28 oct 2026

La gran paradoja energética de España: desperdiciamos renovables mientras seguimos quemando combustibles fósiles

Un nuevo informe de Ember revela que Turquía podría electrificar hasta el 85% de su consumo energético con tecnologías actuales. Sus conclusiones, combinadas con el aumento de los vertidos renovables en España, plantean una pregunta incómoda: ¿estamos construyendo un sistema capaz de aprovechar toda la electricidad limpia que producimos?

Dos noticias que explican el mismo problema

El 27 de octubre de 2026, el centro de estudios energéticos Ember publicó un informe con una conclusión extraordinaria: Turquía dispone actualmente de tecnologías comerciales capaces de electrificar aproximadamente el 85% de sus usos energéticos.

Un día después, El Periódico de la Energía publicaba otra noticia, esta vez sobre España: según los datos de Aurora Energy Research, los vertidos renovables no remunerados por restricciones técnicas de fase 1 habían superado los 6 TWh a mediados de octubre de 2026, duplicando los registrados en el mismo periodo del año anterior.

Aparentemente, son noticias distintas.

Una habla del potencial de electrificación de Turquía. La otra, de electricidad renovable que el sistema español no consigue integrar.

Sin embargo, ambas apuntan a una misma transformación pendiente.

Estamos aprendiendo a producir electricidad renovable más rápidamente de lo que estamos adaptando nuestra economía y nuestras infraestructuras para aprovecharla.

Y esta diferencia empieza a condicionar tanto la rentabilidad de las inversiones renovables como la capacidad de descarbonización de nuestras economías.

La lección de Ember: electrificar no significa consumir más electricidad

El informe de Ember contiene un dato especialmente revelador.

Entre 1990 y 2024, el consumo eléctrico de Turquía se multiplicó aproximadamente por siete. La participación de la electricidad en el consumo final de energía aumentó del 10% al 22%.

Sin embargo, durante esos mismos 34 años, el peso de los combustibles fósiles apenas disminuyó: del 70,9% al 70,4%.

¿Cómo es posible?

Porque el crecimiento eléctrico no sustituyó proporcionalmente al consumo de petróleo, carbón o gas. Una parte importante de la nueva electricidad sirvió para satisfacer necesidades adicionales: climatización, electrodomésticos, equipamiento tecnológico y nuevas actividades económicas.

El país consumía mucha más electricidad, pero también seguía utilizando grandes cantidades de combustibles fósiles.

Este es probablemente el mensaje más importante del informe.

La electrificación no debe medirse únicamente por el crecimiento de la demanda eléctrica, sino también por la sustitución efectiva de combustibles fósiles.

Además, existe un segundo aspecto que suele pasar inadvertido.

Electrificar no implica necesariamente consumir más energía final.

Un vehículo eléctrico puede necesitar aproximadamente 3,6 veces menos energía que uno de combustión para recorrer la misma distancia, según los supuestos utilizados por Ember. Una bomba de calor también puede proporcionar varias unidades de energía térmica por cada unidad de electricidad consumida.

Por tanto, una economía puede aumentar su consumo eléctrico mientras reduce su consumo energético total.

La verdadera cuestión no es cuántos TWh adicionales consumiremos, sino cuántos servicios energéticos podremos prestar utilizando menos energía y menos combustibles fósiles.

España: líderes renovables, pero todavía poco electrificados

España presenta una paradoja semejante.

Según Red Eléctrica, en 2025 las renovables representaron el 55,5% de la generación eléctrica nacional, porcentaje que alcanza el 56,6% cuando se incorpora la estimación del autoconsumo.

Sin embargo, según el Observatorio de FEDEA publicado en abril de 2026, la electricidad representaba únicamente el 24,8% del consumo final de energía española en 2024.

Conviene detenerse en esta diferencia.

Más de la mitad de nuestra electricidad procede de fuentes renovables, pero la electricidad representa todavía aproximadamente una cuarta parte de la energía final que consume nuestra economía.

Son indicadores diferentes, pero precisamente por eso su contraste resulta tan significativo.

Seguimos utilizando petróleo para gran parte del transporte, gas para calefacción y procesos industriales, y combustibles fósiles para numerosos servicios energéticos que podrían electrificarse parcial o totalmente.

El PNIEC 2023–2030 reconoce este desafío.

Sus objetivos incluyen alcanzar un 81% de generación eléctrica renovable, elevar la electrificación de la economía hasta el 35% y disponer de 22,5 GW de capacidad de almacenamiento, incluyendo diversas tecnologías.

Pero existe una cuestión que merece especial atención.

