Cada gran crisis energética europea termina pareciéndose a la anterior. Sube el petróleo o el gas, aumenta el coste de producir electricidad, transportar mercancías y fabricar bienes, y ese incremento acaba propagándose por toda la economía.
El nuevo informe de la New Economics Foundation (NEF), Stabilising the Shock Market, intenta cuantificar precisamente ese mecanismo. Su modelización concluye que un shock del 50% en los precios de los combustibles fósiles y la energía podría añadir entre 0,8 y 1,8 puntos porcentuales a la inflación en los países europeos estudiados.
No es una previsión. NEF lo deja claro: utiliza un modelo de precios de Leontief y trabaja con hipótesis ilustrativas, entre ellas un 20% de transmisión del shock al consumidor durante el primer año.
Pero el mecanismo económico que muestra resulta difícil de ignorar.






