29 sept 2026

Cuando el viento falla, España apaga industria: la otra razón por la que necesitamos baterías


Durante meses hemos hablado del mismo problema: demasiada generación renovable en determinadas horas, precios muy bajos, vertidos y energía que el sistema no puede aprovechar.

Pero existe otra cara de la transición energética que empieza a hacerse cada vez más visible.

¿Qué ocurre cuando la generación renovable que esperábamos simplemente no llega?

España acaba de tener otra respuesta: reducir temporalmente el consumo industrial.

El 28 de septiembre, Red Eléctrica volvió a activar el Servicio de Respuesta Activa de la Demanda (SRAD) y solicitó la reducción de 943 MW de demanda industrial durante cerca de dos horas, según El Periódico de la Energía. Fue ya la séptima activación desde mediados de julio.

El motivo vuelve a poner sobre la mesa uno de los grandes retos de un sistema eléctrico con una penetración creciente de renovables variables: la diferencia entre la generación prevista y la generación que finalmente aparece en tiempo real.

De casi 9 GW a menos de 4,5 GW

La secuencia es especialmente reveladora.

Para las 21:00 se habían casado en el mercado diario cerca de 9 GW de generación eólica.

Después de los diferentes mercados y ajustes, el programa final P48 de Red Eléctrica ya había reducido esa previsión hasta aproximadamente 6,8 GW.

Pero a las 21:15 la generación eólica real no alcanzaba los 4,5 GW.

Y posteriormente cayó hasta aproximadamente 3,8 GW.

No estamos hablando simplemente de que el viento produzca más o menos electricidad.

Estamos hablando de disponer de suficientes recursos capaces de reaccionar cuando existe una diferencia de varios gigavatios entre lo que el sistema esperaba y lo que realmente recibe.

La flexibilidad empieza a convertirse en infraestructura crítica

Red Eléctrica dejó claro que el suministro eléctrico no estuvo en riesgo. Precisamente existen mecanismos como el SRAD para proporcionar flexibilidad cuando los recursos disponibles de reserva a subir no son suficientes.

El SRAD está haciendo exactamente el trabajo para el que fue diseñado.

Pero la frecuencia con la que se está utilizando merece atención.

Para el segundo semestre de 2026, Red Eléctrica solicitó 2.339 MW de capacidad SRAD.

La subasta consiguió 1.775 MW, apenas el 76 % de la capacidad requerida.

Y el sistema está utilizando esta herramienta repetidamente.

Esto debería hacernos una pregunta mucho más importante:

¿cuánta flexibilidad adicional va a necesitar España a medida que aumenten simultáneamente la electrificación y la penetración renovable?

Aquí es donde las baterías cambian la ecuación

Hasta ahora gran parte del debate sobre almacenamiento se ha centrado en una función muy concreta:

Solar y eólica excedentarias → BESS → consumo posterior.

Es correcto, pero incompleto.

El mismo activo puede cubrir también la situación contraria:

Déficit renovable inesperado → BESS → potencia inmediata al sistema.

Y esa simetría es precisamente uno de los grandes valores del almacenamiento electroquímico.

Una batería puede absorber energía cuando sobra y devolverla cuando falta.

Puede reaccionar rápidamente.

Puede participar, cuando cumple los requisitos técnicos y regulatorios correspondientes, en distintos servicios de balance.

Y puede hacerlo sin tener que apagar necesariamente un proceso industrial que estaba produciendo.

No significa que 1 MW de batería sustituya automáticamente a 1 MW de SRAD. La realidad del sistema es bastante más compleja: importan la ubicación del activo, duración, estado de carga, capacidad disponible, restricciones de red, habilitación y mercado en el que participa.

Pero la dirección tecnológica es difícil de ignorar.

Un ejemplo de escala

La activación del 28 de septiembre redujo aproximadamente 1,634 GWh de consumo industrial, según los datos publicados.

Ese volumen ayuda a visualizar la magnitud del problema.

Estamos entrando en una etapa en la que sistemas BESS de cientos de megavatios y varias horas de duración dejan de ser únicamente herramientas de arbitraje energético.

Se convierten en activos de flexibilidad del sistema eléctrico.

Y esto es especialmente relevante cuando observamos cuánto está costando ya mantener equilibrado el sistema.

Hasta el 31 de agosto de 2026, los servicios de ajuste habían superado los 3.600 millones de euros, un 34,5 % más que durante el mismo periodo del año anterior.

De ellos, 286 millones correspondían al SRAD y aproximadamente 3.100 millones a restricciones técnicas, según Red Eléctrica.

El verdadero reto ya no es instalar más renovables

España necesita más renovables.

Pero instalar capacidad renovable sin desarrollar simultáneamente almacenamiento, redes, gestión de demanda y mecanismos de flexibilidad genera un sistema cada vez más difícil de optimizar.

Cuando sobra electricidad renovable, necesitamos poder almacenarla.

Cuando falta inesperadamente, necesitamos poder recuperarla.

Cuando aparecen restricciones de red, necesitamos flexibilidad distribuida.

Y cuando una industria puede modificar inteligentemente su consumo sin afectar a su producción, esa flexibilidad también tiene valor.

La transición energética, por tanto, está entrando en una nueva fase.

Ya no se trata únicamente de cuántos GW renovables somos capaces de instalar.

Se trata de cuántos GW somos capaces de gestionar.

Y ahí las baterías dejan de ser un complemento de las renovables.

Empiezan a formar parte de la infraestructura necesaria para que un sistema eléctrico altamente renovable pueda funcionar con flexibilidad, estabilidad y eficiencia.

Fuente principal: El Periódico de la Energía, 28/09/2026.
Datos complementarios: Red Eléctrica.