15 ago 2026

La solar está salvando el día. El BESS debe salvar la noche


Europa acaba de recibir una demostración bastante clara de cómo será operar un sistema eléctrico sometido simultáneamente a más electrificación, temperaturas extremas y una penetración renovable creciente.

El nuevo informe de Ember, Solar helps Europe’s grid withstand extreme heat, publicado el 13 de agosto de 2026, analiza lo ocurrido durante las olas de calor de junio y julio en Francia, España, Italia y Hungría. Su conclusión es contundente: la solar ayudó a mantener estable el sistema durante las horas de mayor irradiación, pero los picos de precios al caer el sol dejaron al descubierto una importante falta de flexibilidad.

El calor golpeó por los dos lados

Las altas temperaturas aumentaron fuertemente el consumo eléctrico, principalmente por la refrigeración.

Durante las olas de calor, la demanda diaria llegó a aumentar:

+28% Italia
+23% Hungría
+14% Francia
+13% España

Pero mientras aumentaba la demanda, parte de la generación convencional perdía capacidad.

El calor y la sequía limitaron centrales nucleares, de gas y carbón por problemas relacionados con disponibilidad y temperatura del agua de refrigeración. La hidráulica europea, además, registró en mayo, junio y julio sus niveles de producción más bajos de al menos la última década.
Incluso la propia infraestructura de red queda sometida a mayores restricciones: Ember recuerda que las líneas aéreas pueden transportar menos electricidad cuando aumenta la temperatura ambiente y que los transformadores también pueden sufrir sobrecalentamiento.

Es decir: más demanda precisamente cuando parte del sistema tiene menos capacidad para responder.

La fotovoltaica hizo exactamente lo contrario

Mientras otras tecnologías sufrían, la producción solar aumentó.

En junio y julio de 2026 la solar proporcionó por primera vez el 25% de toda la electricidad de la Unión Europea durante dos meses consecutivos, alcanzando 52 TWh en junio y 55 TWh en julio.

Durante los días de ola de calor, la generación solar fue además un 17% superior en Francia y Hungría y un 5% superior en España respecto al resto de días de junio y julio.

Y hay algo todavía más importante que el volumen: el momento en que se produce esa energía.

La producción fotovoltaica coincide ampliamente con el aumento de demanda provocado por el aire acondicionado. Ember señala que esta coincidencia temporal permitió limitar los incrementos de precio durante las horas solares.

Hasta aquí, la solar hizo su trabajo.

El problema comenzó después.

A las 19:00 cambia completamente el sistema

Cuando cae la producción fotovoltaica, la demanda de refrigeración no desaparece.

Esa combinación —menos solar, elevada demanda y mayor dependencia de generación térmica— provocó fuertes picos de precios durante las primeras horas de la noche.

Durante las olas de calor, los precios eléctricos diarios aumentaron frente al periodo anterior:

+119% Hungría
+44% Francia
+13% Italia
+7% España.

España superó además los 250 €/MWh el 23 de julio, algo que no ocurría desde 2022. Hungría llegó a superar los 900 €/MWh.

El gráfico horario incluido por Ember muestra perfectamente el problema: durante las horas centrales del día la solar reduce la presión sobre el sistema, pero al atardecer aparece rápidamente una nueva punta de precio.

Esto no es un problema de falta de generación solar.

Es un problema de falta de capacidad para desplazar esa energía unas horas en el tiempo.

Ahí empieza el verdadero business case del BESS

El propio informe de Ember identifica el almacenamiento mediante baterías como una de las principales herramientas para cubrir esta brecha de flexibilidad.

La lógica es sencilla:

Horas solares → cargar.

Rampa vespertina → descargar.

La electricidad solar de bajo coste producida durante el día puede trasladarse hacia las primeras horas de la noche, cuando continúa la demanda de refrigeración y el sistema depende más de generación térmica cara.

Esto convierte al BESS en algo bastante más importante que una batería utilizada para comprar electricidad barata y venderla cara.

Es una infraestructura de flexibilidad.

Puede absorber energía cuando existe abundancia renovable y devolverla precisamente cuando la capacidad del sistema se vuelve más escasa.

De generar energía a gestionar capacidad

La transición energética europea está entrando en una nueva fase.

Durante los últimos años el desafío principal fue instalar más capacidad renovable.

Ahora empieza otro:

hacer que esa energía esté disponible cuando realmente la necesita el sistema.

Eso cambia también la lógica económica del almacenamiento.

El valor de un BESS no está únicamente en los MWh que almacena.

Está en su capacidad para:

  • desplazar energía solar hacia las horas de mayor valor;

  • reducir exposición a precios punta;

  • disminuir dependencia de generación térmica marginal;

  • proporcionar capacidad y flexibilidad local;

  • aliviar determinadas restricciones de red;

  • integrar una mayor penetración renovable.

Ember lo resume de manera especialmente clara: la solar ya está haciendo gran parte del trabajo durante las olas de calor; el verdadero desafío empieza después de la puesta de sol.

Y esa frase probablemente describe mejor que muchas curvas de mercado el papel que tendrá el almacenamiento en el sistema eléctrico europeo.

La solar está salvando el día.

Ahora necesitamos que el BESS salve la noche.