7 oct 2026

La paradoja de la IA: más electricidad, más baterías y una red que tendrá que volverse inteligente


Bain sitúa el almacenamiento como la primera opción de las utilities para responder al crecimiento de demanda provocado por la inteligencia artificial y los centros de datos. Pero hay una segunda revolución en marcha: utilizar esa misma IA para convertir las baterías en activos cada vez más inteligentes y rentables.

Durante los últimos años hemos hablado mucho de lo que la inteligencia artificial puede hacer por el sector energético.

Quizá haya llegado el momento de plantear la pregunta al revés:

¿Qué tendrá que hacer el sector energético por la inteligencia artificial?

La respuesta empieza a ser enorme.

La expansión de los centros de datos está creando nuevas concentraciones de demanda eléctrica que llegan precisamente cuando muchas redes tienen capacidad limitada, los tiempos de conexión se alargan y la integración de renovables necesita cada vez más flexibilidad.

Y en medio de todo ello aparece una tecnología con un protagonismo creciente:

el almacenamiento energético.

El dato que debería llamar nuestra atención: 63%

El informe Energy Agenda 2026 de Bain & Company recoge la opinión de 859 ejecutivos internacionales de energía y recursos naturales.

Cuando Bain pregunta a las utilities cómo pretenden responder al crecimiento de demanda procedente de la IA y los centros de datos, el almacenamiento energético ocupa el primer lugar: un 63% afirma estar considerándolo para atender ese incremento de carga.

Por detrás aparecen la extensión de la vida de los activos existentes, nuevas inversiones en transmisión y distribución, generación con gas y nuevas renovables terrestres. En Europa, además, las renovables onshore ocupan la segunda posición después del almacenamiento.

El mensaje es importante.

BESS ya no aparece simplemente como una tecnología que permite almacenar excedentes renovables. Empieza a convertirse en infraestructura necesaria para poder conectar nueva demanda.

Y eso cambia radicalmente su papel dentro del sistema eléctrico.

La IA tiene dos caras energéticas

Aquí aparece una paradoja especialmente interesante.

Por un lado, la IA está incrementando el consumo eléctrico.

Más modelos, más capacidad de cálculo y más infraestructura digital significan más centros de datos y, por tanto, más potencia solicitada a unas redes que no siempre pueden ofrecerla inmediatamente.

Pero, al mismo tiempo, la IA puede convertirse en una de las herramientas que permitan gestionar mejor esa energía.

Podemos representarlo así:

IA → Data Centers → mayor demanda eléctrica → congestión → necesidad de flexibilidad → BESS

Pero existe también la dirección contraria:

IA → mejores predicciones → mejores decisiones → optimización del BESS → mayor flexibilidad

La inteligencia artificial, por tanto, puede ser simultáneamente parte del problema y parte de la solución.

Mucha IA, todavía poco retorno

El segundo informe de Bain, AI in Energy: From Pilots to Payoff, aporta otra señal interesante.

El 68% de los ejecutivos considera que la inteligencia artificial tendrá un impacto sustancial o transformador en sus negocios durante los próximos cinco a diez años.

Sin embargo, menos del 20% afirma estar escalando aplicaciones de IA con resultados medibles o desarrollando transformaciones a escala empresarial. La encuesta incluye petróleo y gas, utilities, química, minería y agronegocio, por lo que estos porcentajes no deben interpretarse exclusivamente como datos del sector eléctrico.

El problema principal tampoco parece ser la tecnología.

Casi la mitad de los directivos señala como principal obstáculo unos resultados poco claros o insuficientemente conectados con el valor del negocio. También aparecen la falta de conocimiento especializado, los problemas de datos y gobernanza y las limitaciones de infraestructura tecnológica.

En otras palabras:

la IA ya no tiene que demostrar que funciona. Tiene que demostrar que genera dinero.

Y aquí las baterías tienen una ventaja extraordinaria.

BESS puede convertirse en uno de los mejores laboratorios para demostrar el ROI de la IA

Esta ya es una interpretación que va más allá de lo que afirma directamente Bain.

Un BESS permite medir con bastante claridad el efecto económico de una decisión.

