1 sept 2026

Después del arbitraje llega el siguiente business case del BESS: resiliencia

DNV propone replantear cómo protegemos el sistema energético. Y esa nueva forma de medir el riesgo puede cambiar también la forma de valorar un BESS.

Durante años hemos explicado el almacenamiento energético con una lógica relativamente sencilla:

cargar barato, descargar caro.

Después llegaron los servicios de ajuste, el capacity market, el peak shaving, los vertidos renovables y las restricciones de red.

Pero empieza a aparecer una nueva capa de valor que probablemente termine siendo igual de importante:

la resiliencia.

DNV acaba de publicar From concern to control: Rethinking energy resilience for the new threat era, un documento que plantea algo bastante más profundo que proteger individualmente centrales, redes o subestaciones.

El problema, según DNV, es que el sistema energético se ha vuelto extraordinariamente interdependiente.

Electrificación, renovables, digitalización, telecomunicaciones, cadenas de suministro y nuevas cargas eléctricas están cada vez más conectadas. Eso aumenta la eficiencia, pero también provoca que un problema localizado pueda propagarse rápidamente hacia otros sectores.

Y los datos muestran que queda bastante trabajo por hacer.

Solo el 49% de los responsables energéticos consultados por DNV afirma disponer de una estrategia de resiliencia claramente definida y actualizada regularmente. Apenas el 45% considera suficientemente diversificada su cadena de suministro para resistir grandes disrupciones.

El apagón termina donde empieza la resiliencia

El apagón de España y Portugal de abril de 2025 mostró perfectamente el problema.

No fue únicamente una interrupción del suministro eléctrico.

El impacto alcanzó transporte, telecomunicaciones, hospitales y otras infraestructuras críticas. DNV utiliza precisamente este tipo de acontecimientos para defender que la resiliencia debe analizarse desde una perspectiva sistémica y no activo por activo.

Esta distinción es fundamental.

Fiabilidad significa que el sistema funciona correctamente la mayor parte del tiempo.

Resiliencia significa que, cuando algo grave ocurre, el sistema puede resistirlo, mantener las funciones críticas y recuperarse.

Y eso cambia completamente la conversación sobre almacenamiento energético.

Una batería puede tener dos balances

Hasta ahora, al analizar un BESS normalmente construimos un Excel con:

arbitraje + servicios auxiliares + capacidad + peak shaving + gestión de excedentes.

Pero existe otro balance económico que muchas veces permanece fuera del modelo:

¿cuánto cuesta que mi instalación deje de funcionar?

Para una industria crítica, una infraestructura de telecomunicaciones o un data center, la respuesta puede ser mucho mayor que el ingreso anual obtenido haciendo arbitraje.

Ahí aparece un segundo business case.

Un BESS puede no solamente comprar y vender electricidad.

Puede formar parte de una arquitectura preparada para:

mantener cargas críticas, proporcionar capacidad instantánea, facilitar operación en isla, coordinarse con generación local y ayudar a recuperar la instalación después de una perturbación.

Ese salto conceptual es enorme.

El almacenamiento pasa de ser un activo puramente energético a convertirse también en infraestructura de continuidad operativa.

Del €/MWh al €/hora de indisponibilidad

Y esto introduce una métrica completamente diferente.

Hasta ahora preguntábamos:

¿qué spread diario necesita el BESS para ser rentable?

La nueva pregunta puede ser:

¿cuánto vale evitar una hora de indisponibilidad?

Imaginemos una instalación industrial cuya parada tenga un coste muy elevado.

Un BESS que durante prácticamente todo el año participa en mercados eléctricos puede mantener reservada parte de su capacidad para responder ante contingencias.

Entonces aparecen dos valores simultáneos:

valor de mercado + valor de resiliencia.

Y dependiendo del consumidor, el segundo puede superar ampliamente al primero.

Aquí grid-forming empieza a importar mucho más

Esta evolución también puede modificar qué características buscamos en un BESS.

Si únicamente queremos arbitraje, el criterio dominante es económico:

€/kWh, eficiencia, ciclos, disponibilidad y coste financiero.

Cuando introducimos resiliencia aparecen otras preguntas:

¿Puede mantener una red local estable?

¿Puede funcionar cuando desaparece la referencia de la red?

¿Puede sostener cargas críticas?

¿Puede coordinarse con generación distribuida?

¿Puede participar en una estrategia de recuperación?

Es aquí donde conceptos como grid-forming, islanding, black start y resynchronisation empiezan a tener un valor económico mucho más tangible.

