28 oct 2026

Gas a 100 €/MWh, electricidad a 231 €/MWh y diésel caro hasta 2027: Europa vuelve a pagar el precio de su dependencia energética


La nueva escalada de los combustibles fósiles vuelve a poner en cuestión la seguridad energética y la competitividad industrial europea. España dispone de una ventaja renovable importante, pero necesita convertirla en electricidad gestionable mediante almacenamiento, electrificación y flexibilidad.

28 de octubre de 2026 | Análisis energético — SolaX Power


Tres noticias, una misma advertencia

Europa vuelve a encontrarse ante un escenario que recuerda, aunque con circunstancias diferentes, a la crisis energética de 2022.

Este miércoles, el gas natural TTF ha llegado a alcanzar los 100,3 €/MWh durante la sesión. Paralelamente, el mercado mayorista español de electricidad ha fijado para el jueves 29 de octubre un precio medio de 231,01 €/MWh, el más elevado del año, con un máximo de 322,78 €/MWh.

Y, mientras tanto, la Comisión Europea reconoce que las tensiones en el mercado internacional del diésel podrían prolongarse durante buena parte de 2027.

Son tres noticias publicadas por El Periódico de la Energía el mismo día. Tres mercados distintos, sometidos a dinámicas específicas, pero conectados por una vulnerabilidad común: la exposición de la economía europea a los combustibles fósiles y a unas cadenas internacionales de suministro que no controla completamente.

Lo preocupante no es únicamente el precio alcanzado.

Es que, cuatro años después de la crisis de 2022, Europa continúa siendo especialmente sensible a las alteraciones del mercado energético internacional.

Y esta vez la cuestión va más allá del coste de la energía: afecta directamente a la competitividad de su industria, a las decisiones de inversión y a su autonomía estratégica.

1. El gas vuelve a recordar quién condiciona el precio de la electricidad

El mercado europeo del gas natural vuelve a estar bajo presión.

Las tensiones geopolíticas en Oriente Medio, las restricciones de suministro de gas natural licuado y la preocupación por los inventarios europeos ante el invierno han impulsado el TTF hasta niveles que no se observaban desde 2022.

Sin embargo, el impacto del gas no se limita a quienes lo utilizan directamente como combustible.

En el mercado eléctrico europeo existe una conexión fundamental: el gas puede determinar el precio de toda la electricidad negociada en una determinada hora, aunque una parte importante de la generación proceda de fuentes renovables o nucleares.

Esto ocurre cuando las centrales de ciclo combinado son la tecnología marginal que fija el precio del mercado.

La dimensión económica se entiende con un cálculo sencillo.

Si el gas cuesta 100 €/MWh térmico y una central de ciclo combinado presenta un rendimiento eléctrico del 55 %, el coste del combustible necesario para producir un MWh eléctrico sería aproximadamente:

100 / 0,55 = 182 €/MWh eléctrico.

Y eso antes de incorporar los costes de emisiones de CO₂, operación y otros componentes.

Es un ejemplo ilustrativo, no una estimación del coste real de una central concreta. Pero demuestra por qué una subida del gas puede trasladarse rápidamente al mercado eléctrico.

La consecuencia resulta especialmente significativa para España.

Un país puede producir una mayoría de su electricidad mediante renovables y, aun así, seguir expuesto a los precios internacionales del gas durante determinadas horas.

El desafío ya no consiste únicamente en sustituir generación fósil por renovable. Consiste también en reducir las horas y circunstancias en las que necesitamos recurrir a combustibles importados para equilibrar el sistema.

2. España: mucha electricidad renovable, pero todavía insuficiente flexibilidad

España ha avanzado considerablemente en la transformación de su sistema eléctrico.

Según Red Eléctrica, en 2025 las renovables representaron el 55,5 % de la generación eléctrica nacional, porcentaje que aumenta al 56,6 % al incorporar la estimación del autoconsumo.

La potencia solar y eólica continúa creciendo y el país dispone de condiciones especialmente favorables para producir electricidad renovable competitiva.

Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre producir electricidad barata y poder utilizarla cuando realmente se necesita.

La generación fotovoltaica se concentra en las horas solares, mientras que una parte importante de la demanda se mantiene durante la tarde, la noche y los periodos de menor producción renovable.

Cuando coinciden elevada generación solar y demanda insuficiente, pueden aparecer precios muy bajos o incluso negativos.

Pero cuando desaparece la producción solar y aumenta la demanda, el sistema necesita recurrir a otras tecnologías.

El resultado puede ser una elevada volatilidad de precios.

