La nueva batalla energética no se ganará instalando más megavatios, sino consiguiendo que las empresas dispongan de electricidad competitiva, fiable y flexible cuando la necesitan.
España ha conseguido algo que hace apenas una década parecía difícil: construir uno de los sistemas eléctricos con mayor penetración renovable de Europa.
Sin embargo, esa ventaja energética todavía no se está traduciendo plenamente en competitividad industrial.
Una fábrica puede estar situada a pocos kilómetros de grandes instalaciones fotovoltaicas y, aun así, encontrar dificultades para conseguir una conexión eléctrica, acceder a precios competitivos o garantizar el suministro necesario para ampliar su producción.
Tenemos capacidad para generar electricidad renovable. El verdadero desafío es convertirla en energía útil para nuestra economía.
Y dos informes publicados en las últimas semanas ponen cifras a esta contradicción.
1. La paradoja española: 77 puntos en preparación, 52 en ejecución
El Electrification Competitiveness Index, elaborado por We Mean Business Coalition (WMBC) con apoyo de RMI, sitúa a España entre los cinco países mejor posicionados de los 16 analizados.
Pero revela una diferencia significativa:
77/100 en políticas y condiciones que favorecen la electrificación.
52/100 en despliegue efectivo.
Son puntuaciones de un índice compuesto, no porcentajes de cumplimiento de objetivos.
En una entrevista publicada el 6 de noviembre en El Periódico de la Energía, María Mendiluce, CEO de WMBC, advierte de que las barreras económicas, administrativas y de acceso a la red requieren reformas estructurales.
La conclusión es importante: España no carece de ambición energética. Tiene dificultades para materializarla.
Durante años, el debate se ha concentrado en cuánta potencia renovable podemos instalar.
Ahora debemos plantearnos otra pregunta:
¿Cuánta de esa electricidad puede aprovechar realmente nuestra industria, a qué precio y con qué garantías?
2. La AIE confirma que el problema ya no está solamente en la generación
El 5 de noviembre, la Agencia Internacional de la Energía publicó su informe Spain 2026.
Sus conclusiones refuerzan este diagnóstico.
Según la AIE, las energías renovables representaron el 56% de la generación eléctrica española en 2025.
Además, estima que el desarrollo eólico y fotovoltaico entre 2011 y 2024 permitió evitar importaciones acumuladas de gas valoradas en aproximadamente 26.000 millones de dólares.
Es una contribución extraordinaria a nuestra seguridad energética.
Pero existe otra cifra que merece tanta atención como las anteriores.
La electricidad representó solamente el 25% del consumo final de energía en España en 2024, frente al objetivo del 35% establecido para 2030.
Es decir, hemos avanzado considerablemente en descarbonizar la generación eléctrica, pero la electrificación del conjunto de la economía sigue siendo insuficiente.
Y la industria constituye uno de los sectores donde más valor podríamos crear.
La electrificación de procesos térmicos, las bombas de calor industriales, la sustitución de combustibles fósiles y la automatización energética permitirían aprovechar una mayor proporción de nuestra producción eléctrica.
Sin embargo, las decisiones industriales no dependen únicamente de las emisiones.
Dependen también de los costes, las infraestructuras y la seguridad del suministro.
3. Electricidad barata en el mercado no significa electricidad barata para la industria
Aquí aparece una segunda paradoja.
España puede registrar precios mayoristas relativamente bajos gracias a su producción renovable y, simultáneamente, mantener barreras económicas que dificultan la electrificación.
WMBC señala que los impuestos y gravámenes representan el 34,6% del precio eléctrico considerado en su análisis, frente al 22,5% del gas doméstico.
Aunque estas cifras no permiten comparar directamente todas las tarifas industriales, ilustran el desequilibrio de las señales económicas.
La AIE va más allá y recomienda reducir la fiscalidad eléctrica y revisar las cargas ajenas al suministro energético.
La lógica es sencilla.
Si queremos que una industria sustituya combustibles fósiles por electricidad, la alternativa eléctrica debe ser económicamente atractiva.
De lo contrario, podemos disponer de abundante generación renovable sin que las empresas encuentren incentivos suficientes para transformar sus procesos.
La descarbonización industrial no se consigue únicamente produciendo energía limpia. Se consigue haciendo competitiva su utilización.
4. Las redes: la infraestructura que puede decidir dónde se instalará la industria
La disponibilidad de potencia eléctrica se está convirtiendo en un factor determinante para localizar nuevas inversiones.
Electrificación industrial, centros de datos, movilidad eléctrica e instalaciones de almacenamiento compiten por capacidad de conexión.
Pero conviene introducir un matiz importante.
La AIE señala que, en octubre de 2026, el 35% de los nudos de la red de transporte mostraban disponibilidad de capacidad firme para nuevos accesos.
Por tanto, no estamos ante una saturación uniforme de todo el sistema eléctrico.
El problema es más complejo: disponibilidad geográfica, capacidad de distribución, plazos de ejecución, solicitudes acumuladas y compatibilidad entre la demanda y la infraestructura existente.
La solución no puede limitarse a construir nuevas líneas.
También necesitamos utilizar mejor las redes disponibles.
Eso exige planificación anticipada, procedimientos de conexión más ágiles, criterios transparentes para asignar capacidad y mecanismos de acceso flexible donde resulten técnicamente viables.
Y aquí aparece un elemento decisivo.
