30 ago 2026

Europa llega al final del verano con los almacenamientos de gas excepcionalmente bajos. Y eso vuelve a poner precio a la flexibilidad eléctrica

Europa está terminando agosto con una señal energética que conviene mirar con atención.

Los almacenamientos de gas de la Unión Europea se encuentran en torno al 63% de llenado, claramente por debajo de los niveles habituales para esta época del año. Alemania está poco por encima del 50% y Países Bajos en torno al 44–45%. España, en cambio, se encontraba alrededor del 73% en los últimos datos disponibles de Gas Infrastructure Europe. (The Guardian)

El contraste con años recientes es notable. En agosto de 2024, la UE había alcanzado ya el 90% de llenado antes incluso de terminar el mes. Ahora llega al final del verano con aproximadamente treinta puntos porcentuales menos. (Energy)

Eso no significa que Europa vaya a quedarse sin gas este invierno.

Pero sí significa algo económicamente importante:

el margen de seguridad es menor y el sistema energético europeo vuelve a estar más expuesto al precio internacional del gas y del LNG.

Y ahí aparece una conexión con el almacenamiento eléctrico BESS que merece analizarse con cuidado.

No porque una batería pueda sustituir las reservas estacionales de gas. No puede.

Sino porque cada MWh renovable que conseguimos desplazar hacia las horas en las que normalmente necesitamos generación a gas reduce parcialmente nuestra exposición a ese combustible.

El problema no son solo los almacenamientos. Es cuánto cuesta rellenarlos

Europa aprendió durante la crisis energética de 2022 que almacenar gas tiene un enorme valor estratégico.

Desde entonces, la regulación europea obliga a alcanzar un nivel de referencia del 90%, aunque desde 2025 existe mayor flexibilidad: el objetivo puede cumplirse entre el 1 de octubre y el 1 de diciembre y existe margen adicional cuando las condiciones de mercado dificultan el llenado. (Consejo Europeo)

La razón de esa flexibilidad es importante.

Obligar a comprar gas a cualquier precio puede terminar teniendo un efecto perverso: el mercado sabe que Europa necesita rellenar sus depósitos y puede incorporar esa demanda obligatoria al precio.

Este año la situación vuelve a ser especialmente delicada.

Alemania tenía aproximadamente 51,6% de sus almacenamientos llenos a finales de agosto, frente a alrededor del 76% un año antes. Su objetivo nacional es llegar aproximadamente al 70% a comienzos de noviembre. (Reuters)

Al mismo tiempo, la guerra en Oriente Medio está afectando al mercado internacional de LNG. QatarEnergy ha suspendido entregas a la italiana Edison hasta principios de noviembre, elevando a 29 el número de cargamentos cancelados, equivalentes a aproximadamente 3.800 millones de metros cúbicos de gas. (Reuters)

El resultado es una Europa que vuelve a competir por moléculas en un mercado global.

Y eso acaba llegando al sistema eléctrico.


Porque en Europa el precio del gas sigue siendo también precio de electricidad

Aunque renovables y nuclear producen una parte creciente de la electricidad europea, las centrales de ciclo combinado siguen teniendo una función esencial.

Son flexibles.

Pueden aumentar producción cuando cae el viento.

Pueden cubrir la rampa de demanda cuando desaparece la fotovoltaica.

Y, precisamente porque suelen entrar en las horas más tensas del sistema, con frecuencia contribuyen a fijar el precio marginal de la electricidad.

Por eso una subida del gas puede propagarse rápidamente hacia el mercado eléctrico.

Aquí aparece una paradoja interesante.

España puede tener durante el día:

exceso de generación solar y precios próximos a cero

y pocas horas después:

necesidad de generación flexible y precios muy superiores.

Lo acabamos de ver este mismo fin de semana con ocho horas de precios negativos durante el periodo solar y una fuerte subida al caer el sol.

El problema energético europeo empieza a parecerse cada vez más a esto:

tenemos energía barata, pero no necesariamente cuando la necesitamos.


Ahí es donde entra el BESS

Una batería no produce gas.

Tampoco almacena energía durante meses.

Por eso sería incorrecto presentar BESS como sustituto del almacenamiento subterráneo de gas.

Pero sí puede sustituir parte del uso horario del gas en generación eléctrica.

Pensemos en un ejemplo sencillo.

Una planta fotovoltaica dispone de un BESS de:

10 MW / 40 MWh.

Durante cuatro horas del mediodía existe abundante generación solar y el precio de la electricidad es prácticamente cero.

La batería carga:

10 MW × 4 h = 40 MWh.

A las 20:00 desaparece la generación solar.

La demanda continúa elevada y el sistema empieza a necesitar centrales de gas.

El BESS descarga esos 40 MWh durante la rampa vespertina.

¿Qué ha ocurrido?

No hemos sustituido 40 MWh de gas almacenado.

Hemos hecho algo diferente:

hemos reducido en 40 MWh la electricidad que tenía que producirse en ese momento con otras tecnologías.

Si la generación marginal era un ciclo combinado, parte de ese consumo de gas simplemente no se produce.


Hagamos números

Un ciclo combinado moderno puede necesitar aproximadamente 1,7–2 MWh térmicos de gas para producir 1 MWh eléctrico, dependiendo de su eficiencia.

Supongamos una eficiencia del 55%.

Para producir:

40 MWh eléctricos

necesitaríamos aproximadamente:

40 / 0,55 = 73 MWh térmicos de gas.

Por tanto, esos 40 MWh desplazados desde las horas solares podrían evitar del orden de 70 MWh térmicos de consumo de gas si realmente sustituyen producción de un ciclo combinado.

No es mucho comparado con los cientos de TWh almacenados en Europa.

Pero ahora multipliquémoslo.

1 GWh de BESS descargado durante una hora crítica podría desplazar aproximadamente 1,8 GWh térmicos de gas, bajo esa misma hipótesis.

Y si ese proceso ocurre cientos de veces durante el año, el impacto deja de ser irrelevante.


El valor del BESS aparece precisamente en las horas caras

Esto también ayuda a entender por qué la batería puede tener un valor económico superior al que sugiere su capacidad energética.

Un BESS de 40 MWh no compite contra todo el consumo anual de gas.

Compite contra las horas en las que el gas es más caro y más necesario.

Y esas horas son especialmente importantes.

