Durante años hemos calculado el valor de una batería con una fórmula relativamente conocida:
arbitraje + peak shaving + autoconsumo + servicios de red + respaldo.
Desde ahora deberíamos añadir otra variable:
acceso a capacidad eléctrica.
La CNMC ha aprobado los nuevos permisos de acceso flexible a las redes de transporte y distribución, creando una vía para conectar nueva demanda cuando en un nudo no existe capacidad firme disponible. La resolución establece expresamente que los permisos flexibles solo podrán concederse cuando no exista esa capacidad firme.
Esto puede cambiar significativamente el valor estratégico del almacenamiento.
De “no hay capacidad” a “¿puedes ser flexible?”
Hasta ahora, la falta de capacidad firme podía paralizar una fábrica, una ampliación industrial, un centro de datos o cualquier otro gran consumidor eléctrico.
El nuevo marco introduce cuatro tipos de permisos flexibles y permite, dependiendo de la modalidad, limitar la demanda según patrones horarios, contingencias de red o instrucciones programadas y en tiempo real. Los permisos Tipo 2 y Tipo 3 contemplan capacidad flexible superior a 1 MW.
El problema cambia.
Ya no es únicamente:
“¿Cuántos MW puede garantizarme permanentemente la red?”
También pasa a ser:
“¿Cuánta demanda puedo gestionar cuando la red esté congestionada?”
Y ahí el BESS tiene mucho que aportar.
El BESS convierte potencia en flexibilidad
Supongamos una instalación industrial que necesita 20 MW pero no puede obtener toda esa potencia como capacidad firme.
Si parte de su consumo dispone de acceso flexible, tendrá que ser capaz de reducir su demanda de red cuando el gestor lo requiera.
Un BESS situado detrás del contador puede descargar durante esos periodos y sustituir temporalmente parte de la energía que habría llegado desde la red.
Para la red:
menor demanda.
Para la industria:
mayor continuidad de operación.
Esto no significa que una batería convierta automáticamente un permiso flexible en uno firme. El funcionamiento dependerá del permiso concedido, de la duración y frecuencia de las restricciones, del dimensionamiento del BESS y de las obligaciones técnicas aplicables.
Pero sí aparece una nueva utilización económicamente muy potente:
BESS como facilitador del acceso flexible.
Y la regulación coloca directamente al almacenamiento en el centro
No se trata únicamente de una interpretación favorable al sector.
La resolución determina expresamente que las solicitudes de acceso de demanda de las instalaciones de almacenamiento se analizarán como solicitudes de acceso flexible y establece también mecanismos para adaptar determinados permisos existentes.
Es una señal regulatoria muy relevante.
El almacenamiento deja de contemplarse simplemente como un nuevo consumidor que compite por capacidad de red y pasa a integrarse dentro del nuevo paradigma de flexibilidad.
El business case empieza a cambiar
Imaginemos dos proyectos BESS idénticos.
El primero genera ingresos únicamente mediante arbitraje y servicios eléctricos.
El segundo, además, permite que una instalación industrial pueda conectarse antes, ampliar producción o aprovechar una capacidad flexible que de otra forma tendría dificultades para utilizar.
¿Tienen realmente el mismo valor?
Claramente no.
Y aquí puede producirse uno de los mayores cambios en la economía del almacenamiento.
Porque el valor de una batería ya no debería medirse exclusivamente por los €/MWh que mueve.
También debería medirse por los MW de actividad económica que permite desarrollar.
De ahorrar electricidad a desbloquear inversiones
Si un BESS ayuda a adelantar varios años una conexión industrial, su valor económico puede superar ampliamente el ahorro conseguido haciendo arbitraje diario.
Puede significar:
más producción.
menores retrasos.
electrificación más rápida.
mejor aprovechamiento de la infraestructura existente.
menos dependencia de esperar nuevas ampliaciones de red.
El propio nuevo régimen nace con el objetivo de utilizar mejor la infraestructura existente y facilitar proyectos que puedan gestionar su demanda mientras se preserva la seguridad del sistema.
La red seguirá necesitando enormes inversiones
La flexibilidad no sustituye a nuevas líneas, subestaciones o refuerzos.
Y tampoco debemos decir que un BESS “crea” capacidad física de red.
No lo hace.
Pero puede hacer algo extraordinariamente valioso:
convertir capacidad flexible en capacidad económicamente utilizable.
Esa diferencia puede decidir si una inversión industrial se ejecuta hoy, dentro de cinco años… o en otro país.
España acaba de abrir una nueva oportunidad para el almacenamiento
La resolución surtirá efectos desde el 1 de septiembre de 2026, aunque las distintas modalidades tienen calendarios específicos de implantación. Los permisos Tipo 2 podrán empezar a solicitarse cuando las distribuidoras dispongan de las herramientas necesarias y, en todo caso, no más tarde del 1 de enero de 2028.
Estamos entrando en una etapa en la que la capacidad eléctrica será cada vez más valiosa.
Y cuando la red está congestionada, ser capaz de mover energía en el tiempo puede resultar casi tan importante como producirla.
El BESS no crea red.
Desbloquea capacidad utilizable.
Y eso cambia completamente su business case.














