativamente pequeño.

De hecho, otros mercados europeos ya muestran ese efecto.

España, por ahora, está mostrando el movimiento contrario.

El BESS ya no debe analizarse con una sola fuente de ingresos

Ésa puede ser la conclusión más importante del Storage Index de agosto.

La pregunta ya no debería ser:

“¿Cuánto paga el mercado de regulación?”

La pregunta correcta empieza a ser:

“¿Cuánto valor puede capturar una batería moviéndose dinámicamente entre todos los mercados disponibles?”

Porque el activo que permanezca atado a una única fuente de ingresos será mucho más vulnerable a la saturación.

El que pueda combinar arbitraje, intradiario, capacidad y servicios de balance tendrá muchas más oportunidades.

Y cuanto más volátil y renovable sea el sistema eléctrico, más importante será esa capacidad de optimización.

España empieza a poner precio a la flexibilidad

El salto de julio podría haberse interpretado como una anomalía.

Agosto empieza a sugerir otra cosa.

Los ingresos no sólo permanecen elevados, sino que continúan aumentando ligeramente.

Todavía es demasiado pronto para convertir dos meses en una tendencia estructural. Pero la señal merece atención.

Porque si España continúa instalando grandes cantidades de solar y eólica mientras la red y la demanda avanzan a velocidades diferentes, la capacidad de almacenar electricidad cuando sobra y entregarla cuando vale más será cada vez más valiosa.

Y eso coloca a las baterías en una posición diferente dentro de la transición energética.

Ya no simplemente como respaldo de las renovables.

Sino como una pieza activa del mercado eléctrico.

La volatilidad no desaparece con las baterías. Las baterías permiten gestionarla.

Y, cada vez más, monetizarla.

Fuente principal: Clean Horizon — Storage Index, August 2026, publicado el 22 de septiembre de 2026. (Clean Horizon)

Storage Index – Clean Horizon

Europa quiere soberanía tecnológica. Sin almacenamiento, la soberanía energética queda incompleta

Europa está empezando a unir dos debates que durante demasiado tiempo se han tratado por separado: quién controla las tecnologías estratégicas y quién controla la energía que las hace funcionar.

España ha defendido esta semana en Bruselas reforzar la capacidad industrial y tecnológica europea para mejorar la competitividad y reducir dependencias. El ministro de Industria, Jordi Hereu, ha planteado aumentar las capacidades europeas en investigación, diseño, fabricación avanzada y formación de talento, especialmente en sectores estratégicos como los semiconductores.

Casi simultáneamente, la vicepresidenta Sara Aagesen ha situado las renovables como una herramienta para reducir la dependencia europea de los combustibles fósiles importados.

Las dos declaraciones hablan, en realidad, del mismo problema.

La nueva competitividad europea necesita dos tipos de autonomía

Europa quiere fabricar más semiconductores, desarrollar inteligencia artificial, electrificar su industria y atraer inversiones tecnológicas.

Pero toda esa nueva economía tiene un denominador común:

electricidad. Mucha electricidad. Fiable, competitiva y disponible cuando se necesita.

No basta con tener capacidad tecnológica si una parte importante de la energía necesaria para sostenerla depende de mercados internacionales extraordinariamente volátiles.

Pero tampoco basta con instalar renovables.

La solar y la eólica pueden reducir la dependencia de combustibles importados, pero su producción no siempre coincide con el momento exacto en el que una fábrica, un centro de datos o una infraestructura crítica necesita consumir energía.

Ahí empieza el siguiente capítulo de la transición energética.

Renovables + almacenamiento + redes + flexibilidad

España dispone de unas condiciones excepcionales para producir electricidad renovable competitiva.

El verdadero salto industrial se produce cuando somos capaces de transformar esa electricidad variable en capacidad energética gestionable.

Y eso exige combinar:

Renewables → BESS → Grid → Flexible Demand → Industry

El almacenamiento mediante baterías deja así de ser simplemente una tecnología para aprovechar excedentes renovables.

Empieza a convertirse en infraestructura industrial.

El propio diseño del nuevo mercado de capacidad español refleja esta evolución: podrán participar generación, almacenamiento y demanda, con el objetivo de aportar firmeza y flexibilidad al sistema eléctrico.

Además, la nueva planificación eléctrica española hasta 2030 prevé más de 17.000 millones de euros de inversión en redes. Entre las solicitudes recibidas durante el proceso de planificación, el almacenamiento representa el 19%, mientras que la demanda alcanza el 41%.

Esto es importante.

Porque el cuello de botella de la transición energética ya no es únicamente instalar más generación renovable.

Cada vez más, el reto será transportar, almacenar y gestionar esa electricidad.

Chips, IA y data centers: la conexión energética

La estrategia europea de semiconductores tampoco puede analizarse de manera aislada.

Más chips permiten más capacidad digital.

Más capacidad digital impulsa inteligencia artificial.

