Mientras Bruselas debate cómo reducir su dependencia tecnológica de China, España está siguiendo una estrategia diferente: atraer esa tecnología, ese capital y esa capacidad industrial para fabricar dentro de Europa. Y las baterías están en el centro de la partida.
La BBC acaba de poner el foco sobre una relación que empieza a llamar poderosamente la atención en Europa: el acercamiento económico entre España y China.
Su lectura es fundamentalmente geopolítica. España estaría estrechando sus relaciones con Pekín precisamente cuando Francia, Alemania y buena parte de las instituciones europeas intentan reducir determinadas dependencias industriales respecto a China.
Pero si miramos lo que está ocurriendo desde el sector energético, aparece una segunda lectura posiblemente todavía más importante.
China no está llegando a España únicamente para vender productos. Está empezando a fabricar aquí.
Y las baterías son probablemente el mejor ejemplo.
De importar baterías a fabricarlas en España
CATL y Stellantis anunciaron una inversión de hasta 4.100 millones de euros para construir en Zaragoza una gran planta europea de baterías LFP.
La instalación podría alcanzar una capacidad de hasta 50 GWh anuales, dependiendo de la evolución del mercado europeo.
Pero CATL ya no es un caso aislado.
Hithium, uno de los grandes fabricantes chinos especializados específicamente en almacenamiento estacionario, ha comprometido alrededor de 400 millones de euros para desarrollar en Navarra una fábrica de celdas y sistemas BESS. El acuerdo inicial contempla alrededor de 700 empleos asociados al desarrollo completo del proyecto.
Y el proyecto ya ha pasado de la declaración de intenciones a la tramitación industrial.
En septiembre Hithium solicitó autorización ambiental para instalarse en las antiguas instalaciones de BSH en Esquíroz. La primera configuración publicada contempla aproximadamente 10 GWh de capacidad.
A esto acaba de sumarse otro movimiento significativo.
El fabricante chino Gotion High-Tech invertirá 1.100 millones de euros para adquirir el 49% de la planta de baterías de Volkswagen/PowerCo en Sagunto, que producirá también tecnología LFP.
Ya no estamos hablando de operaciones aisladas.
Estamos viendo aparecer un ecosistema industrial de baterías en España.
Y aquí está la paradoja europea
Europa quiere reducir su dependencia de China.
Pero al mismo tiempo necesita cantidades enormes de baterías.
Para vehículos eléctricos.
Para autoconsumo.
Para almacenamiento industrial.
Para integrar renovables.
Para estabilizar las redes.
Para centros de datos.
Y para proporcionar servicios de flexibilidad al sistema eléctrico.
El problema es que China lleva años construyendo una ventaja gigantesca precisamente en esas tecnologías.
Según un análisis reciente del Financial Times, los fabricantes chinos producen alrededor del 95% de las unidades utilizadas actualmente en almacenamiento grid-scale a escala mundial.
Europa tiene entonces tres opciones.
Intentar reconstruir toda la cadena de valor desde cero.
Continuar importando masivamente tecnología china.
O atraer capital y tecnología asiática para fabricar dentro del territorio europeo.
España parece estar explorando decididamente la tercera vía.
Los aranceles cambian cuando la fábrica está dentro de Europa
Y esto puede modificar completamente la discusión.
Hasta ahora buena parte del debate europeo se planteaba así:
China → exportación → Europa
Pero la nueva cadena podría empezar a parecerse más a esto:
La diferencia es enorme.
Porque la política industrial deja de consistir simplemente en decidir cuánto gravamos una batería fabricada en China.
La pregunta pasa a ser mucho más incómoda:
¿qué significa exactamente “industria europea” cuando la fábrica está en Europa, los trabajadores están en Europa, pero una parte decisiva de la tecnología y del capital procede de China?
Ese debate apenas está empezando.
Para BESS, España puede tener todavía más sentido
En almacenamiento estacionario la oportunidad española podría ser incluso mayor que en movilidad eléctrica.
España reúne simultáneamente varias condiciones extraordinarias:
☀️ enorme penetración solar.
🌬️ creciente generación renovable.
⚡ congestión de red.
📉 horas con precios eléctricos extremadamente bajos.
🔋 necesidad creciente de desplazar energía entre horas.
🏭 nueva demanda industrial.
🖥️ crecimiento previsto de los centros de datos.
Todo ello aumenta el valor económico de la flexibilidad.
Y ahí entra BESS.
Una batería no genera electricidad.
Pero puede decidir cuándo utilizarla.
Puede absorber excedentes solares.
Puede reducir vertidos renovables.
Puede participar en servicios de ajuste.
Puede reducir picos de demanda.
Puede ayudar a gestionar conexiones eléctricas limitadas.
Y puede convertirse en una infraestructura crítica alrededor de industrias intensivas en electricidad y centros de datos.
Por eso el proyecto de Hithium en Navarra me parece especialmente significativo.
No hablamos de baterías destinadas únicamente a vehículos.
Hablamos directamente de sistemas de almacenamiento estacionario BESS.
Pero tampoco conviene ser ingenuos
Esta estrategia tiene riesgos.
Europa no debería sustituir una dependencia energética por otra dependencia tecnológica.
Las celdas, materiales activos, electrónica de potencia, software de control y cadenas de suministro asociadas al almacenamiento se están convirtiendo en infraestructura estratégica.
Por eso atraer fábricas no debería ser el objetivo final.
El verdadero objetivo debería ser aprovechar estas inversiones para construir alrededor de ellas:
ingeniería europea, proveedores locales, propiedad intelectual, software, integración de sistemas, reciclaje, formación y capacidad industrial propia.
La diferencia entre esas dos estrategias es fundamental.
Una simplemente instala fábricas.
La otra crea una industria.
España tiene una oportunidad que probablemente no se repetirá
La transformación energética europea va a necesitar una cantidad gigantesca de almacenamiento.
Y alguien tendrá que fabricarlo.
CATL en Zaragoza.
Gotion en Valencia.
Hithium en Navarra.
Empieza a dibujarse un patrón.
Mientras Europa discute cómo protegerse de la industria china, España parece estar intentando algo diferente:
traer parte de esa industria a Europa.
Puede ser arriesgado.
Puede generar tensiones dentro de la UE.
Pero también puede ser una enorme oportunidad industrial.
Porque quizás la pregunta correcta no sea:
¿Cómo evitamos las baterías chinas?
Sino:
¿Cómo utilizamos la actual ventaja tecnológica china para construir una industria europea de baterías antes de que sea demasiado tarde?
Y si España juega bien sus cartas, podría convertirse en uno de los principales lugares donde esa transformación ocurra.
El almacenamiento ya no es únicamente una pieza de la transición energética.
Se está convirtiendo en política industrial.
Y España acaba de entrar de lleno en la partida.

