19 ago 2026

La paradoja de Almaraz: más nuclear hasta 2030 hace todavía más necesario el almacenamiento


La decisión de prolongar la operación de la central nuclear de Almaraz hasta 2030 puede parecer, a primera vista, una mala noticia para el almacenamiento.

Más generación nuclear significa más electricidad disponible, menos necesidad de generación térmica y, aparentemente, menos espacio para las baterías.

Pero el sistema eléctrico no funciona así.

De hecho, puede ocurrir exactamente lo contrario.

Mantener Almaraz reduce la necesidad de quemar gas, pero aumenta la presión sobre las renovables durante determinadas horas y refuerza la necesidad de disponer de almacenamiento capaz de desplazar energía desde las horas de exceso hacia las horas en las que realmente tiene valor.

Y eso convierte al BESS en una pieza todavía más importante del sistema eléctrico español.

Almaraz reduce gas. Esa parte es sencilla.

Las dos unidades de Almaraz suman aproximadamente 2,1 GW de potencia y produjeron alrededor de 14,75 TWh netos en 2025, según los datos recogidos por AleaSoft.

Mantener esa producción hasta junio de 2030 evita que una parte relevante tenga que ser sustituida por ciclos combinados.

El propio Gobierno estima que la prolongación de Almaraz permitirá reducir alrededor de un 7% la generación eléctrica mediante gas frente al escenario contemplado anteriormente en el PNIEC.

Desde el punto de vista de seguridad de suministro, dependencia energética y emisiones, la lógica es evidente.

Pero existe otra cara de la decisión.

El problema aparece cuando sobra electricidad

España está instalando enormes cantidades de generación solar.

Y la solar tiene una característica fundamental: produce simultáneamente.

Cuando llega el mediodía de un día soleado, miles de plantas fotovoltaicas empiezan a inyectar electricidad prácticamente al mismo tiempo.

Si además permanecen conectados más de 2 GW de generación nuclear prácticamente continua, el espacio disponible para absorber toda esa electricidad renovable disminuye.

No porque falte capacidad de generación.

Precisamente porque sobra.

El resultado puede ser:

más horas con precios muy bajos, más precios negativos, mayor canibalización de la solar y mayores vertidos renovables.

El Gobierno reconoce este efecto en la propia documentación relacionada con la extensión de Almaraz: la generación renovable prevista para 2030 podría reducirse aproximadamente un 1,4% respecto al escenario anterior.

Ese porcentaje puede parecer pequeño.

En un sistema eléctrico del tamaño del español, no lo es.

El verdadero problema no es producir energía. Es moverla en el tiempo.

Aquí aparece el almacenamiento.

Un BESS no compite necesariamente con una central nuclear.

Hace algo diferente.

Cuando coinciden nuclear, solar y baja demanda, la batería puede absorber parte de la electricidad que de otra manera tendría muy poco valor económico o incluso tendría que ser vertida.

Horas después, cuando desaparece la producción solar y aumenta la demanda, esa electricidad puede volver a la red.

La batería transforma:

electricidad excedentaria → electricidad gestionable.

Y esa transformación será cada vez más valiosa en un sistema con porcentajes crecientes de generación renovable.

Por eso el debate sobre almacenamiento no debería plantearse únicamente en términos de sustitución de generación.

El BESS empieza a convertirse en una infraestructura necesaria para hacer utilizable la generación que ya tenemos instalada.

Pero 2030 introduce una segunda paradoja

Existe además un problema todavía mayor.

La prolongación de Almaraz no elimina el cierre nuclear.

Lo retrasa.

Y concentra una parte importante del ajuste alrededor de 2030.

Según el calendario actualmente previsto, alrededor de ese periodo podrían salir del sistema:

  • Almaraz I y II: aproximadamente 2,1 GW

  • Ascó I: alrededor de 1 GW

  • Cofrentes: alrededor de 1 GW

Es decir, España podría perder más de 4 GW de generación nuclear en un intervalo relativamente corto.

Hasta entonces, el almacenamiento será necesario principalmente para absorber excedentes renovables, reducir vertidos y desplazar energía.

Después, además, será necesario aportar potencia, flexibilidad y capacidad firme durante determinadas horas.

El mismo activo empieza así a resolver dos problemas diferentes.

Antes de 2030

Absorber energía excedentaria.

Después de 2030

Ayudar a cubrir las horas en las que desaparece generación firme.

Esta transición cambia completamente la economía del almacenamiento.

