19 oct 2026

El mundo instala baterías a toda velocidad… pero los gobiernos siguen mirando por el retrovisor

El almacenamiento energético vive una expansión sin precedentes. Sin embargo, un nuevo informe de Ember revela una paradoja: mientras la tecnología y el mercado aceleran, los objetivos políticos siguen quedándose atrás. La cuestión ya no es únicamente cuántas baterías necesitamos, sino cómo convertirlas en una verdadera ventaja competitiva.

Una brecha de 678 GW que cuenta mucho más de lo que parece

El último informe de Ember, publicado el 15 de octubre de 2026, pone cifras a una contradicción cada vez más evidente en la transición energética.

Los objetivos nacionales de almacenamiento para 2030 suman actualmente 822 GW, frente a los 1.500 GW comprometidos internacionalmente en la COP29. Es decir, los planes gubernamentales se sitúan un 45% por debajo de la ambición mundial.

Pero hay un detalle especialmente revelador.

Durante 2025 se instalaron 118 GW de almacenamiento, de los cuales 108 GW correspondieron a baterías. La capacidad mundial acumulada alcanzó los 430 GW.

Si mantuviéramos simplemente ese ritmo anual hasta 2030, superaríamos los 1.000 GW de almacenamiento, bastante por encima de los objetivos nacionales actuales.

El problema, por tanto, no es que el mercado esté creciendo demasiado despacio para cumplir los planes existentes. Es que los planes están creciendo más despacio que el propio mercado.

Y esto debería hacernos reflexionar.

La revolución silenciosa de las baterías

En apenas cuatro años, las instalaciones anuales de baterías han pasado de 9,5 GW en 2021 a 108 GW en 2025.

Pocas tecnologías energéticas han experimentado una aceleración semejante.

La reducción de costes, la industrialización de las baterías LFP, la expansión fotovoltaica y la creciente necesidad de flexibilidad están transformando la economía del almacenamiento.

Sin embargo, conviene evitar una interpretación excesivamente optimista.

Instalar más baterías no garantiza automáticamente disponer de un sistema eléctrico más flexible.

Una batería de 100 MW con una hora de autonomía no ofrece las mismas prestaciones que otra de 100 MW capaz de suministrar energía durante cuatro horas.

Ambas aparecen como 100 MW en las estadísticas, pero su contribución a la integración renovable, la cobertura de puntas de demanda o la seguridad de suministro puede ser radicalmente diferente.

La potencia instalada es importante. La energía disponible, la duración y la capacidad operativa real lo son todavía más.

Y aquí aparece una de las grandes cuestiones que el informe de Ember deja abiertas: no basta con establecer objetivos en GW. Necesitamos saber qué servicios esperamos del almacenamiento, durante cuánto tiempo y en qué puntos de la red.

Europa: 200 GW de almacenamiento y una oportunidad industrial

China y la Unión Europea concentran más del 80% de los objetivos nacionales de almacenamiento identificados por Ember.

China plantea alcanzar 460 GW en 2030, incluyendo baterías y bombeo hidráulico.

En Europa, la Comisión Europea estima necesarios unos 200 GW de almacenamiento en 2030, frente a aproximadamente 55 GW instalados a comienzos de 2026.

La diferencia es enorme.

Pero también lo es la oportunidad.

Europa necesita integrar una cantidad creciente de generación renovable, electrificar su industria, reducir su dependencia energética exterior y ofrecer electricidad competitiva a sus empresas.

Sin almacenamiento suficiente y bien gestionado, una parte del potencial renovable puede perder valor económico precisamente cuando más necesitamos aprovecharlo.

Ahora bien, hay un matiz importante: los 200 GW europeos constituyen una estimación de necesidades recogida en el Acuerdo Tripartito de Almacenamiento, cuyos compromisos no son jurídicamente vinculantes.

Y la ambición política, sin mecanismos de ejecución y modelos de ingresos financiables, no garantiza que los proyectos se construyan.

Europa necesita acelerar, pero también necesita desarrollar una industria capaz de capturar el valor añadido de esta transformación: electrónica de potencia, integración de sistemas, software de gestión energética, seguridad y servicios de flexibilidad.

