La decisión de prolongar la operación de la central nuclear de Almaraz hasta 2030 puede parecer, a primera vista, una mala noticia para el almacenamiento.
Más generación nuclear significa más electricidad disponible, menos necesidad de generación térmica y, aparentemente, menos espacio para las baterías.
Pero el sistema eléctrico no funciona así.
De hecho, puede ocurrir exactamente lo contrario.
Mantener Almaraz reduce la necesidad de quemar gas, pero aumenta la presión sobre las renovables durante determinadas horas y refuerza la necesidad de disponer de almacenamiento capaz de desplazar energía desde las horas de exceso hacia las horas en las que realmente tiene valor.
Y eso convierte al BESS en una pieza todavía más importante del sistema eléctrico español.
Almaraz reduce gas. Esa parte es sencilla.
Las dos unidades de Almaraz suman aproximadamente 2,1 GW de potencia y produjeron alrededor de 14,75 TWh netos en 2025, según los datos recogidos por AleaSoft.
Mantener esa producción hasta junio de 2030 evita que una parte relevante tenga que ser sustituida por ciclos combinados.
El propio Gobierno estima que la prolongación de Almaraz permitirá reducir alrededor de un 7% la generación eléctrica mediante gas frente al escenario contemplado anteriormente en el PNIEC.
Desde el punto de vista de seguridad de suministro, dependencia energética y emisiones, la lógica es evidente.
Pero existe otra cara de la decisión.
El problema aparece cuando sobra electricidad
España está instalando enormes cantidades de generación solar.
Y la solar tiene una característica fundamental: produce simultáneamente.
Cuando llega el mediodía de un día soleado, miles de plantas fotovoltaicas empiezan a inyectar electricidad prácticamente al mismo tiempo.
Si además permanecen conectados más de 2 GW de generación nuclear prácticamente continua, el espacio disponible para absorber toda esa electricidad renovable disminuye.
No porque falte capacidad de generación.
Precisamente porque sobra.
El resultado puede ser:
más horas con precios muy bajos, más precios negativos, mayor canibalización de la solar y mayores vertidos renovables.
El Gobierno reconoce este efecto en la propia documentación relacionada con la extensión de Almaraz: la generación renovable prevista para 2030 podría reducirse aproximadamente un 1,4% respecto al escenario anterior.
Ese porcentaje puede parecer pequeño.
En un sistema eléctrico del tamaño del español, no lo es.
El verdadero problema no es producir energía. Es moverla en el tiempo.
Aquí aparece el almacenamiento.
Un BESS no compite necesariamente con una central nuclear.
Hace algo diferente.
Cuando coinciden nuclear, solar y baja demanda, la batería puede absorber parte de la electricidad que de otra manera tendría muy poco valor económico o incluso tendría que ser vertida.
Horas después, cuando desaparece la producción solar y aumenta la demanda, esa electricidad puede volver a la red.
La batería transforma:
electricidad excedentaria → electricidad gestionable.
Y esa transformación será cada vez más valiosa en un sistema con porcentajes crecientes de generación renovable.
Por eso el debate sobre almacenamiento no debería plantearse únicamente en términos de sustitución de generación.
El BESS empieza a convertirse en una infraestructura necesaria para hacer utilizable la generación que ya tenemos instalada.
Pero 2030 introduce una segunda paradoja
Existe además un problema todavía mayor.
La prolongación de Almaraz no elimina el cierre nuclear.
Lo retrasa.
Y concentra una parte importante del ajuste alrededor de 2030.
Según el calendario actualmente previsto, alrededor de ese periodo podrían salir del sistema:
Almaraz I y II: aproximadamente 2,1 GW
Ascó I: alrededor de 1 GW
Cofrentes: alrededor de 1 GW
Es decir, España podría perder más de 4 GW de generación nuclear en un intervalo relativamente corto.
Hasta entonces, el almacenamiento será necesario principalmente para absorber excedentes renovables, reducir vertidos y desplazar energía.
Después, además, será necesario aportar potencia, flexibilidad y capacidad firme durante determinadas horas.
El mismo activo empieza así a resolver dos problemas diferentes.
Antes de 2030
Absorber energía excedentaria.
Después de 2030
Ayudar a cubrir las horas en las que desaparece generación firme.
Esta transición cambia completamente la economía del almacenamiento.
Y aquí entra el mercado de capacidad
El negocio de una batería no puede depender exclusivamente del arbitraje diario —comprar barato y vender caro—.
A medida que aumenta el número de baterías, esos diferenciales tenderán a comprimirse.
Por eso resulta fundamental que los BESS puedan monetizar simultáneamente varios servicios:
arbitraje energético, servicios de ajuste, control de potencia, reducción de congestiones, capacidad y soporte al sistema.
El desarrollo del mercado de capacidad español puede convertirse precisamente en una de las piezas necesarias para proporcionar señales económicas de largo plazo a estos activos.
Porque si el sistema necesita capacidad disponible durante determinadas horas críticas, debe existir también un mecanismo que remunere esa disponibilidad.
La batería deja entonces de ser simplemente un sistema que compra y vende electricidad.
Se convierte en infraestructura de seguridad del sistema eléctrico.
La conclusión es aparentemente contradictoria
Mantener Almaraz hasta 2030 puede reducir el consumo de gas.
Pero también puede aumentar los excedentes renovables durante determinadas horas.
Y cuando Almaraz finalmente cierre, el sistema necesitará sustituir parte de la capacidad y flexibilidad que desaparezca.
En ambos escenarios aparece el almacenamiento.
Antes del cierre, absorbiendo excedentes.
Después del cierre, devolviendo energía y potencia cuando el sistema la necesita.
Por eso quizá la pregunta correcta no sea si España debe elegir entre nuclear, renovables o almacenamiento.
La cuestión es cómo construir un sistema capaz de integrar las tres tecnologías durante la transición.
Y en ese sistema hay algo que cada vez parece más difícil de evitar:
cuanto mayor sea la penetración renovable, más importante será poder decidir no sólo cuánta energía producimos, sino cuándo la utilizamos.
Ahí está probablemente una de las grandes oportunidades del BESS en España durante los próximos años.
Y también la razón por la que fabricantes como SolaX Power, capaces de integrar baterías, PCS y sistemas de gestión energética dentro de una misma arquitectura, pueden jugar un papel cada vez más relevante en el segmento comercial e industrial y en proyectos de almacenamiento de mayor escala.
Porque la próxima fase de la transición energética española ya no consiste únicamente en instalar más megavatios.
Consiste en hacer gestionables los que ya tenemos.
Fuentes: Orden TED/864/2026 y documentación publicada en el BOE sobre la prolongación de Almaraz; análisis de AleaSoft publicado por El Periódico de la Energía sobre impacto en gas, precios, vertidos renovables y mercado de capacidad.