Y aquí entra el mercado de capacidad

El negocio de una batería no puede depender exclusivamente del arbitraje diario —comprar barato y vender caro—.

A medida que aumenta el número de baterías, esos diferenciales tenderán a comprimirse.

Por eso resulta fundamental que los BESS puedan monetizar simultáneamente varios servicios:

arbitraje energético, servicios de ajuste, control de potencia, reducción de congestiones, capacidad y soporte al sistema.

El desarrollo del mercado de capacidad español puede convertirse precisamente en una de las piezas necesarias para proporcionar señales económicas de largo plazo a estos activos.

Porque si el sistema necesita capacidad disponible durante determinadas horas críticas, debe existir también un mecanismo que remunere esa disponibilidad.

La batería deja entonces de ser simplemente un sistema que compra y vende electricidad.

Se convierte en infraestructura de seguridad del sistema eléctrico.

La conclusión es aparentemente contradictoria

Mantener Almaraz hasta 2030 puede reducir el consumo de gas.

Pero también puede aumentar los excedentes renovables durante determinadas horas.

Y cuando Almaraz finalmente cierre, el sistema necesitará sustituir parte de la capacidad y flexibilidad que desaparezca.

En ambos escenarios aparece el almacenamiento.

Antes del cierre, absorbiendo excedentes.

Después del cierre, devolviendo energía y potencia cuando el sistema la necesita.

Por eso quizá la pregunta correcta no sea si España debe elegir entre nuclear, renovables o almacenamiento.

La cuestión es cómo construir un sistema capaz de integrar las tres tecnologías durante la transición.

Y en ese sistema hay algo que cada vez parece más difícil de evitar:

cuanto mayor sea la penetración renovable, más importante será poder decidir no sólo cuánta energía producimos, sino cuándo la utilizamos.

Ahí está probablemente una de las grandes oportunidades del BESS en España durante los próximos años.

Y también la razón por la que fabricantes como SolaX Power, capaces de integrar baterías, PCS y sistemas de gestión energética dentro de una misma arquitectura, pueden jugar un papel cada vez más relevante en el segmento comercial e industrial y en proyectos de almacenamiento de mayor escala.

Porque la próxima fase de la transición energética española ya no consiste únicamente en instalar más megavatios.

Consiste en hacer gestionables los que ya tenemos.

Fuentes: Orden TED/864/2026 y documentación publicada en el BOE sobre la prolongación de Almaraz; análisis de AleaSoft publicado por El Periódico de la Energía sobre impacto en gas, precios, vertidos renovables y mercado de capacidad.

De 20 MW a 3 GW: Portugal quiere multiplicar por 150 su mercado BESS


Hay países que están ampliando su mercado de almacenamiento.

Y luego está Portugal.

A finales de 2025 tenía apenas 20 MW de baterías instaladas.

Ahora quiere llegar a:

3.000 MW en 2030.

No es un crecimiento incremental.

Es multiplicar por 150 la potencia instalada en apenas unos años.

Y detrás de esa cifra hay una historia bastante más interesante que otro gran anuncio de baterías.

Porque Portugal está empezando a descubrir algo que probablemente veremos repetirse por toda Europa:

instalar renovables es relativamente sencillo. Crear un sistema eléctrico capaz de absorberlas, desplazarlas y utilizarlas cuando realmente hacen falta es bastante más complicado.

Ahí entra el BESS.


Portugal ya hizo la primera parte

Portugal ha avanzado enormemente en generación renovable.

Solar.

Eólica.

Hidráulica.

El siguiente problema aparece precisamente como consecuencia de ese éxito.

Cuanta más generación variable entra en el sistema, mayor es la diferencia entre:

cuándo puede producirse electricidad

y

cuándo necesita consumirla el sistema.

Una planta solar puede producir enormes cantidades de electricidad a las 14:00.

Eso no significa que esa electricidad sea necesaria precisamente a las 14:00.

Y cuando muchas plantas producen simultáneamente empieza a aparecer el verdadero enemigo de una instalación renovable:

producir cuando la electricidad vale poco y no poder producir cuando vale mucho.

El almacenamiento cambia esa ecuación.


De 2 GW a 3 GW

El Plan Nacional de Energía y Clima portugués contemplaba anteriormente alrededor de 2 GW de baterías para 2030.

La nueva National Energy Storage Strategy eleva esa ambición a:

🔋 3 GW de BESS en 2030
🔋 4,5 GW en 2040

La estrategia se apoya además en almacenamiento hidráulico de bombeo, mostrando algo importante: Portugal no está apostando por una única tecnología, sino por diferentes escalas temporales de almacenamiento.

