5 sept 2026

Europa quiere salir de los combustibles fósiles. El verdadero reto empieza después


Europa puede instalar toda la solar y eólica que quiera. Pero si no sustituye también las funciones que hoy presta el gas, seguirá dependiendo de él.

Y ahí entra el almacenamiento.

Más de 180 organizaciones europeas —incluyendo grandes asociaciones eléctricas, renovables y de redes— han pedido a Ursula von der Leyen que impulse una estrategia independiente y de largo plazo para acabar con la dependencia europea de los combustibles fósiles.

No están hablando únicamente de descarbonización.

Están hablando de competitividad, seguridad energética y autonomía estratégica.

€50.000 millones: la factura de seguir dependiendo de los fósiles

La carta parte de un dato difícil de ignorar:

la actual crisis de combustibles fósiles habría añadido más de 50.000 millones de euros a la factura energética de hogares y empresas europeos.

La Agencia Europea de Medio Ambiente aporta otra referencia todavía más reveladora.

Durante las primeras 16 semanas de 2026 estima que:

→ la volatilidad del gas añadió unos €13.000 millones al coste mayorista de electricidad de la UE.

Mientras tanto:

→ el despliegue renovable realizado desde 2010 habría evitado aproximadamente €29.000 millones.

Esto empieza a cambiar completamente el debate.

Las renovables ya no son únicamente política climática.

Son protección frente al riesgo geopolítico del combustible.

Pero hay una segunda parte mucho menos cómoda.

Renovables no significa automáticamente independencia del gas

Europa puede sustituir TWh fósiles por TWh solares y eólicos.

Pero un sistema eléctrico no funciona solamente contando energía anual.

Necesita también:

  • potencia cuando se necesita;

  • reservas;

  • regulación de frecuencia;

  • control de tensión;

  • capacidad de absorber excedentes;

  • gestión de congestiones;

  • rampas rápidas;

  • resiliencia;

  • capacidad de restauración;

  • y, cada vez más, recursos capaces de estabilizar eléctricamente una red con menor generación síncrona.

Y aquí está probablemente la frase más importante de toda la carta.

Los firmantes no piden simplemente más renovables.

Piden una transición basada en:

“renewables, energy efficiency, modern grids and clean flexibility”.

Dos palabras:

Clean flexibility.

Ese puede ser uno de los grandes mercados energéticos europeos de la próxima década.

El gas no vende solamente MWh

Este punto suele perderse en el debate energético.

Una central de gas no proporciona únicamente electricidad.

Proporciona también gestionabilidad.

Puede arrancar.

Puede modular.

Puede aumentar producción cuando cae el viento.

Puede responder cuando sube la demanda.

Y su maquinaria síncrona aporta determinadas características físicas útiles para la estabilidad del sistema.

Por tanto, retirar generación fósil sin reemplazar esas funciones genera una paradoja:

cuanto más éxito tenga Europa desplegando renovables variables, más valiosa será la flexibilidad.

Ahí aparecen BESS, bombeo, demanda flexible, almacenamiento térmico, interconexiones y otras tecnologías.

No competirán únicamente por vender energía.

Competirán por vender flexibilidad al sistema.

Y eso cambia el business case del BESS

Hasta hace relativamente poco, la batería podía explicarse principalmente mediante arbitraje:

comprar barato → vender caro.

Ese modelo sigue siendo importante.

Pero probablemente será insuficiente para explicar el verdadero valor del almacenamiento en sistemas con penetraciones renovables muy elevadas.

El stack de ingresos se amplía:

Arbitraje

  • FCR / aFRR / mFRR

  • capacidad

  • gestión de congestiones

  • servicios locales de red

  • peak shaving

  • flexibilidad de demanda

  • resiliencia

  • potencialmente grid-forming y servicios de estabilidad

= BESS como infraestructura energética

Esta última interpretación es mía, no una conclusión explícita de la carta.

Pero es difícil ignorar hacia dónde apunta el sistema.

El verdadero cambio: empezar a pagar lo que antes daba gratis el sistema

Durante décadas muchas funciones necesarias para mantener estable la red estaban implícitas en las grandes centrales síncronas.

No existía necesariamente un precio separado para cada una.

Simplemente estaban ahí.

En un sistema dominado por electrónica de potencia, esas funciones tendrán que ser proporcionadas deliberadamente.

Y probablemente remuneradas.

Esto explica por qué estamos empezando a ver mercados europeos avanzando desde remunerar exclusivamente:

energía

hacia remunerar:

energía + capacidad + flexibilidad + estabilidad.

Y ahí puede aparecer uno de los cambios más importantes para el almacenamiento.

El BESS podría convertirse en una de las infraestructuras de independencia energética de Europa

La carta no dice que las baterías sean el ganador de la salida fósil.

Sería exagerado afirmarlo.

Habrá competencia entre múltiples tecnologías y seguirá existiendo un debate importante sobre generación firme, nuclear, interconexiones, almacenamiento de larga duración y respaldo térmico.

Pero hay algo mucho más difícil de discutir:

una Europa con mucha más generación renovable necesitará mucha más flexibilidad.

Y cuanto más deprisa reduzca su dependencia del gas, más rápido tendrá que construirla.

Por eso quizá estamos formulando mal la pregunta.

La pregunta ya no debería ser:

¿cuántas baterías necesita Europa para almacenar solar?

Debería ser:

¿cuánta flexibilidad necesita Europa para poder prescindir del gas sin comprometer seguridad de suministro, estabilidad de red y competitividad?

Cuando pongamos números a esa pregunta, podremos descubrir que el mercado potencial del almacenamiento es bastante mayor de lo que indican hoy los simples spreads del mercado eléctrico.


La idea clave

Europa quiere hacer que esta sea su última crisis de combustibles fósiles.

Perfecto.

Pero abandonar