29 oct 2026

España necesita mantener sus centrales encendidas: el síntoma de un sistema eléctrico que necesita más flexibilidad


Red Eléctrica cuestiona los calendarios de mantenimiento de más de un centenar de instalaciones. Detrás de esta decisión aparece un problema estructural: España ha avanzado rápidamente en generación renovable, pero todavía necesita desarrollar la capacidad firme, el almacenamiento y los servicios de estabilidad que exige su nuevo modelo eléctrico.

Cuando parar una central para mantenerla se convierte en un problema

En cualquier sistema industrial, el mantenimiento preventivo es una condición indispensable para garantizar la fiabilidad de las instalaciones.

Una turbina de gas necesita inspecciones periódicas. Una central nuclear debe realizar sus revisiones y recargas de combustible. Una instalación hidroeléctrica también requiere intervenciones programadas.

Estas operaciones forman parte de la gestión normal de cualquier infraestructura crítica.

Sin embargo, España se enfrenta ahora a una situación especialmente delicada.

Según informaba Xataka el 29 de octubre, Red Eléctrica ha mostrado su disconformidad con las fechas propuestas para el mantenimiento de más de un centenar de instalaciones de generación durante el periodo comprendido entre octubre de 2026 y septiembre de 2027.

El motivo es la elevada indisponibilidad de generación convencional, especialmente de los ciclos combinados.

Durante determinados momentos del verano, únicamente estuvo disponible el 65 % de la potencia instalada de esta tecnología, según los datos del operador recogidos por diferentes medios.

Conviene precisar que Red Eléctrica no ha prohibido de forma generalizada los mantenimientos. Ha cuestionado determinados calendarios y solicitado fechas alternativas, dentro del marco del procedimiento operativo P.O. 2.5.

Pero la señal es significativa.

Si el operador del sistema necesita reconsiderar numerosas paradas programadas para preservar la seguridad del suministro, estamos ante un problema que merece una reflexión profunda.

No se trata simplemente de cuánta electricidad puede producir España. Se trata de cuántos recursos necesita mantener disponibles para garantizar que el sistema siga funcionando bajo condiciones adversas.

La paradoja de los ciclos combinados: cuanto más necesarios, más mantenimiento requieren

Desde el apagón del 28 de abril de 2025, Red Eléctrica ha aplicado una estrategia de operación reforzada, con mayor programación de generación síncrona para contribuir al control y estabilidad del sistema.

Las centrales de ciclo combinado han adquirido así un papel especialmente relevante.

Y no únicamente porque puedan producir electricidad cuando la generación eólica o fotovoltaica resulta insuficiente.

Sus generadores síncronos también proporcionan prestaciones técnicas esenciales, entre ellas regulación de tensión mediante potencia reactiva, contribución a la inercia física del sistema y capacidad de respuesta ante determinadas perturbaciones.

Estas funciones son distintas de la simple producción de energía.

El problema aparece cuando una parte importante del parque convencional debe funcionar en condiciones diferentes de aquellas para las que fue optimizado.

Los ciclos combinados no solo acumulan horas de funcionamiento. Los arranques, las paradas y los cambios de carga también generan esfuerzos térmicos y mecánicos que condicionan sus necesidades de mantenimiento.

Y muchas de estas instalaciones llevan alrededor de dos décadas en servicio.

Surge así una paradoja industrial:

Cuanto más depende el sistema eléctrico de determinadas centrales para mantener su estabilidad, mayor puede ser su desgaste operativo.

Cuanto mayor es ese desgaste, más importantes resultan sus revisiones.

Y cuanto más necesarias son esas revisiones, más complicado puede resultar encontrar ventanas de mantenimiento compatibles con las necesidades del sistema.

Aplazar un mantenimiento puede mejorar temporalmente la disponibilidad prevista, pero no elimina el desgaste acumulado ni garantiza una mayor fiabilidad futura.

Naturalmente, no puede atribuirse toda la indisponibilidad actual al nuevo régimen de operación. También intervienen la antigüedad, las averías y las circunstancias particulares de cada instalación.

Pero el conflicto evidencia la necesidad de diversificar los recursos capaces de sostener la red.

El problema no son los megavatios instalados, sino las prestaciones que ofrecen

España ha desarrollado uno de los parques renovables más importantes de Europa.

La expansión fotovoltaica ha permitido incrementar considerablemente la producción de electricidad sin combustibles fósiles, reducir emisiones y aprovechar un recurso solar excepcional.

Sin embargo, un sistema eléctrico no funciona exclusivamente mediante un balance de megavatios-hora.

Para operar con seguridad necesita resolver simultáneamente diferentes problemas físicos.

Necesita disponer de potencia suficiente para cubrir la demanda, mantener la frecuencia, controlar la tensión, gestionar las congestiones y responder a perturbaciones repentinas.

También debe garantizar que las reservas necesarias estén disponibles en el lugar adecuado y dentro del tiempo de respuesta requerido.

Una planta fotovoltaica puede producir abundante electricidad durante las horas centrales del día y, sin embargo, no proporcionar determinadas prestaciones de estabilidad si sus inversores no están diseñados o configurados para ello.

