19 may 2026

La próxima guerra de los centros de datos como Templus no será por suelo ni por MW: será por flexibilidad


Durante los últimos años la conversación alrededor de los centros de datos en España parecía sencilla: más demanda de IA significaba más suelo, más potencia y más MW conectados. La carrera era conseguir terrenos, permisos y acceso a la red antes que los demás.

Pero el mercado empieza a dar señales de que la siguiente batalla puede ser distinta.

El reciente análisis de S&P sobre Templus muestra un movimiento que merece atención: frente al modelo tradicional basado en gigantescos campus hyperscale, la compañía está construyendo una red distribuida mediante adquisiciones de centros de datos ya existentes y centros edge repartidos por Madrid, Barcelona, Valencia, Málaga, Sevilla y Ceuta.

La idea es interesante porque cambia la pregunta.

Ya no es únicamente: ¿cuántos MW tienes?

Empieza a ser: ¿cómo usas esos MW?

Templus además sigue un modelo poco comentado: muchos de sus centros obtienen suministro desde redes de distribución en lugar de grandes conexiones a transporte. Esto simplifica y acelera despliegues frente a proyectos gigantes que necesitan decenas o centenares de MW.

Brownfield de Templus para IA: la carrera ya no es construir más, sino reconvertir mejor

Y aquí aparece la gran cuestión.

La IA está empujando densidades de rack cada vez mayores. Hace pocos años 5–10 kW por rack eran habituales. Hoy ya hablamos de despliegues de 50, 80 o incluso más de 100 kW por rack para determinadas cargas aceleradas. El propio informe menciona que algunas instalaciones pueden llegar hasta 120 kW por rack.

Eso cambia completamente la ecuación.

Porque el cuello de botella ya no es solamente construir edificios.

Es gestionar energía.

Y cuando hablamos de múltiples instalaciones pequeñas y medianas repartidas geográficamente aparecen nuevos retos:

– limitaciones locales de red
– picos de demanda
– necesidad de resiliencia
– latencia energética
– calidad de suministro
– estabilidad eléctrica

Y aquí es donde el almacenamiento empieza a cambiar de papel.

Hasta ahora muchas conversaciones asociaban baterías únicamente a respaldo o sustitución parcial de UPS. Pero en un entorno edge distribuido el potencial es mucho más amplio:

Peak shaving para reducir picos de demanda.

Arbitraje energético.

Aplazamiento de refuerzos de red.

Capacidad de operar bajo conexiones limitadas.

Servicios de flexibilidad.

Soporte de tensión.

Respuesta ultrarrápida.

Grid Forming.

Incluso operación coordinada como agregador o VPP.

En otras palabras: si un operador dispone de decenas de MW distribuidos por múltiples ubicaciones, quizá el verdadero activo no sea la potencia instalada.

Quizá sea la capacidad de orquestarla.

Curiosamente, el propio análisis identifica una posible debilidad: crecer mediante adquisición de centros existentes puede limitar escalabilidad y flexibilidad frente a campus diseñados desde cero.

Pero también puede interpretarse justo al revés.

Un escéptico diría: "son pequeños y no competirán contra grandes hyperscalers".

Otra lectura sería: "han construido una plataforma distribuida ideal para flexibilidad energética".

Y eso abre una pregunta interesante.

¿El futuro de los centros de datos consistirá en construir más MW?

¿O consistirá en extraer más valor de cada MW disponible?

Porque si la electricidad empieza a convertirse en el factor limitante, quizá el nuevo petróleo del sistema ya no sean los electrones.

Quizá sea la flexibilidad.