Europa necesita nuevas infraestructuras eléctricas, pero también redes más inteligentes, almacenamiento energético y un marco regulatorio que premie la eficiencia. Un nuevo informe de la Agencia Internacional de la Energía cuestiona la forma en que planificamos y aprovechamos la capacidad eléctrica.
Europa se enfrenta a una paradoja energética
Europa está invirtiendo miles de millones en energías renovables, electrificación industrial, movilidad eléctrica y centros de datos. Sin embargo, una parte creciente de estas inversiones se encuentra con un obstáculo: la capacidad de acceso a las redes eléctricas.
El problema no es únicamente la falta de infraestructuras. También es la manera en que utilizamos las existentes.
El informe Modernising Grids in the Age of Electricity, publicado el 21 de septiembre de 2026 por la Agencia Internacional de la Energía (AIE), introduce una conclusión especialmente importante: la modernización digital puede liberar capacidad eléctrica significativa sin necesidad de esperar siempre a nuevas líneas o subestaciones.
Según la AIE, determinadas tecnologías de optimización de redes podrían facilitar la conexión de entre 190 y 330 GW adicionales de generación, almacenamiento y demanda a escala mundial.
La inversión equivalente mediante ampliaciones convencionales se estima, para el escenario superior, en unos 100.000 millones de dólares.
Estas cifras representan potencial técnico estimado, no capacidad firme disponible ni ahorros garantizados.
Pero el mensaje estratégico es evidente: existe valor económico en la infraestructura que ya hemos construido y que todavía podemos aprovechar mejor.
El verdadero coste de una red congestionada
La dimensión económica del problema resulta preocupante.
Según la AIE, durante 2024 las congestiones eléctricas ocasionaron costes de aproximadamente 4.300 millones de euros en la Unión Europea y 12.000 millones de dólares en Estados Unidos.
Al mismo tiempo, en 2025 había al menos 1.700 GW de proyectos renovables avanzados y 600 GW de baterías a escala industrial pendientes de conexión.
Esto revela una contradicción.
Estamos invirtiendo en tecnologías capaces de generar electricidad limpia y aportar flexibilidad, mientras las restricciones de conexión retrasan parte de su incorporación al sistema.
Construir nuevas redes es imprescindible. La propia AIE estima que la capacidad mundial deberá crecer al menos un 30% hasta 2035.
Pero sobredimensionar todas las infraestructuras para eliminar cualquier congestión tampoco sería económicamente eficiente.
La solución requiere combinar inversión física con una gestión mucho más dinámica de la capacidad.
De redes pasivas a redes inteligentes
La AIE identifica varias tecnologías capaces de aumentar la utilización de las infraestructuras existentes.
El Dynamic Line Rating permite ajustar la capacidad admisible de determinadas líneas a sus condiciones térmicas y meteorológicas reales.
La optimización topológica y los sistemas avanzados de control de flujos permiten utilizar rutas eléctricas alternativas para aliviar congestiones.
Los gemelos digitales, los sensores y la inteligencia artificial facilitan anticipar restricciones, mejorar el mantenimiento y evaluar contingencias.
Estas soluciones no eliminan los límites físicos del sistema. Pero permiten conocerlos mejor y, cuando las condiciones lo permiten, operar con márgenes menos conservadores sin sacrificar seguridad.
España ya cuenta con experiencias de interés.
El informe recoge un proyecto de gemelo digital aplicado a cuatro líneas en Ibiza que consiguió incrementar aproximadamente un 20% su capacidad media.
Es un resultado localizado, pero demuestra que parte del potencial no es meramente teórico.
Las baterías pueden convertirse en una infraestructura estratégica
Aquí aparece una oportunidad especialmente relevante.
Aunque el informe está centrado principalmente en tecnologías de red y no en almacenamiento, sus conclusiones permiten plantear una evolución del papel de los sistemas BESS.
Tradicionalmente, la rentabilidad de una batería se ha asociado al arbitraje energético: almacenar electricidad cuando resulta barata y utilizarla o venderla cuando tiene mayor valor.
Sin embargo, su contribución potencial puede ser mucho más amplia.
Un BESS adecuadamente ubicado y gestionado puede reducir picos de demanda, absorber generación renovable que de otro modo sufriría restricciones, modificar los intercambios con la red y prestar determinados servicios de ajuste.
Además, los sistemas equipados con electrónica de potencia y controles apropiados pueden contribuir a la estabilidad eléctrica mediante capacidades grid-forming.
La batería deja de ser únicamente un almacén de energía y puede convertirse en un recurso de flexibilidad y soporte de red.
Pero hay una condición fundamental: su valor debe demostrarse técnicamente.
Importan su ubicación, potencia, autonomía, estado de carga, estrategia de control y capacidad efectiva para actuar durante las contingencias previstas.
Una batería no resuelve automáticamente una congestión, y sus diferentes servicios pueden competir por la misma potencia o energía disponible.
Por tanto, el futuro del almacenamiento no dependerá exclusivamente de instalar más MWh, sino de garantizar prestaciones medibles que los sistemas eléctricos realmente necesiten.
La revolución silenciosa: las conexiones flexibles
Uno de los aspectos más interesantes aparece cuando la AIE aborda las conexiones no firmes.