Y eso tiene bastante sentido.

El BESS puede aportar respuesta extremadamente rápida y desplazamiento energético durante horas.

El bombeo puede almacenar cantidades mucho mayores de energía durante periodos más largos.

No necesariamente compiten.

Se complementan.


Pero anunciar 3 GW es la parte fácil

Aquí empieza realmente la historia.

Puedes publicar un objetivo de almacenamiento.

Puedes tener fabricantes preparados para suministrar baterías.

Puedes tener promotores buscando emplazamientos.

Incluso puedes tener inversores interesados.

Pero nada de eso sirve si el proyecto no tiene:

punto de conexión, permisos y un modelo de ingresos financiable.

Y precisamente esos son los tres problemas que identifica la asociación renovable portuguesa APREN.

Su análisis considera positivas las perspectivas del almacenamiento, pero señala que el despliegue dependerá de:

licensing, grid access y stable revenue streams.

Es decir:

la batería probablemente no será el cuello de botella.

El mercado sí puede serlo.


Portugal intenta resolver primero la conexión

Y aquí aparece posiblemente la parte más interesante de la estrategia.

Portugal prepara para el 14 de septiembre de 2026 una subasta asociada a 1,05 GW de capacidad de almacenamiento.

Se divide en dos bloques:

750 MW

para BESS standalone.

300 MW

para proyectos renovables asociados a almacenamiento.

Los proyectos se concentrarán en nodos estratégicos de la red, incluyendo zonas como Sines-Santo André, Rio Maior, Abrantes, Alcochete-Palmela, Pegões-Divor, Estremoz y Tavira.

Esto es importante.

Porque Portugal no está diciendo simplemente:

necesitamos más baterías.

Está intentando decidir:

¿Dónde crea más valor una batería para el sistema eléctrico?

Ese cambio de enfoque es enorme.


Un BESS no debería instalarse donde cabe. Debería instalarse donde aporta valor.

Durante los primeros años de desarrollo renovable, la ubicación estaba dominada fundamentalmente por el recurso.

¿Dónde hay más sol?

¿Dónde hay más viento?

Pero el almacenamiento introduce una lógica diferente.

Una batería puede ser especialmente valiosa donde existe:

  • congestión,

  • generación renovable excedentaria,

  • restricciones de evacuación,

  • volatilidad de precios,

  • necesidad de capacidad,

  • servicios de red,

  • o infraestructura eléctrica infrautilizada durante determinadas horas.

Por eso la geografía del BESS puede terminar siendo bastante diferente de la geografía de la generación.

Y Portugal parece empezar a incorporarlo a su planificación.


Después aparece el problema realmente difícil: ¿quién paga la batería?

Aquí está probablemente la gran cuestión del mercado europeo de almacenamiento.

Un proyecto BESS puede generar ingresos mediante diferentes vías:

arbitraje energético.

Comprar cuando la electricidad es barata y vender cuando es cara.

servicios auxiliares.

Frecuencia, reservas y otros servicios dependiendo del mercado.

capacidad.

Ser remunerado por estar disponible.

gestión de congestión y flexibilidad.

Aportar capacidad exactamente donde el sistema la necesita.

hibridación con renovables.

Desplazar producción solar o eólica hacia horas de mayor valor.

El problema es que algunos de esos mercados pueden saturarse rápidamente.

Si entran muchas baterías persiguiendo exactamente el mismo ingreso, ese ingreso disminuye.

Y entonces aparece una palabra fundamental:

bankability.


Una batería técnicamente rentable puede no ser financiable

Esto es algo que a veces se pierde cuando analizamos un BESS exclusivamente mediante un Excel.

Un proyecto puede tener una expectativa atractiva de ingresos.

Pero un banco quiere saber algo diferente:

¿qué parte de esos ingresos puedo prever durante diez o quince años?

Si prácticamente todos los ingresos son merchant, la incertidumbre aumenta.

Y cuanto mayor es la incertidumbre:

mayor coste de capital,

menor apalancamiento,

y más difícil resulta llegar al financial close.

Por eso APREN insiste en la necesidad de mecanismos de ingresos suficientemente estables.

Portugal puede encontrarse así con una paradoja:

necesitar 3 GW de baterías técnicamente

pero no conseguir 3 GW de proyectos financiables económicamente.


