Los datos de ACER son contundentes. En 2025, un hogar europeo gastó de media unos 840 euros en electricidad y 1.170 euros en gas. Los precios minoristas del gas todavía se situaban casi un 70% por encima de los niveles anteriores a la crisis energética.
El mercado mayorista puede haberse alejado de los máximos de 2022, pero las facturas no han regresado a la normalidad.
El próximo invierno vuelve a encender las alarmas
La situación podría complicarse durante el invierno 2026/27.
Wood Mackenzie advierte de que las reservas europeas de gas se encuentran ligeramente por encima del 54%, un nivel históricamente bajo para finales de julio. Incluso en el escenario más favorable, Europa llegaría al 1 de noviembre con los almacenamientos alrededor del 75%, frente al 90% de media de los últimos cinco años.
Si las interrupciones del tráfico energético por el estrecho de Ormuz se prolongaran, las reservas podrían quedar por debajo del 70% antes del invierno.
Al mismo tiempo:
Los precios spot del gas han subido más de un 50% desde el 12 de junio.
Cotizan por encima de los 60 €/MWh.
La demanda asiática de GNL ha vuelto a niveles de 2025.
No se espera un aumento significativo de la oferta mundial de GNL durante los próximos nueve a doce meses.
No estamos todavía ante una repetición de 2022. Pero Europa vuelve a acercarse a una zona de elevada tensión energética.
El problema no es solo cuánto gas consume Europa
El verdadero problema es el papel que todavía desempeña el gas en la formación del precio eléctrico.
Aunque las centrales de gas produzcan una fracción limitada de la electricidad anual, suelen entrar en funcionamiento cuando la demanda aumenta y la producción renovable disminuye. En esas horas, pueden convertirse en la tecnología marginal que determina el precio para todo el mercado.
Por eso Europa puede instalar más solar y eólica y, al mismo tiempo, continuar expuesta a las oscilaciones internacionales del gas.
Un estudio reciente sobre la independencia energética europea llega a una conclusión incómoda: reducir el consumo de gas mejora la soberanía energética, pero no protege completamente al consumidor mientras el gas siga fijando el precio marginal de la electricidad en determinadas horas.
Las baterías no almacenan gas, pero reducen su poder sobre el mercado
Conviene evitar una afirmación simplista: un sistema BESS no puede sustituir el almacenamiento estacional de gas necesario para calefacción, industria o periodos prolongados con baja producción renovable.
Pero sí puede atacar una parte decisiva del problema.
Las baterías permiten almacenar electricidad durante las horas de elevada producción renovable y utilizarla cuando la demanda y los precios aumentan. De esta forma pueden:
desplazar energía solar hacia las horas nocturnas;
reducir el funcionamiento de centrales de gas en los picos de demanda;
limitar los vertidos de generación renovable;
prestar servicios de frecuencia y estabilidad;
suavizar las oscilaciones del mercado;
proteger a hogares y empresas frente a las horas más caras.
Cada megavatio hora renovable trasladado desde una hora de excedente hasta una hora dominada por el gas reduce la exposición del sistema eléctrico a los combustibles importados.
De consumidor pasivo a activo energético
ACER señala además otro problema: Europa dispone de flexibilidad, pero apenas la utiliza.
El 52% de los hogares continúa con contratos de precio fijo, mientras que solo el 7% dispone de contratos dinámicos. Aunque el 66% ya cuenta con contador inteligente, millones de consumidores todavía no pueden responder eficazmente a las señales horarias del mercado.
Un contador inteligente muestra cuándo la energía es barata. Una batería permite actuar automáticamente.
Un sistema formado por fotovoltaica, almacenamiento y gestión inteligente puede cargar cuando la electricidad es abundante o económica y descargar cuando la red está tensionada. En el futuro, su integración en agregadores y centrales eléctricas virtuales permitirá coordinar miles de instalaciones para ofrecer flexibilidad al sistema.
Ahí encajan soluciones como las de SolaX Power: no únicamente como sistemas de respaldo, sino como plataformas capaces de gestionar generación, consumo y almacenamiento de forma coordinada.
España tiene una oportunidad especialmente favorable
España dispone de uno de los mejores recursos solares de Europa y registra cada vez más horas con precios muy bajos o incluso negativos. Sin almacenamiento suficiente, parte de esa ventaja desaparece mediante vertidos renovables o fuertes diferencias entre los precios del mediodía y los de la tarde y la noche.
El BESS permite transformar esa volatilidad en un activo:
comprar o almacenar cuando sobra energía y utilizarla cuando el sistema vuelve a necesitar gas.
La independencia energética europea no llegará únicamente firmando nuevos contratos de GNL. Llegará reduciendo el número de horas en las que el gas resulta imprescindible para equilibrar el sistema eléctrico.
Europa no necesita solamente más generación renovable.
Necesita redes, consumidores flexibles y millones de kilovatios hora de almacenamiento capaces de colocar esa energía exactamente donde y cuando tiene más valor.
Porque mientras Europa siga dependiendo del gas para cubrir sus horas críticas, cualquier conflicto situado a miles de kilómetros podrá terminar apareciendo en nuestra factura eléctrica.