Son las que pueden determinar:

el precio marginal de la electricidad,

la necesidad de arrancar generación térmica,

la congestión de determinadas zonas de la red,

y la volatilidad del mercado.

Por eso comparar directamente:

TWh almacenados en gas

con

GWh almacenados en baterías

puede resultar engañoso.

El gas aporta fundamentalmente energía y almacenamiento estacional.

La batería aporta fundamentalmente potencia, velocidad y desplazamiento horario.

Son funciones diferentes.

Pero pueden complementarse.


España tiene una posición particularmente interesante

España presenta una combinación que puede favorecer mucho esta lógica.

Tenemos una elevada penetración fotovoltaica.

Tenemos una infraestructura de LNG importante.

Tenemos interconexiones todavía limitadas con el resto de Europa.

Y estamos empezando a registrar con frecuencia creciente diferencias muy grandes entre el precio del mediodía y el de las horas posteriores a la puesta de sol.

A eso se suma algo especialmente interesante: el almacenamiento ya empieza a moverse de forma visible en el sistema.

Red Eléctrica registró el 27 de agosto aproximadamente 28,8 GWh tomados de la red por instalaciones de almacenamiento y 11,3 GWh entregados posteriormente, aunque estos datos incluyen tecnologías de almacenamiento distintas de BESS, principalmente bombeo. (Red Eléctrica)

El principio económico es exactamente el mismo:

absorber energía cuando existe abundancia y devolverla cuando el sistema la necesita.

Con más BESS, esa capacidad puede distribuirse además mucho más cerca de los centros de consumo.


Para una industria, la seguridad energética también empieza detrás del contador

El análisis se vuelve todavía más interesante en C&I.

Pensemos en una fábrica con:

2 MWp de fotovoltaica

y un BESS de:

1 MW / 4 MWh.

Durante las horas centrales genera excedentes.

La batería carga.

A las 19:00 disminuye la producción solar y la fábrica vuelve a importar electricidad.

Si la electricidad marginal en ese momento está condicionada por gas caro, el BESS permite evitar parte de esa compra.

El cliente no necesita participar directamente en el mercado de gas.

Simplemente reduce su exposición al precio eléctrico precisamente durante las horas en las que el gas puede estar condicionándolo.

Y ahí soluciones como SolaX TRENE + PV + EMS empiezan a tener una propuesta de valor más amplia.

Ya no es únicamente:

autoconsumo solar.

Puede ser:

autoconsumo + desplazamiento horario + peak shaving + gestión del punto de conexión + backup + reducción de exposición a volatilidad energética.

El EMS es el elemento que decide cuándo utilizar cada recurso.


Y aquí aparece una cuestión estratégica para Europa

Europa ha trabajado durante años para reducir su dependencia energética exterior.

Pero seguimos importando enormes cantidades de energía.

El LNG ha permitido diversificar proveedores y reducir dependencia del gas ruso, pero también ha aumentado nuestra exposición al mercado mundial de gas natural licuado.

Si Asia necesita más LNG, Europa puede tener que pagar más.

Si existe una interrupción en Oriente Medio, Europa puede tener que pagar más.

Si el invierno es frío, Europa puede tener que pagar más.

Esa dependencia no desaparecerá instalando baterías.

Pero existe una diferencia importante entre un sistema eléctrico que necesita generación térmica flexible cada tarde y otro capaz de desplazar una parte importante de su producción renovable hacia esas horas.

En el segundo caso necesitamos menos moléculas para generar electricidad en los momentos críticos.


El BESS puede convertirse en parte de la política europea de seguridad energética

Hasta ahora hemos justificado las baterías principalmente mediante:

arbitraje,

servicios auxiliares,

capacidad,

integración renovable,

curtailment.

Pero existe otra capa.

Seguridad energética.

No porque el BESS permita sobrevivir todo un invierno sin gas.

Sino porque puede reducir la cantidad de generación fósil que necesitamos utilizar cada día.

La diferencia puede parecer pequeña cuando observamos una batería individual.

Se vuelve mucho más importante cuando pensamos en decenas de GW distribuidos por Europa.


La comparación correcta no es batería contra gas

Europa necesitará almacenamiento de gas durante muchos años.

También necesitará LNG, interconexiones, bombeo, demanda flexible, almacenamiento térmico, hidrógeno y otras tecnologías.

La cuestión no es elegir una sola.

La pregunta realmente interesante es:

¿qué parte del gas que hoy utilizamos para generar electricidad podría dejar de ser necesaria si fuéramos capaces de desplazar mejor nuestra producción renovable?

Ahí el BESS tiene una posición especialmente fuerte.

Puede cargar en segundos.

Puede descargar en segundos.

Puede instalarse junto a una planta solar, una fábrica, un data center o una subestación.

Y puede responder exactamente durante las horas en las que el sistema eléctrico empieza a necesitar gas.

Europa llega al final del verano con los almacenamientos alrededor del 63%, lejos de los niveles alcanzados en los últimos años. (The Guardian)

Eso no significa crisis energética.

Pero sí nos recuerda algo que quizá habíamos olvidado demasiado rápido:

Europa sigue importando buena parte de la flexibilidad energética que necesita.

Las baterías ofrecen una forma de empezar a producir una parte de esa flexibilidad dentro de nuestro propio sistema eléctrico.

Y para fabricantes como SolaX Power, desarrolladores y consumidores C&I, ésa puede convertirse en una de las narrativas más importantes del almacenamiento durante los próximos años:

cada MWh renovable que conseguimos guardar hoy puede ser un MWh menos que necesitemos generar con gas cuando cae el sol.

No sustituirá los almacenamientos de gas.

Pero puede hacer que Europa necesite utilizarlos menos.

Y esa diferencia, cuando el gas vuelve a ser caro y geopolíticamente vulnerable, tiene mucho más valor de lo que aparece en el simple precio de una batería.

29 ago 2026

El problema no es que los data centers consuman mucha energía. Es que todavía los tratamos como cargas inflexibles

España quiere que los nuevos centros de datos sean los más sostenibles del mundo. Madrid teme que las exigencias expulsen las inversiones. Quizá ambos estén mirando el problema desde el ángulo equivocado.

La batalla por los centros de datos ya ha comenzado.

La Comunidad de Madrid ha advertido de que el proyecto de Real Decreto que prepara el Gobierno puede reducir la competitividad de España y desplazar inversiones hacia otros países europeos.

