16 sept 2026

Von der Leyen pone cifra al futuro eléctrico de Europa: 260.000 millones menos en combustibles fósiles

Hay noticias energéticas importantes.

Y luego hay noticias que adquieren otra dimensión por quién las anuncia y dónde las anuncia.

Hoy ha sido Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, durante su discurso sobre el Estado de la Unión:

Europa quiere duplicar el peso de la electricidad en su consumo energético de aquí a 2040.

Y ha puesto una cifra encima de la mesa:

260.000 millones de euros al año menos en importaciones de combustibles fósiles.

No estamos hablando de una asociación renovable reclamando más electrificación.

Ni de un fabricante de baterías explicando por qué necesitamos almacenamiento.

Es la presidenta de la Comisión situando la electrificación, las redes y el almacenamiento en el centro de la estrategia energética europea.

Del 23% al 46%

La cifra detrás del anuncio es todavía más interesante.

Actualmente, aproximadamente un 23% del consumo final de energía europeo es electricidad.

La Comisión plantea llevarlo hasta aproximadamente el 46% en 2040.

Es decir: duplicarlo.

Ese objetivo ya aparecía en el Electrification Action Plan presentado por la Comisión Europea en julio. Lo relevante ahora es que Von der Leyen lo ha llevado al discurso político más importante del año de la Comisión Europea.

¿Dónde estará esa nueva demanda eléctrica?

En prácticamente todas partes:

industria electrificada, bombas de calor, vehículos eléctricos, procesos térmicos, centros de datos y nuevas cargas industriales.

Pero aquí empieza la parte realmente interesante.

Europa no tiene únicamente un problema de generación

Von der Leyen recordó que Europa instaló el año pasado más de 80 GW de nueva capacidad renovable.

Al mismo tiempo, según su discurso, existe una capacidad equivalente a seis veces esa cantidad esperando conexión.

Y entonces llegó la parte que probablemente debería preocuparnos más que los propios 260.000 millones:

Europa necesita acelerar las conexiones de red y desarrollar almacenamiento.

Porque electrificar Europa no significa simplemente instalar más paneles solares y aerogeneradores.

Significa conseguir que la electricidad esté disponible cuando y donde se necesita.

Y eso cambia completamente la conversación.

Más renovables sin flexibilidad no resuelven el problema

Podemos instalar muchísima fotovoltaica.

Pero si toda produce en las mismas horas, tendremos más episodios de precios cero o negativos, más vertidos y mayores necesidades de refuerzo de red.

Podemos electrificar millones de vehículos.

Pero si todos empiezan a cargar coincidiendo con determinadas horas de demanda, desplazamos el problema de los combustibles hacia la infraestructura eléctrica.

Podemos conectar nuevas industrias y centros de datos.

Pero alguien tendrá que garantizar potencia, capacidad de conexión y flexibilidad.

La electrificación multiplica la importancia del almacenamiento.

No porque una batería produzca energía.

Precisamente porque permite decidir cuándo utilizar la energía que ya hemos producido.

Y aquí aparece otra cifra enorme: 500 GW

El Electrification Action Plan de la Comisión estima que las necesidades europeas de almacenamiento y flexibilidad requieren aproximadamente:

55 GW en 2026

200 GW en 2030

500 GW en 2040

Conviene hacer una precisión importante: 500 GW no significa 500 GW de baterías. La cifra incluye necesidades de almacenamiento de corta y larga duración y diferentes tecnologías.

Pero para BESS la señal difícilmente podría ser más clara.

La propia Comisión considera el almacenamiento un elemento esencial para aprovechar mejor la generación renovable, reducir la necesidad de respaldo fósil y aportar flexibilidad al sistema.

El BESS empieza a dejar de ser un complemento de la renovable

Durante años hemos pensado el sistema energético aproximadamente así:

Generación → Red → Consumidor

La electrificación masiva obliga a añadir una cuarta pieza:

Generación → Flexibilidad → Red → Consumidor

Y dentro de esa flexibilidad estarán las baterías, la gestión de demanda, el vehículo eléctrico, el almacenamiento térmico y otras tecnologías.

Por eso el BESS tiene cada vez menos sentido entendido simplemente como una batería al lado de una planta fotovoltaica.

Es infraestructura del sistema eléctrico.

Sirve para desplazar energía.

Gestionar congestiones.

Absorber excedentes.

Responder a precios horarios.

Reducir picos.

Prestar servicios de red.

Y convertir una generación variable en una energía mucho más gestionable.

Los 260.000 millones cuentan otra historia

Europa importa enormes cantidades de combustibles fósiles cada año.

Electrificar significa intentar sustituir progresivamente una parte de ese flujo económico exterior por electricidad producida dentro de Europa.

La Comisión calcula que alcanzar el objetivo de electrificación podría reducir esa factura fósil en 260.000 millones de euros anuales para 2040. Es una estimación vinculada al escenario de electrificación, no un ahorro garantizado.

Y ahí cambia también la forma de mirar las inversiones en redes y almacenamiento.

Un BESS deja de competir únicamente contra el coste de otra infraestructura eléctrica.

Empieza a formar parte de un sistema que pretende evitar cada año una enorme factura energética exterior.

Y esta vez lo ha dicho Von der Leyen

Quizá esa sea la verdadera noticia.

No que Europa necesite electrificarse.

Eso lo sabemos desde hace años.

No que necesitemos más renovables.

Tampoco es nuevo.

Ni siquiera que necesitemos almacenamiento.

Lo verdaderamente significativo es que la presidenta de la Comisión Europea haya unido públicamente las tres piezas en el Estado de la Unión:

electrificación + redes + almacenamiento.

Porque si Europa pretende pasar del 23% al 46% de electrificación en apenas catorce años, el desafío ya no será únicamente producir electricidad limpia.

Será conseguir que esa electricidad esté disponible en el lugar adecuado, en el momento adecuado y con la potencia adecuada.

Y ahí es exactamente donde empieza la gran oportunidad de la flexibilidad.

La próxima fase de la transición energética europea no consistirá solamente en producir más electricidad.

Consistirá en aprender a gestionarla.