15 oct 2026

España tiene renovables, pero no puede permitirse parar las centrales de gas. ¿Dónde están las baterías?

Red Eléctrica interviene en los planes de mantenimiento de más de un centenar de instalaciones después de que la indisponibilidad de los ciclos combinados alcanzara niveles inusuales. La situación revela una contradicción de nuestra transición energética: avanzamos en generación renovable, pero seguimos dependiendo del gas para garantizar la seguridad del suministro.

España dispone de una enorme capacidad de generación renovable. En determinadas horas, la producción solar y eólica permite obtener electricidad a precios extraordinariamente competitivos.

Sin embargo, mientras seguimos instalando megavatios renovables, Red Eléctrica se ve obligada a intervenir para asegurar la disponibilidad de centrales convencionales.

¿Cómo es posible que un país que aspira a liderar la transición energética no pueda prescindir de una parte significativa de sus centrales de gas?

La respuesta es incómoda: porque generar electricidad renovable no equivale necesariamente a disponer de potencia firme, flexibilidad y estabilidad cuando el sistema las necesita.

Un 35 % de indisponibilidad: una señal de alerta

Según publica elDiario.es el 15 de octubre de 2026, Red Eléctrica ha mostrado su disconformidad con determinadas fechas de mantenimiento propuestas por las compañías generadoras para los próximos doce meses.

El operador del sistema justifica esta decisión por el incremento inusual de la indisponibilidad de los ciclos combinados, que durante el verano ha llegado a dejar disponible únicamente el 65 % de la potencia instalada de esta tecnología.

La medida afecta a la planificación de más de un centenar de instalaciones, aunque no supone una prohibición general de todos los mantenimientos.

Red Eléctrica ha solicitado reprogramar determinadas paradas para preservar la seguridad del suministro.

El dato merece atención.

España necesita mantener operativas centrales de gas precisamente cuando su política energética pretende reducir progresivamente la dependencia de los combustibles fósiles.

Esto no significa que las centrales deban permanecer funcionando continuamente. Significa que el sistema necesita poder contar con ellas en determinadas circunstancias.

Y esa diferencia entre potencia instalada, potencia disponible y potencia realmente necesaria es fundamental.

¿Por qué tantas centrales indisponibles?

La elevada indisponibilidad plantea una pregunta legítima.

¿Estamos ante una acumulación de necesidades técnicas de mantenimiento, averías, envejecimiento de instalaciones o decisiones empresariales relacionadas con la rentabilidad de los activos?

Probablemente sea necesario analizar distintos factores.

Los ciclos combinados están operando en un entorno muy diferente al de hace una década. La penetración renovable modifica sus horas de funcionamiento, sus arranques, sus paradas y las condiciones en las que participan en el mercado.

Además, la operación reforzada del sistema aplicada tras el apagón del 28 de abril de 2025 ha aumentado la importancia operativa de determinadas tecnologías convencionales.

Pero hay otra dimensión que merece estudiarse: los incentivos económicos.

Cuando una tecnología resulta imprescindible para proporcionar determinados servicios al sistema, su disponibilidad adquiere un valor estratégico.

Esto no demuestra que las indisponibilidades sean deliberadas ni fraudulentas. No existen elementos suficientes en la noticia para sostener esa acusación.

Sin embargo, sí justifica reclamar transparencia sobre las causas de las paradas, los costes asociados a la seguridad del suministro y los incentivos que condicionan las decisiones de inversión y mantenimiento.

También debemos reconocer un riesgo: aplazar mantenimientos necesarios puede comprometer la fiabilidad futura de las instalaciones.

No podemos convertir una solución operativa excepcional en una estrategia energética permanente.

El problema no es únicamente generar electricidad. Es poder gestionarla.

Durante años hemos medido el avance de la transición energética principalmente en gigavatios renovables instalados.

Pero la verdadera fortaleza de un sistema eléctrico no se mide únicamente por su capacidad de producción.

También depende de su capacidad para responder a cambios inesperados.

¿Qué sucede cuando cae rápidamente la generación fotovoltaica? ¿Cuando disminuye el viento? ¿Cuando aparece una congestión? ¿Cuando se pierde un gran grupo generador?

La respuesta exige flexibilidad, reservas operativas y recursos capaces de contribuir a la estabilidad de la red.

Y aquí es donde el almacenamiento energético mediante baterías, los sistemas BESS (Battery Energy Storage Systems), adquiere una importancia estratégica.

Los BESS permiten desplazar energía renovable desde las horas de abundancia hacia las horas de mayor necesidad.

Pero su aportación va mucho más allá del arbitraje energético.

Pueden participar en servicios de balance, responder rápidamente a variaciones de frecuencia, contribuir al soporte de tensión y, cuando incorporan las capacidades adecuadas, prestar determinadas funciones de soporte dinámico mediante inversores grid-forming.

Una batería no es simplemente un dispositivo que almacena electricidad. Es un recurso flexible que puede transformar la operación del sistema eléctrico.

Eso sí, no todos los BESS ofrecen las mismas prestaciones. Su autonomía, estado de carga, ubicación, potencia, arquitectura de control y certificación determinan qué servicios pueden proporcionar realmente.

El nuevo mercado de capacidad llega en un momento decisivo

La reciente Orden TED/966/2026, que crea el mercado de capacidad español, adquiere especial relevancia ante esta situación.

El nuevo mecanismo pretende remunerar la disponibilidad de potencia firme mediante procedimientos competitivos en los que pueden participar generación, almacenamiento y demanda flexible, sujetos a los requisitos establecidos.

Es un cambio de enfoque importante.

Hasta ahora, buena parte del debate energético se ha centrado en cuánto cuesta producir un megavatio hora.

Pero también necesitamos responder a otra pregunta:

¿Cuánto vale garantizar que exista potencia disponible cuando el sistema realmente la necesita?

El mercado de capacidad puede contribuir a responderla.

Sin embargo, su éxito dependerá de que los coeficientes de firmeza reconozcan adecuadamente la contribución real de cada tecnología y de que las subastas generen señales de inversión suficientemente claras.

Una batería de 100 MW con dos horas de autonomía no proporciona necesariamente la misma garantía de suministro que una instalación capaz de sostener esa potencia durante muchas más horas.

Pero tampoco todas las necesidades de seguridad requieren mantener centrales térmicas disponibles durante periodos prolongados.

La clave consiste en identificar correctamente qué servicios necesita el sistema, durante cuánto tiempo y con qué garantías.

Y remunerarlos de forma transparente y competitiva.

Los BESS industriales y comerciales también tienen un papel que desempeñar

La solución no pasa exclusivamente por construir grandes instalaciones de almacenamiento conectadas a la red de transporte.

Existe también un potencial considerable en la combinación de fotovoltaica, baterías y gestión inteligente de la energía en instalaciones industriales y comerciales.

Estos sistemas pueden reducir picos de demanda, desplazar consumo hacia horas de mayor producción renovable, gestionar excedentes y disminuir la exposición a precios elevados.

Con una regulación adecuada, la agregación de estos recursos puede aportar flexibilidad adicional al sistema eléctrico.

Fabricantes como SolaX Power, con soluciones de almacenamiento residencial, comercial e industrial, forman parte de un ecosistema tecnológico que puede contribuir a esta transformación.

No obstante, desplegar baterías no es suficiente.

Necesitamos que puedan participar efectivamente en los mercados y que sus servicios sean reconocidos y remunerados.

La flexibilidad distribuida debe dejar de ser una oportunidad teórica para convertirse en un recurso operativo y económicamente viable.

Conclusión: necesitamos menos dependencia del gas, no más dependencia de sus mantenimientos

La decisión de Red Eléctrica debería servir como llamada de atención.

España ha demostrado que puede desplegar generación renovable a gran escala.

Ahora tiene que demostrar que puede integrar esa generación en un sistema seguro, flexible y competitivo.

Los ciclos combinados seguirán siendo necesarios durante parte de la transición. Pretender sustituirlos inmediatamente por baterías sería técnicamente incorrecto.

Pero seguir dependiendo de ellos para cubrir necesidades que podrían satisfacer otras tecnologías tampoco parece una estrategia sostenible a largo plazo.

La respuesta debe combinar almacenamiento de distintas duraciones, demanda flexible, redes, generación gestionable y sistemas inteligentes de control.

Porque la transición energética no consiste únicamente en sustituir combustibles fósiles por renovables.

Consiste en transformar la arquitectura y el funcionamiento del sistema eléctrico.

España ya ha demostrado que sabe producir energía renovable. Ahora necesita demostrar que sabe almacenarla, gestionarla y garantizar su disponibilidad.

Y para conseguirlo, el almacenamiento BESS debe dejar de considerarse un complemento de las renovables para convertirse en una infraestructura estratégica de nuestro sistema eléctrico.

La próxima revolución energética no se medirá solo en gigavatios instalados, sino en megavatios realmente disponibles cuando más se necesitan.

Fuentes

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