El Gobierno, por su parte, pretende solucionar un problema también real: los data centers pueden incorporar decenas o cientos de megavatios de nueva demanda precisamente en zonas donde la capacidad eléctrica disponible empieza a convertirse en un recurso escaso.

Pero existe una tercera vía.

En lugar de discutir únicamente cuánta energía puede consumir un data center, deberíamos empezar a discutir cómo la consume.

Y esa diferencia puede cambiar completamente el problema.

El Gobierno plantea una condición extraordinariamente exigente

El borrador establece que, mientras las renovables no superen el 90% del mix eléctrico, los centros de datos afectados deberán cubrir al menos el 80% de su consumo con nueva generación renovable y acreditar esa cobertura hora a hora.

No bastaría, por tanto, con comprar anualmente el equivalente renovable de la electricidad consumida.

La generación tendría que producirse cuando el data center la está consumiendo.

Además, se introduce un criterio de adicionalidad: esa nueva demanda deberá estar respaldada por nueva capacidad renovable, mediante autoconsumo o instrumentos como PPAs.

Y hay algo todavía más relevante.

El cumplimiento de estos requisitos se vincula al propio derecho de acceso y conexión a la red eléctrica.

Ya no estamos hablando únicamente de sostenibilidad.

Estamos hablando de Time-to-Power.

Y ahí aparece la paradoja

España tiene uno de los mejores recursos renovables de Europa.

Pero tener mucha energía renovable anual no significa necesariamente disponer de potencia eléctrica en cualquier lugar y en cualquier momento.

Podemos tener excedentes solares durante determinadas horas y, simultáneamente, redes congestionadas para conectar nuevos grandes consumidores.

Ese es precisamente el problema que está encontrando la industria de los data centers.

La respuesta tradicional sería:

más red + más generación + esperar capacidad.

Pero existe otra posibilidad:

hacer flexible la demanda.

Un data center no tiene por qué comportarse como una carga plana 24/7

Éste es probablemente el punto más interesante del debate.

Durante años hemos diseñado los centros de datos partiendo de una premisa casi intocable:

la infraestructura IT necesita energía continua y la red debe adaptarse a ella.

Pero la aparición de BESS, almacenamiento térmico, generación distribuida y capacidad de gestionar determinadas cargas computacionales permite empezar a invertir esa relación.

El data center puede adaptarse parcialmente al sistema eléctrico.

Cuando existe abundante generación renovable:

Red → Compute + BESS + almacenamiento térmico

Cuando la red está congestionada:

BESS + almacenamiento térmico → reducen la demanda sobre la red

Y determinadas cargas computacionales que no necesitan ejecutarse inmediatamente pueden desplazarse hacia las horas energéticamente más favorables.

Eso no convierte al data center en una carga totalmente flexible.

Las cargas críticas seguirán necesitando disponibilidad permanente.

Pero incluso una flexibilidad parcial puede tener un enorme valor cuando hablamos de instalaciones de decenas de megavatios.

Aquí el BESS cambia de categoría

Durante mucho tiempo las baterías dentro de un data center se han analizado principalmente como sistemas de respaldo.

Ese enfoque empieza a quedarse corto.

Un BESS correctamente integrado puede participar en varias capas simultáneamente:

Backup

Peak shaving

Gestión de potencia contratada

Integración renovable

Reducción de congestiones

Acceso flexible a red

Servicios al sistema eléctrico

Y, potencialmente, algo todavía más valioso:

acelerar la conexión del proyecto.

Si una batería permite garantizar que un data center de 50 MW nunca solicitará más de 35 MW de la red durante determinados periodos críticos, esos 15 MW de flexibilidad pueden empezar a tener un valor estratégico muy superior al simple arbitraje energético.

El retorno del BESS deja entonces de medirse únicamente en €/MWh.

También debe medirse en:

MW de capacidad liberada

y

meses de Time-to-Power ganados.

Regular la flexibilidad puede ser mejor que regular únicamente el origen de la energía

La intención del Gobierno es comprensible.

Si llegan grandes consumidores eléctricos, tiene sentido evitar que simplemente absorban generación renovable existente y trasladen al resto del sistema la necesidad de construir nueva capacidad.

Pero imponer una correlación renovable hora a hora extremadamente rígida puede producir efectos económicos difíciles de anticipar.

La alternativa podría ser tecnológicamente más interesante:

premiar a los data centers capaces de demostrar flexibilidad real frente a la red.

No solamente:

¿De dónde procede tu electricidad?

También:

¿Qué haces cuando el sistema eléctrico necesita que reduzcas tu demanda?

Un centro de datos capaz de modular 10, 20 o 30 MW durante determinadas horas podría resultar mucho más útil para el sistema eléctrico que otro completamente inflexible, aunque ambos tengan exactamente el mismo consumo energético anual.

España tiene una oportunidad mucho mayor que elegir entre regulación o competitividad

El debate no debería reducirse a:

Gobierno: más requisitos.

frente a

Madrid: menos regulación.

Existe una alternativa bastante más interesante.

Convertir España en uno de los primeros mercados europeos donde los grandes consumidores digitales se diseñen desde el principio como activos energéticamente flexibles.

Y eso requerirá una arquitectura diferente.

Renovables.

BESS.

Almacenamiento térmico.

Gestión inteligente de cargas.

Acceso flexible.

Y un sistema capaz de coordinarlo todo.

Para fabricantes de almacenamiento como SolaX Power, este cambio es especialmente relevante.

Porque en los grandes consumidores eléctricos la batería empieza a dejar de ser simplemente un equipo conectado detrás del contador.

Puede convertirse en parte de la propia estrategia de conexión a red.

Y quizá ésa sea la verdadera pregunta que debería plantear la regulación española:

no cuánto consume un data center.

sino cuánta flexibilidad puede ofrecer cuando la red realmente la necesita.

27 ago 2026

¿Quiere el Gobierno que los data centers financien el almacenamiento que necesita la red?

El nuevo proyecto de Real Decreto no obliga a instalar baterías. Pero puede estar creando algo mucho más eficaz: una regulación que haga que instalarlas tenga cada vez más sentido económico.

España tiene dos problemas que hasta ahora se han tratado casi por separado.

Por un lado, cada vez tenemos más generación renovable y aparecen horas en las que resulta difícil aprovechar toda la electricidad disponible.

Por otro, llegan nuevos grandes consumidores —especialmente centros de datos— que necesitan decenas o incluso cientos de megavatios de capacidad de red.

