30 jul 2026

España no necesita solo más red: necesita una red más inteligente

Baterías, digitalización y demanda flexible pueden ser tan importantes como construir nuevas líneas eléctricas

Durante años, la respuesta habitual ante la saturación de la red eléctrica ha sido relativamente sencilla: construir más líneas, más subestaciones y más capacidad de transporte.

Pero la transición energética está demostrando que esta estrategia, por sí sola, ya no es suficiente.

Las nuevas líneas de transporte pueden tardar alrededor de diez años desde que se identifica su necesidad hasta que entran en servicio. Mientras tanto, una planta renovable, una industria, un centro de datos o un sistema de almacenamiento pueden desarrollarse en apenas dos o cinco años.

El resultado es una red que siempre parece llegar tarde.

Esta es una de las principales conclusiones de la reflexión publicada por Santiago Marín y Luis María Coronado, dos ingenieros con más de treinta años de experiencia en Red Eléctrica y ENTSO-E.

El problema no es solo construir poco

El verdadero problema es que España sigue planificando la red mediante procesos demasiado lentos, rígidos y basados en una previsión concreta del futuro.

La planificación vigente intenta responder a una pregunta:

¿Qué red necesitamos para cumplir el escenario previsto por el PNIEC?

Pero ese escenario puede no materializarse exactamente como se esperaba.

La demanda eléctrica puede crecer menos de lo previsto, los centros de datos pueden concentrarse en determinadas regiones, la generación renovable puede instalarse en otros nudos y los proyectos industriales pueden cambiar de ubicación.

Por eso, los autores proponen sustituir la fotografía fija por una planificación continua basada en múltiples escenarios.

La pregunta debería ser:

¿Qué inversiones seguirán siendo útiles en la mayoría de los futuros posibles?

Este planteamiento permitiría priorizar actuaciones robustas, escalables y adaptables, evitando construir infraestructuras que puedan quedar sobredimensionadas o mal ubicadas.

Menos hierro y más inteligencia

La red eléctrica del futuro no estará formada únicamente por cables, torres y transformadores.

También necesitará:

  • monitorización en tiempo real;

  • control dinámico de líneas;

  • dispositivos FACTS;

  • gemelos digitales;

  • inteligencia artificial;

  • automatización de la operación;

  • demanda flexible;

  • y sistemas de almacenamiento con baterías.

Las actuaciones instaladas dentro de una subestación pueden desplegarse mucho más rápidamente que una nueva línea y tienen un impacto territorial mucho menor.

Además, algunas pueden ser reubicables y escalables.

Un BESS puede aumentar su potencia o capacidad, cambiar su estrategia operativa e incluso trasladarse si desaparece la congestión que justificó originalmente su instalación.

El BESS como “línea virtual”

Esta es probablemente la idea más importante del artículo.

Las baterías no deben verse únicamente como instalaciones que compran electricidad barata y la venden cuando el precio sube.

Un BESS correctamente ubicado puede:

  • absorber excedentes renovables;

  • reducir vertidos;

  • aliviar congestiones;

  • controlar flujos de potencia;

  • aportar regulación de frecuencia;

  • contribuir al control de tensión;

  • responder ante perturbaciones;

  • y liberar capacidad de red en momentos críticos.

En determinadas aplicaciones, el almacenamiento puede funcionar como una forma de capacidad de transporte virtual.

No sustituirá todas las líneas eléctricas. Cuando existe una congestión estructural y permanente, el refuerzo físico seguirá siendo necesario.

Pero sí puede evitar, retrasar o reducir determinadas inversiones, especialmente cuando el problema aparece solo durante algunas horas del día o en determinados escenarios operativos.

Las baterías necesitan señales de ubicación

No basta con instalar BESS donde exista terreno disponible o donde resulte más fácil obtener un punto de conexión.

Para que el almacenamiento aporte el máximo valor al sistema, el operador de la red debería enviar señales claras sobre:

  • dónde existen congestiones;

  • qué nudos necesitan flexibilidad;

  • qué servicios requiere el sistema;

  • y qué comportamiento debería tener cada instalación.

Un BESS situado en el lugar adecuado puede aportar mucho más valor que otro idéntico instalado únicamente siguiendo oportunidades especulativas de conexión.

Los autores defienden que el despliegue del almacenamiento stand alone debe coordinarse con la planificación de la propia red de transporte.

La demanda también debe formar parte de la solución

La flexibilidad no puede limitarse a la generación y al almacenamiento.

La demanda también deberá aprender a adaptarse a las condiciones de la red.

Industrias, cargadores de vehículos eléctricos, sistemas térmicos y centros de datos pueden aumentar o reducir temporalmente su consumo sin detener completamente su actividad.

Los accesos flexibles permitirían conectar nuevos proyectos incluso en zonas donde no existe capacidad firme durante todas las horas del año.

En lugar de esperar una década a que llegue una nueva línea, el consumidor podría aceptar determinadas limitaciones temporales a cambio de conectarse antes y con mejores condiciones económicas.

Pero para que esto funcione no basta con aprobar la figura regulatoria. También serán necesarias tarifas, peajes e incentivos que remuneren realmente la flexibilidad.

De una operación preventiva a una operación inteligente

El sistema eléctrico tradicional estaba formado por un número limitado de grandes centrales síncronas y gestionables.

Hoy tenemos miles de plantas renovables, generación distribuida, baterías, autoconsumo y activos conectados mediante electrónica de potencia.

La complejidad ha aumentado enormemente.

Ante esta nueva realidad, operar el sistema mediante márgenes preventivos cada vez mayores puede terminar provocando:

  • más restricciones;

  • más vertidos renovables;

  • mayor utilización de centrales de respaldo;

  • y mayores costes para consumidores e industrias.

La alternativa es avanzar hacia una operación más digital, automatizada y cercana al tiempo real.

Los gemelos digitales, la monitorización avanzada y la inteligencia artificial pueden ayudar a detectar oscilaciones, anticipar congestiones y coordinar activos flexibles antes de que el problema se convierta en una incidencia.

Las baterías, por su velocidad de respuesta, serán uno de los instrumentos esenciales para hacer posible este cambio.

Esta transformación abre una oportunidad enorme para fabricantes e integradores de almacenamiento como SolaX Power.

El valor de un sistema BESS ya no dependerá únicamente de su capacidad energética.

Dependerá también de su capacidad para:

  • comunicarse con el operador y el agregador;

  • participar en mercados de flexibilidad;

  • responder dinámicamente a señales de red;

  • coordinar generación, consumo y almacenamiento;

  • operar dentro de una VPP;

  • y adaptar su estrategia a las condiciones reales del sistema.

El almacenamiento del futuro no será un activo pasivo.

Será una infraestructura digital, controlable y distribuida que participará activamente en la operación de la red.

La conclusión

España necesita nuevas líneas eléctricas. Negarlo sería poco realista.

Pero construir más infraestructura física sin modernizar la planificación y la operación significaría seguir resolviendo los problemas del futuro con las herramientas del pasado.

La nueva red eléctrica necesitará:

más capacidad física cuando sea necesaria, más almacenamiento donde aporte valor, más demanda flexible y mucho más control en tiempo real.

La transición energética no consiste solamente en producir electricidad renovable.

Consiste en construir un sistema capaz de transportarla, almacenarla y utilizarla exactamente donde y cuando sea necesaria.

Y en esa nueva red, las baterías dejarán de ser un complemento para convertirse en una parte esencial de la infraestructura energética.

Fuente original: artículo de opinión de Santiago Marín y Luis María Coronado publicado en El Periódico de la Energía el 30 de julio de 2026.