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19 ago 2026

La paradoja de Almaraz: más nuclear hasta 2030 hace todavía más necesario el almacenamiento


La decisión de prolongar la operación de la central nuclear de Almaraz hasta 2030 puede parecer, a primera vista, una mala noticia para el almacenamiento.

Más generación nuclear significa más electricidad disponible, menos necesidad de generación térmica y, aparentemente, menos espacio para las baterías.

Pero el sistema eléctrico no funciona así.

De hecho, puede ocurrir exactamente lo contrario.

Mantener Almaraz reduce la necesidad de quemar gas, pero aumenta la presión sobre las renovables durante determinadas horas y refuerza la necesidad de disponer de almacenamiento capaz de desplazar energía desde las horas de exceso hacia las horas en las que realmente tiene valor.

Y eso convierte al BESS en una pieza todavía más importante del sistema eléctrico español.

Almaraz reduce gas. Esa parte es sencilla.

Las dos unidades de Almaraz suman aproximadamente 2,1 GW de potencia y produjeron alrededor de 14,75 TWh netos en 2025, según los datos recogidos por AleaSoft.

Mantener esa producción hasta junio de 2030 evita que una parte relevante tenga que ser sustituida por ciclos combinados.

El propio Gobierno estima que la prolongación de Almaraz permitirá reducir alrededor de un 7% la generación eléctrica mediante gas frente al escenario contemplado anteriormente en el PNIEC.

Desde el punto de vista de seguridad de suministro, dependencia energética y emisiones, la lógica es evidente.

Pero existe otra cara de la decisión.

El problema aparece cuando sobra electricidad

España está instalando enormes cantidades de generación solar.

Y la solar tiene una característica fundamental: produce simultáneamente.

Cuando llega el mediodía de un día soleado, miles de plantas fotovoltaicas empiezan a inyectar electricidad prácticamente al mismo tiempo.

Si además permanecen conectados más de 2 GW de generación nuclear prácticamente continua, el espacio disponible para absorber toda esa electricidad renovable disminuye.

No porque falte capacidad de generación.

Precisamente porque sobra.

El resultado puede ser:

más horas con precios muy bajos, más precios negativos, mayor canibalización de la solar y mayores vertidos renovables.

El Gobierno reconoce este efecto en la propia documentación relacionada con la extensión de Almaraz: la generación renovable prevista para 2030 podría reducirse aproximadamente un 1,4% respecto al escenario anterior.

Ese porcentaje puede parecer pequeño.

En un sistema eléctrico del tamaño del español, no lo es.

El verdadero problema no es producir energía. Es moverla en el tiempo.

Aquí aparece el almacenamiento.

Un BESS no compite necesariamente con una central nuclear.

Hace algo diferente.

Cuando coinciden nuclear, solar y baja demanda, la batería puede absorber parte de la electricidad que de otra manera tendría muy poco valor económico o incluso tendría que ser vertida.

Horas después, cuando desaparece la producción solar y aumenta la demanda, esa electricidad puede volver a la red.

La batería transforma:

electricidad excedentaria → electricidad gestionable.

Y esa transformación será cada vez más valiosa en un sistema con porcentajes crecientes de generación renovable.

Por eso el debate sobre almacenamiento no debería plantearse únicamente en términos de sustitución de generación.

El BESS empieza a convertirse en una infraestructura necesaria para hacer utilizable la generación que ya tenemos instalada.

Pero 2030 introduce una segunda paradoja

Existe además un problema todavía mayor.

La prolongación de Almaraz no elimina el cierre nuclear.

Lo retrasa.

Y concentra una parte importante del ajuste alrededor de 2030.

Según el calendario actualmente previsto, alrededor de ese periodo podrían salir del sistema:

  • Almaraz I y II: aproximadamente 2,1 GW

  • Ascó I: alrededor de 1 GW

  • Cofrentes: alrededor de 1 GW

Es decir, España podría perder más de 4 GW de generación nuclear en un intervalo relativamente corto.

Hasta entonces, el almacenamiento será necesario principalmente para absorber excedentes renovables, reducir vertidos y desplazar energía.

Después, además, será necesario aportar potencia, flexibilidad y capacidad firme durante determinadas horas.

El mismo activo empieza así a resolver dos problemas diferentes.

Antes de 2030

Absorber energía excedentaria.

Después de 2030

Ayudar a cubrir las horas en las que desaparece generación firme.

Esta transición cambia completamente la economía del almacenamiento.

Y aquí entra el mercado de capacidad

El negocio de una batería no puede depender exclusivamente del arbitraje diario —comprar barato y vender caro—.

A medida que aumenta el número de baterías, esos diferenciales tenderán a comprimirse.

Por eso resulta fundamental que los BESS puedan monetizar simultáneamente varios servicios:

arbitraje energético, servicios de ajuste, control de potencia, reducción de congestiones, capacidad y soporte al sistema.

El desarrollo del mercado de capacidad español puede convertirse precisamente en una de las piezas necesarias para proporcionar señales económicas de largo plazo a estos activos.

Porque si el sistema necesita capacidad disponible durante determinadas horas críticas, debe existir también un mecanismo que remunere esa disponibilidad.

La batería deja entonces de ser simplemente un sistema que compra y vende electricidad.

Se convierte en infraestructura de seguridad del sistema eléctrico.

La conclusión es aparentemente contradictoria

Mantener Almaraz hasta 2030 puede reducir el consumo de gas.

Pero también puede aumentar los excedentes renovables durante determinadas horas.