El Gobierno parece querer conectar ambos problemas.

Y si lo hace correctamente, el almacenamiento puede convertirse en la pieza que los una.

Un centro de datos ya no podrá comportarse simplemente como una carga plana

El proyecto de Real Decreto sometido a audiencia pública plantea una condición especialmente relevante para los centros de datos de más de 1 MW.

Mientras la penetración renovable del sistema no alcance determinados niveles, deberán cubrir al menos el 80% de su consumo mediante nueva generación renovable.

Y no bastará con comprar anualmente tantos MWh renovables como consume el centro.

La correlación propuesta es horaria.

En cada hora de funcionamiento, al menos el 80% de la electricidad consumida deberá estar respaldada por generación renovable producida en esa misma hora.

Esto cambia completamente el problema.

Porque un data center puede consumir prácticamente las 24 horas.

El sol, evidentemente, no produce las 24 horas.

Y el viento tampoco pregunta cuándo necesita computar una GPU.

Aquí aparece el almacenamiento.

El Gobierno no dice “instale una batería”

Y esta distinción es importante.

El proyecto regulatorio no establece una obligación explícita de instalar BESS.

Por tanto, afirmar que el Gobierno pretende obligar a los centros de datos a financiar baterías sería ir más allá de lo que hoy dice el texto.

Pero los incentivos regulatorios apuntan en una dirección muy interesante.

El Gobierno quiere que cada nuevo MW de consumo venga acompañado de nueva generación renovable y que exista correlación horaria entre generación y consumo. Además, el cumplimiento de estas condiciones puede afectar incluso al mantenimiento de los derechos de acceso y conexión.

En otras palabras:

no obliga a comprar una batería, pero está haciendo cada vez más difícil operar sin flexibilidad.

Y eso puede acabar teniendo prácticamente el mismo efecto económico.

Solar al mediodía. Computación por la noche.

Imaginemos un gran campus de data centers asociado a nueva generación fotovoltaica.

Durante las horas centrales del día puede disponer de abundante electricidad renovable.

En determinadas horas incluso podría existir más generación que consumo inmediato.

Un BESS permite capturar parte de esa energía y desplazarla hacia otros momentos.

Pero puede hacer bastante más.

Puede reducir picos de potencia.

Limitar la demanda máxima sobre la red.

Participar en estrategias de acceso flexible.

Optimizar PPAs.

Responder a señales del sistema.

Y, potencialmente, reducir situaciones en las que electricidad renovable disponible termina siendo vertida o depreciada porque el sistema no puede absorberla.

El centro de datos dejaría entonces de ser únicamente un enorme consumidor eléctrico.

Podría convertirse también en un activo de flexibilidad.

¿Y si parte del almacenamiento que necesita España termina pagándolo la demanda?

Aquí aparece la implicación más interesante.

Durante años hemos planteado la necesidad de instalar grandes cantidades de almacenamiento preguntándonos:

¿quién pagará las baterías que necesita el sistema eléctrico?

Quizá una parte de la respuesta esté apareciendo delante de nosotros.

Los nuevos grandes consumidores.

Data centers.

Industria electrificada.

Hubs de recarga.

Producción de hidrógeno.

No necesariamente mediante una obligación directa.

Sino creando un marco en el que disponer de almacenamiento reduzca costes, facilite el cumplimiento regulatorio y mejore el acceso a una capacidad de red cada vez más escasa.

El modelo podría ser extraordinariamente potente:

Nueva demanda → nueva generación renovable → almacenamiento → flexibilidad.

En lugar de añadir simplemente otro consumidor a una red congestionada, cada gran nuevo consumidor contribuiría a financiar parte de la infraestructura energética necesaria para integrarlo.

Y existe otra pista importante: el acceso a red

El aspecto más transformador del proyecto de RD puede no ser siquiera el 80%.

Es la conexión entre sostenibilidad y derecho de acceso a la red.

El propio MITECO reconoce que la capacidad eléctrica es un recurso escaso y advierte de que asignarla indiscriminadamente a nuevos centros de datos puede restarla a industria, transporte, vivienda y otros procesos de electrificación.

Eso significa que estamos empezando a pasar de una lógica sencilla:

“solicito potencia y la red me la concede si existe capacidad”

a otra mucho más interesante:

“demuestro cómo voy a utilizar esa capacidad y qué aporto al sistema para poder acceder a ella”.

Ahí el BESS adquiere un valor completamente nuevo.

Ya no únicamente €/MWh.

También:

MW de capacidad.

Time-to-Power.

Flexibilidad.

Acceso a red.

Pero cuidado: todavía falta una pieza regulatoria

Existe una cuestión que el texto deberá aclarar.

Si una planta fotovoltaica produce un MWh a las 14:00, una batería lo almacena y el data center lo consume a las 22:00:

¿cómo se contabiliza ese MWh dentro de la obligación de correlación horaria?

La respuesta es fundamental.

Porque una interpretación demasiado rígida de la correlación temporal podría paradójicamente reducir el incentivo al almacenamiento, precisamente cuando el sistema necesita desplazar energía entre horas.

Por eso el diseño final del Real Decreto será mucho más importante que el titular del 80%.

La regulación debería premiar no únicamente la coincidencia instantánea entre producción y consumo.

Debería premiar también la flexibilidad real que el consumidor aporta al sistema.

El data center del futuro tendrá que gestionar energía igual que gestiona computación

Y aquí está probablemente el cambio estructural.

Un data center ya no puede diseñarse suponiendo que detrás de la acometida existe una red infinita.

La capacidad eléctrica se está convirtiendo en uno de los recursos más escasos de la economía digital.

Eso obligará a coordinar:

generación renovable,

BESS,

UPS,

refrigeración,

cargas IT,

PPAs,

mercados eléctricos

y acceso a red.

Las soluciones de almacenamiento C&I y utility-scale de fabricantes como SolaX Power entran precisamente en ese nuevo escenario.

Porque el valor del BESS ya no estará únicamente en almacenar electricidad barata para consumirla después.

Estará en permitir que grandes consumidores sean compatibles con una red cada vez más renovable y cada vez más congestionada.

Quizá estemos interpretando mal quién necesita a quién

Hasta ahora hemos pensado que los data centers necesitan a la red.

Puede que la siguiente etapa sea diferente.

La red también puede necesitar que los data centers sean flexibles.