Una plataforma inteligente puede utilizar previsiones de:

  • demanda;

  • generación fotovoltaica;

  • precios eléctricos;

  • restricciones de red;

  • disponibilidad del activo;

  • estado de carga;

  • degradación de batería.

Y convertirlas en decisiones operativas:

¿Cargo ahora o espero?

¿Descargo para reducir el pico de potencia?

¿Reservo capacidad para un servicio de red?

¿Es más rentable hacer arbitrage o mantener margen para una contingencia?

¿Cuánta degradación adicional provoca cada estrategia?

El resultado puede expresarse en variables muy concretas:

€/MWh, potencia pico evitada, ciclos utilizados, degradación, ingresos por flexibilidad o reducción de coste energético.

Exactamente el tipo de vínculo entre tecnología y valor económico que Bain considera imprescindible para que la IA pase del piloto a la operación real.

Del BESS aislado al sistema energético inteligente

Esto nos lleva a una evolución todavía más importante.

La siguiente generación de almacenamiento probablemente no tendrá sentido como un elemento aislado.

En una industria o centro de datos podríamos tener simultáneamente:

Red + fotovoltaica + BESS + generación local + cargas flexibles + vehículo eléctrico + mercados energéticos.

La cuestión ya no será simplemente decidir cuándo cargar la batería.

Será optimizar todo el sistema.

Y para eso resulta necesaria una capa superior de inteligencia capaz de evaluar continuamente restricciones físicas, económicas y operativas.

Aquí es donde la combinación entre EMS avanzado, predicción, optimización e IA puede adquirir verdadero valor.

Los centros de datos podrían convertirse en parte de la solución

Bain identifica además otra tendencia relevante.

Las utilities esperan cada vez más que los grandes nuevos consumidores participen económicamente en la infraestructura necesaria para atender su demanda. El informe señala un creciente interés por la coinversión con empresas tecnológicas y describe la relación entre centros de datos y red como todavía situada en una fase de “pre-coordination”.

Incluso empieza a considerarse el data center no solo como una enorme carga, sino potencialmente como un activo estable alrededor del cual justificar inversiones en generación, transmisión y distribución.

El siguiente paso parece bastante lógico.

Un centro de datos equipado con almacenamiento, generación local y cargas computacionales parcialmente flexibles podría evolucionar desde:

“necesito 100 MW de la red”

hacia algo mucho más sofisticado:

“este es el perfil de potencia que puedo consumir, generar, desplazar o reservar en cada momento”.

Eso sería un cambio profundo en la relación entre los grandes consumidores y el sistema eléctrico.

Las baterías están dejando de ser simplemente almacenamiento

El mensaje más importante del informe de Bain quizá no sea que la IA va a transformar la energía.

Es otro:

la economía está empezando a decidir qué tecnologías de la transición energética sobreviven.

Bain sitúa precisamente al almacenamiento, junto con los materiales para la transición y la energía nuclear avanzada, entre las tecnologías cuya perspectiva de negocio a cinco o diez años es percibida más favorablemente por los ejecutivos del sector.

No es casualidad.

Cuantas más renovables añadimos, mayor es la necesidad de flexibilidad.

Cuantos más centros de datos conectamos, mayor es la necesidad de potencia gestionable.

Cuanto mayores son las diferencias horarias de precios, mayor es el valor potencial del arbitrage.

Y cuanto más compleja se vuelve la operación del sistema eléctrico, mayor es el valor de poder tomar decisiones inteligentes en tiempo real.

La batería empieza así a evolucionar desde un simple almacén de electricidad hacia otra cosa:

un activo flexible capaz de decidir cuándo la electricidad tiene más valor.

Y cuando IA y almacenamiento empiezan a trabajar juntos, esa capacidad puede convertirse en uno de los elementos centrales del nuevo sistema energético.


Fuentes: Bain & Company, AI in Energy: From Pilots to Payoff (1 de septiembre de 2026); Bain & Company, Energy Agenda 2026: Returns, Restructuring, and Resilience; Energías Renovables, El sector energético pisa el acelerador con la IA (6 de octubre de 2026).