No porque DNV los presente como la solución —no lo hace— sino porque su marco obliga a pensar precisamente en dependencias críticas, alternativas operativas y procedimientos de reinicio y recuperación.

Pero cuidado: BESS no significa resiliencia

Sería igualmente equivocado concluir que instalar una batería convierte automáticamente una instalación en resiliente.

No lo hace.

La resiliencia también necesita redes robustas, protecciones adecuadas, redundancia, comunicaciones, ciberseguridad, generación de respaldo, mantenimiento y procedimientos operativos ensayados.

Precisamente esa es una de las ideas centrales de DNV:

hay que diseñar el sistema completo.

Su framework propone un ciclo continuo de cuatro etapas:

analizar riesgos → priorizar inversiones → implantar medidas → comprobar y validar.

La batería es una pieza del sistema.

Pero puede convertirse en una pieza extraordinariamente valiosa.

La oportunidad para el BESS

Durante la primera fase del mercado vendimos almacenamiento como una forma de ahorrar energía.

Después empezamos a venderlo como una forma de ganar dinero en los mercados eléctricos.

La siguiente etapa puede ser venderlo también como una forma de reducir riesgo empresarial.

Y esa conversación interesa especialmente a industria, data centers, telecomunicaciones, hospitales, infraestructuras críticas y cualquier consumidor para el que quedarse sin electricidad no sea simplemente una molestia.

Para fabricantes e integradores como SolaX Power, esto abre una conversación comercial mucho más amplia que el simple precio de la batería.

El cliente ya no pregunta únicamente:

“¿Cuál es el payback?”

Empieza a preguntar:

“¿Qué ocurre con mi negocio cuando falla la red?”

Y probablemente ahí esté uno de los próximos grandes mercados del almacenamiento energético.

Porque después del arbitraje, los servicios de red y el capacity market, el siguiente producto que puede vender el BESS no es electricidad.

Es continuidad.

155.000 €/MW al año: Alemania empieza a poner números al verdadero business case del BESS

El último índice de Enervis estima que un BESS de referencia de 1 MW / 2 MWh habría capturado algo más de 155.000 €/MW en los últimos doce meses combinando mercados spot y servicios de ajuste. La clave no son solo los precios negativos: es la volatilidad.

Durante meses hemos hablado de precios negativos, exceso de solar, curtailment y rampas de precio cada vez más pronunciadas.

Pero al final hay una pregunta mucho más importante:

¿cuánto dinero puede capturar realmente una batería?

Alemania empieza a ofrecer una respuesta interesante.

El último BESS Index de Enervis estima que un sistema standalone de referencia de 1 MW / 2 MWh habría generado unos ingresos medios ligeramente superiores a 12.900 €/MW al mes durante los últimos doce meses.

Eso equivale a aproximadamente:

155.000 €/MW al año.

No estamos hablando de EBITDA ni de rentabilidad neta del proyecto. Son ingresos modelizados disponibles en los mercados considerados antes de CAPEX, OPEX, degradación, financiación, impuestos y otros costes.

Pero precisamente por eso el dato es interesante.

Empieza a poner una cifra comparable al valor que la flexibilidad puede capturar en un mercado eléctrico europeo real.

El BESS empieza a vender algo más valioso que energía: capacidad de red


Estados Unidos empieza a utilizar baterías distribuidas para resolver problemas locales de fiabilidad y congestión. España acaba de abrir la puerta al acceso flexible. La combinación puede cambiar por completo la propuesta de valor del almacenamiento.

Durante años hemos explicado el almacenamiento con una lógica sencilla: cargar cuando la electricidad es barata y descargar cuando es cara.

Pero esa puede acabar siendo sólo una parte del negocio.

Una batería situada en el lugar adecuado puede ofrecer algo mucho más valioso que unos cuantos euros de arbitraje:

capacidad eléctrica allí donde la red ya no puede proporcionarla.

Y eso es precisamente lo que empieza a verse en Estados Unidos.

Energy-Storage.news analiza varios proyectos de BESS distribuido que están surgiendo mientras aumentan las preocupaciones sobre la fiabilidad de la red estadounidense. El propio Departamento de Energía de EE. UU. ha advertido de que, si continúan las actuales previsiones de crecimiento de demanda, cierres de generación y nuevas incorporaciones, gran parte del país podría afrontar riesgos de fiabilidad significativos durante los próximos años. El rápido crecimiento de los centros de datos vinculados a IA y de la fabricación avanzada aparece entre las causas.