Y si España consigue que parte de los miles de millones que van a invertirse en nueva infraestructura digital financien simultáneamente renovables, almacenamiento y flexibilidad, habrá convertido un problema energético en una oportunidad.

No sabemos todavía si esa es exactamente la estrategia del Gobierno.

Pero el diseño regulatorio apunta hacia una posibilidad extraordinariamente interesante:

que una parte del almacenamiento que necesita el sistema eléctrico español termine financiándolo precisamente la nueva demanda que necesita conectarse a él.

20 ago 2026

Los aranceles europeos están consiguiendo algo inesperado: que China fabrique sus coches en España


Europa quería frenar la entrada del automóvil chino. El resultado puede ser bastante diferente: en lugar de dejar de venir, los fabricantes chinos están empezando a instalarse dentro de Europa. Y España está emergiendo como uno de sus principales puntos de entrada industrial.

Durante años, la amenaza para la industria europea del automóvil parecía sencilla de explicar: coches eléctricos fabricados en China, producidos a costes difíciles de igualar y exportados masivamente hacia Europa.

Bruselas respondió.

Desde 2024, los vehículos eléctricos fabricados en China soportan derechos compensatorios adicionales que alcanzan el 17% para BYD, el 18,8% para Geely y el 35,3% para SAIC, además del arancel ordinario de importación. La Comisión Europea los justificó por las subvenciones recibidas por los fabricantes chinos y su impacto sobre la competencia europea.

Pero el mercado ha encontrado una salida que puede transformar completamente el mapa industrial europeo.

Si resulta más caro fabricar el coche en China y llevarlo a Europa, una alternativa es fabricar el coche directamente en Europa.

Y España está empezando a ocupar una posición privilegiada en esa nueva estrategia.

De importar coches chinos a fabricar coches chinos

El cambio ya no es una hipótesis.

SAIC, propietario de MG, ha elegido Ferrol para su primera fábrica de automóviles dentro de la Unión Europea. El proyecto contempla inicialmente unos 200 millones de euros de inversión, alrededor de 1.000 empleos directos, inicio de actividad previsto para 2028 y una segunda fase capaz de elevar la capacidad hasta 120.000 vehículos anuales. La inversión todavía está sometida al proceso de autorización correspondiente.

En Barcelona, Chery y EBRO preparan producción en las antiguas instalaciones de Nissan, con el objetivo de alcanzar hasta 150.000 vehículos anuales en 2029.

En Valencia se está produciendo un movimiento todavía más simbólico.

Ford y Geely han decidido compartir Almussafes.

Geely fabricará dos SUV eléctricos en la planta valenciana a partir de 2028, dentro de una joint venture participada en un 66% por Ford y un 34% por Geely. Ambas compañías desarrollarán además conjuntamente un nuevo vehículo para Europa.

La paradoja es difícil de ignorar.

Una fábrica creada para producir automóviles occidentales puede sobrevivir parcialmente gracias a la llegada de un fabricante chino que, hasta hace pocos años, era considerado simplemente un competidor exterior.

Y BYD podría ser el siguiente

BYD está buscando una fábrica existente para ampliar su capacidad de producción europea y España figura entre los principales candidatos.

La compañía ha explicado que prefiere adquirir o utilizar instalaciones ya construidas antes que levantar necesariamente una nueva fábrica desde cero. España resulta especialmente atractiva precisamente porque dispone de una enorme infraestructura automovilística instalada.

No sería un movimiento aislado.

Reuters describe una auténtica carrera entre regiones españolas para captar fabricantes chinos de coches y baterías. SAIC, Chery, CATL y AESC están desarrollando proyectos industriales en el país, mientras otros fabricantes estudian posibles ubicaciones.

España está pasando de intentar proteger su industria frente al automóvil chino a intentar que parte de esa industria china se instale aquí.

Y tiene bastante lógica.

España tiene algo que China necesita: fábricas

España es el segundo productor europeo de automóviles después de Alemania y el automóvil sostiene alrededor de 600.000 empleos, representando aproximadamente el 10% del PIB español si se considera el conjunto de la actividad asociada al sector.

Pero hay una diferencia fundamental respecto a Alemania, Francia o Italia.

España prácticamente no posee grandes marcas nacionales.

Su ventaja histórica ha sido otra:

fabricar coches para los demás.

Volkswagen, Stellantis, Renault, Mercedes-Benz y Ford llevan décadas aprovechando el ecosistema industrial español.

Los fabricantes chinos están descubriendo exactamente la misma ventaja.

España ofrece fábricas existentes, proveedores, puertos, personal cualificado, ingeniería, infraestructuras logísticas y una industria auxiliar construida durante décadas.

Además, algunas plantas europeas están claramente infrautilizadas.

Antes del acuerdo con Geely, Ford estaba utilizando aproximadamente una cuarta parte de la capacidad de Almussafes.

Para Geely, utilizar esa infraestructura es mucho más rápido que construir una fábrica europea desde cero.

Para Ford, significa repartir costes fijos y aumentar utilización.

Para España, significa conservar actividad industrial.

Los intereses empiezan a alinearse.

Los aranceles pueden haber acelerado justamente lo contrario de lo esperado

Aquí aparece la gran paradoja.

Europa estableció aranceles para defender su industria.

Pero esos mismos aranceles están aumentando el incentivo para que los fabricantes chinos localicen producción dentro de Europa.

No significa que los aranceles hayan fracasado.

En realidad podrían estar provocando exactamente una de las consecuencias buscadas: sustituir importaciones por inversión industrial local.

La pregunta importante, por tanto, ya no es si llegarán los fabricantes chinos.

Ya están llegando.

La verdadera pregunta es cuánto valor industrial dejarán detrás.

Porque existe una enorme diferencia entre:

fabricar en España

y

ensamblar en España.

El verdadero partido se juega en batería, electrónica y tecnología

Europa corre un riesgo evidente.

Podría conservar las fábricas mientras pierde progresivamente el control de las tecnologías que generan más valor.

Un automóvil eléctrico no es solamente chapa, motores y una línea de montaje.

Es batería.

Es electrónica de potencia.

Es semiconductores.

Es software.

Es gestión energética.

Es arquitectura eléctrica.

Es inteligencia artificial.

Y en muchas de esas tecnologías China posee actualmente una posición industrial extraordinariamente fuerte.

Por eso España y otras regiones europeas están empezando a pedir algo más que puestos de trabajo.

