Durante años, buena parte de la conversación energética española ha girado alrededor de una pregunta: ¿cómo instalar más capacidad renovable?
Esa pregunta empieza a quedarse pequeña.
España entra en una nueva fase de la transición energética en la que el principal cuello de botella ya no es necesariamente producir más electricidad renovable, sino hacer posible que esa electricidad llegue donde se necesita y que nuevas industrias puedan conectarse al sistema.
El IV Foro de Transición Energética de El Periódico de la Energía ha dejado un diagnóstico especialmente contundente: representantes del sector eléctrico advierten de que aproximadamente el 90% de los nudos de distribución están saturados.
Es un cambio de paradigma.
De la escasez de generación a la escasez de capacidad de conexión
España dispone de una de las mayores plataformas renovables de Europa y continúa incorporando nueva generación solar y eólica.
Pero las redes no han avanzado a la misma velocidad.
Según los datos expuestos durante el foro, una nueva subestación puede necesitar alrededor de cuatro años para desarrollarse, mientras una línea de alta tensión puede requerir hasta siete años. Al mismo tiempo, industria, electrificación, movilidad eléctrica, inteligencia artificial y centros de datos están aumentando rápidamente la demanda potencial de electricidad.
La consecuencia es paradójica:
podemos disponer de abundante energía renovable y, al mismo tiempo, no disponer de suficiente capacidad para conectar nueva demanda.
Ese problema puede convertirse en uno de los principales límites al crecimiento industrial español durante los próximos años.
Los centros de datos convierten la red en una cuestión de competitividad
El fenómeno resulta especialmente visible en los centros de datos.
España dispone de atributos extraordinariamente atractivos para este sector: elevada penetración renovable, disponibilidad de suelo, conexiones internacionales de telecomunicaciones y una posición estratégica entre Europa, África y América.
Pero todos ellos pierden valor si un proyecto necesita decenas o cientos de megavatios y no puede obtener conexión eléctrica en el plazo requerido.
Durante el foro se advirtió precisamente de que las denegaciones de acceso pueden provocar que determinados proyectos industriales terminen localizándose en otra región o incluso fuera de España.
La disponibilidad de capacidad eléctrica empieza así a convertirse en un factor de localización industrial.
No se trata simplemente de energía.
Se trata de time-to-power.
Construir más red es imprescindible. Pero no llegará mañana.
La respuesta estructural es evidente: España necesita más redes.
Más inversión.
Más subestaciones.
Más capacidad de transporte y distribución.
Más interconexiones.
Y procedimientos administrativos mucho más rápidos.
Pero existe un problema físico difícil de ignorar: construir infraestructura eléctrica lleva años.
Por eso, mientras llega esa nueva capacidad, aparece una segunda pregunta:
¿podemos utilizar mucho mejor la infraestructura que ya tenemos?
Aquí empieza a cobrar importancia la flexibilidad.
Schneider Electric defendió durante el foro que la digitalización, los sistemas de gestión, la inteligencia artificial y la flexibilidad de la demanda pueden permitir una utilización más eficiente de la infraestructura existente y evolucionar desde una operación reactiva hacia una gestión anticipatoria.
Y ahí aparece una de las piezas que puede resultar decisiva durante esta nueva etapa:
BESS.
El almacenamiento mediante baterías permite desacoplar parcialmente el momento en que la electricidad está disponible del momento en que se consume.
En una instalación industrial puede:
reducir picos de potencia;
desplazar consumo hacia horas favorables;
absorber excedentes renovables;
proporcionar capacidad de respaldo;
participar en servicios de flexibilidad;
reducir la exposición a congestiones;
y ayudar a gestionar conexiones eléctricas limitadas.
Esto cambia progresivamente el papel del almacenamiento.
La batería deja de ser únicamente una herramienta para almacenar solar.
Empieza a convertirse en infraestructura energética detrás del contador.
El enorme gap del almacenamiento español
Los datos expuestos por KPMG durante el mismo foro ayudan a entender la magnitud de la oportunidad.
España habría alcanzado aproximadamente 3,6 GW de almacenamiento mediante baterías frente a un objetivo de 22,5 GW, mientras tecnologías como la solar y la eólica presentan un grado de desarrollo mucho mayor respecto a sus objetivos nacionales.
La asimetría es significativa.
Durante la primera fase de la transición se construyó masivamente generación renovable.
La siguiente fase necesitará desarrollar con mucha mayor intensidad:
redes + almacenamiento + flexibilidad + digitalización.
Sin esas cuatro piezas, aumentar simplemente la capacidad renovable ofrece rendimientos decrecientes.
La nueva ecuación energética
El debate energético español puede estar evolucionando desde:
Renewables → Grid → Consumer
hacia una arquitectura mucho más dinámica:
Renewables + Grid + BESS + Flexible Demand + Energy Management
En esta arquitectura, consumidores industriales dejan de ser únicamente receptores pasivos de electricidad.
Pueden convertirse en activos flexibles capaces de modificar parte de su comportamiento energético según:
disponibilidad de red;
precio;
producción renovable;
estado de carga de las baterías;
restricciones de potencia;
necesidades operativas.
Esa capacidad puede adquirir un enorme valor económico cuando la red está congestionada.
Pero hay que evitar una conclusión equivocada
La flexibilidad y las baterías no sustituyen a las redes.
Esta fue también una advertencia explícita de los participantes del foro: las soluciones flexibles pueden aprovechar mejor la infraestructura disponible y aliviar determinadas congestiones, pero la economía seguirá necesitando capacidad firme y nuevas inversiones estructurales.
Ese matiz es fundamental.
Plantear BESS como alternativa a construir redes sería un error.
El enfoque correcto es otro:
construir más red y, al mismo tiempo, utilizar mucho mejor cada megavatio de red disponible.
De almacenar energía a gestionar capacidad
Aquí puede producirse uno de los cambios más interesantes para el sector BESS.
Hasta ahora, muchas decisiones de inversión en baterías se justificaban fundamentalmente mediante:
arbitraje energético, autoconsumo, reducción de picos o servicios auxiliares.
Pero en un sistema donde la capacidad de conexión empieza a convertirse en un recurso escaso, aparece otra fuente potencial de valor:
gestionar capacidad.
Para una fábrica, una instalación logística o un centro de datos, el valor de un BESS puede no estar únicamente en cuánto dinero ahorra comprando electricidad a otra hora.
Puede estar también en permitir que un proyecto opere antes, crezca más rápido o aproveche una conexión eléctrica que de otra manera resultaría insuficiente.
Y eso cambia radicalmente la ecuación económica.
El siguiente capítulo de la transición española
España ya ha demostrado que puede desplegar renovables a gran escala.
Ahora llega una fase probablemente más compleja.
Hay que convertir esa enorme capacidad renovable en:
industria,
electrificación,
centros de datos,
movilidad,
hidrógeno,
actividad económica.
El Foro de Transición Energética apunta precisamente hacia ese cambio: redes, crecimiento de la demanda y seguridad del sistema pasan al centro del debate energético español.
La transición energética deja así de ser únicamente una carrera por instalar megavatios.
Empieza a ser una carrera por hacerlos utilizables.
Y en esa carrera, las redes serán imprescindibles.
Pero mientras las nuevas infraestructuras tardan cuatro, cinco o siete años en llegar, BESS, flexibilidad y gestión inteligente de la energía pueden convertirse en algunas de las herramientas más valiosas para cerrar la distancia entre la electricidad que España puede producir y la electricidad que su nueva economía necesita utilizar.
Fuente principal: IV Foro de Transición Energética, información publicada por El Periódico de la Energía, 25 de septiembre de 2026.