Más inteligencia artificial significa más infraestructura de computación.

Y más computación significa más centros de datos y una demanda eléctrica creciente, concentrada y exigente en términos de disponibilidad.

La cadena empieza a parecerse a esta:

Semiconductors → AI → Data Centers → Electricity → Renewables → Storage

Por eso la política industrial europea y la política energética terminarán convergiendo necesariamente.

La competitividad de muchas industrias del futuro dependerá no solo del precio medio de la electricidad, sino también de su disponibilidad, resiliencia, flexibilidad y predictibilidad.

España tiene una oportunidad poco común

España puede jugar una posición especialmente interesante dentro de esta transformación.

Tiene recurso solar y eólico.

Tiene una creciente infraestructura eléctrica.

Tiene capacidad industrial.

Y tiene una demanda potencial enorme asociada a electrificación, industria digital, centros de datos y nuevas cargas.

Pero para convertir esa ventaja energética en una auténtica ventaja industrial será necesario resolver una cuestión fundamental:

¿Cómo convertimos abundancia renovable en electricidad firme, flexible y disponible 24/7?

El almacenamiento será una de las respuestas.

No la única.

También serán necesarias redes, gestión de demanda, interconexiones, generación flexible y digitalización del sistema.

Pero será difícil imaginar un sistema eléctrico con porcentajes crecientes de renovables sin un crecimiento paralelo del almacenamiento.

España ya está impulsando además la fabricación de tecnologías limpias. Una convocatoria reciente del programa de cadena de valor industrial incluye proyectos específicamente relacionados con baterías y almacenamiento de energía, además de tecnologías vinculadas a redes eléctricas.

Una dependencia puede sustituir a otra

Existe, sin embargo, un riesgo que Europa no debería ignorar.

Reducir las importaciones de gas y petróleo no garantiza automáticamente autonomía estratégica.

Europa podría sustituir una dependencia energética por otra tecnológica si continúa dependiendo excesivamente del exterior para baterías, electrónica de potencia, semiconductores, minerales críticos o determinados componentes eléctricos.

Precisamente por eso las dos noticias conocidas esta semana deberían leerse juntas.

Europa necesita reforzar simultáneamente:

su capacidad tecnológica, su capacidad industrial y su capacidad energética.

No son tres políticas independientes.

Son tres partes de la misma estrategia.

De transición energética a estrategia industrial

Durante años hemos hablado de renovables fundamentalmente en términos de descarbonización.

El siguiente paso será hablar de ellas también en términos de competitividad, seguridad energética e independencia industrial.

Y cuando el debate se plantea así, el almacenamiento cambia de categoría.

Deja de ser simplemente un complemento de la generación renovable.

Se convierte en una pieza de la infraestructura que permitirá transformar electricidad renovable abundante en energía industrial gestionable.

Europa quiere recuperar capacidad tecnológica.

España quiere aprovechar su ventaja renovable.

Entre ambas cosas existe una enorme oportunidad.

Y buena parte de esa oportunidad pasa por aprender a almacenar, gestionar y entregar la energía exactamente cuando la economía la necesita.

La próxima batalla de la competitividad europea no será únicamente quién produzca más energía.

Será quién sea capaz de gestionarla mejor.


Fuentes:
Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico — Mercado de capacidad y planificación de redes 2030.

La electrificación puede ahorrar 400.000 millones de dólares al año. Pero necesitará baterías para conseguirlo.

La IEA sitúa la electrificación en el centro del nuevo sistema energético mundial. El reto ya no es solo generar más electricidad, sino hacer que esa electricidad llegue cuando y donde se necesita.

La electrificación está dejando de ser una tendencia sectorial para convertirse en uno de los grandes vectores de transformación del sistema energético mundial.

El nuevo informe especial de la International Energy Agency (IEA), Electrification, plantea un escenario en el que la electricidad alcanzaría el 35% del consumo final mundial de energía en 2035, frente al 23% actual. La propia IEA considera que, con tecnologías ya disponibles y costes de 2025, sería económicamente viable alcanzar aproximadamente un 33%.

El cambio tendría consecuencias enormes.

La batería ya no es solo almacenamiento: es una cobertura frente a la volatilidad

La industria empieza a descubrir que producir energía barata no basta. Hay que poder decidir cuándo utilizarla.

Durante años, la conversación sobre competitividad energética industrial se ha centrado en conseguir electricidad más barata: negociar un PPA, instalar autoconsumo fotovoltaico o contratar coberturas en el mercado.

Pero la creciente volatilidad del sistema eléctrico está introduciendo una variable nueva: la flexibilidad.

Y ahí las baterías empiezan a cambiar las reglas del juego.

AleaSoft Energy Forecasting señala que la combinación de coberturas, autoconsumo y almacenamiento permite reducir la exposición de los consumidores industriales a la volatilidad de los mercados energéticos.

La conclusión es importante porque cambia la forma de entender un BESS.