El mercado español del 29 de octubre ofrece un ejemplo especialmente ilustrativo: una diferencia de 207,78 €/MWh entre su precio horario mínimo y máximo.

No significa que ese diferencial pueda capturarse íntegramente mediante almacenamiento. Las pérdidas, la duración disponible, los costes y las condiciones de operación reducen el margen real.

Pero muestra con claridad el valor económico potencial de desplazar electricidad entre diferentes momentos del día.

Y aquí aparece una cuestión estratégica:

España no necesita únicamente más capacidad para generar electricidad renovable. Necesita aumentar su capacidad para gestionarla.

Eso implica almacenamiento, redes, interconexiones, respuesta de la demanda y una operación del sistema cada vez más flexible.

3. El diésel añade una segunda dimensión: la dependencia energética no termina en la electricidad

La advertencia de Bruselas sobre el diésel introduce una cuestión que a menudo queda fuera del debate eléctrico.

El comisario europeo de Energía, Dan Jørgensen, ha señalado que el mercado internacional de diésel podría mantenerse tensionado durante 2027.

La Comisión Europea ha iniciado un diálogo estratégico con la industria del refino para estudiar cómo reforzar la producción europea y reducir su vulnerabilidad.

Según el propio comisario, durante las últimas dos décadas ha cerrado aproximadamente una cuarta parte de las refinerías de la UE, reduciendo alrededor de un 10 % su capacidad de refino.

Europa se enfrenta así a una doble necesidad.

A corto plazo, debe preservar la disponibilidad y asequibilidad de combustibles que siguen siendo esenciales para el transporte, la logística, la aviación, la industria y la defensa.

A largo plazo, necesita reducir su dependencia estructural de los derivados del petróleo.

Ambos objetivos no son incompatibles.

Reforzar temporalmente la seguridad del suministro no debería convertirse en una excusa para retrasar la electrificación de aquellos usos donde ya existen alternativas técnicamente maduras.

La movilidad eléctrica, las bombas de calor, determinados procesos industriales electrificados y la integración de renovables permiten reducir el consumo de combustibles importados.

Pero hay una condición imprescindible:

Electrificar resulta estratégicamente más valioso cuando el sistema eléctrico puede ofrecer energía competitiva, disponible y fiable.

De lo contrario, parte de la dependencia del petróleo y del gas puede transformarse en una nueva exposición a la volatilidad del mercado eléctrico.

4. El almacenamiento deja de ser una cuestión exclusivamente renovable

Tradicionalmente, el almacenamiento energético se ha presentado como una herramienta para facilitar la integración de las energías renovables.

Esa función sigue siendo fundamental, pero su relevancia económica es considerablemente más amplia.

Un sistema de almacenamiento con baterías, o BESS, permite desacoplar parcialmente el momento en que se produce o adquiere electricidad del momento en que se consume.

Esto introduce nuevas posibilidades para hogares, empresas, industrias y operadores del sistema eléctrico.

En instalaciones comerciales e industriales, la combinación de fotovoltaica y baterías puede permitir utilizar energía solar fuera de las horas de producción, reducir determinadas compras en periodos caros y gestionar los máximos de demanda.

En el ámbito utility-scale, el almacenamiento puede desplazar generación renovable hacia periodos de mayor necesidad y prestar determinados servicios de flexibilidad y soporte al sistema, siempre que la tecnología y la regulación lo permitan.

Y para los nuevos grandes consumidores eléctricos, incluidos los centros de datos, la gestión coordinada de la demanda y del almacenamiento puede convertirse en un componente importante de su estrategia energética.

La Agencia Internacional de la Energía, en su informe Electricity 2026, destaca precisamente el creciente papel de las baterías en la flexibilidad del sistema y en la integración de nuevos consumos.

No obstante, conviene evitar simplificaciones.

Una batería no produce energía. Tampoco elimina la necesidad de generación firme, redes adecuadas o soluciones para periodos prolongados de escasez renovable.

Su valor depende del diseño técnico, la duración del almacenamiento, el perfil de consumo, las condiciones de mercado y el modelo de ingresos.

Pero sí puede contribuir a algo especialmente relevante en el contexto actual: reducir la exposición a determinadas horas de electricidad cara y mejorar el aprovechamiento de los recursos energéticos disponibles.

5. La oportunidad industrial para España

La competitividad industrial europea lleva años condicionada por unos costes energéticos superiores a los de algunos de sus principales competidores internacionales.

La AIE señala que, durante 2025, los precios de la electricidad para las industrias electrointensivas europeas continuaron situándose, en promedio, por encima del doble de los registrados en Estados Unidos y cerca de un 50 % por encima de los de China.