Y cuando Almaraz finalmente cierre, el sistema necesitará sustituir parte de la capacidad y flexibilidad que desaparezca.

En ambos escenarios aparece el almacenamiento.

Antes del cierre, absorbiendo excedentes.

Después del cierre, devolviendo energía y potencia cuando el sistema la necesita.

Por eso quizá la pregunta correcta no sea si España debe elegir entre nuclear, renovables o almacenamiento.

La cuestión es cómo construir un sistema capaz de integrar las tres tecnologías durante la transición.

Y en ese sistema hay algo que cada vez parece más difícil de evitar:

cuanto mayor sea la penetración renovable, más importante será poder decidir no sólo cuánta energía producimos, sino cuándo la utilizamos.

Ahí está probablemente una de las grandes oportunidades del BESS en España durante los próximos años.

Y también la razón por la que fabricantes como SolaX Power, capaces de integrar baterías, PCS y sistemas de gestión energética dentro de una misma arquitectura, pueden jugar un papel cada vez más relevante en el segmento comercial e industrial y en proyectos de almacenamiento de mayor escala.

Porque la próxima fase de la transición energética española ya no consiste únicamente en instalar más megavatios.

Consiste en hacer gestionables los que ya tenemos.

Fuentes: Orden TED/864/2026 y documentación publicada en el BOE sobre la prolongación de Almaraz; análisis de AleaSoft publicado por El Periódico de la Energía sobre impacto en gas, precios, vertidos renovables y mercado de capacidad.

15 ago 2026

Almaraz compra tiempo. El BESS debe conseguir que España no tenga que comprarlo otra vez


España acaba de tomar una decisión energética importante: mantener operativa la central nuclear de Almaraz hasta junio de 2030.

El argumento utilizado por el Gobierno es sencillo: el mundo energético de 2026 ya no es el que se utilizó para diseñar el calendario nuclear español.

La crisis de Oriente Medio, los problemas de suministro de GNL y la volatilidad del gas han cambiado las condiciones.

Pero hay un dato detrás de la decisión que merece mucha más atención.

Según los análisis del MITECO recogidos por Público, prolongar Almaraz reduciría aproximadamente un 7% la generación eléctrica mediante ciclos combinados de gas, aunque también supondría alrededor de un 1,4% menos de generación renovable de la prevista para 2030.

Ese intercambio resume perfectamente el dilema energético español.

Pero también muestra algo más importante:

Almaraz no resuelve el problema. Compra tiempo.

España no tiene un problema de generación. Tiene un problema de cuándo puede utilizarla.

España dispone hoy de enormes cantidades de potencia solar y eólica.

Y seguirá instalando más.

Pero tener muchos GW renovables instalados no significa necesariamente disponer de esos GW exactamente cuando el sistema los necesita.

A las 14:00 podemos tener abundancia de solar.

A las 21:00 podemos necesitar gas.

Esa diferencia entre energía disponible y energía disponible en el momento adecuado es probablemente uno de los grandes problemas que tendrá que resolver el sistema eléctrico español durante esta década.

Y ahí la discusión deja de ser simplemente:

nuclear vs. renovables.

La discusión real empieza a parecerse mucho más a esto:

nuclear + renovables + gas

frente a

renovables + almacenamiento + flexibilidad + respaldo.

La paradoja de Almaraz

La central aporta aproximadamente 2 GW de potencia al sistema. El calendario anterior contemplaba el cierre de sus dos reactores en 2027 y 2028; ahora ambos podrán continuar hasta el 8 de junio de 2030. El CSN emitió además un dictamen favorable sobre la prolongación desde el punto de vista de seguridad nuclear.

Eliminar esa generación sin tener preparada suficiente flexibilidad podría aumentar temporalmente el uso de los ciclos combinados.

Y precisamente eso es lo que España intenta evitar.

El gas tiene una característica extraordinariamente útil: puede generar cuando el sistema lo necesita.

Pero también tiene un enorme inconveniente.

Depende de un combustible cuyo precio y disponibilidad España no controla.

La propia experiencia reciente demuestra la importancia de reducir esa exposición. Según los datos citados por Público, el gas marcó el precio eléctrico únicamente alrededor del 15% de las horas durante 2025, muy por debajo de lo ocurrido durante la anterior crisis energética.

Las renovables han reducido la dependencia económica del gas.

Ahora el siguiente paso es reducir también su dependencia operativa.

Aquí empieza el verdadero business case del BESS

Un sistema BESS no produce energía.

Hace algo cada vez más valioso:

decide cuándo utilizarla.

Carga cuando existe energía abundante o barata.

Descarga cuando el sistema la necesita.

Absorbe excedentes renovables.

Reduce curtailment.

Gestiona picos.

Puede proporcionar servicios de red.

Y, con arquitecturas adecuadas, puede contribuir a funciones avanzadas de soporte de red.

Eso cambia completamente el papel del almacenamiento.

El BESS deja de ser simplemente una batería que arbitra precios.

Se convierte en infraestructura del sistema eléctrico.

Pero cuidado: 2 GW de Almaraz no se sustituyen con 2 GW de baterías

Esta comparación sería técnicamente incorrecta.

Una central nuclear puede producir durante muchas horas consecutivas.

Un BESS dispone de una cantidad limitada de energía almacenada.

Por tanto, sustituir progresivamente generación nuclear o fósil requiere una combinación de:

más generación renovable + BESS con distintas duraciones + interconexiones + gestión de demanda + refuerzo de red + generación flexible de respaldo.

La cuestión estratégica no es instalar una batería equivalente a Almaraz.

Es construir un sistema capaz de funcionar sin necesitar permanentemente esos 2 GW de generación firme.

Ahí está el cambio de paradigma.

2030 está mucho más cerca de lo que parece

La prórroga puede resultar razonable como medida de seguridad energética en el contexto actual.

Pero también crea una ventana extraordinariamente clara.

España tiene ahora aproximadamente cuatro años para acelerar el despliegue de la infraestructura que deberá ocupar progresivamente ese espacio.

No solo más paneles.

No solo más aerogeneradores.

También almacenamiento.

Porque continuar instalando renovables sin aumentar simultáneamente la capacidad de almacenar, desplazar y gestionar esa energía aumenta los vertidos y reduce el valor capturado por las propias renovables.

El siguiente gran salto de la transición energética española probablemente no vendrá únicamente de generar más electricidad.

Vendrá de poder controlar cuándo se entrega.

Y ahí empresas como SolaX Power tienen una oportunidad enorme

La próxima fase del almacenamiento no estará limitada a grandes baterías conectadas directamente a la red.

También ocurrirá detrás del contador.

Industria.

Centros logísticos.

Centros de datos.

Infraestructura comercial.

Comunidades energéticas.

Instalaciones fotovoltaicas C&I.

Miles de sistemas distribuidos capaces de almacenar energía cuando existe abundancia y reducir demanda de red cuando el sistema está tensionado.

Plataformas BESS como las desarrolladas por SolaX Power permiten trasladar esa flexibilidad hasta el propio consumidor industrial.

Y eso introduce otra idea importante:

la transición energética no necesita únicamente nuevas centrales. Necesita millones de puntos capaces de gestionar cuándo consumen, almacenan y entregan energía.

Almaraz nos está diciendo algo

Puede parecer una noticia sobre energía nuclear.

En realidad, es una noticia sobre flexibilidad.

El Gobierno ha decidido mantener aproximadamente 2 GW de generación nuclear porque considera que retirarlos ahora aumentaría la exposición al gas.

Eso significa que el verdadero objetivo para 2030 debería estar perfectamente claro:

construir un sistema en el que cerrar Almaraz ya no implique quemar más gas.

Renovables proporcionarán gran parte de la energía.

Las redes permitirán moverla.

La gestión de demanda reducirá los picos.

Y el almacenamiento permitirá mover esa energía también en el tiempo.

La prórroga de Almaraz puede comprar cuatro años.

La cuestión importante es qué hacemos con ellos.

Porque la verdadera independencia energética no llegará cuando España produzca más electricidad.

Llegará cuando pueda decidir cuándo utilizarla sin tener que mirar primero el precio internacional del gas.

Ese es el espacio que el BESS está llamado a ocupar.

14 ago 2026

España ya tiene una ventaja energética. El BESS puede convertirla en ventaja industrial


La crisis energética está volviendo a poner a prueba a Europa. Pero esta vez España llega en una posición muy diferente.

Deutsche Bank sitúa a España, entre las economías más resilientes de la eurozona frente al nuevo shock energético. Y los últimos datos económicos dan bastante fuerza a esa tesis.

En el segundo trimestre de 2026, el PIB español creció un 0,7% trimestral y un 2,7% interanual. Alemania avanzó un 0,2% trimestral y un 0,9% interanual; Francia, un 0,2% y un 0,7%. La eurozona, en conjunto, creció un 0,4%.

Pero detrás de esa resiliencia aparece una cuestión mucho más estratégica:

¿Puede España convertir su ventaja energética relativa en una ventaja industrial permanente?

Mi lectura es que sí. Pero para hacerlo necesita algo más que instalar renovables.

Necesita almacenamiento.

España ya ha construido una ventaja

Durante 2025, las renovables produjeron el 55,5% de la electricidad española, porcentaje que alcanza el 56,6% incorporando el autoconsumo estimado.

Además, España añadió aproximadamente 10 GW de nueva potencia eólica y fotovoltaica en un solo año y terminó 2025 como exportador neto de electricidad por cuarto año consecutivo.

El problema es que tener mucha energía renovable no significa automáticamente tener energía disponible cuando y donde la industria la necesita.

Una fábrica, un centro de datos o una instalación industrial no funcionan únicamente cuando hay sol o viento.

Necesitan:

MW disponibles + estabilidad + previsibilidad + capacidad de red + energía 24/7.

Y ahí cambia completamente la ecuación.

El siguiente cuello de botella no será generar energía

Será gestionarla.

España cerró 2025 con aproximadamente 150,8 GW de potencia instalada incluyendo autoconsumo, de los cuales el 68,9% correspondía a renovables.

Sin embargo, la potencia de almacenamiento era de apenas 3.427 MW.

La diferencia es enorme.

Cuanto más crezca la generación solar y eólica, mayor será la necesidad de desplazar energía entre horas, absorber excedentes, reducir vertidos y aliviar restricciones locales de red.

Aquí el BESS deja de ser simplemente una batería.

Se convierte en infraestructura energética.

El BESS convierte energía barata en energía útil

Un sistema BESS puede cargar cuando existe abundancia renovable y descargar cuando el sistema realmente necesita esa energía.

Pero su valor va mucho más allá del arbitraje.

Puede aportar:

  • desplazamiento temporal de energía;

  • reducción de picos de demanda;

  • soporte a la red;

  • integración renovable;

  • capacidad firme detrás del contador;

  • reducción de congestiones locales;

  • resiliencia para industria y centros de datos.

Red Eléctrica calcula que los sistemas de almacenamiento españoles —incluyendo bombeo y baterías— gestionaron 9.213 GWh durante 2025, un 6,2% más que el año anterior, contribuyendo directamente a una mayor integración renovable.