Quieren contenido local, transferencia tecnológica, proveedores europeos y permanencia industrial a largo plazo.

El debate sobre las futuras reglas Made in Europe va exactamente en esa dirección. Reuters señala que administraciones españolas están reclamando criterios europeos comunes sobre contenido local, empleo y transferencia tecnológica para evitar que los países europeos compitan entre ellos simplemente ofreciendo mejores condiciones a los inversores chinos.

El caso de CATL resulta especialmente revelador.

En su proyecto de baterías de Zaragoza, la compañía prevé formar y emplear aproximadamente 4.000 trabajadores españoles cuando la instalación esté operativa y apunta a superar el 70% de contenido europeo cuando alcance plena capacidad.

Eso empieza a parecer bastante más que ensamblaje.

China tampoco está haciendo esto únicamente por los aranceles

Sería un error reducir toda esta transformación a una maniobra para evitar derechos aduaneros.

Los fabricantes chinos necesitan Europa.

Su mercado doméstico vive una competencia brutal, con presión sobre precios y márgenes. La expansión internacional se ha convertido en una parte esencial de su estrategia.

Geely, por ejemplo, acaba de señalar como objetivo que aproximadamente dos tercios de sus ventas terminen realizándose fuera de China y pretende alcanzar unas 600.000 ventas anuales en Europa en los próximos dos o tres años.

Para alcanzar esas cifras no basta con exportar coches desde Shanghái o Shenzhen.

Hace falta producción.

Distribución.

Servicio posventa.

Proveedores.

Ingeniería.

Financiación.

Y presencia industrial.

En otras palabras:

China está empezando a hacer en Europa exactamente lo que los fabricantes europeos hicieron durante décadas en China.

Localizarse.

Asociarse.

Producir localmente.

Y utilizar el mercado como plataforma para seguir creciendo.

La industria europea entra así en una fase completamente distinta

Hasta ahora hablábamos de una batalla bastante sencilla:

Europa contra China.

La próxima década probablemente será mucho más compleja.

Ford + Geely.

Stellantis + CATL.

EBRO + Chery.

Fabricantes chinos utilizando plantas europeas.

Fabricantes europeos utilizando tecnología china.

Baterías chinas fabricadas en España.

Proveedores españoles integrándose en cadenas de suministro controladas por grupos asiáticos.

La frontera entre coche europeo y coche chino será cada vez menos evidente.

Y eso obliga a cambiar la pregunta.

Ya no basta con preguntarse:

¿Dónde está la sede de la marca?

Habrá que preguntar:

¿Dónde se fabrica? ¿Dónde se desarrolla? ¿Dónde se produce la batería? ¿Dónde está la ingeniería? ¿Quién controla el software? ¿Dónde queda finalmente el valor añadido?

España tiene una oportunidad enorme. Pero no está garantizada

España podría salir extraordinariamente reforzada de esta transformación.

Tiene fábricas.

Tiene proveedores.

Tiene capacidad renovable.

Tiene una red creciente de plantas de baterías.

Tiene experiencia exportadora.

Y dispone de numerosos activos industriales que los fabricantes chinos pueden utilizar para entrar rápidamente en Europa.

Pero conservar una línea de montaje no puede ser el objetivo final.

La verdadera oportunidad consiste en aprovechar esta nueva ola de inversión para construir alrededor de ella una cadena industrial completa:

vehículo + batería + electrónica de potencia + software + energía + ingeniería + proveedores.

Si España consigue eso, la llegada de los fabricantes chinos no significará simplemente salvar algunas fábricas.

Podría significar algo bastante mayor:

convertirse en una de las grandes plataformas industriales de la nueva movilidad europea.

Los aranceles pretendían impedir que China conquistase Europa exportando coches.

Puede que estén consiguiendo algo mucho más interesante.

Que China tenga que fabricar esos coches aquí.

Y entonces el partido ya no consistirá en evitar que China entre.

Consistirá en decidir cuánto de la nueva industria que está entrando se queda realmente en España.

19 ago 2026

La paradoja de Almaraz: más nuclear hasta 2030 hace todavía más necesario el almacenamiento


La decisión de prolongar la operación de la central nuclear de Almaraz hasta 2030 puede parecer, a primera vista, una mala noticia para el almacenamiento.

Más generación nuclear significa más electricidad disponible, menos necesidad de generación térmica y, aparentemente, menos espacio para las baterías.

Pero el sistema eléctrico no funciona así.

De hecho, puede ocurrir exactamente lo contrario.

Mantener Almaraz reduce la necesidad de quemar gas, pero aumenta la presión sobre las renovables durante determinadas horas y refuerza la necesidad de disponer de almacenamiento capaz de desplazar energía desde las horas de exceso hacia las horas en las que realmente tiene valor.

Y eso convierte al BESS en una pieza todavía más importante del sistema eléctrico español.

Almaraz reduce gas. Esa parte es sencilla.

Las dos unidades de Almaraz suman aproximadamente 2,1 GW de potencia y produjeron alrededor de 14,75 TWh netos en 2025, según los datos recogidos por AleaSoft.

Mantener esa producción hasta junio de 2030 evita que una parte relevante tenga que ser sustituida por ciclos combinados.

El propio Gobierno estima que la prolongación de Almaraz permitirá reducir alrededor de un 7% la generación eléctrica mediante gas frente al escenario contemplado anteriormente en el PNIEC.

Desde el punto de vista de seguridad de suministro, dependencia energética y emisiones, la lógica es evidente.

Pero existe otra cara de la decisión.

El problema aparece cuando sobra electricidad

España está instalando enormes cantidades de generación solar.

Y la solar tiene una característica fundamental: produce simultáneamente.

Cuando llega el mediodía de un día soleado, miles de plantas fotovoltaicas empiezan a inyectar electricidad prácticamente al mismo tiempo.

Si además permanecen conectados más de 2 GW de generación nuclear prácticamente continua, el espacio disponible para absorber toda esa electricidad renovable disminuye.

No porque falte capacidad de generación.

Precisamente porque sobra.

El resultado puede ser:

más horas con precios muy bajos, más precios negativos, mayor canibalización de la solar y mayores vertidos renovables.

El Gobierno reconoce este efecto en la propia documentación relacionada con la extensión de Almaraz: la generación renovable prevista para 2030 podría reducirse aproximadamente un 1,4% respecto al escenario anterior.

Ese porcentaje puede parecer pequeño.

