San Fermín Ikastola, en Navarra, ha puesto en marcha una comunidad energética que combina generación fotovoltaica, almacenamiento, gestión inteligente de la demanda, eficiencia energética y movilidad eléctrica.
No es solamente un proyecto de autoconsumo. Es una nueva forma de organizar localmente la energía.
Un colegio convertido en nodo energético
La ikastola ya disponía de 76 kWp de generación fotovoltaica y ha incorporado una nueva instalación de autoconsumo compartido de 142 kWp. El centro alcanza así una potencia solar total de 218 kWp.
La nueva planta se complementa con un sistema de baterías de 257 kWh, encargado de almacenar parte de la producción solar y desplazarla hacia momentos en los que existe mayor demanda.
El proyecto ha requerido una inversión de 192.047,94 euros, de los cuales 86.084,40 euros proceden de ayudas del Gobierno de Navarra. También incluye una herramienta de gestión inteligente de la demanda basada en software libre, la renovación LED del frontón y un programa piloto de bicicletas eléctricas compartidas.
La arquitectura es sencilla de entender, pero potente:
Solar + BESS + gestión de la demanda + autoconsumo colectivo.
Perfiles de consumo que se complementan
La clave del proyecto no está únicamente en instalar paneles o baterías, sino en coordinar consumidores con horarios distintos.
Durante las horas lectivas, el colegio puede consumir directamente la electricidad solar. Pero su demanda disminuye durante las tardes, los fines de semana y las vacaciones, precisamente cuando la instalación fotovoltaica continúa produciendo.
Las viviendas siguen un patrón diferente: suelen aumentar su consumo por la tarde, los fines de semana y durante los periodos sin actividad escolar.
La comunidad energética conecta ambos perfiles.
La energía que el colegio no necesita puede asignarse a las familias y empresas participantes mediante los mecanismos del autoconsumo colectivo. La batería permite, además, desplazar parte de esa producción hacia horas más útiles.
En lugar de dimensionar la instalación exclusivamente alrededor del consumo instantáneo del colegio, el proyecto amplía la base de consumidores y aumenta las posibilidades de aprovechar localmente la energía generada.
Más de 600 familias: potencial, no realidad inmediata
El proyecto puede extender sus beneficios a más de 600 familias y empresas situadas dentro de un radio de hasta cinco kilómetros.
Pero conviene precisar el titular: eso representa el alcance potencial del proyecto, no significa que existan ya 600 hogares conectados y recibiendo electricidad.
El resultado real dependerá del número de participantes, los coeficientes de reparto, los perfiles horarios de consumo, la producción solar efectiva y la estrategia de operación de la batería.
La diferencia es importante. Una comunidad energética no se mide solamente por la potencia instalada, sino por cuánta energía consigue utilizar localmente y cuánto ahorro genera para sus miembros.
Democratizar el autoconsumo
El autoconsumo tradicional beneficia principalmente a quienes disponen de una vivienda con cubierta adecuada, capacidad económica y posibilidad técnica de instalar paneles.
Las comunidades energéticas rompen parcialmente esa barrera.
Una familia que vive en un piso, que no dispone de tejado propio o cuya cubierta no es adecuada puede participar en una instalación situada en otro edificio cercano.
Los colegios son especialmente interesantes porque suelen disponer de cubiertas amplias y reúnen alrededor de ellos a cientos de familias. Además, cuentan con una estructura organizativa previa: asociaciones, cooperativas, equipos de gestión y una comunidad estable.
El colegio deja así de ser únicamente un consumidor eléctrico y pasa a funcionar como un nodo energético local.
La batería necesita inteligencia
Instalar almacenamiento no garantiza automáticamente una mayor eficiencia.
Para aportar valor, el BESS debe decidir cuándo cargar, cuándo descargar y qué consumo debe atender prioritariamente. También debe evitar almacenar energía cuando existe demanda directa suficiente o descargar en momentos de poco valor económico.
La herramienta de gestión inteligente puede coordinar:
La producción fotovoltaica prevista.
El consumo del colegio.
La demanda agregada de las familias.
El estado de carga de la batería.
Los precios horarios de la electricidad.
Las condiciones meteorológicas.
Los consumos flexibles, como la recarga de bicicletas eléctricas.
La verdadera innovación está en la coordinación.
Sin una gestión adecuada, existen paneles, batería y consumidores. Con una gestión adecuada, existe un sistema energético.
Un modelo replicable, pero no automático
La experiencia de San Fermín Ikastola puede convertirse en una referencia para otros colegios, polideportivos, cooperativas, ayuntamientos y edificios públicos.
Pero su replicabilidad dependerá de varios factores: superficie disponible, radiación solar, capacidad de conexión, consumo del edificio, número de participantes, regulación, financiación y coste de gestión.
También será necesario evaluar los resultados reales: producción anual, porcentaje de autoconsumo, ciclos de la batería, ahorro por participante y retorno de la inversión.
La subvención pública cubre aproximadamente el 45 % de la inversión. Esto ayuda a poner en marcha el proyecto, pero también muestra que la viabilidad económica de estas iniciativas todavía puede depender significativamente del apoyo público.
Power to the people
La expresión “Power to the people” adquiere aquí un significado literal.
La electricidad deja de ser únicamente un producto generado a cientos de kilómetros y vendido por una gran compañía. Pasa a producirse sobre el tejado de un colegio, almacenarse en una batería y compartirse entre las personas que viven alrededor.
No sustituirá a las grandes redes ni a las centrales eléctricas. Pero sí puede reducir pérdidas, aumentar la participación ciudadana, facilitar el acceso al autoconsumo y convertir edificios cotidianos en activos del sistema eléctrico.
La transición energética no consiste solamente en cambiar combustibles fósiles por renovables.
También consiste en cambiar quién puede producir, gestionar y compartir la energía.

