Wood Mackenzie confirma que los BESS de cuatro horas ya son más competitivos que las turbinas de gas de punta en los 43 mercados analizados. Pero la verdadera revolución podría estar en cómo diseñamos y alimentamos los centros de datos del futuro.
Durante años, las turbinas de gas han sido una de las soluciones tradicionales para cubrir los picos de demanda eléctrica. Cuando el sistema necesitaba potencia adicional, bastaba con arrancar una instalación capaz de generar electricidad mientras hubiera combustible disponible.
Ese modelo empieza a encontrarse con una alternativa económicamente muy competitiva: las baterías.
El pasado 8 de octubre, Wood Mackenzie publicó una conclusión significativa: los sistemas de almacenamiento energético BESS de cuatro horas presentan ya un coste nivelado de electricidad (LCOE) inferior al de las turbinas de gas de ciclo abierto en los 43 mercados donde se compararon ambas tecnologías.
No estamos hablando de una proyección para 2040. Es una evaluación correspondiente a 2026.
En Oriente Medio y África, por ejemplo, el informe sitúa el coste del almacenamiento de cuatro horas alrededor de 120 dólares/MWh, con una previsión de descenso hasta 80 dólares/MWh en 2035.
La fabricación a escala industrial, las mejoras tecnológicas y el encarecimiento de las turbinas de gas están modificando una ecuación económica que parecía consolidada.
Pero hay una cuestión todavía más interesante.
¿Qué sucede cuando trasladamos esta transformación al sector que más está presionando actualmente las infraestructuras eléctricas: los centros de datos?
El problema de los centros de datos no es solamente conseguir electricidad
La expansión de la inteligencia artificial está impulsando instalaciones con demandas de decenas e incluso cientos de megavatios.
Tradicionalmente, el planteamiento consistía en asegurar suficiente capacidad de conexión, instalar sistemas UPS y disponer de generación de emergencia para garantizar la continuidad operativa.
Sin embargo, las redes eléctricas no siempre pueden proporcionar toda la potencia solicitada en los plazos que necesitan los promotores.
Y construir nuevas infraestructuras de transporte y distribución puede requerir años.
Aquí aparece una posibilidad que cambia el enfoque tradicional: ¿y si parte de la potencia que necesita un centro de datos no tuviera que proceder continuamente de la red?
Un BESS puede almacenar electricidad durante periodos favorables y suministrarla cuando la instalación necesita reducir su importación, suavizar sus picos de consumo o responder a restricciones temporales.
Por ejemplo, un centro de datos con una demanda de 10 MW necesitaría 40 MWh útiles para mantener íntegramente esa carga durante cuatro horas sin alimentación externa. En la práctica, la capacidad nominal instalada tendría que ser superior para considerar pérdidas, degradación y reservas operativas.
Pero no es necesario alimentar todo el centro de datos para que el almacenamiento aporte valor.
Reducir temporalmente unos pocos megavatios de demanda puede ser suficiente para evitar sobrepasar un límite contractual o aprovechar una conexión con restricciones horarias.
El BESS deja de ser exclusivamente una instalación para ahorrar en la factura eléctrica y empieza a convertirse en una herramienta para gestionar la capacidad energética disponible.
Las baterías no sustituyen automáticamente a los generadores. Y ese es precisamente el punto.
Conviene evitar una interpretación demasiado simplista del informe de Wood Mackenzie.
Que una batería de cuatro horas resulte económicamente más competitiva que una turbina de gas de punta no significa que pueda sustituirla en todas sus funciones.
Un generador convencional puede continuar produciendo electricidad mientras disponga de combustible y capacidad operativa. Una batería tiene una cantidad limitada de energía almacenada y necesita oportunidades para recargarse.
Además, los centros de datos requieren niveles de disponibilidad y continuidad eléctrica que no pueden evaluarse únicamente mediante el LCOE.
Los sistemas UPS, los BESS de gestión energética y la generación de respaldo tienen funciones distintas, aunque algunas puedan integrarse mediante arquitecturas eléctricas avanzadas.
El propio Uptime Institute señalaba en junio de 2026 que el almacenamiento presenta un gran potencial para los centros de datos, pero que su integración más allá de las aplicaciones convencionales continúa en una fase relativamente temprana.
Por eso, probablemente, la evolución más interesante no sea sustituir completamente la generación convencional por baterías.
Será combinar ambas tecnologías para que cada una trabaje donde realmente aporta más valor.
El BESS puede absorber variaciones rápidas de potencia, gestionar picos, desplazar consumo y proporcionar flexibilidad eléctrica.
La generación convencional puede mantener una función de respaldo de mayor duración cuando las condiciones operativas lo requieren.
Y las fuentes renovables pueden reducir la necesidad de consumir combustible y mejorar el balance energético de la instalación.
De la redundancia energética a la flexibilidad energética
Esta combinación abre una oportunidad especialmente importante para los centros de datos.
Hasta ahora, gran parte de la infraestructura eléctrica se ha diseñado alrededor de una prioridad: garantizar suficiente potencia incluso en condiciones adversas.