Y esta necesidad ya no es únicamente una conclusión del sector BESS.

El propio BCE señala que Europa necesita aumentar la capacidad de almacenamiento, mejorar las interconexiones y coordinar mejor las redes para reducir la volatilidad inherente a la generación renovable.

La verdadera oportunidad española

Alemania tiene una enorme base industrial.

Francia dispone de una potente infraestructura nuclear.

España tiene otra combinación:

solar + eólica + territorio + infraestructura eléctrica + acceso a GNL + creciente almacenamiento.

La oportunidad no consiste simplemente en producir electricidad barata algunas horas del día.

Consiste en transformar esa electricidad en:

energía competitiva, gestionable y disponible 24/7.

Eso puede cambiar decisiones de inversión industrial.

Gigafactorías.
Electrolizadores.
Centros de datos.
Industria electrointensiva.
Nuevos procesos electrificados.

El BCE apunta precisamente en esa dirección: reducir la dependencia de combustibles fósiles puede disminuir la factura energética de las empresas europeas y favorecer tanto industrias tradicionales como nuevos grandes consumidores eléctricos, incluidos IA y centros de datos.

Y aquí está el cambio de paradigma

Durante años hemos medido la transición energética en GW renovables instalados.

La siguiente fase debería medirse también en:

GW renovables + GW de almacenamiento + capacidad efectiva de red.

Porque una economía no compite con paneles solares.

Compite con energía disponible.

España ya dispone de uno de los mejores recursos renovables de Europa.

Ahora necesita convertir ese recurso en una ventaja industrial estructural.

Y en esa transformación, el BESS puede pasar de ser un complemento de las renovables a convertirse en una pieza central de la competitividad energética española.

9 ago 2026

LA IEA ACABA DE SEÑALAR EL PRÓXIMO GRAN CUELLO DE BOTELLA ENERGÉTICO: YA NO ES SOLO GENERAR ELECTRICIDAD


Durante la última década, gran parte de la conversación energética se ha centrado en una pregunta:

¿Cómo construimos más generación renovable?

Pero el nuevo World Energy Investment 2026 de la International Energy Agency (IEA) apunta hacia una cuestión diferente y, probablemente, mucho más importante para los próximos años:

👉 ¿Cómo transportamos, almacenamos y gestionamos toda esa electricidad cuando la red empieza a convertirse en el verdadero límite?

Los números muestran que el cambio ya está ocurriendo.

🌍 Inversión energética mundial prevista en 2026:

3,4 billones de dólares

De ellos:

2,2 billones $ en tecnologías limpias, redes, almacenamiento, nuclear, electrificación y eficiencia.

🛢️ Aproximadamente 1,2 billones $ en petróleo, gas y carbón.

Pero el dato realmente interesante aparece cuando analizamos hacia dónde está fluyendo el capital.

La IEA estima alrededor de:

➡️ 1,6 billones $ en suministro e infraestructura eléctrica

y cerca de:

➡️ 2 billones $ si añadimos la electrificación del consumo final.

Estamos entrando claramente en lo que la propia IEA denomina la:

⚡ AGE OF ELECTRICITY

Pero electrificar la economía genera un problema nuevo.

No basta con instalar generación.

Hay que conseguir que esa electricidad esté disponible:

en el lugar correcto,
en el momento correcto,
con la potencia necesaria
y con una red capaz de transportarla.

Y ahí comienza probablemente la siguiente fase de la transición energética.


LAS REDES SE ESTÁN CONVIRTIENDO EN EL CUELLO DE BOTELLA

La inversión mundial en redes podría alcanzar aproximadamente:

550.000 millones de dólares en 2026

casi un 20% más que el año anterior.

Sin embargo, la propia IEA advierte de que sigue sin ser suficiente.

Transformadores.

Subestaciones.

Cables.

Interconexiones.

Permisos.

Capacidad de fabricación.

Plazos de conexión.

Todo ello empieza a limitar la velocidad a la que nueva generación y nuevas cargas pueden conectarse al sistema.

La magnitud del problema queda clara con otro dato del informe:

alrededor de 600 GW de proyectos renovables avanzados permanecían en colas de conexión en 2025.

Podemos construir generación.

Pero eso no significa necesariamente que podamos conectarla.


Y AQUÍ APARECE EL ALMACENAMIENTO

La inversión mundial en baterías podría superar por primera vez:

100.000 millones de dólares en 2026

con un crecimiento superior al 35%.

Esto es importante porque el BESS está dejando progresivamente de ser simplemente:

“una batería que almacena excedentes renovables”.

Está convirtiéndose en un activo de flexibilidad del sistema eléctrico.

Puede ayudar a:

⚡ desplazar energía entre horas,

⚡ reducir picos de potencia,

⚡ estabilizar generación renovable,

⚡ aportar reservas,

⚡ gestionar congestiones,

⚡ proporcionar capacidad,

⚡ mejorar resiliencia,

⚡ participar en mercados eléctricos.

Y, sobre todo, puede permitir utilizar de manera mucho más eficiente una infraestructura eléctrica que cada vez resulta más difícil y costosa ampliar.


PERO HAY UN CAMBIO TODAVÍA MÁS IMPORTANTE

El valor del almacenamiento probablemente no estará únicamente en la batería.

Estará cada vez más en cómo se utiliza esa batería.

Los mercados de servicios auxiliares empiezan a saturarse en algunos sistemas eléctricos.

La propia IEA muestra cómo los modelos de negocio BESS evolucionan hacia combinaciones de:

**Energy arbitrage

  • Capacity

  • Ancillary services

  • Congestion management

  • Peak shaving

  • Backup**

Es decir:

Revenue stacking.

Y eso convierte al EMS y al software de optimización en una parte cada vez más importante del valor del sistema.

La pregunta deja de ser:

¿Cuántos MWh tiene mi batería?

y empieza a ser:

¿Cuántos servicios puede proporcionar ese activo y cómo puedo optimizarlos simultáneamente?


Y ENTONCES LLEGAN LOS AI DATA CENTERS

Aquí el informe de la IEA resulta especialmente revelador.

La inversión global asociada a infraestructura IT, data centers y energía alcanzó aproximadamente:

565.000 millones de dólares en 2025.

Y más de:

100.000 millones $

correspondieron únicamente a infraestructura energética relacionada con data centers.

Generación.

Generación onsite.

Equipamiento eléctrico.

Refuerzos de red.

Subestaciones.

El crecimiento de la IA está creando cargas eléctricas enormes que pueden desarrollarse mucho más rápido que las propias redes.

Un dato lo ilustra perfectamente:

ERCOT recibió alrededor de 180 GW de solicitudes de conexión de data centers.

No todas se materializarán.

Pero la escala muestra el problema.


EL DATA CENTER PUEDE CONSTRUIRSE MÁS RÁPIDO QUE LA RED

Y de ahí surge otro concepto muy interesante recogido por la IEA:

“Bridge to power”

Generación onsite utilizada temporalmente mientras llega la conexión definitiva a red.

Esto empieza a transformar la arquitectura energética del data center.

Ya no hablamos simplemente de:

GRID → DATA CENTER

Podemos empezar a ver arquitecturas donde conviven:

**GRID

  • BESS

  • GENERACIÓN ONSITE

  • RENOVABLES

  • CONEXIONES FLEXIBLES

  • GESTIÓN INTELIGENTE DE LA DEMANDA**

todo operando como un único sistema energético.


Y AQUÍ APARECE UNA PARADOJA INTERESANTE

El crecimiento de la IA no está impulsando únicamente renovables y baterías.

También está impulsando generación gestionable.

Según la IEA, los pedidos mundiales de nuevas centrales de gas alcanzaron alrededor de:

130 GW en 2025

el nivel más alto en aproximadamente 25 años.

Una de las razones es precisamente la necesidad de proporcionar potencia firme a grandes consumidores eléctricos como los data centers.

Al mismo tiempo, la inversión nuclear supera ya los:

80.000 millones de dólares anuales.

La transición energética real, por tanto, probablemente será bastante más compleja que:

renovables vs. combustibles fósiles.

Se parece cada vez más a:

Renovables

+ almacenamiento

+ redes

+ nuclear

+ generación gestionable

+ flexibilidad de demanda

+ control inteligente


Conclusión

Esta es mi interpretación, no una conclusión textual de la IEA.

Durante años, el principal desafío energético fue conseguir suficiente generación.

El próximo gran desafío será conseguir suficiente capacidad eléctrica disponible.

Y no son exactamente lo mismo.

Podemos tener mucha energía anual disponible y, al mismo tiempo, no disponer de suficientes MW:

📍 en una determinada subestación,

⏱️ durante determinados minutos,

🏭 para una nueva fábrica,

🖥️ para un nuevo data center,

☀️ o cuando la producción renovable no coincide con la demanda.

Por eso creo que la transición está entrando en una nueva fase:

2015–2020

Build Renewables

2020–2025

Renewables + Electrification

2025–2035

Generation + Grid + Storage + Flexibility + Control

Y eso cambia completamente dónde puede generarse valor.

El activo estratégico del futuro quizá no sea simplemente el que produzca más electricidad.

Será el que consiga hacer utilizable la capacidad eléctrica que ya tenemos.

Porque en un sistema energético cada vez más electrificado:

**ENERGY WILL MATTER.

BUT AVAILABLE POWER WILL MATTER EVEN MORE.**

Fuente: International Energy Agency — World Energy Investment 2026

3 jul 2026

No sobran renovables: falta flexibilidad


El apagón ibérico, la IA, las baterías, la nuclear y el GNL forman parte de la misma historia: la electricidad se ha convertido en la nueva infraestructura estratégica.

España no tiene un problema de exceso de renovables. Tiene un problema de insuficiente flexibilidad para gobernarlas.

Esa es la lección incómoda que deja el apagón ibérico de abril de 2025. No porque el apagón pueda explicarse con un único culpable —sería técnicamente falso—, sino porque puso al descubierto una tensión de fondo: hemos instalado generación renovable a una velocidad muy superior a la que hemos desplegado almacenamiento, redes inteligentes, control dinámico de tensión, servicios de sistema y demanda flexible.

El informe técnico europeo sobre el incidente fue claro al describir un fenómeno multifactorial: oscilaciones, carencias en el control de tensión y potencia reactiva, diferencias en las prácticas de regulación, reducciones rápidas de generación, desconexiones de generadores y capacidades desiguales de estabilización. No fue, por tanto, “la culpa de la solar”. Pero tampoco fue un accidente inexplicable. Fue una advertencia.

La transición energética ha dejado de ser una simple carrera por instalar megavatios. Esa fase ya no basta. La nueva frontera está en convertir electricidad barata en electricidad útil: firme, gestionable, conectable y disponible cuando la economía la necesita.

Durante décadas, el poder energético perteneció a quienes controlaban petróleo, gas, estrechos marítimos, oleoductos y terminales de GNL. Ahora empieza a desplazarse hacia quienes sean capaces de controlar otra cosa: electricidad limpia, almacenamiento, redes digitales, electrónica de potencia, flexibilidad y demanda industrial electrificada.

Ese es el salto del petroestado al electroestado.

España tiene condiciones excelentes para jugar esa partida: sol, viento, suelo, industria, posición geográfica y una de las mejores bases renovables de Europa. Pero esa ventaja no se transformará automáticamente en competitividad. Tener energía barata no basta si no se puede conectar. Tener sol no basta si se vierte. Tener potencia instalada no basta si la red no puede absorberla, transportarla y estabilizarla.

La paradoja española es precisamente esa: podemos ser uno de los países con mejor recurso renovable y, al mismo tiempo, perder proyectos industriales porque la infraestructura eléctrica no llega a tiempo.

El cuello de botella ya no está solo en generar electrones baratos. Está en convertirlos en capacidad útil para fábricas, hogares, centros de datos, movilidad eléctrica y red.

Ahí entran las baterías. No como un accesorio verde para decorar plantas solares, sino como infraestructura crítica. Las baterías permiten capturar excedentes renovables, reducir vertidos, arbitrar precios, desplazar energía de las horas solares a las horas de mayor valor y prestar servicios rápidos al sistema. Además, con la electrónica adecuada, pueden contribuir a la estabilidad de la red.

Pero conviene no caer en el entusiasmo ingenuo. Una batería mal ubicada, mal regulada o sin acceso real a mercados de servicios es un activo limitado. Una batería integrada en la operación del sistema es otra cosa: es flexibilidad, seguridad y capacidad de respuesta.

La economía también empuja en esa dirección. Según IRENA, el coste del almacenamiento en baterías a escala utility cayó hasta unos 192 dólares/kWh en 2024, un 93% menos que en 2010. La pregunta ya no es si las baterías serán relevantes. La pregunta es si España va a desplegarlas con la velocidad, ubicación y diseño regulatorio que exige su sistema eléctrico.


Y aquí aparece otro actor decisivo: la inteligencia artificial.

Los centros de datos son la nueva industria electrointensiva. No producen acero ni aluminio, pero consumen electricidad, requieren potencia firme y condicionan la planificación de red. La Agencia Internacional de la Energía estima que el consumo eléctrico mundial de los centros de datos podría más que duplicarse hasta alcanzar unos 945 TWh en 2030, con la IA como uno de los grandes motores de ese crecimiento.

España podría atraer una parte relevante de esa demanda digital. Pero los centros de datos no irán simplemente donde haya energía renovable barata. Irán donde haya conexión, estabilidad, permisos, firmeza, seguridad jurídica y capacidad de operar de forma flexible.

Por eso, el debate nuclear tampoco debería plantearse como una guerra cultural. La pregunta seria no es “renovables o nuclear”. La pregunta seria es: ¿qué capacidades pierde el sistema si cierra generación firme, síncrona y baja en carbono antes de tener plenamente desplegados los sustitutos funcionales?

La nuclear existente puede aportar potencia firme, estabilidad y producción baja en emisiones. Pero tampoco conviene exagerar: la nuclear no sustituye por sí sola el control dinámico de tensión, las baterías, la digitalización de red, la respuesta de la demanda o los mercados de flexibilidad. Puede ser parte del puente, no el puente completo.

Algo parecido ocurre con el gas. Europa ha aprendido con crudeza que depender de combustibles fósiles importados es una vulnerabilidad estratégica. El gas y el GNL pueden seguir teniendo valor como respaldo, pero su papel cambia: de energía estructural a seguro caro de última instancia. Si Europa sobredimensiona infraestructura fósil justo cuando se acelera la electrificación, corre el riesgo de construir los activos varados de la próxima década.

El verdadero elefante en la habitación es la red.

La red eléctrica ya no puede ser una autopista pasiva que transporta electricidad desde grandes centrales hacia consumidores previsibles. Tiene que convertirse en un sistema operativo: sensores, datos, predicción, capacidad dinámica de líneas, almacenamiento distribuido, control de tensión, automatismos, electrónica de potencia y señales económicas que activen flexibilidad allí donde más valor tiene.

La AIE estima que atender el crecimiento de la demanda eléctrica hasta 2030 requerirá aumentar la inversión anual en redes alrededor de un 50% desde los niveles actuales. Esa cifra resume la magnitud del reto: la transición energética ya no se ganará solo en las subastas renovables, sino en los centros de control, las subestaciones, los permisos, los mercados de servicios y el software que gestione millones de activos distribuidos.

España no está ante una elección entre renovables, baterías, nuclear o gas. Está ante una elección más profunda: seguir pensando el sistema eléctrico como una suma de tecnologías o empezar a diseñarlo como una arquitectura industrial, digital y geopolítica.

El apagón ibérico fue una señal de alarma. Los vertidos renovables son otra. La presión de los centros de datos será la siguiente. Todas apuntan en la misma dirección: la electricidad se ha convertido en la infraestructura estratégica del siglo XXI.

La próxima ventaja competitiva no será tener más sol. Será saber convertir ese sol en electricidad firme, flexible y útil cuando la economía la necesite.

No sobran renovables. Falta flexibilidad.

23 jun 2026

Las baterías ya no son el futuro: Europa supera los 100 GW de almacenamiento y entra en la era de la flexibilidad

Europa acaba de cruzar una frontera simbólica en la transición energética: por primera vez, la capacidad instalada de almacenamiento energético supera los 100 GW. Según la décima edición del informe European Market Monitor on Energy Storage, elaborado por LCP Delta y Energy Storage Europe, el continente alcanzó en 2025 los 102,7 GW de almacenamiento instalado considerando todas las tecnologías.

El dato es relevante por sí mismo, pero el titular que más llama la atención es otro: la capacidad instalada de almacenamiento ya supera a la capacidad nuclear operativa en Europa.

Conviene detenerse aquí, porque el matiz es importante. No significa que las baterías produzcan más electricidad que la nuclear. Tampoco significa que puedan sustituir una central nuclear megavatio a megavatio durante todas las horas del año. Lo que significa es que, en términos de potencia instalada, el almacenamiento ha alcanzado una escala que ya no permite tratarlo como una tecnología auxiliar o marginal.

Y ese es el verdadero cambio.

Durante años, las baterías se han presentado como un complemento de la fotovoltaica: una forma de guardar excedentes solares durante el día para consumirlos por la tarde o por la noche. Esa función sigue siendo importante, especialmente en autoconsumo residencial, comercial e industrial. Pero el mercado europeo está entrando en una fase distinta. El almacenamiento empieza a actuar como infraestructura crítica del sistema eléctrico.

La razón es sencilla: un sistema con más renovables necesita mucha más flexibilidad.

A medida que crecen la solar y la eólica, el problema principal deja de ser únicamente producir electricidad barata. Europa ya sabe desplegar renovables a gran escala. El nuevo cuello de botella está en integrar esa energía en un sistema que debe mantener estabilidad, calidad de suministro, capacidad firme, gestión de congestiones y respuesta rápida ante variaciones de demanda y generación.

Ahí es donde el almacenamiento cambia de categoría.

En 2025, Europa añadió 13,5 GW y 26,4 GWh de almacenamiento electroquímico. No es solo un récord de instalación; es una señal de madurez del mercado. El almacenamiento detrás del contador alcanzó 30,2 GW y 46,2 GWh, impulsado por la combinación de fotovoltaica, baterías, tarifas dinámicas, electrificación de consumos y nuevos modelos de participación en mercados de flexibilidad.

Este punto es clave. El consumidor deja de ser un sujeto pasivo que simplemente compra electricidad. Hogares, comercios e industrias empiezan a convertirse en activos energéticos distribuidos: consumen, almacenan, desplazan demanda, reducen picos y, en algunos casos, pueden aportar servicios al sistema.

En paralelo, el almacenamiento conectado directamente a red alcanzó 18,5 GW y 34,4 GWh. Aquí el papel de las baterías es distinto: arbitraje de precios, servicios de frecuencia, apoyo a mercados de capacidad, reducción de vertidos renovables, gestión de congestiones y respaldo en momentos críticos.

Los países con mecanismos de capacidad más consolidados, como Reino Unido, Italia, Polonia o Bélgica, muestran mayor dinamismo. Otros mercados, incluida España, han puesto en marcha programas específicos de apoyo al almacenamiento a gran escala. Esto apunta a una realidad que cada vez será más evidente: las baterías no despegan solo por el coste tecnológico, sino por la existencia de señales regulatorias y de mercado que remuneren correctamente la flexibilidad.

Ese es probablemente el gran debate de los próximos años.

Europa puede instalar muchas baterías, pero si los mercados no pagan adecuadamente los servicios que prestan, el despliegue será más lento, más caro o más dependiente de ayudas públicas. El almacenamiento no vende únicamente energía. Vende tiempo, estabilidad, disponibilidad, velocidad de respuesta y capacidad de adaptación. Si el diseño del mercado eléctrico no reconoce ese valor, se estará intentando financiar una infraestructura del siglo XXI con reglas pensadas para un sistema del siglo XX.

También aparece otro cuello de botella: el acceso y la conexión a red. El informe apunta a que ningún mercado europeo ha alcanzado todavía todo su potencial de almacenamiento. La oportunidad existe, pero el ritmo de despliegue dependerá de la capacidad de los operadores, reguladores y administraciones para acelerar permisos, conexiones y modelos de negocio.

En España, este debate es especialmente relevante. El país tiene una de las mejores bases renovables de Europa, una fuerte penetración fotovoltaica y episodios crecientes de precios bajos, vertidos o limitaciones de red. En ese contexto, el almacenamiento no debería verse como un añadido opcional, sino como una pieza necesaria para capturar todo el valor de la generación renovable ya instalada y de la que está por venir.

La comparación con la nuclear es útil como símbolo, pero puede llevar a una lectura equivocada si se plantea como una competición simple entre tecnologías. La nuclear aporta energía firme y continua. Las baterías aportan flexibilidad, rapidez y capacidad de desplazar energía en el tiempo. Son funciones distintas. Lo importante no es afirmar que una tecnología “gana” a otra, sino entender que el sistema eléctrico europeo está cambiando de lógica.

El viejo sistema se diseñó alrededor de grandes centrales gestionables que seguían la demanda. El nuevo sistema necesita coordinar millones de activos: generación renovable, baterías, vehículos eléctricos, bombas de calor, industrias electrificadas, autoconsumo, redes inteligentes y mercados de flexibilidad.

Por eso el dato de los 100 GW importa tanto. No es solo una cifra de capacidad instalada. Es la señal de que el almacenamiento está dejando de ser una promesa tecnológica para convertirse en una capa estructural del sistema eléctrico europeo.

Las previsiones refuerzan esta tendencia. Para 2030, se espera que Europa añada otros 153 GW y 485 GWh de almacenamiento electroquímico. Si esa previsión se cumple, la década no estará definida únicamente por cuántos gigavatios renovables se instalen, sino por cuánta flexibilidad sea capaz de incorporar el sistema.

La transición energética ya no va solo de producir más electricidad limpia. Va de producirla, almacenarla, gestionarla y consumirla en el momento adecuado.

Y ahí las baterías han dejado de ser el futuro.

Ya son parte central del presente.

2 jun 2026

La energía solar ya reina en España: el reto ahora no es instalar más paneles, sino aprovechar toda su energía


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La energía solar fotovoltaica ha alcanzado un nuevo hito en España. Durante mayo de 2026 se convirtió en la principal fuente de generación eléctrica del país, aportando 6.253 GWh, equivalentes al 28% del mix eléctrico nacional. La distancia respecto a las tecnologías tradicionales refleja un cambio estructural del sistema eléctrico español: la energía más barata también empieza a ser la más abundante.

Un cambio histórico en el mix eléctrico

Los datos de operación del sistema muestran una clara transformación:

TecnologíaProducciónCuota del mix
Solar fotovoltaica6.253 GWh28%
Nuclear3.756 GWh17%
Eólica3.246 GWh15%
Ciclos combinados2.986 GWh13%

Por primera vez, la fotovoltaica domina con claridad el sistema eléctrico español, superando ampliamente a la nuclear y la eólica. Este resultado confirma una tendencia que lleva varios años consolidándose gracias al fuerte despliegue de nueva capacidad renovable.

El dato realmente importante está detrás de los números

La noticia no es únicamente que la solar haya alcanzado el 28% del mix.

Lo verdaderamente relevante es que lo ha conseguido a pesar de los crecientes curtailments, es decir, de las limitaciones que obligan a reducir generación renovable disponible porque la red o el sistema no pueden absorber toda la energía producida en determinados momentos.

España está entrando en una nueva etapa energética:

El problema ya no es generar electricidad renovable barata. El desafío consiste en transportarla, almacenarla y consumirla cuando está disponible.

Durante años el cuello de botella fue la falta de renovables. Ahora empieza a ser la capacidad de las redes y la ausencia de almacenamiento suficiente.

¿Qué habría ocurrido sin vertidos renovables?

Si España dispusiera de suficientes sistemas de almacenamiento mediante baterías (BESS) para capturar toda la energía solar actualmente desaprovechada, la participación de la fotovoltaica habría sido todavía mayor.

Tomando hipótesis razonables de vertidos nacionales del 3% al 5%:

  • La cuota solar habría aumentado desde el 28% hasta aproximadamente el 29%.

  • En zonas con mayores restricciones podría haber superado el 30%.

  • Parte de esa energía se habría desplazado a las horas de tarde y noche.

La diferencia porcentual puede parecer reducida, pero su impacto económico sería muy significativo.

Menos gas significa precios más bajos

Aquí aparece uno de los aspectos más importantes y menos comentados del almacenamiento.

Cada MWh solar que una batería desplaza desde el mediodía hacia la tarde evita que sea necesario producir esa energía mediante una central de ciclo combinado.

Y en Europa sigue siendo el gas quien fija el precio marginal durante muchas horas del año.

Por tanto:

  • Menos generación con gas implica menos horas con precios elevados.

  • Disminuye la volatilidad del mercado eléctrico.

  • Se reduce la dependencia energética exterior.

  • Bajan las emisiones de CO₂.

  • Se abarata el coste medio de la electricidad para consumidores e industria.

En otras palabras:

El verdadero valor de las baterías no consiste únicamente en evitar vertidos solares. Su principal aportación es sustituir generación de gas en las horas más caras del día.

El almacenamiento se convierte en infraestructura estratégica


Durante años las baterías se consideraron una tecnología complementaria.

Hoy empiezan a convertirse en un elemento central del sistema eléctrico.

Los BESS permiten:

  • Absorber excedentes solares.

  • Reducir curtailments.

  • Aportar servicios de estabilidad a la red.

  • Desplazar energía renovable hacia las horas punta.

  • Sustituir generación fósil.

  • Reducir precios mayoristas.

Por esta razón, numerosos analistas consideran que la próxima gran ola de inversión energética en Europa no estará en la generación renovable, sino en:

  • Redes de transporte.

  • Redes de distribución.

  • Almacenamiento estacionario.

  • Flexibilidad de la demanda.

  • Electrificación industrial.

Una oportunidad para los centros de datos y la industria

La creciente abundancia de energía solar abre además una nueva vía de competitividad para industrias electrointensivas y centros de datos.

Los futuros centros de datos de inteligencia artificial podrían incorporar distintos grados de flexibilidad:

  • Desplazamiento de cargas no críticas.

  • Gestión dinámica de potencia de cálculo.

  • Sistemas BESS integrados.

  • Almacenamiento térmico para refrigeración.

La combinación de estas tecnologías permitiría absorber excedentes renovables, facilitar nuevas conexiones a la red y reducir costes operativos.

La siguiente fase de la transición energética

Mayo de 2026 marca algo más importante que un récord fotovoltaico.

Marca el momento en que España empieza a pasar de una economía centrada en instalar generación renovable a otra centrada en maximizar su aprovechamiento.

La gran pregunta ya no es cuántos paneles solares más pueden instalarse.

La pregunta es cómo almacenar, transportar y utilizar toda la energía que esos paneles ya son capaces de producir.

Y en esa nueva etapa, las baterías, las redes inteligentes y la flexibilidad de la demanda pueden resultar tan importantes como la propia energía solar.