De manera similar, una batería puede almacenar energía y ofrecer una respuesta muy rápida, pero no necesariamente sustituir todas las funciones de una central síncrona.

Aquí está una de las claves de la transición energética.

Debemos dejar de evaluar las tecnologías únicamente por la energía que producen o almacenan y empezar a valorar también los servicios que pueden prestar al sistema eléctrico.

Esta distinción resulta especialmente importante cuando aumenta la proporción de generación conectada mediante electrónica de potencia.

La estabilidad ya no puede darse por garantizada simplemente por mantener conectada una cantidad suficiente de generación convencional.

Es necesario diseñarla, verificarla y remunerarla adecuadamente.

El almacenamiento BESS: de desplazar energía a proporcionar flexibilidad

Durante años, buena parte del debate sobre baterías se ha centrado en el arbitraje energético.

Almacenar electricidad cuando resulta barata y descargarla cuando su precio aumenta.

Es una aplicación importante, pero representa solo una parte del valor potencial del almacenamiento.

Los sistemas BESS pueden contribuir a resolver diferentes necesidades de operación:

Primero, disponibilidad y respuesta rápida. Una batería adecuadamente dimensionada puede entregar potencia en plazos muy cortos, cubrir rampas de demanda y generación y aportar reservas durante un tiempo limitado por su energía almacenada.

Segundo, integración de renovables. Permite desplazar excedentes de producción solar y eólica hacia momentos de mayor necesidad, reduciendo determinados vertidos y proporcionando flexibilidad temporal.

Tercero, control de tensión. Cuando sus inversores y sistemas de control disponen de las prestaciones necesarias, pueden absorber o inyectar potencia reactiva dentro de sus límites técnicos.

Cuarto, servicios dinámicos de estabilidad. Los BESS equipados con controles apropiados pueden contribuir a la respuesta de frecuencia y, con arquitecturas Grid-Forming, proporcionar determinadas funciones tradicionalmente asociadas a máquinas síncronas.

Pero existen límites que no deben ignorarse.

La potencia nominal de un BESS no equivale a potencia firme disponible indefinidamente. Su contribución depende de la duración, el estado de carga, la estrategia de reserva, la disponibilidad real y las condiciones del servicio.

Tampoco un inversor Grid-Following convencional se transforma automáticamente en Grid-Forming por incorporar almacenamiento.

Y la prestación de servicios de red requiere cumplir los correspondientes requisitos técnicos, operativos y regulatorios.

La oportunidad no consiste en presentar las baterías como sustitutas universales de los ciclos combinados, sino en utilizarlas para reducir la dependencia de estos en aquellas funciones que el almacenamiento puede desempeñar de forma técnica y económicamente eficiente.

Una central convencional podrá seguir siendo necesaria para garantizar cobertura energética durante periodos prolongados.

Pero eso no significa que deba asumir también todas las necesidades de flexibilidad de corta duración, regulación rápida o control dinámico.

Separar estas funciones permitiría diseñar un sistema más eficiente.

La regulación española empieza a reconocer este cambio

Durante 2026 se han producido dos avances regulatorios particularmente relevantes.

El primero es la modificación del procedimiento operativo P.O. 7.4, aprobada por la CNMC en junio, destinada a fomentar la prestación dinámica del servicio de control de tensión.

El nuevo marco contempla expresamente la participación de instalaciones de almacenamiento, generación, demanda e instalaciones híbridas, bajo las condiciones de habilitación correspondientes.

Es una evolución significativa.

El control de tensión comienza a configurarse como un servicio al que pueden contribuir diferentes tecnologías, en lugar de depender exclusivamente de la generación convencional.

El segundo avance es la Orden TED/966/2026, que crea el mercado de capacidad del sistema eléctrico peninsular.

Su objetivo es garantizar la disponibilidad de suficiente potencia firme para atender las necesidades del sistema.

El mecanismo abre la participación, bajo determinados requisitos, a generación, almacenamiento y demanda.

En ambos casos se reconoce una transformación fundamental del sistema eléctrico:

El valor de una instalación no depende únicamente de la electricidad que vende, sino también de su disponibilidad, su capacidad de respuesta y los servicios que puede ofrecer.

Sin embargo, debemos distinguir entre disponer de un marco regulatorio y conseguir que sus beneficios se materialicen.

Serán necesarios procedimientos de habilitación, mecanismos de remuneración eficaces, inversiones en instalaciones y equipos adecuados y una integración operativa real.

La regulación está abriendo la puerta.

Ahora debe producirse el despliegue tecnológico.

La oportunidad industrial para SolaX Power

Este escenario tiene implicaciones directas para el desarrollo del almacenamiento en España.

Desde la perspectiva de SolaX Power, resulta especialmente interesante la complementariedad entre almacenamiento a escala de red y soluciones comerciales e industriales.

En el segmento Utility Scale, sistemas como SolaX ORI, con configuraciones de almacenamiento de aproximadamente 5 MWh, representan una plataforma tecnológica para proyectos destinados a gestionar energía renovable, aportar flexibilidad y participar en los mercados compatibles con sus características y habilitaciones.

