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España está entrando en una nueva fase de la transición energética. Ya no basta con instalar más renovables. El verdadero desafío ahora es conseguir que un sistema dominado por electrónica de potencia siga siendo estable, resiliente y económicamente eficiente.
Y ahí es donde las baterías empiezan a dejar de ser “un complemento” para convertirse en infraestructura crítica.
La reciente propuesta de la CNMC para retribuir el control dinámico de tensión ha abierto un debate muy relevante. El regulador plantea aumentar la remuneración a renovables y BESS por participar en estos servicios, pero el sector considera que sigue siendo insuficiente: hablamos de cifras cercanas a los 2 €/MVArh frente a valores muy superiores (200 €/MVArh) asociados históricamente a centrales síncronas de gas. (www.20minutos.es - Últimas Noticia)
El problema de fondo no es tecnológico. Las capacidades ya existen.
Los BESS modernos pueden aportar:
control dinámico de tensión,
respuesta ultrarrápida,
inercia sintética,
control de frecuencia,
absorción de excedentes renovables,
reducción de vertidos,
capacidad de black start,
y soporte local en redes congestionadas.
Es decir, precisamente muchos de los servicios que el sistema necesita cada vez más desde el aumento de penetración renovable y tras los problemas de estabilidad observados en los últimos años.
Aquí aparece una contradicción importante.
Si el sistema reconoce que necesita estabilidad adicional y está dispuesto a pagarla mediante operación reforzada con ciclos combinados, pero al mismo tiempo remunera de forma marginal a tecnologías capaces de prestar servicios equivalentes sin consumir gas, el resultado es un incentivo regulatorio distorsionado.
Y eso tiene consecuencias.
Ese punto es clave.
Hoy muchos proyectos BESS dependen casi exclusivamente del arbitraje energético. Pero el arbitraje por sí solo puede ser extremadamente volátil:
precios cero,
canibalización solar,
spreads inciertos,
saturación futura del mercado.
Sin embargo, cuando un BESS puede monetizar servicios críticos para la red:
tensión,
frecuencia,
flexibilidad,
capacidad,
respaldo local,
congestión,
el modelo financiero cambia completamente.
Y eso acelera inversión.
absorber excedentes renovables,
reducir vertidos,
evitar precios cero permanentes,
disminuir dependencia del gas,
mejorar resiliencia ante eventos extremos,
y reforzar soberanía energética.
Porque el verdadero riesgo no es tener demasiadas renovables.
El verdadero riesgo es tener muchas renovables… sin suficiente flexibilidad.
Además, el contexto internacional hace este debate todavía más estratégico. Con volatilidad geopolítica creciente, tensiones energéticas y presión sobre combustibles fósiles, depender de ciclos combinados para estabilizar un sistema renovable empieza a ser una solución cada vez menos eficiente tanto económica como estratégicamente.
Un sistema eléctrico coherente remuneraría menos una tecnología concreta y más el valor real del servicio aportado al sistema.
Y en ese escenario, los BESS tienen todas las papeletas para convertirse en uno de los pilares centrales de la red eléctrica española de la próxima década.









