Durante años la carrera energética europea parecía sencilla: instalar más renovables. Más solar, más eólica, más electrificación. España, de hecho, ha sido uno de los alumnos aventajados. Pero Europa acaba de lanzar un mensaje que cambia el foco de la conversación. Y probablemente sea más importante que cualquier récord renovable.
Un informe conjunto de ENTSO-E y EU DSO Entity "Good Practices in DSO-TSO Collaboration in Network Planning" ha destacado a Dinamarca, Portugal, Alemania, Irlanda, Italia, Letonia y Hungría como ejemplos de colaboración avanzada entre redes de transporte y distribución. 
El informe no habla de instalar más generación. Habla de algo mucho más profundo: intercambio continuo de datos, planificación conjunta, escenarios compartidos y coordinación permanente entre niveles de red. Según el documento, las buenas prácticas se basan en intercambio regular de información, construcción conjunta de escenarios y coordinación continua más allá de los ciclos clásicos de planificación.
Y aquí aparece el verdadero cuello de botella europeo.
La red del futuro tendrá que absorber autoconsumo, millones de vehículos eléctricos, bombas de calor, almacenamiento distribuido y nuevos gigantes energéticos como los centros de datos. El propio informe señala que instalaciones como almacenamiento, hubs de recarga o data centers exigirán una coordinación mucho más estrecha entre operadores.
Eso cambia por completo el papel del almacenamiento.
Porque quizá las baterías llevan años vendiéndose mal. No son únicamente depósitos donde guardar energía. Empiezan a convertirse en infraestructura de red: alivian congestiones, facilitan conexiones, reducen vertidos y permiten que la red responda de forma dinámica.
Quizá la próxima revolución energética española no consista en instalar más MW.
Puede que consista en lograr que los MW instalados empiecen a comportarse de forma inteligente.
