A primera vista, el dato parece confirmar que la transición energética está avanzando a gran velocidad. Sin embargo, cuando se observa el sistema energético completo, la realidad es más compleja.
Capacidad no es lo mismo que energía
La mayoría de titulares hablan de gigavatios instalados, pero el sistema energético funciona en energía producida a lo largo del tiempo.
Un megavatio de energía solar no produce lo mismo que un megavatio de carbón o gas. Debido a que el sol no brilla continuamente, una planta solar suele producir alrededor de 1.500 MWh al año por MW instalado, mientras que una central de carbón puede producir 6.000 MWh o más por MW.
Esto significa que varios megavatios solares pueden ser necesarios para sustituir la producción anual de un solo megavatio fósil.
Por eso, medir la transición energética únicamente por la capacidad instalada puede dar una imagen engañosa del cambio real en el sistema energético.
El gran factor olvidado: la electrificación
Existe además un dato clave que rara vez aparece en estos artículos: la mayor parte de la energía que consume el mundo no es electricidad.
Hoy aproximadamente:
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20-22 % de la energía final mundial es electricidad
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casi el 80 % sigue siendo combustibles utilizados directamente (petróleo, gas o carbón)
Esto significa que incluso si toda la electricidad se volviera renovable, seguiría existiendo una enorme parte del sistema energético basada en combustibles fósiles.
Por eso la transición energética no depende solo de instalar más renovables, sino también de electrificar el transporte, la calefacción y parte de la industria.
Renovables en auge, emisiones aún altas
El crecimiento de la energía solar y eólica en la última década ha sido extraordinario. Cada año se instalan más renovables que nunca.
Sin embargo, las emisiones globales de CO₂ del sistema energético siguen cerca de máximos históricos.
Esto ocurre por varias razones:
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la demanda energética global sigue creciendo, especialmente en Asia
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muchas renovables cubren nueva demanda en lugar de sustituir combustibles fósiles
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el carbón y el gas siguen siendo necesarios en muchos sistemas eléctricos para garantizar estabilidad.
En otras palabras, las renovables están creciendo muy rápido, pero el sistema energético total también lo hace.
El indicador que realmente importa
Si el objetivo final de la transición energética es reducir las emisiones, el indicador decisivo no es la capacidad instalada, sino la evolución de las emisiones globales de CO₂.
Cuando esa curva empiece a descender de forma sostenida, significará que las renovables no solo están creciendo, sino que están desplazando realmente a los combustibles fósiles.
Hasta entonces, los récords de instalación renovable seguirán siendo una señal positiva, pero insuficiente para afirmar que la transición energética ya está transformando el sistema energético global.
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