No podemos limitarnos a importar baterías. Debemos aprender a obtener el máximo valor de ellas.

España: tenemos renovables, pero necesitamos convertirlas en flexibilidad

El PNIEC español establece un objetivo de 22,5 GW de almacenamiento para 2030, incluyendo distintas tecnologías y no exclusivamente baterías.

Sobre el papel, es una apuesta considerable.

Sin embargo, el verdadero desafío será trasladar esa planificación a proyectos operativos, conectados a la red y económicamente sostenibles.

España dispone de un recurso solar extraordinario, pero la abundancia de generación durante determinadas horas no significa necesariamente disponer de energía competitiva cuando la industria y los consumidores la necesitan.

El almacenamiento permite desplazar energía entre periodos, gestionar picos de demanda, reducir determinados vertidos renovables y participar en servicios de flexibilidad.

Pero su rentabilidad depende de factores muy concretos: ubicación, perfil de consumo, duración, costes, eficiencia, degradación y acceso efectivo a los mercados.

Además, el arbitraje energético por sí solo no siempre será suficiente para financiar nuevos proyectos, especialmente si la incorporación de almacenamiento reduce los diferenciales de precios que inicialmente justificaron la inversión.

Aquí resulta fundamental desarrollar modelos que combinen distintas fuentes de valor, evitando comprometer dos veces la misma capacidad.

El objetivo no debería ser instalar baterías porque las necesitamos estadísticamente, sino porque aportan valor técnico y económico allí donde se conectan.

BESS: de almacenar energía a gestionar inteligentemente la potencia

La siguiente etapa del almacenamiento no estará definida únicamente por el precio de los módulos de batería.

Estará determinada por la capacidad de integrar generación renovable, almacenamiento, consumo, electrónica de potencia y sistemas avanzados de gestión energética.

En el ámbito comercial e industrial, esta evolución resulta especialmente interesante.

Un BESS correctamente dimensionado puede contribuir a reducir puntas de demanda, aumentar el aprovechamiento del autoconsumo fotovoltaico y desplazar consumos hacia periodos económicamente más favorables.

En determinadas condiciones, también puede ofrecer servicios adicionales a la red, siempre que la regulación, la conexión y las características técnicas del sistema lo permitan.

Desde SolaX Power, esta transformación representa una oportunidad para impulsar soluciones integradas de fotovoltaica, almacenamiento y gestión energética, donde el valor no se mida únicamente por los kWh instalados, sino por los resultados que el sistema pueda proporcionar durante su vida útil.

La combinación de baterías, electrónica de potencia y control inteligente permite avanzar hacia instalaciones más flexibles y adaptadas a las necesidades reales de cada consumidor.

Y esto será cada vez más relevante para la electrificación industrial, las empresas con consumos intensivos y las infraestructuras que necesitan gestionar restricciones de potencia.

Porque el almacenamiento no crea capacidad de red de la nada, pero puede contribuir a utilizar de forma mucho más eficiente la capacidad disponible.

El desafío de 2030 no es solo instalar más baterías

Ember considera alcanzable el compromiso mundial de 1.500 GW, aunque para ello será necesario elevar las instalaciones anuales hasta una media aproximada de 214 GW entre 2026 y 2030.

La tecnología está avanzando. Los costes han descendido. La demanda de flexibilidad crece.

Lo que todavía debe consolidarse es el marco que permita convertir ese potencial en inversiones útiles y sostenibles.

Necesitamos objetivos ambiciosos, pero también redes preparadas, procedimientos de conexión eficientes, mecanismos de remuneración adecuados y una planificación que tenga en cuenta no solo la potencia, sino la duración y la contribución real del almacenamiento.

La transición energética no se ganará simplemente instalando más renovables y más baterías. Se ganará aprendiendo a coordinarlas para disponer de energía competitiva, flexible y segura cuando realmente se necesita.

El mundo ya está demostrando que sabe fabricar e instalar baterías.

Ahora los gobiernos y los operadores eléctricos tienen que demostrar que saben aprovecharlas.


Fuentes:

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