Estas permiten que una instalación se conecte antes, o con una potencia superior a la que podría garantizarse permanentemente, a cambio de aceptar restricciones bajo determinadas condiciones.
La AIE recoge, a partir de su estudio Electricity 2026, un potencial adicional mundial estimado entre 750 y 900 GW mediante conexiones no firmes.
Esta cifra corresponde a una evaluación complementaria, distinta de los 190–330 GW obtenidos mediante tecnologías de optimización de redes.
Las conexiones flexibles pueden resultar especialmente relevantes para instalaciones industriales, producción renovable, almacenamiento y centros de datos capaces de modular una parte de su demanda.
Pero requieren reglas claras.
¿Quién decide cuándo limitar una conexión?
¿Qué preaviso debe recibir el consumidor?
¿Cómo se comprueba que la restricción está justificada?
¿Qué disponibilidad de potencia puede considerarse garantizada?
¿Qué ocurre cuando una instalación necesita mantener cargas críticas?
Estas preguntas transforman un problema de ingeniería eléctrica en un problema de regulación, contratos y coordinación operativa.
Y precisamente ahí encontramos una parte fundamental del desafío europeo.
El regulador puede ser tan importante como la tecnología
Posiblemente, la conclusión más trascendente del informe no sea tecnológica.
La AIE advierte que muchos marcos regulatorios favorecen las inversiones físicas tradicionales frente a soluciones digitales u operativas que podrían proporcionar resultados equivalentes a menor coste.
Una nueva subestación constituye una inversión tangible, con mecanismos relativamente establecidos de reconocimiento y remuneración.
Un software que evita congestiones, un sistema avanzado de control o una solución de flexibilidad pueden ofrecer valor comparable, pero encontrar mayores dificultades para recuperar sus costes.
Este desequilibrio puede incentivar decisiones que no minimicen el coste total del sistema.
La AIE propone avanzar hacia una regulación más neutral tecnológicamente, capaz de valorar resultados: capacidad liberada, congestiones evitadas, fiabilidad, menores vertidos renovables y conexiones aceleradas.
La pregunta debería dejar de ser cuánto dinero invertimos en infraestructura y pasar a incluir cuánta capacidad útil, segura y económicamente eficiente obtenemos.
No significa renunciar a nuevas redes.
Significa elegir, para cada necesidad, la combinación más eficiente de infraestructura, digitalización y flexibilidad.
España tiene una oportunidad, pero necesita actuar
En mi opinión, España debería impulsar una estrategia nacional que integrase cuatro elementos.
Primero, incorporar sistemáticamente tecnologías avanzadas de optimización en los estudios de acceso y en la planificación de inversiones.
Segundo, desarrollar conexiones flexibles con condiciones contractuales transparentes, capacidad de supervisión y garantías para los consumidores críticos.
Tercero, facilitar que el almacenamiento pueda obtener ingresos por los servicios reales que presta al sistema, evitando duplicidades y remunerando prestaciones verificables.
Y cuarto, evolucionar hacia incentivos regulatorios vinculados a resultados, no únicamente al volumen de activos construidos.
Esto sería especialmente relevante para aprovechar la generación renovable, facilitar la electrificación industrial y acelerar proyectos de centros de datos donde las condiciones técnicas lo permitan.
Para fabricantes de soluciones energéticas como SolaX Power, también representa una oportunidad de evolución tecnológica: integrar almacenamiento, electrónica de potencia y sistemas inteligentes de control para proporcionar flexibilidad útil al consumidor y, cuando el marco técnico y regulatorio lo permita, al sistema eléctrico.
No obstante, sería un error presentar la digitalización o las baterías como sustitutos universales de la infraestructura física.
La capacidad térmica adicional no garantiza por sí sola estabilidad, seguridad de suministro ni resiliencia. Todo incremento de capacidad utilizable debe respetar los límites eléctricos y las contingencias del sistema.
La competitividad europea también se decidirá en las redes
Europa necesita electricidad competitiva para sostener su industria, atraer inversiones y avanzar en la electrificación.
Necesita desplegar nuevas redes, pero también reducir los costes derivados de infraestructuras infrautilizadas, congestiones evitables y retrasos de conexión.
El informe de la AIE demuestra que existen tecnologías con potencial significativo para contribuir a ese objetivo.
La siguiente etapa exige transformar ese potencial en capacidad realmente disponible, medible y segura.
Y eso requiere tanto ingeniería como regulación.
La próxima revolución eléctrica no consistirá solamente en producir más electricidad renovable o construir más kilómetros de red. Consistirá también en conseguir que cada MW de infraestructura instalada aporte el mayor valor posible al sistema.
Porque en la nueva economía eléctrica, la competitividad no dependerá únicamente de cuánta energía podemos generar.
Dependerá, cada vez más, de nuestra capacidad para gestionarla.
Fuente principal: Agencia Internacional de la Energía (IEA), Modernising Grids in the Age of Electricity, septiembre de 2026.
https://www.iea.org/reports/modernising-grids-in-the-age-of-electricity
Las propuestas específicas para España, la valoración estratégica del BESS y las implicaciones para SolaX Power son análisis propios derivados del informe, no recomendaciones expresamente formuladas por la AIE.
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