30 may 2026

El mercado de capacidad acelera: las eléctricas ya presionan para activarlo este mismo año


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La aprobación de Bruselas apenas ha tardado unas horas en producir su primer efecto político e industrial.

Tras recibir el visto bueno de la Comisión Europea al mecanismo de capacidad español, las grandes eléctricas agrupadas en Aelec ya han reclamado al Gobierno que acelere su implantación y lo active antes de que termine 2026.

El movimiento no es casual.

Detrás de esta petición hay una realidad que empieza a hacerse evidente en toda Europa: la transición energética está entrando en una fase donde la prioridad ya no es únicamente instalar más renovables, sino garantizar que el sistema siga siendo estable cuando las renovables no producen o cuando la red entra en situaciones de estrés.

El mensaje de las eléctricas

Las compañías defienden que el mecanismo debe ponerse en marcha cuanto antes para enviar señales claras de inversión y asegurar que exista capacidad suficiente disponible durante los próximos años.

Su argumento es sencillo:

  • La demanda eléctrica crecerá.

  • Los centros de datos multiplicarán consumos.

  • La electrificación industrial continuará avanzando.

  • Parte del parque convencional irá perdiendo protagonismo.

  • La penetración renovable seguirá aumentando.

Todo ello incrementa la necesidad de recursos capaces de aportar firmeza y flexibilidad al sistema.

Lo que realmente está ocurriendo

Si se observa con perspectiva, el debate es mucho más profundo que una simple ayuda económica al sector eléctrico.

España está reconociendo oficialmente algo que durante años generó controversia:

Un sistema dominado por renovables necesita mecanismos que remuneren la disponibilidad y no solo la energía producida.

Hasta ahora el mercado eléctrico pagaba principalmente por generar electricidad.

Ahora empieza a pagar también por estar preparado para actuar cuando sea necesario.

Ese cambio conceptual es enorme.

BESS: de activo complementario a infraestructura estratégica

Probablemente uno de los mayores beneficiados será el almacenamiento energético.

Durante años muchos proyectos BESS dependieron casi exclusivamente de:

  • arbitraje energético,

  • servicios de ajuste,

  • control de frecuencia,

  • mercados auxiliares.

Con el nuevo mecanismo aparece una nueva capa de ingresos que puede mejorar significativamente la financiación de proyectos utility-scale. 

Y esto ocurre justo cuando España empieza a enfrentarse a fenómenos que aumentan el valor de la flexibilidad:

  • vertidos renovables crecientes,

  • congestiones de red,

  • electrificación acelerada,

  • crecimiento de los centros de datos,

  • necesidad de respuesta ultrarrápida ante perturbaciones.

El factor apagón sigue muy presente

Aunque pocas veces se mencione explícitamente, el apagón ibérico de abril de 2025 sigue proyectando una sombra enorme sobre todas las decisiones regulatorias actuales.

Las investigaciones apuntan a un evento multifactorial relacionado con problemas de tensión y estabilidad del sistema. 

Desde entonces, conceptos como:

  • resiliencia,

  • control de tensión,

  • capacidad firme,

  • servicios de flexibilidad,

han ganado un peso regulatorio mucho mayor.

El mecanismo de capacidad es, en parte, una respuesta estructural a esa nueva sensibilidad política sobre la seguridad de suministro.

La batalla silenciosa de los próximos años

La pregunta ya no es si España necesitará flexibilidad.

La pregunta es quién capturará el valor económico de esa flexibilidad.

Los ciclos combinados parten con ventaja porque ya están instalados y disponibles.

Pero las baterías llegan con atributos cada vez más difíciles de ignorar:

  • respuesta instantánea,

  • modularidad,

  • capacidad para estabilizar red,

  • integración directa con renovables,

  • ausencia de emisiones directas.

La próxima década probablemente estará marcada por esa competencia silenciosa entre tecnologías de respaldo tradicionales y nuevas soluciones de almacenamiento.

Más allá de los 9.000 millones

El verdadero significado de este mercado no son los fondos movilizados.

Es el reconocimiento de que el sistema eléctrico del futuro necesitará algo más que generación renovable barata.

Necesitará capacidad para responder, adaptarse y mantenerse estable en tiempo real.

Y en ese nuevo escenario, la flexibilidad deja de ser un servicio auxiliar.

Empieza a convertirse en uno de los activos más valiosos de toda la transición energética.