Hay países que están ampliando su mercado de almacenamiento.
Y luego está Portugal.
A finales de 2025 tenía apenas 20 MW de baterías instaladas.
Ahora quiere llegar a:
3.000 MW en 2030.
No es un crecimiento incremental.
Es multiplicar por 150 la potencia instalada en apenas unos años.
Y detrás de esa cifra hay una historia bastante más interesante que otro gran anuncio de baterías.
Porque Portugal está empezando a descubrir algo que probablemente veremos repetirse por toda Europa:
instalar renovables es relativamente sencillo. Crear un sistema eléctrico capaz de absorberlas, desplazarlas y utilizarlas cuando realmente hacen falta es bastante más complicado.
Ahí entra el BESS.
Portugal ya hizo la primera parte
Portugal ha avanzado enormemente en generación renovable.
Solar.
Eólica.
Hidráulica.
El siguiente problema aparece precisamente como consecuencia de ese éxito.
Cuanta más generación variable entra en el sistema, mayor es la diferencia entre:
cuándo puede producirse electricidad
y
cuándo necesita consumirla el sistema.
Una planta solar puede producir enormes cantidades de electricidad a las 14:00.
Eso no significa que esa electricidad sea necesaria precisamente a las 14:00.
Y cuando muchas plantas producen simultáneamente empieza a aparecer el verdadero enemigo de una instalación renovable:
producir cuando la electricidad vale poco y no poder producir cuando vale mucho.
El almacenamiento cambia esa ecuación.
De 2 GW a 3 GW
El Plan Nacional de Energía y Clima portugués contemplaba anteriormente alrededor de 2 GW de baterías para 2030.
La nueva National Energy Storage Strategy eleva esa ambición a:
La estrategia se apoya además en almacenamiento hidráulico de bombeo, mostrando algo importante: Portugal no está apostando por una única tecnología, sino por diferentes escalas temporales de almacenamiento.
Y eso tiene bastante sentido.
El BESS puede aportar respuesta extremadamente rápida y desplazamiento energético durante horas.
El bombeo puede almacenar cantidades mucho mayores de energía durante periodos más largos.
No necesariamente compiten.
Se complementan.
Pero anunciar 3 GW es la parte fácil
Aquí empieza realmente la historia.
Puedes publicar un objetivo de almacenamiento.
Puedes tener fabricantes preparados para suministrar baterías.
Puedes tener promotores buscando emplazamientos.
Incluso puedes tener inversores interesados.
Pero nada de eso sirve si el proyecto no tiene:
punto de conexión, permisos y un modelo de ingresos financiable.
Y precisamente esos son los tres problemas que identifica la asociación renovable portuguesa APREN.
Su análisis considera positivas las perspectivas del almacenamiento, pero señala que el despliegue dependerá de:
licensing, grid access y stable revenue streams.
Es decir:
la batería probablemente no será el cuello de botella.
El mercado sí puede serlo.
Portugal intenta resolver primero la conexión
Y aquí aparece posiblemente la parte más interesante de la estrategia.
Portugal prepara para el 14 de septiembre de 2026 una subasta asociada a 1,05 GW de capacidad de almacenamiento.
Se divide en dos bloques:
750 MW
para BESS standalone.
300 MW
para proyectos renovables asociados a almacenamiento.
Los proyectos se concentrarán en nodos estratégicos de la red, incluyendo zonas como Sines-Santo André, Rio Maior, Abrantes, Alcochete-Palmela, Pegões-Divor, Estremoz y Tavira.
Esto es importante.
Porque Portugal no está diciendo simplemente:
necesitamos más baterías.
Está intentando decidir:
¿Dónde crea más valor una batería para el sistema eléctrico?
Ese cambio de enfoque es enorme.
Un BESS no debería instalarse donde cabe. Debería instalarse donde aporta valor.
Durante los primeros años de desarrollo renovable, la ubicación estaba dominada fundamentalmente por el recurso.
