McKinsey cambia la pregunta: ya no basta con instalar más renovables. Hay que construir un sistema capaz de utilizarlas.
Durante años hemos medido el avance de la transición energética casi siempre de la misma forma:
Pero quizá estamos mirando el indicador equivocado.
McKinsey acaba de plantear una cuestión mucho más incómoda: ¿cuánto valor aporta realmente al sistema cada euro invertido?
Y la respuesta cambia radicalmente el papel del almacenamiento.
Mucha generación. No necesariamente mucho sistema.
En 2025 se invirtieron aproximadamente 3,3 billones de dólares en el sistema energético mundial.
Sin embargo, redes y almacenamiento recibieron conjuntamente unos 479.000 millones de dólares.
McKinsey identifica precisamente ahí uno de los grandes desequilibrios: la generación está creciendo rápidamente mientras que las infraestructuras necesarias para conectarla, equilibrarla y asegurarla —redes, transmisión, almacenamiento, capacidad gestionable y flexibilidad— siguen insuficientemente financiadas y desarrolladas.
Ese matiz lo cambia todo.
Podemos instalar miles de MW renovables y seguir teniendo un sistema con problemas de congestión, vertidos, precios negativos o falta de capacidad cuando realmente necesitamos la electricidad.
Potencia instalada no es lo mismo que energía disponible.



