En un sistema eléctrico del tamaño del español, no lo es.

El verdadero problema no es producir energía. Es moverla en el tiempo.

Aquí aparece el almacenamiento.

Un BESS no compite necesariamente con una central nuclear.

Hace algo diferente.

Cuando coinciden nuclear, solar y baja demanda, la batería puede absorber parte de la electricidad que de otra manera tendría muy poco valor económico o incluso tendría que ser vertida.

Horas después, cuando desaparece la producción solar y aumenta la demanda, esa electricidad puede volver a la red.

La batería transforma:

electricidad excedentaria → electricidad gestionable.

Y esa transformación será cada vez más valiosa en un sistema con porcentajes crecientes de generación renovable.

Por eso el debate sobre almacenamiento no debería plantearse únicamente en términos de sustitución de generación.

El BESS empieza a convertirse en una infraestructura necesaria para hacer utilizable la generación que ya tenemos instalada.

Pero 2030 introduce una segunda paradoja

Existe además un problema todavía mayor.

La prolongación de Almaraz no elimina el cierre nuclear.

Lo retrasa.

Y concentra una parte importante del ajuste alrededor de 2030.

Según el calendario actualmente previsto, alrededor de ese periodo podrían salir del sistema:

  • Almaraz I y II: aproximadamente 2,1 GW

  • Ascó I: alrededor de 1 GW

  • Cofrentes: alrededor de 1 GW

Es decir, España podría perder más de 4 GW de generación nuclear en un intervalo relativamente corto.

Hasta entonces, el almacenamiento será necesario principalmente para absorber excedentes renovables, reducir vertidos y desplazar energía.

Después, además, será necesario aportar potencia, flexibilidad y capacidad firme durante determinadas horas.

El mismo activo empieza así a resolver dos problemas diferentes.

Antes de 2030

Absorber energía excedentaria.

Después de 2030

Ayudar a cubrir las horas en las que desaparece generación firme.

Esta transición cambia completamente la economía del almacenamiento.

Y aquí entra el mercado de capacidad

El negocio de una batería no puede depender exclusivamente del arbitraje diario —comprar barato y vender caro—.

A medida que aumenta el número de baterías, esos diferenciales tenderán a comprimirse.

Por eso resulta fundamental que los BESS puedan monetizar simultáneamente varios servicios:

arbitraje energético, servicios de ajuste, control de potencia, reducción de congestiones, capacidad y soporte al sistema.

El desarrollo del mercado de capacidad español puede convertirse precisamente en una de las piezas necesarias para proporcionar señales económicas de largo plazo a estos activos.

Porque si el sistema necesita capacidad disponible durante determinadas horas críticas, debe existir también un mecanismo que remunere esa disponibilidad.

La batería deja entonces de ser simplemente un sistema que compra y vende electricidad.

Se convierte en infraestructura de seguridad del sistema eléctrico.

La conclusión es aparentemente contradictoria

Mantener Almaraz hasta 2030 puede reducir el consumo de gas.

Pero también puede aumentar los excedentes renovables durante determinadas horas.

Y cuando Almaraz finalmente cierre, el sistema necesitará sustituir parte de la capacidad y flexibilidad que desaparezca.

En ambos escenarios aparece el almacenamiento.

Antes del cierre, absorbiendo excedentes.

Después del cierre, devolviendo energía y potencia cuando el sistema la necesita.

Por eso quizá la pregunta correcta no sea si España debe elegir entre nuclear, renovables o almacenamiento.

La cuestión es cómo construir un sistema capaz de integrar las tres tecnologías durante la transición.

Y en ese sistema hay algo que cada vez parece más difícil de evitar:

cuanto mayor sea la penetración renovable, más importante será poder decidir no sólo cuánta energía producimos, sino cuándo la utilizamos.

Ahí está probablemente una de las grandes oportunidades del BESS en España durante los próximos años.

Y también la razón por la que fabricantes como SolaX Power, capaces de integrar baterías, PCS y sistemas de gestión energética dentro de una misma arquitectura, pueden jugar un papel cada vez más relevante en el segmento comercial e industrial y en proyectos de almacenamiento de mayor escala.

Porque la próxima fase de la transición energética española ya no consiste únicamente en instalar más megavatios.

Consiste en hacer gestionables los que ya tenemos.

Fuentes: Orden TED/864/2026 y documentación publicada en el BOE sobre la prolongación de Almaraz; análisis de AleaSoft publicado por El Periódico de la Energía sobre impacto en gas, precios, vertidos renovables y mercado de capacidad.

De 20 MW a 3 GW: Portugal quiere multiplicar por 150 su mercado BESS


Hay países que están ampliando su mercado de almacenamiento.

Y luego está Portugal.

A finales de 2025 tenía apenas 20 MW de baterías instaladas.

Ahora quiere llegar a:

3.000 MW en 2030.

No es un crecimiento incremental.

Es multiplicar por 150 la potencia instalada en apenas unos años.

Y detrás de esa cifra hay una historia bastante más interesante que otro gran anuncio de baterías.

Porque Portugal está empezando a descubrir algo que probablemente veremos repetirse por toda Europa:

instalar renovables es relativamente sencillo. Crear un sistema eléctrico capaz de absorberlas, desplazarlas y utilizarlas cuando realmente hacen falta es bastante más complicado.

Ahí entra el BESS.


Portugal ya hizo la primera parte

Portugal ha avanzado enormemente en generación renovable.

Solar.

Eólica.

Hidráulica.

El siguiente problema aparece precisamente como consecuencia de ese éxito.

Cuanta más generación variable entra en el sistema, mayor es la diferencia entre:

cuándo puede producirse electricidad

y

cuándo necesita consumirla el sistema.

Una planta solar puede producir enormes cantidades de electricidad a las 14:00.

Eso no significa que esa electricidad sea necesaria precisamente a las 14:00.

Y cuando muchas plantas producen simultáneamente empieza a aparecer el verdadero enemigo de una instalación renovable:

producir cuando la electricidad vale poco y no poder producir cuando vale mucho.

El almacenamiento cambia esa ecuación.


De 2 GW a 3 GW

El Plan Nacional de Energía y Clima portugués contemplaba anteriormente alrededor de 2 GW de baterías para 2030.

