16 may 2026

¿Y si las baterías dejan de seguir la red para empezar a sostenerla?


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Durante años, gran parte de la conversación energética en España se ha centrado en una pregunta aparentemente sencilla: ¿cuántos MW renovables y cuántos MWh de almacenamiento necesitamos instalar?

Sin embargo, a medida que aumenta la penetración renovable, avanza la electrificación, crece la demanda de nuevas cargas como los centros de datos y disminuye progresivamente el peso de la generación síncrona convencional, empieza a emerger una cuestión mucho más profunda: ¿quién sostendrá la estabilidad de la red eléctrica del futuro?

Porque el sistema eléctrico está cambiando de naturaleza. Y cuando cambia la física del sistema, cambian también sus necesidades.

Durante décadas, buena parte de la estabilidad de la red descansó sobre grandes máquinas síncronas capaces de aportar inercia natural, potencia de cortocircuito y soporte dinámico. Pero en sistemas cada vez más dominados por electrónica de potencia, el reto ya no consiste únicamente en producir energía renovable. El desafío es mantener estabilidad, resiliencia y robustez operativa.

Aquí es donde empieza a ganar protagonismo un concepto que hasta hace poco permanecía prácticamente reservado a especialistas: Grid Forming.

Hasta ahora, la mayoría de inversores renovables han trabajado en modo Grid Following: necesitan una red existente sobre la que sincronizarse; siguen una referencia previamente establecida.

Pero Grid Forming cambia completamente el paradigma.

Los sistemas Grid Forming pueden comportarse como fuentes activas de tensión capaces de contribuir a establecer una referencia eléctrica propia y participar activamente en la estabilidad dinámica del sistema. No se limitan a reaccionar ante la red; pueden ayudar a sostenerla.

La diferencia parece sutil, pero sus implicaciones son enormes.

Un BESS con capacidades avanzadas Grid Forming puede aportar funcionalidades tradicionalmente asociadas a generación convencional:

• soporte dinámico de tensión
• respuesta ultrarrápida de frecuencia
• inercia sintética
• operación en redes débiles
• mayor estabilidad frente a perturbaciones
• capacidades potenciales de Black Start

Y lo más relevante es que este escenario ya ha abandonado el terreno puramente teórico.

España acaba de dar un paso importante con la entrega de los primeros estudios oficiales de Black Start y capacidades Grid Forming en proyectos híbridos fotovoltaicos con baterías. Los análisis, realizados siguiendo criterios de IDAE y Red Eléctrica, incorporaron más de 500 simulaciones EMT por parque y representan uno de los primeros ejercicios reales de validación de estas capacidades a nivel nacional.

La señal regulatoria también empieza a alinearse.

Red Eléctrica trabaja ya sobre especificaciones técnicas Grid Forming ligadas a la evolución de los futuros códigos europeos de red. Al mismo tiempo, programas como PINALM comienzan a reconocer y diferenciar económicamente soluciones capaces de incorporar funcionalidades avanzadas asociadas a estabilidad del sistema.

El mensaje implícito es relevante: el sector empieza a dejar de preguntarse únicamente cuánta energía almacena una batería y empieza a interesarse por algo mucho más estratégico: qué valor sistémico puede aportar.

Y aquí aparece otro aspecto especialmente interesante.

La tecnología parece avanzar más rápido que el propio mercado.

Mientras reguladores y operadores siguen definiendo estándares y futuros mecanismos de remuneración, algunos fabricantes ya han comenzado a incorporar estas capacidades dentro de sus arquitecturas utility-scale. Soluciones BESS recientes integran modos Grid Forming y Grid Following en una misma plataforma, anticipando una evolución que probablemente responda a futuras necesidades del sistema eléctrico.

En SolaX Power, por ejemplo, ya existen soluciones utility con capacidad para operar tanto en modo Grid Following como Grid Forming, reflejando una tendencia que empieza a extenderse: las baterías dejan de concebirse únicamente como activos energéticos y evolucionan hacia infraestructuras activas de red.

Y probablemente aquí se encuentre uno de los grandes cambios estratégicos de los próximos años.

Durante mucho tiempo, el modelo BESS en España se asoció principalmente a arbitraje energético, desplazamiento temporal de energía e hibridación renovable. Pero un sistema eléctrico con alta penetración renovable, necesidades crecientes de flexibilidad y mayores exigencias de resiliencia podría desplazar progresivamente el valor hacia servicios mucho más sofisticados.

La pregunta sigue abierta:

¿Se remunerarán explícitamente servicios como inercia sintética, soporte dinámico o capacidades Grid Forming?
¿Cómo valorarán los financiadores estas capacidades en términos de bancabilidad?
¿Veremos mecanismos específicos para estabilidad similares a otros mercados internacionales?
¿Pasará Grid Forming de requisito técnico a activo estratégico?

Lo que parece cada vez más evidente es que el almacenamiento está entrando en una nueva etapa.

Quizá el próximo negocio de las baterías en España ya no consista únicamente en mover energía entre horas baratas y caras.

Quizá el verdadero valor esté en algo mucho más ambicioso:

convertirse en infraestructura crítica para sostener la red eléctrica del futuro.

¿Creéis que el mercado español terminará remunerando explícitamente capacidades avanzadas como Grid Forming e inercia sintética en los BESS?