El Observatorio de FEDEA advierte de que la lenta electrificación de la demanda, particularmente en transporte, está dificultando el cumplimiento de los objetivos de descarbonización.

España ha avanzado extraordinariamente en la oferta de electricidad renovable.

Ahora necesita acelerar la transformación de la demanda que todavía depende de los combustibles fósiles.

El problema empieza a ser cuándo y dónde consumimos electricidad

Durante años, el gran desafío de la transición energética fue reducir el coste de producción de las renovables.

Y en gran medida lo hemos conseguido.

Sin embargo, el fuerte crecimiento de la generación fotovoltaica está revelando nuevas limitaciones.

Cuando muchas instalaciones producen simultáneamente, especialmente durante las horas centrales del día, el valor de mercado de esa electricidad puede disminuir significativamente.

En determinadas condiciones, las restricciones técnicas o la falta de capacidad de evacuación obligan además a reducir la generación disponible.

Los más de 6 TWh de vertidos técnicos no remunerados señalados por Aurora Energy Research en España durante 2026 son una manifestación de este problema. No incluyen necesariamente todas las formas de reducción de producción renovable, pero muestran la magnitud creciente de las restricciones de integración.

Y aquí aparece una aparente contradicción.

Disponemos de momentos con abundante generación renovable que no puede aprovecharse completamente, mientras numerosos consumidores siguen utilizando combustibles fósiles para cubrir sus necesidades energéticas.

La solución no consiste simplemente en instalar más generación.

Tampoco basta con electrificar nuevos consumos si estos aparecen en horarios o localizaciones donde la electricidad no puede suministrarse de manera eficiente.

Necesitamos conectar la electrificación con la flexibilidad del sistema eléctrico.

Eso exige coordinar cuatro elementos: generación, redes, almacenamiento y demanda.

No es únicamente un problema de energía, medida en MWh. Es también un problema de potencia disponible, medida en MW, de localización y de sincronización temporal.

El almacenamiento: de complemento renovable a infraestructura de electrificación

Aquí es donde los sistemas de almacenamiento energético mediante baterías, BESS, adquieren una importancia estratégica.

Hasta ahora, gran parte del debate sobre almacenamiento se ha centrado en absorber excedentes solares y desplazar energía hacia las horas de mayor precio.

Esta función seguirá siendo fundamental.

Pero la electrificación de la economía introduce otra dimensión.

Pensemos en una instalación industrial que sustituye parte de su consumo de gas por procesos eléctricos.

Aunque la nueva tecnología resulte más eficiente energéticamente, puede aumentar de forma significativa la potencia eléctrica instantánea requerida.

Lo mismo ocurre cuando un centro logístico incorpora una flota de vehículos eléctricos, cuando un edificio sustituye calderas convencionales por bombas de calor o cuando una instalación comercial concentra nuevos consumos eléctricos.

En determinadas condiciones, un BESS puede reducir esos picos, desplazar parte de la demanda, aprovechar producción solar local y mejorar la gestión de la potencia contratada.

Su contribución ya no se limita a almacenar generación renovable.

Puede facilitar la electrificación de consumos que, sin suficiente flexibilidad, resultarían más costosos o exigirían mayores inversiones en infraestructura eléctrica.

Pero hay que evitar una simplificación habitual.

Las baterías no resuelven todas las restricciones de red ni garantizan la recuperación de toda la energía renovable vertida.

Para que un BESS contribuya a reducir vertidos, debe encontrarse en una ubicación eléctricamente adecuada, disponer de capacidad de carga cuando existe excedente y poder descargar posteriormente bajo condiciones técnicas y regulatorias viables.

Igualmente, una batería diseñada para cubrir picos de potencia durante minutos no necesariamente puede sostener consumos industriales continuos durante muchas horas.

La potencia, la energía, la duración, la ubicación y la estrategia de operación deben dimensionarse conjuntamente.

SolaX Power: conectar generación, almacenamiento y nueva demanda eléctrica

Aquí es donde SolaX Power aporta soluciones para integrar generación, almacenamiento y consumo inteligente en un mismo ecosistema energético.

El valor de una solución energética ya no depende exclusivamente de la eficiencia de un inversor o de la capacidad nominal de una batería.

Depende cada vez más de cómo estos equipos se integran con las necesidades reales de consumo.

En el ámbito residencial, la combinación de fotovoltaica, almacenamiento, recarga de vehículos eléctricos y gestión energética permite aumentar el aprovechamiento local de la generación.