La nueva National Energy Storage Strategy eleva esa ambición a:

🔋 3 GW de BESS en 2030
🔋 4,5 GW en 2040

La estrategia se apoya además en almacenamiento hidráulico de bombeo, mostrando algo importante: Portugal no está apostando por una única tecnología, sino por diferentes escalas temporales de almacenamiento.

Y eso tiene bastante sentido.

El BESS puede aportar respuesta extremadamente rápida y desplazamiento energético durante horas.

El bombeo puede almacenar cantidades mucho mayores de energía durante periodos más largos.

No necesariamente compiten.

Se complementan.


Pero anunciar 3 GW es la parte fácil

Aquí empieza realmente la historia.

Puedes publicar un objetivo de almacenamiento.

Puedes tener fabricantes preparados para suministrar baterías.

Puedes tener promotores buscando emplazamientos.

Incluso puedes tener inversores interesados.

Pero nada de eso sirve si el proyecto no tiene:

punto de conexión, permisos y un modelo de ingresos financiable.

Y precisamente esos son los tres problemas que identifica la asociación renovable portuguesa APREN.

Su análisis considera positivas las perspectivas del almacenamiento, pero señala que el despliegue dependerá de:

licensing, grid access y stable revenue streams.

Es decir:

la batería probablemente no será el cuello de botella.

El mercado sí puede serlo.


Portugal intenta resolver primero la conexión

Y aquí aparece posiblemente la parte más interesante de la estrategia.

Portugal prepara para el 14 de septiembre de 2026 una subasta asociada a 1,05 GW de capacidad de almacenamiento.

Se divide en dos bloques:

750 MW

para BESS standalone.

300 MW

para proyectos renovables asociados a almacenamiento.

Los proyectos se concentrarán en nodos estratégicos de la red, incluyendo zonas como Sines-Santo André, Rio Maior, Abrantes, Alcochete-Palmela, Pegões-Divor, Estremoz y Tavira.

Esto es importante.

Porque Portugal no está diciendo simplemente:

necesitamos más baterías.

Está intentando decidir:

¿Dónde crea más valor una batería para el sistema eléctrico?

Ese cambio de enfoque es enorme.


Un BESS no debería instalarse donde cabe. Debería instalarse donde aporta valor.

Durante los primeros años de desarrollo renovable, la ubicación estaba dominada fundamentalmente por el recurso.

¿Dónde hay más sol?

¿Dónde hay más viento?

Pero el almacenamiento introduce una lógica diferente.

Una batería puede ser especialmente valiosa donde existe:

  • congestión,

  • generación renovable excedentaria,

  • restricciones de evacuación,

  • volatilidad de precios,

  • necesidad de capacidad,

  • servicios de red,

  • o infraestructura eléctrica infrautilizada durante determinadas horas.

Por eso la geografía del BESS puede terminar siendo bastante diferente de la geografía de la generación.

Y Portugal parece empezar a incorporarlo a su planificación.


Después aparece el problema realmente difícil: ¿quién paga la batería?

Aquí está probablemente la gran cuestión del mercado europeo de almacenamiento.

Un proyecto BESS puede generar ingresos mediante diferentes vías:

arbitraje energético.

Comprar cuando la electricidad es barata y vender cuando es cara.

servicios auxiliares.

Frecuencia, reservas y otros servicios dependiendo del mercado.

capacidad.

Ser remunerado por estar disponible.

gestión de congestión y flexibilidad.

Aportar capacidad exactamente donde el sistema la necesita.

hibridación con renovables.

Desplazar producción solar o eólica hacia horas de mayor valor.

El problema es que algunos de esos mercados pueden saturarse rápidamente.

Si entran muchas baterías persiguiendo exactamente el mismo ingreso, ese ingreso disminuye.

Y entonces aparece una palabra fundamental:

bankability.


Una batería técnicamente rentable puede no ser financiable

Esto es algo que a veces se pierde cuando analizamos un BESS exclusivamente mediante un Excel.

Un proyecto puede tener una expectativa atractiva de ingresos.

Pero un banco quiere saber algo diferente:

¿qué parte de esos ingresos puedo prever durante diez o quince años?

Si prácticamente todos los ingresos son merchant, la incertidumbre aumenta.

Y cuanto mayor es la incertidumbre:

mayor coste de capital,

menor apalancamiento,

y más difícil resulta llegar al financial close.

Por eso APREN insiste en la necesidad de mecanismos de ingresos suficientemente estables.

Portugal puede encontrarse así con una paradoja:

necesitar 3 GW de baterías técnicamente

pero no conseguir 3 GW de proyectos financiables económicamente.


Y aquí está la verdadera oportunidad

Porque si Portugal consigue resolver esa ecuación, puede pasar en pocos años de ser uno de los mercados BESS más pequeños de Europa occidental a convertirse en uno de sus laboratorios más interesantes.

La secuencia sería:

más renovables
→ más volatilidad
→ más necesidad de flexibilidad
→ más almacenamiento
→ nuevos mercados de servicios
→ nuevas fuentes de ingresos.

Ese círculo puede acelerar enormemente el despliegue.

Y además abre una oportunidad considerable para fabricantes e integradores como SolaX Power.

Pero no únicamente porque hagan falta baterías.

El mercado necesitará sistemas capaces de combinar:

BESS + PCS + EMS + control de planta + integración fotovoltaica + servicios de red.

Porque en un mercado que madura, vender únicamente capacidad energética probablemente será insuficiente.

El valor estará en qué puede hacer esa batería durante sus veinte años de operación.


20 MW frente a 3.000 MW

Quizá sea la mejor forma de resumir lo que está ocurriendo.

20 MW: punto de partida al cierre de 2025.

3.000 MW: objetivo para 2030.

4.500 MW: objetivo para 2040.

Las cifras impresionan.

Pero no creo que sean lo más importante.

Lo verdaderamente interesante es que Portugal está empezando a reconocer que un sistema eléctrico basado masivamente en renovables necesita algo más que seguir instalando generación.

Necesita ser capaz de decidir:

cuándo almacenar,
cuándo producir,
cuándo consumir
y cuándo devolver energía a la red.

La transición energética comenzó construyendo MW renovables.

La siguiente fase probablemente consistirá en aprender a controlarlos.

Y para Portugal, esa segunda fase acaba de empezar.

Con apenas 20 MW de BESS instalados y un objetivo de 3 GW.

La distancia entre ambas cifras representa mucho más que un mercado potencial de baterías.

Representa todo un sistema eléctrico que está aprendiendo a valorar la flexibilidad.