17 abr 2026

El apagón no fue un accidente


Podcast ->

En cuestión de segundos, el sistema eléctrico perdió cerca del 60% de su generación. No fue un fenómeno inexplicable. Tampoco un simple fallo técnico.

Fue algo más incómodo:
un sistema operando al límite, en el que varios actores no hicieron lo que debían cuando más importaba.


Un sistema que depende de hacerlo todo bien

Un sistema eléctrico moderno funciona como un equilibrio continuo:

  • producción y consumo deben coincidir en cada instante

  • la frecuencia debe mantenerse estable

  • la tensión debe permanecer dentro de márgenes estrictos

Durante décadas, este equilibrio se sostuvo con relativa facilidad. Las grandes centrales síncronas aportaban no solo energía, sino estabilidad física: inercia, control natural de tensión, capacidad de respuesta.

Ese sistema era robusto incluso cuando algo fallaba.


Un sistema cada vez más exigente

Hoy el sistema es distinto.

Más renovables, más electrónica, más actores, más complejidad. Nada de esto es un problema en sí. Pero tiene una consecuencia clave:

👉 la estabilidad ya no viene “de serie”
👉 depende de que todos los elementos respondan exactamente como se espera

El sistema funciona. Pero con menos margen.

Y eso cambia todo.


El inicio: un incidente manejable

El evento inicial, por lo que se sabe, no fue extraordinario. Algo que en otras condiciones habría sido absorbido:

  • una perturbación en la red

  • una variación en la generación

En un sistema robusto, esto no pasa de ser un incidente.

Pero aquí el sistema ya estaba ajustado.


El fallo invisible: la tensión

La clave no estuvo en la frecuencia, sino en la tensión eléctrica.

La tensión depende en gran medida de la potencia reactiva. Y en ese punto, el sistema empezó a fallar.

No porque faltaran recursos en términos absolutos, sino porque no estaban disponibles o no respondieron como debían.


Donde empieza la negligencia

Aquí es donde el relato cambia.

El sistema no solo era frágil.
También se operó de forma que aumentaba esa fragilidad.

1. Operación al límite

Red Eléctrica de España

El sistema se encontraba con un nivel reducido de recursos dedicados al control de tensión. No necesariamente por falta de capacidad, sino por cómo se había programado la operación.

Esto no provoca un apagón por sí solo.
Pero reduce el margen para evitarlo.


2. Respuesta insuficiente de centrales

Endesa · Iberdrola · Naturgy

Cuando la tensión empezó a subir, algunas instalaciones no respondieron conforme a lo exigido:

  • no absorbieron la potencia reactiva necesaria

  • o lo hicieron de forma insuficiente

En un sistema estable, esto puede pasar desapercibido.
En un sistema al límite, es crítico.


3. Supervisión basada en supuestos

CNMC

El sistema daba por hecho que las capacidades declaradas por las instalaciones se cumplirían en condiciones reales.

Pero una cosa es cumplir en condiciones normales.
Otra muy distinta es hacerlo en una situación dinámica y extrema.


El punto de no retorno

Con la tensión fuera de control, el sistema hizo lo que está diseñado para hacer: protegerse.

  • centrales se desconectan

  • líneas se aíslan

  • protecciones automáticas se activan

El problema es que esas protecciones actúan localmente.
No estabilizan el sistema global.

Cada desconexión empeora la situación.

Y en ese punto, ya no hay recuperación posible.


No fue un error. Fue una combinación

El apagón no se explica por un único fallo.

Se explica por la combinación de tres cosas:

  1. un sistema operando con poco margen

  2. respuestas técnicas que no fueron las esperadas

  3. una supervisión que asumía que todo funcionaría correctamente

Ninguna de ellas por sí sola provoca un colapso.
Juntas, lo hacen inevitable.


La responsabilidad incómoda

Reducir lo ocurrido a “complejidad del sistema” es cómodo.
Pero es incompleto.

Porque implica que:

nadie hizo nada mal, simplemente el sistema falló

Y eso no es cierto.

Tampoco lo es lo contrario:
que una sola empresa o actor causó el apagón.

La realidad es menos tranquilizadora:

hubo negligencias distribuidas dentro de un sistema que no estaba preparado para tolerarlas


Lo que esto revela

El problema de fondo no es tecnológico.
Es de diseño operativo y de incentivos.

El sistema está optimizado para:

  • eficiencia

  • coste

  • operación normal

Pero no para:

  • errores

  • desviaciones

  • eventos raros

Y en sistemas complejos, los errores no son una posibilidad.
Son una certeza.


Epílogo

Después del apagón vendrán sanciones, ajustes y nuevas normas.

Algunas mejorarán el sistema.
Otras cambiarán poco.

Pero la cuestión de fondo seguirá abierta:

¿debe un sistema crítico ser eficiente… o resiliente frente a fallos inevitables?

Porque al final, el problema no fue solo que algo fallara.

Fue que, cuando falló, no había margen para que el sistema lo absorbiera.