En el sector comercial e industrial, soluciones BESS como TRENE y AELIO permiten abordar proyectos donde la gestión de potencia, el autoconsumo y el desplazamiento temporal del consumo adquieren una importancia creciente.

A escala utility, plataformas de almacenamiento como ORI, con sistemas de baterías de aproximadamente 5 MWh por contenedor, amplían las posibilidades de integrar almacenamiento en proyectos de mayor potencia.

La incorporación de herramientas digitales de monitorización y gestión, como SolaXCloud, añade una capa de control necesaria para coordinar los distintos activos compatibles.

Pero el verdadero cambio es conceptual.

No se trata simplemente de vender una batería junto a una instalación fotovoltaica.

Se trata de diseñar soluciones energéticas capaces de acompañar la electrificación de edificios, industrias y nuevas actividades económicas.

Una solución BESS correctamente dimensionada puede tener valor simultáneamente por el autoconsumo que mejora, los picos de potencia que reduce, la flexibilidad que proporciona y los costes de suministro que ayuda a optimizar.

Estos beneficios no son automáticos ni acumulables sin restricciones. Deben evaluarse mediante los perfiles horarios de consumo, los precios eléctricos, las capacidades técnicas y las condiciones de conexión de cada proyecto.

Precisamente por ello, el almacenamiento está evolucionando desde la venta de capacidad instalada hacia el diseño de soluciones de gestión energética.

La transición energética necesita nuevos indicadores

El informe de Ember invita finalmente a reconsiderar cómo medimos el éxito de la transición energética.

Durante años hemos celebrado los nuevos gigavatios fotovoltaicos y eólicos, la reducción de los costes de generación y los récords de producción renovable.

Son logros reales y necesarios.

Pero quizá deberíamos complementar esos indicadores con otros igualmente relevantes.

¿Cuántos MWh de combustibles fósiles hemos sustituido efectivamente?

¿Cuánta demanda industrial hemos conseguido electrificar?

¿Cuánta electricidad renovable disponible no puede integrarse y por qué motivos?

¿Cuánta flexibilidad necesitamos para conectar nueva demanda sin comprometer la seguridad del sistema?

¿Y qué combinación de redes, almacenamiento y gestión energética permite alcanzar esos objetivos con el menor coste total?

Estas preguntas serán cada vez más importantes para fabricantes, desarrolladores de renovables, empresas industriales, operadores eléctricos y administraciones.

Porque una economía con mucha generación renovable, pero escasa electrificación y flexibilidad insuficiente, no está aprovechando plenamente su potencial de descarbonización.

La próxima revolución energética no será solamente renovable. Será eléctrica y flexible.

El informe de Ember demuestra que existe una enorme distancia entre el potencial tecnológico de electrificación y su implantación efectiva.

Los datos españoles muestran que también existe una distancia creciente entre nuestra capacidad de producir electricidad renovable y nuestra capacidad para integrarla y utilizarla de forma óptima.

Ambos desafíos están relacionados, aunque requieren soluciones diferentes y complementarias.

España necesita seguir desarrollando renovables, reforzar sus redes y acelerar la electrificación del transporte, la climatización y la industria.

Pero también necesita transformar una parte de su demanda en una demanda más flexible, capaz de aprovechar mejor la disponibilidad de generación renovable.

En esa transformación, el almacenamiento energético y los sistemas inteligentes de gestión tendrán un papel creciente.

Para SolaX Power, el mercado potencial no se limita al crecimiento de la capacidad fotovoltaica instalada.

Se extiende a la transformación de todos aquellos consumos energéticos que todavía dependen de combustibles fósiles y que, progresivamente, podrán integrarse en sistemas eléctricos más eficientes y flexibles.

La próxima gran oportunidad de la transición energética no será únicamente producir más electricidad renovable. Será conseguir que esa electricidad sustituya cada vez más combustibles fósiles, allí y cuando realmente se necesita.

Y para lograrlo, la electrificación y el almacenamiento tendrán que avanzar juntos.


Fuentes y referencias

  1. Ember (27/10/2026). Türkiye could electrify 85% of its energy use.

  2. Red Eléctrica. El sistema eléctrico español en 2025. Publicado en marzo de 2026.

  3. MITECO. Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC 2023–2030).

  4. FEDEA (abril de 2026). Estado actual y perspectivas de la descarbonización en España. Diego Rodríguez Rodríguez.

  5. Aurora Energy Research, citado por El Periódico de la Energía (28/10/2026). La energía renovable desperdiciada en España se duplica en 2026 y supera ya los 6 TWh.

  6. SolaX Power. Información técnica de soluciones C&I, ORI y SolaXCloud.