El almacenamiento energético ha dejado de ser una tecnología complementaria de las renovables para convertirse en uno de los protagonistas del funcionamiento del mercado eléctrico. Y Australia acaba de aportar una de las pruebas más contundentes.
Durante años, el debate energético se ha centrado en cuántos gigavatios de energía solar y eólica debíamos instalar para acelerar la transición energética.
Pero la pregunta empieza a cambiar.
Ya no se trata únicamente de cuánta electricidad renovable somos capaces de producir, sino de cuánto valor podemos obtener de ella y cuándo podemos utilizarla.
El pasado 13 de octubre, Daniel Westerman, CEO del Australian Energy Market Operator (AEMO), presentó unos datos que deberían llamar la atención de reguladores, operadores eléctricos e inversores de toda Europa.
En el tercer trimestre de 2026, las grandes baterías determinaron el precio mayorista de la electricidad durante casi la mitad de los intervalos del mercado australiano, frente al 18% registrado un año antes.
No estamos hablando de proyecciones para 2030.
Estamos hablando de lo que ya está sucediendo.