La nueva tensión energética amenaza con prolongar esta desventaja.

Para España, sin embargo, existe una oportunidad.

El recurso solar, la capacidad eólica, el crecimiento del autoconsumo y el desarrollo del almacenamiento pueden convertirse en una ventaja competitiva para atraer y mantener actividad industrial.

Pero esa ventaja no aparecerá automáticamente por instalar más megavatios renovables.

Será necesario disponer de capacidad de conexión, infraestructuras eléctricas, almacenamiento económicamente viable y mecanismos contractuales que permitan trasladar al consumidor industrial el valor de la generación renovable.

Los PPA, el autoconsumo industrial, las baterías y la gestión inteligente de la energía pueden formar parte de esa transformación.

También será necesario mejorar la coordinación entre generación, demanda y redes.

Porque un sistema con abundante electricidad renovable, pero incapaz de entregarla cuando la industria la necesita, desaprovecha parte de su ventaja estructural.

6. De vender energía a gestionar energía: el papel de SolaX Power

Este cambio de paradigma también está transformando el papel de las empresas tecnológicas del sector.

Durante años, gran parte del mercado fotovoltaico se concentró en instalar capacidad de generación y maximizar la producción.

Ahora, el siguiente paso consiste en gestionar esa energía de forma inteligente.

En este contexto, las soluciones de SolaX Power, que integran inversores, almacenamiento energético y sistemas de gestión, responden a una necesidad cada vez más evidente: optimizar conjuntamente la generación, el almacenamiento y el consumo eléctrico.

En el sector residencial, esto permite aumentar el aprovechamiento de la generación fotovoltaica y gestionar el uso de la batería según las necesidades del hogar.

En el segmento comercial e industrial, abre oportunidades para reducir costes, gestionar potencia y desarrollar estrategias energéticas más flexibles.

Y en aplicaciones de mayor escala, el almacenamiento puede participar en un sistema eléctrico que necesita responder cada vez más rápido a las variaciones de generación y demanda.

La propuesta de valor evoluciona, por tanto, desde la simple producción de kilovatios hora hacia la capacidad de suministrar electricidad de manera más eficiente y gestionable.

No se trata de presentar el almacenamiento como una respuesta automática a cualquier incremento de precios.

Se trata de reconocer que la flexibilidad energética adquiere mayor valor estratégico cuando aumenta la volatilidad y la incertidumbre.

7. La soberanía energética europea no se consigue únicamente cambiando de proveedor

Europa ha dedicado enormes esfuerzos a diversificar sus proveedores de gas y petróleo desde 2022.

Esa diversificación ha mejorado la resiliencia del suministro.

Pero diversificar proveedores no equivale a eliminar la dependencia.

Mientras una parte sustancial de la actividad económica europea continúe necesitando combustibles importados, las crisis geopolíticas seguirán teniendo capacidad para trasladarse a los precios energéticos y a la competitividad industrial.

La alternativa no consiste en apostar exclusivamente por una tecnología.

Consiste en construir un sistema energético equilibrado, apoyado en generación renovable, electrificación eficiente, almacenamiento, redes robustas, respaldo adecuado y una demanda capaz de adaptarse.

España dispone de ventajas relevantes para contribuir a ese objetivo.

La cuestión es si será capaz de transformar su potencial renovable en una ventaja económica sostenida para sus ciudadanos y sus empresas.

Conclusión: la energía más estratégica es la que podemos controlar

Las noticias del 28 de octubre de 2026 dejan una advertencia importante.

Europa puede diversificar sus importaciones, reforzar sus infraestructuras y mejorar su capacidad de respuesta ante las crisis.

Pero seguirá siendo vulnerable mientras una parte esencial de su economía dependa de combustibles cuyos precios se determinan en mercados internacionales expuestos a tensiones geopolíticas.

La electrificación ofrece una vía para reducir esa dependencia.

Las renovables permiten producir una proporción creciente de energía sin recurrir a combustibles importados.

Y el almacenamiento aporta parte de la flexibilidad necesaria para aprovechar mejor esa producción.

La verdadera transición energética no consiste solamente en generar más electricidad limpia. Consiste en conseguir que esa energía sea disponible, gestionable, competitiva y segura cuando la economía la necesita.

Porque la próxima gran ventaja competitiva de Europa podría no estar únicamente en cuánto produce, sino en cuánto control tiene sobre su propia energía.


Fuentes y referencias

Actualidad energética — 28 de octubre de 2026

Fuentes oficiales y técnicas