La resiliencia sigue siendo irrenunciable, pero empieza a aparecer una segunda necesidad: utilizar mejor la capacidad disponible.
Un BESS correctamente integrado podría permitir que un centro de datos:
Reduzca los picos de potencia importada de la red.
Aproveche periodos de mayor disponibilidad renovable.
Se adapte a determinadas condiciones de conexión flexible.
Suavice las fluctuaciones eléctricas asociadas a cargas de inteligencia artificial.
Participe en servicios de flexibilidad cuando la disponibilidad energética y los requisitos de continuidad lo permitan.
La última condición es fundamental. Una misma batería no puede comprometer simultáneamente toda su capacidad para respaldo, gestión de picos y servicios de red.
La gestión del estado de carga, las reservas protegidas y las prioridades operativas se convierten, por tanto, en elementos esenciales del diseño.
Y aquí aparece otro cambio relevante.
El valor de una batería ya no depende únicamente de cuántos MWh puede almacenar, sino de cómo, cuándo y para qué puede utilizarlos sin comprometer la continuidad del servicio.
SolaX Power: del almacenamiento comercial a las nuevas arquitecturas energéticas
Esta evolución abre oportunidades para fabricantes como SolaX Power, especialmente mediante soluciones modulares de almacenamiento y gestión energética.
Su familia ESS-TRENE de refrigeración líquida incluye, por ejemplo, configuraciones de aproximadamente 1 MWh, con una variante de cuatro horas de 250 kW y 1.044 kWh nominales.
La tecnología LFP, la arquitectura modular y la integración de sistemas de gestión energética ofrecen una base interesante para desarrollar soluciones de flexibilidad en instalaciones comerciales e industriales y determinados subsistemas de centros de datos.
No obstante, su integración en infraestructuras críticas requiere estudios específicos de disponibilidad, selectividad eléctrica, protección contra incendios, compatibilidad con UPS, coordinación con generadores y comportamiento ante fallos.
La oportunidad para SolaX no debería limitarse a comercializar más capacidad de almacenamiento.
Está en ofrecer soluciones capaces de integrar baterías, electrónica de potencia, generación renovable y gestión inteligente de la energía.
Esto resulta especialmente relevante para centros de datos modulares, instalaciones de menor escala, servicios auxiliares y proyectos con capacidad de conexión limitada.
Porque el cliente no necesita simplemente comprar una batería.
Necesita saber cuánta potencia puede utilizar, durante cuánto tiempo, bajo qué condiciones y con qué garantías.
España: una oportunidad que va más allá del arbitraje eléctrico
España reúne varios factores que pueden favorecer estas arquitecturas: una creciente penetración renovable, periodos de precios eléctricos muy bajos, restricciones de acceso a determinadas redes y un sector de centros de datos en expansión.
El almacenamiento puede ayudar a conectar estas realidades.
Pero sería un error fundamentar toda su rentabilidad en comprar energía barata y venderla unas horas después.
A medida que aumenta la capacidad BESS, las diferencias de precios pueden reducirse y erosionar los márgenes de arbitraje.
El verdadero potencial económico está en combinar aplicaciones compatibles: optimización del consumo, gestión de potencia, integración renovable, flexibilidad contractual y determinados servicios al sistema.
Para los centros de datos, además, existe un valor potencial particularmente atractivo: disponer de capacidad flexible puede facilitar el desarrollo de ciertos proyectos cuya potencia de conexión resulta insuficiente en momentos concretos.
No significa que las baterías eliminen la necesidad de ampliar la red. Significa que podrían permitir utilizar de forma más eficiente parte de la infraestructura existente.
La próxima competencia energética no será solamente entre baterías y gas
El informe de Wood Mackenzie señala un cambio económico importante, pero quizá su consecuencia más profunda vaya más allá de elegir una tecnología de generación frente a otra.
Durante décadas, diseñamos instalaciones eléctricas suponiendo que la generación debía adaptarse continuamente a la demanda.
Ahora disponemos de herramientas capaces de actuar sobre ambos lados de la ecuación: generación, almacenamiento y consumo flexible.
En los centros de datos, esto puede traducirse en arquitecturas energéticas que combinen continuidad operativa, almacenamiento de varias horas, generación de respaldo y gestión dinámica de la capacidad.
No se trata de prescindir de la seguridad del suministro ni de prometer que una batería puede resolver cualquier restricción eléctrica.
Se trata de utilizar cada recurso de forma coordinada.
El gas puede estar perdiendo competitividad frente al BESS en el segmento de generación de punta de cuatro horas. Pero la verdadera transformación no consiste en sustituir una máquina por otra.
Consiste en pasar de un sistema eléctrico diseñado para suministrar siempre la máxima potencia a otro capaz de gestionar inteligentemente cuándo, dónde y durante cuánto tiempo necesita suministrarla.
Y para los centros de datos, esa diferencia puede llegar a ser tan importante como la propia capacidad de computación.
Fuentes:
