Petróleo por encima de 100 dólares, gas europeo cerca de 84 €/MWh, electricidad por encima de 200 €/MWh en algunos mercados e inflación al alza. Las noticias de estos días parecen una tormenta perfecta. Pero el verdadero problema no está en Ormuz. Está en una vulnerabilidad energética europea que sigue sin resolverse: depender del combustible importado justo cuando necesitamos energía firme y gestionable.
Hay días en los que basta con mirar una portada energética para entender que algo está ocurriendo.
El Brent vuelve a moverse por encima de los 100 dólares por barril y este martes llegó a situarse alrededor de 107 dólares, después del cierre temporal del oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudí y de las dificultades para el tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz.
Al mismo tiempo, el gas TTF europeo ha llegado a superar los 84 €/MWh, recuperando niveles que no veíamos desde comienzos de 2023.
Y entonces ocurre lo que Europa y España conocen demasiado bien.
El problema salta del mercado del gas al mercado eléctrico, con sus consabidas consecuencias;
La Alianza por la Competitividad de la Industria Española ha advertido del fuerte impacto que la crisis energética derivada del conflicto en el Golfo Pérsico está teniendo sobre la actividad manufacturera nacional y ha hecho un llamamiento a la adopción urgente de medidas que permitan preservar la competitividad de las empresas, la inversión industrial y el empleo.
Según las estimaciones elaboradas por la organización a partir de la evolución y los futuros de los mercados TTF (gas) y OMIE (electricidad), el encarecimiento del gas y de la electricidad desde el inicio de la crisis podría generar un sobrecoste energético de casi 7.400M€ para la industria manufacturera española desde el inicio del conflicto del Golfo Pérsico y hasta final de año. En concreto, el impacto asociado al incremento de los precios del gas ascendería a cerca de 4.220 millones de euros, mientras que el sobrecoste derivado de la electricidad alcanzaría los 3.175 millones de euros.