5. El almacenamiento transforma la energía renovable en flexibilidad industrial
Una instalación fotovoltaica genera cuando existen condiciones solares adecuadas.
Una industria consume cuando sus procesos productivos lo requieren.
Y ambas curvas no siempre coinciden.
El almacenamiento mediante baterías (BESS) permite desacoplar parcialmente esos dos momentos.
Puede absorber electricidad durante períodos de elevada generación y suministrarla posteriormente, cuando la demanda o el precio lo justifican.
Pero su valor industrial va mucho más allá del arbitraje energético.
Un BESS correctamente dimensionado puede reducir picos de demanda, optimizar la potencia contratada, aumentar el autoconsumo renovable y aportar continuidad de suministro a determinadas cargas críticas, siempre que cuente con la arquitectura de respaldo adecuada.
Integrado con sistemas de gestión energética, puede coordinar la generación fotovoltaica, las baterías, la demanda flexible y los procesos productivos.
Esto permite pasar de consumir electricidad de forma relativamente pasiva a gestionar activamente cuándo y cómo se utiliza.
No obstante, conviene evitar una simplificación: una batería no elimina por sí sola las limitaciones de acceso a la red ni garantiza una disponibilidad energética ilimitada.
Su rentabilidad depende del perfil de consumo, los precios, las pérdidas, la degradación, la inversión inicial y los servicios que realmente pueda prestar.
El valor aparece cuando la batería se integra en una estrategia energética industrial coherente.
La industria del futuro no será simplemente una consumidora de electricidad renovable. Será un participante activo en la gestión del sistema energético.
6. De los megavatios instalados a los megavatios realmente útiles
Durante mucho tiempo hemos medido el éxito de la transición energética a través de la potencia renovable instalada.
Pero una economía industrial necesita indicadores adicionales.
Necesita saber cuánta electricidad renovable puede consumir efectivamente, cuánto cuesta entregarla, cuándo está disponible y qué inversiones permite desarrollar.
Esta perspectiva cambia también la forma de valorar el almacenamiento.
Una batería instalada junto a una planta renovable puede reducir vertidos y desplazar generación hacia horas de mayor valor.
Una batería situada en una instalación industrial puede optimizar el consumo y gestionar picos de potencia.
Y una batería de gran escala puede prestar determinados servicios al sistema eléctrico, siempre que cumpla los requisitos técnicos y de mercado correspondientes.
No todas tienen la misma función ni deberían evaluarse exclusivamente mediante el precio de compra por kWh de capacidad.
El almacenamiento debe valorarse por su contribución económica y operativa a lo largo de toda su vida útil.
La AIE parece apuntar en esta dirección al recomendar expresamente acelerar el almacenamiento, la respuesta de la demanda y las interconexiones, así como reconocer adecuadamente la contribución de las baterías a la seguridad de suministro dentro del futuro mercado de capacidad.
7. La verdadera oportunidad industrial española
España reúne condiciones especialmente favorables para atraer industrias intensivas en electricidad: recursos solares y eólicos, experiencia en desarrollo renovable, infraestructuras industriales y acceso al mercado europeo.
Pero esas ventajas no garantizan automáticamente nuevas inversiones.
Una empresa que decide dónde construir una fábrica no estudia únicamente el potencial renovable de un país.
Analiza el coste eléctrico a largo plazo, la disponibilidad de conexión, la fiabilidad del suministro y los plazos administrativos.
La oportunidad española consiste precisamente en conectar esas variables.
Necesitamos coordinar el despliegue renovable con la planificación de redes, el almacenamiento, la electrificación industrial y una fiscalidad que no penalice innecesariamente el consumo eléctrico.
Y necesitamos hacerlo con suficiente rapidez para que las inversiones industriales no terminen localizándose en otros mercados.
Conclusión: la próxima transición energética será industrial
La primera gran etapa de la transición energética española estuvo marcada por el desarrollo de renovables.
La siguiente estará determinada por nuestra capacidad para utilizarlas de forma eficiente, flexible y competitiva.
Ya no basta con disponer de electricidad renovable abundante.
Debemos conseguir que esa electricidad llegue a las industrias que la necesitan, cuando la necesitan y a precios que permitan competir internacionalmente.
Las redes serán imprescindibles.
La electrificación de procesos industriales será fundamental.
Y el almacenamiento BESS puede convertirse en una de las tecnologías que permitan conectar ambas realidades.
Pero el objetivo final no es instalar más baterías, igual que tampoco debería ser instalar más paneles solares por sí mismos.
El objetivo es transformar nuestra ventaja energética en actividad industrial, inversión, empleo y competitividad económica.
España ya ha demostrado que sabe producir electricidad renovable.
Ahora tiene que demostrar que sabe convertirla en riqueza industrial.
Fuentes
We Mean Business Coalition / RMI (2026). Electrification Competitiveness Index — Spain Country Profile. https://www.wemeanbusinesscoalition.org/wp-content/uploads/2026/10/WMBC_Spain-Profile-.pdf
Agencia Internacional de la Energía (5 de noviembre de 2026). Spain 2026 — Energy Policy Review. https://www.iea.org/reports/spain-2026
El Periódico de la Energía (6 de noviembre de 2026). Entrevista de Jaime Santisteban a María Mendiluce, CEO de WMBC. https://elperiodicodelaenergia.com/maria-mendiluce-wmbc-la-ventaja-renovable-de-espana-solo-es-competitividad-industrial-si-las-empresas-acceden-a-electricidad-asequible-y-a-tiempo/
