24 sept 2026

La electrificación puede ahorrar 400.000 millones de dólares al año. Pero necesitará baterías para conseguirlo.

La IEA sitúa la electrificación en el centro del nuevo sistema energético mundial. El reto ya no es solo generar más electricidad, sino hacer que esa electricidad llegue cuando y donde se necesita.

La electrificación está dejando de ser una tendencia sectorial para convertirse en uno de los grandes vectores de transformación del sistema energético mundial.

El nuevo informe especial de la International Energy Agency (IEA), Electrification, plantea un escenario en el que la electricidad alcanzaría el 35% del consumo final mundial de energía en 2035, frente al 23% actual. La propia IEA considera que, con tecnologías ya disponibles y costes de 2025, sería económicamente viable alcanzar aproximadamente un 33%.

El cambio tendría consecuencias enormes.

En el escenario de alta electrificación analizado por la IEA, los países importadores de energía podrían reducir su factura de importaciones en aproximadamente 400.000 millones de dólares anuales en 2035 respecto a los precios de 2025. Si se utilizan como referencia los precios energéticos más elevados de 2026, el ahorro superaría los 500.000 millones de dólares al año.

Al mismo tiempo, la adopción de vehículos eléctricos podría evitar aproximadamente 18 millones de barriles diarios de demanda mundial de petróleo en 2035.

Pero hay una segunda parte de la historia que probablemente sea todavía más importante.

Electrificar significa aumentar enormemente la demanda eléctrica

La electricidad ya está creciendo más rápido que el resto del sistema energético.

Entre 2015 y 2025, la demanda eléctrica mundial aumentó a un ritmo superior al 3% anual, casi el doble que la demanda energética total. El crecimiento está impulsado por climatización, electrodomésticos, industria, servicios digitales, inteligencia artificial y electrificación del transporte.

En el escenario de electrificación acelerada de la IEA, el crecimiento de la demanda eléctrica alcanzaría aproximadamente 1.400 TWh adicionales cada año hasta 2035, casi el doble del ritmo observado durante la última década.

Esto cambia completamente la naturaleza del problema.

La cuestión ya no será únicamente:

¿Podemos producir suficiente electricidad renovable?

La pregunta será también:

¿Podemos entregar esa electricidad en el momento, lugar y potencia que necesita el consumidor?

Y ahí aparece la flexibilidad.


La electrificación será también una revolución de la flexibilidad

La propia IEA es muy explícita.

Una electrificación segura, fiable y asequible exige que evolucionen conjuntamente:

generación, redes, digitalización, almacenamiento y otras fuentes de flexibilidad.

La red eléctrica tradicional fue diseñada para un sistema relativamente predecible.

El nuevo sistema tendrá que absorber simultáneamente:

  • millones de vehículos eléctricos,

  • bombas de calor,

  • procesos industriales electrificados,

  • climatización,

  • centros de datos,

  • inteligencia artificial,

  • generación solar y eólica variable.

El resultado será un sistema con mucha más electricidad, pero también con mucha más variabilidad.

Y esa diferencia entre cuándo se genera energía y cuándo se consume es precisamente el espacio económico del almacenamiento.


BESS pasa de ser almacenamiento a convertirse en infraestructura

Durante años, las baterías se han presentado principalmente como una herramienta para almacenar excedentes renovables.

Esa visión empieza a quedarse corta.

En un sistema profundamente electrificado, un BESS puede cumplir simultáneamente varias funciones:

peak shaving, load shifting, integración renovable, reducción de congestiones, respaldo, optimización de potencia contratada y servicios al sistema eléctrico.

La IEA estima que, en una trayectoria compatible con emisiones netas cero, la capacidad mundial de almacenamiento con baterías tendría que multiplicarse casi por diez hasta alcanzar aproximadamente 2.900 GW en 2035.

No se trata simplemente de almacenar electricidad.

Se trata de mover electricidad en el tiempo.

Y esa capacidad puede convertirse en uno de los recursos más valiosos de un sistema energético electrificado.

El problema no será siempre la energía. Será la potencia.

Esto será especialmente importante para la industria.

Una fábrica puede tener acceso a electricidad competitiva durante muchas horas del día y, sin embargo, encontrarse limitada por su potencia de conexión.

La electrificación de procesos industriales puede aumentar rápidamente los picos de demanda.

En esos casos, instalar más generación renovable no resuelve necesariamente el problema.

El cuello de botella puede estar en la red.

Ahí BESS introduce una nueva posibilidad:

desacoplar parcialmente la demanda instantánea de la capacidad física de conexión.

La batería puede cargarse cuando existe capacidad disponible y entregar potencia durante los picos.

Para una industria, eso puede significar evitar o retrasar refuerzos de red, reducir costes de potencia y permitir electrificar procesos que de otra forma quedarían limitados por la conexión disponible.


Más renovables necesitarán más almacenamiento

La electrificación y las renovables se refuerzan mutuamente.

La IEA recuerda que la electrificación solo maximiza sus beneficios climáticos cuando el suministro eléctrico procede cada vez más de fuentes de bajas emisiones.

Pero cuanto mayor sea la penetración de solar y eólica, mayor será también la necesidad de gestionar la diferencia entre producción y consumo.

La IEA señala además que retrasos en redes provocarían más colas de conexión, más congestión, más vertidos y mayores riesgos para la fiabilidad del sistema.

En ese contexto, almacenamiento y respuesta de demanda permiten utilizar mejor tanto las renovables como la infraestructura eléctrica existente.


El verdadero mensaje del informe

El informe de la IEA podría resumirse de una forma sencilla:

el mundo va hacia más electricidad.

Pero más electricidad no significa simplemente construir más generación.

Significa también construir un sistema capaz de gestionar esa electricidad.

Y ahí está probablemente una de las grandes oportunidades de la próxima década.

La transición energética no será únicamente una carrera por instalar más megavatios renovables.

Será también una carrera por desarrollar redes, almacenamiento y flexibilidad capaces de utilizarlos.

Porque si la electrificación realmente avanza hacia el 35% del consumo energético mundial en 2035, el almacenamiento dejará de ser un complemento del sistema eléctrico.

Se convertirá en una de sus infraestructuras fundamentales.

Fuente: International Energy Agency (IEA), Electrification – Special Report, 2026.