En un mundo cada vez más inestable, tener gas no es suficiente. Lo realmente importante es saber que seguirá llegando aunque falle un proveedor, una ruta o un mercado.
Durante años, la infraestructura gasista española fue vista casi como un exceso de capacidad.
Hoy empieza a parecer exactamente lo contrario:
un activo estratégico.
Europa se prepara para otro invierno complicado en un escenario geopolítico en el que coinciden la desaparición progresiva del gas ruso, las tensiones en Oriente Medio, el riesgo sobre el estrecho de Ormuz y una creciente competencia internacional por el GNL.
Y en ese escenario, España parte con una posición extraordinariamente interesante.
El verdadero lujo energético es poder elegir
España recibió gas de 14 países diferentes hasta julio de 2026.
Argelia representa el 34,8% de las importaciones acumuladas.
EE. UU., el 27,3%.
Rusia, el 18,3%.
Después aparecen Nigeria y numerosos suministradores adicionales. (El Periódico de la Energía)
Pero todavía más importante que el número de proveedores es cómo puede llegar ese gas.
España dispone de suministro por gasoducto desde el norte de África y, simultáneamente, de una enorme capacidad para recibir GNL mediante metaneros.
En julio, por ejemplo, Argelia suministró 10.228 GWh directamente por gasoducto, además de otros 479 GWh como GNL.
Eso introduce una palabra que cada vez será más importante en energía:
opcionalidad.
Si un proveedor falla, existe otro.
Si una ruta se complica, existe otra.
Si el gas por tubería pierde competitividad, existe el GNL.
Si el mercado global de GNL se tensiona, sigue existiendo el suministro directo desde Argelia.
No significa que España sea inmune a una crisis energética.
Significa algo mucho más realista: es más difícil dejarla sin alternativas.
Mientras Europa necesita atraer enormes cantidades de GNL…
La situación europea merece atención.
ENTSOG calcula que Europa necesitaría aproximadamente 86 bcm de GNL durante la temporada de inyección para alcanzar un nivel de almacenamiento del 90% bajo su escenario de referencia para 2026.
Y el propio operador europeo advierte de que el conflicto en el Golfo Pérsico y los riesgos sobre la navegación por Ormuz están tensionando la disponibilidad mundial de GNL y ejerciendo presión sobre los precios europeos.
La diferencia entre escenarios es enorme.
Con disponibilidad adecuada de GNL, Europa puede reconstruir sus reservas.
Pero en el escenario LNG Tight analizado por ENTSOG, con menor disponibilidad de GNL, los almacenamientos europeos alcanzarían únicamente alrededor del 76% a finales de septiembre, frente al objetivo del 90%.
Esto no significa que Europa vaya necesariamente a quedarse sin calefacción. ENTSOG deja claro que sus escenarios son análisis de riesgo y no previsiones.
Pero sí significa algo importante:
la seguridad energética europea vuelve a depender en gran medida de poder conseguir suficientes cargamentos de GNL en un mercado mundial cada vez más geopolítico.
España entra en esa partida con mejores cartas
A 10 de agosto, los almacenamientos subterráneos españoles se encontraban aproximadamente al 72,5%, frente a cerca del 58,8% de media europea. Y ello pese a que la demanda española de gas había aumentado un 8,4% en julio. (El Periódico de la Energía)
A esto hay que añadir otra pieza estratégica: España posee el mayor número de plantas de regasificación de la Unión Europea, lo que amplía enormemente su capacidad para recibir gas de diferentes mercados. (El Periódico de la Energía)
Por eso el gran activo español no es Argelia.
Tampoco Estados Unidos.
Ni Nigeria.
El gran activo español es no depender completamente de ninguno de ellos.
Esa diferencia puede parecer pequeña cuando los mercados funcionan con normalidad.
En una crisis energética puede valer miles de millones.
Y todavía tenemos una segunda reserva de gas: el que no quemamos
Aquí aparece la guinda de la estrategia española.
España no solo puede trabajar para diversificar de dónde obtiene el gas.
Puede reducir progresivamente cuánto gas necesita consumir.
Y ahí entran la solar, la eólica y el almacenamiento.
El PNIEC plantea para 2030 alrededor de 76 GW fotovoltaicos, 62 GW eólicos y 22,5 GW de almacenamiento energético. (MITECO)
Esta combinación tiene una consecuencia estratégica que a veces se pierde en el debate climático.
Cada vez que la solar o la eólica cubren demanda eléctrica que de otro modo habría requerido generación térmica, se conserva gas.
Y cuando el almacenamiento permite desplazar parte de esa energía renovable hacia horas en las que sería necesario arrancar o aumentar producción de los ciclos combinados, vuelve a ocurrir lo mismo:
las reservas duran más.
El almacenamiento con baterías no puede sustituir por sí solo semanas de escasez renovable. El gas seguirá teniendo valor como generación firme y respaldo del sistema.
Pero precisamente por eso tiene sentido no gastarlo cuando existen alternativas más baratas y domésticas.
Podríamos resumir la estrategia así:
Sol + viento + almacenamiento durante tantas horas como sea posible.
Gas cuando realmente sea necesario.
No es una guerra entre renovables y gas.
Es utilizar cada recurso donde genera mayor valor estratégico.
De transición energética a seguridad nacional
Durante mucho tiempo Europa presentó las renovables principalmente como una política climática.
La geopolítica está cambiando esa percepción.
Producir electricidad dentro de España significa importar menos energía.
Almacenar esa electricidad significa poder utilizarla cuando realmente se necesita.
Diversificar el gas significa reducir nuestra exposición a cualquier proveedor exterior.
Y mantener una potente infraestructura gasista significa conservar un respaldo cuando el sistema eléctrico lo necesita.
De hecho, el propio PNIEC persigue reducir la dependencia energética exterior española hasta aproximadamente el 50% en 2030, frente al 73% de 2019, aumentando significativamente la producción energética doméstica. (MITECO)
Eso ya no es únicamente política energética.
- Es política industrial.
- Es estabilidad económica.
- Es capacidad de negociación.
- Y, cada vez más, es soberanía.
España tiene sol.
Tiene viento.
Tiene almacenamiento en rápido crecimiento.
Tiene gasoductos.
Tiene plantas de GNL.
Tiene almacenamiento subterráneo.
Y tiene acceso a proveedores de prácticamente todo el mundo.
En los años tranquilos, esta combinación puede parecer redundante.
En tiempos inciertos, la redundancia energética deja de ser un coste y se convierte en una ventaja competitiva.
Y quizá esa sea la lección más importante:
La mejor estrategia energética no consiste en acertar quién será nuestro proveedor dentro de diez años. Consiste en construir un sistema en el que nunca dependamos demasiado de ninguno.
España está más cerca de conseguirlo de lo que muchas veces pensamos.










