Un estudio de AleaSoft identifica ahorros potenciales del 25,4% en el coste de la energía mediante flexibilidad de demanda. Pero ¿qué ocurre cuando los procesos industriales no pueden detenerse ni modificar sus horarios? Ahí comienza una nueva oportunidad para el almacenamiento energético.
La electricidad ya no vale lo mismo a todas las horas. Y eso cambia las reglas del juego.
Durante décadas, la competitividad energética industrial se ha construido sobre una premisa relativamente sencilla: contratar electricidad al mejor precio posible y consumirla cuando el proceso productivo la necesita.
Pero el sistema eléctrico está cambiando.
La creciente penetración de las energías renovables está modificando la distribución horaria de los precios. Las horas de elevada generación fotovoltaica pueden registrar precios muy reducidos, incluso negativos, mientras que las últimas horas de la tarde presentan precios considerablemente superiores.
Esta volatilidad suele interpretarse como un problema.
Sin embargo, para una industria capaz de gestionar su consumo, puede convertirse en una ventaja competitiva.
Y para aquellas industrias que no pueden modificar su producción, el almacenamiento energético abre una posibilidad especialmente interesante.