¿Dónde hay más sol?
¿Dónde hay más viento?
Pero el almacenamiento introduce una lógica diferente.
Una batería puede ser especialmente valiosa donde existe:
congestión,
generación renovable excedentaria,
restricciones de evacuación,
volatilidad de precios,
necesidad de capacidad,
servicios de red,
o infraestructura eléctrica infrautilizada durante determinadas horas.
Por eso la geografía del BESS puede terminar siendo bastante diferente de la geografía de la generación.
Y Portugal parece empezar a incorporarlo a su planificación.
Después aparece el problema realmente difícil: ¿quién paga la batería?
Aquí está probablemente la gran cuestión del mercado europeo de almacenamiento.
Un proyecto BESS puede generar ingresos mediante diferentes vías:
arbitraje energético.
Comprar cuando la electricidad es barata y vender cuando es cara.
servicios auxiliares.
Frecuencia, reservas y otros servicios dependiendo del mercado.
capacidad.
Ser remunerado por estar disponible.
gestión de congestión y flexibilidad.
Aportar capacidad exactamente donde el sistema la necesita.
hibridación con renovables.
Desplazar producción solar o eólica hacia horas de mayor valor.
El problema es que algunos de esos mercados pueden saturarse rápidamente.
Si entran muchas baterías persiguiendo exactamente el mismo ingreso, ese ingreso disminuye.
Y entonces aparece una palabra fundamental:
bankability.
Una batería técnicamente rentable puede no ser financiable
Esto es algo que a veces se pierde cuando analizamos un BESS exclusivamente mediante un Excel.
Un proyecto puede tener una expectativa atractiva de ingresos.
Pero un banco quiere saber algo diferente:
¿qué parte de esos ingresos puedo prever durante diez o quince años?
Si prácticamente todos los ingresos son merchant, la incertidumbre aumenta.
Y cuanto mayor es la incertidumbre:
mayor coste de capital,
menor apalancamiento,
y más difícil resulta llegar al financial close.
Por eso APREN insiste en la necesidad de mecanismos de ingresos suficientemente estables.
Portugal puede encontrarse así con una paradoja:
necesitar 3 GW de baterías técnicamente
pero no conseguir 3 GW de proyectos financiables económicamente.
Y aquí está la verdadera oportunidad
Porque si Portugal consigue resolver esa ecuación, puede pasar en pocos años de ser uno de los mercados BESS más pequeños de Europa occidental a convertirse en uno de sus laboratorios más interesantes.
La secuencia sería:
Ese círculo puede acelerar enormemente el despliegue.
Y además abre una oportunidad considerable para fabricantes e integradores como SolaX Power.
Pero no únicamente porque hagan falta baterías.
El mercado necesitará sistemas capaces de combinar:
BESS + PCS + EMS + control de planta + integración fotovoltaica + servicios de red.
Porque en un mercado que madura, vender únicamente capacidad energética probablemente será insuficiente.
El valor estará en qué puede hacer esa batería durante sus veinte años de operación.
20 MW frente a 3.000 MW
Quizá sea la mejor forma de resumir lo que está ocurriendo.
20 MW: punto de partida al cierre de 2025.
3.000 MW: objetivo para 2030.
4.500 MW: objetivo para 2040.
Las cifras impresionan.
Pero no creo que sean lo más importante.
Lo verdaderamente interesante es que Portugal está empezando a reconocer que un sistema eléctrico basado masivamente en renovables necesita algo más que seguir instalando generación.
Necesita ser capaz de decidir:
La transición energética comenzó construyendo MW renovables.
La siguiente fase probablemente consistirá en aprender a controlarlos.
Y para Portugal, esa segunda fase acaba de empezar.
Con apenas 20 MW de BESS instalados y un objetivo de 3 GW.
La distancia entre ambas cifras representa mucho más que un mercado potencial de baterías.