En el ámbito comercial e industrial, soluciones como SolaX TRENE, con capacidades próximas a 1 MWh, permiten desarrollar estrategias de optimización energética, reducción de picos de consumo, respaldo y gestión inteligente de cargas.

La combinación con generación fotovoltaica y sistemas avanzados de gestión energética amplía las posibilidades de utilización.

Pero el siguiente paso es especialmente interesante.

Una instalación industrial equipada con fotovoltaica, almacenamiento y gestión energética puede dejar de comportarse como una demanda completamente rígida.

Puede modificar parte de su perfil de consumo, desplazar energía en el tiempo y reducir su dependencia de la red durante determinados periodos.

Cuando las condiciones técnicas, contractuales y regulatorias lo permitan, esa flexibilidad podría integrarse mediante agregadores en mecanismos de participación activa en el sistema eléctrico.

La industria pasaría así de ser exclusivamente consumidora a convertirse también en un recurso potencial de flexibilidad.

Para SolaX, el reto consiste en conectar tres niveles tecnológicos:

La capacidad física del almacenamiento, la inteligencia de los sistemas EMS y las posibilidades reales de interacción con los mercados y servicios eléctricos.

No basta con instalar baterías.

Hay que diseñar sistemas capaces de operar de forma coordinada, predecible y verificable.

Y, en aquellos proyectos que aspiren a prestar servicios avanzados de red, deberán acreditarse las prestaciones específicas de los inversores y sistemas de control.

España necesita una transición de la generación a la flexibilidad

El conflicto por los mantenimientos no demuestra que el sistema eléctrico español esté próximo a un nuevo apagón.

Tampoco permite concluir que el despliegue renovable sea el responsable de las actuales indisponibilidades.

Pero sí evidencia una limitación estructural: la transición del parque de generación está avanzando mientras parte de las prestaciones necesarias para operar el nuevo sistema siguen concentradas en tecnologías convencionales.

La respuesta no debería consistir exclusivamente en mantener durante más tiempo la disponibilidad de esas centrales.

Debería incluir una estrategia coordinada de diversificación de recursos, desarrollo del almacenamiento, refuerzo de redes, respuesta activa de la demanda y despliegue de electrónica de potencia capaz de prestar servicios avanzados.

Esto exige distinguir entre problemas de distinta naturaleza.

Un déficit energético prolongado no se resuelve con una batería de corta duración.

Una congestión local no desaparece simplemente construyendo almacenamiento en otra región.

Y una necesidad de control dinámico de tensión tampoco se soluciona necesariamente aumentando la capacidad de generación.

Cada problema necesita una solución técnica específica, y el sistema debe combinar todas ellas.

Desde esta perspectiva, el almacenamiento no es únicamente un complemento de las renovables.

Es una de las tecnologías que pueden facilitar la transición desde un sistema dominado por grandes generadores hacia otro basado en recursos más diversos, distribuidos, digitales y flexibles.

Conclusión: no podemos construir el sistema eléctrico del futuro dependiendo exclusivamente de las soluciones del pasado

Existe una diferencia fundamental entre disponer de suficiente potencia instalada y disponer de un sistema eléctrico verdaderamente resiliente.

La resiliencia exige capacidad de respuesta, reservas suficientes, coordinación operativa y disponibilidad de recursos ante fallos, perturbaciones o indisponibilidades programadas.

Que Red Eléctrica esté cuestionando calendarios de mantenimiento no significa que estas condiciones hayan dejado de cumplirse.

Pero constituye una señal de que los márgenes operativos y la dependencia de determinados recursos merecen una atención especial.

España dispone de una oportunidad tecnológica e industrial extraordinaria.

Cuenta con abundantes recursos renovables, una industria energética consolidada y un marco regulatorio que empieza a reconocer el valor de la capacidad firme y los servicios de flexibilidad.

El siguiente desafío consiste en desarrollar, integrar y remunerar las tecnologías capaces de convertir ese potencial en seguridad real de suministro.

Entre ellas, el almacenamiento BESS tiene un papel relevante.

No porque pueda resolver por sí solo todos los problemas del sistema, sino porque puede aportar prestaciones que hasta ahora han obligado a depender de tecnologías convencionales para funciones que no siempre requieren quemar combustible.

La verdadera madurez de la transición energética llegará cuando España no solo sea capaz de producir más electricidad renovable, sino también de garantizar su estabilidad, disponibilidad y calidad mediante una combinación eficiente de recursos.

Y quizá la noticia de que nuestras centrales encuentran dificultades para detenerse a realizar sus mantenimientos sea uno de los recordatorios más claros de por qué necesitamos acelerar ese cambio.


Fuentes y referencias

Artículo de análisis técnico independiente a partir de información publicada y documentación oficial. Las conclusiones sobre el papel estratégico del almacenamiento constituyen una interpretación tecnológica de estas evidencias, no declaraciones de Red Eléctrica ni de la CNMC.