Y aquí está la verdadera oportunidad

Porque si Portugal consigue resolver esa ecuación, puede pasar en pocos años de ser uno de los mercados BESS más pequeños de Europa occidental a convertirse en uno de sus laboratorios más interesantes.

La secuencia sería:

más renovables
→ más volatilidad
→ más necesidad de flexibilidad
→ más almacenamiento
→ nuevos mercados de servicios
→ nuevas fuentes de ingresos.

Ese círculo puede acelerar enormemente el despliegue.

Y además abre una oportunidad considerable para fabricantes e integradores como SolaX Power.

Pero no únicamente porque hagan falta baterías.

El mercado necesitará sistemas capaces de combinar:

BESS + PCS + EMS + control de planta + integración fotovoltaica + servicios de red.

Porque en un mercado que madura, vender únicamente capacidad energética probablemente será insuficiente.

El valor estará en qué puede hacer esa batería durante sus veinte años de operación.


20 MW frente a 3.000 MW

Quizá sea la mejor forma de resumir lo que está ocurriendo.

20 MW: punto de partida al cierre de 2025.

3.000 MW: objetivo para 2030.

4.500 MW: objetivo para 2040.

Las cifras impresionan.

Pero no creo que sean lo más importante.

Lo verdaderamente interesante es que Portugal está empezando a reconocer que un sistema eléctrico basado masivamente en renovables necesita algo más que seguir instalando generación.

Necesita ser capaz de decidir:

cuándo almacenar,
cuándo producir,
cuándo consumir
y cuándo devolver energía a la red.

La transición energética comenzó construyendo MW renovables.

La siguiente fase probablemente consistirá en aprender a controlarlos.

Y para Portugal, esa segunda fase acaba de empezar.

Con apenas 20 MW de BESS instalados y un objetivo de 3 GW.

La distancia entre ambas cifras representa mucho más que un mercado potencial de baterías.

Representa todo un sistema eléctrico que está aprendiendo a valorar la flexibilidad.

18 ago 2026

La IA no está creando solo un boom de chips. Está creando un nuevo ciclo eléctrico


El próximo cuello de botella de la inteligencia artificial puede no estar dentro del servidor. Puede estar antes del contador: conseguir suficientes megavatios, suficientemente rápido.

Durante los últimos años hemos hablado de la inteligencia artificial como una revolución de GPUs, modelos y software.

Eso empieza a quedarse corto.

La construcción de infraestructura para IA está trasladando la inversión desde el chip hacia todo aquello que permite que ese chip funcione: data centers, generación eléctrica, redes, transformadores, electrónica de potencia, refrigeración y almacenamiento energético.

Anis Lahlou, CIO European Equities de Aperture Investors, lo resume desde otra perspectiva: los data centers ya están funcionando como un estímulo para la economía industrial y la cadena de valor de la IA se está ampliando en Europa hacia semiconductores de potencia, microcontroladores, fotónica, electrificación e infraestructura eléctrica.

Y las cifras empiezan a explicar por qué.

De los chips a los billones de inversión

McKinsey estima que la expansión mundial de los data centers podría movilizar alrededor de 7 billones de dólares hasta 2030. No hablamos únicamente de servidores: detrás aparecen transformadores, switchgear, UPS, sistemas de refrigeración, generación y toda la infraestructura eléctrica necesaria para mantener funcionando cargas cada vez mayores y más dinámicas.

Generali/Aperture utiliza precisamente estas estimaciones para defender que estamos ante uno de los mayores ciclos privados de inversión en infraestructura de la historia reciente. Su escenario recoge aproximadamente 5,2 billones de dólares en el caso base y hasta 7,9 billones en un escenario acelerado para el periodo 2025-2030. Son estimaciones globales, no exclusivamente europeas, una distinción importante que algunos titulares pueden hacer pasar inadvertida.

Pero quizá el dato más relevante no esté en dólares.

Está en MW.

La IA se está convirtiendo en un problema eléctrico

La Agencia Internacional de la Energía confirmó en abril de 2026 que el consumo eléctrico de los data centers aumentó un 17% durante 2025, muy por encima del crecimiento del consumo eléctrico mundial, situado alrededor del 3%. La IEA espera además que el consumo de los data centers vuelva aproximadamente a duplicarse hasta 2030 y que el asociado específicamente a instalaciones orientadas a IA pueda triplicarse.

Y empiezan a aparecer los límites físicos.

La propia IEA identifica retrasos en conexiones a red, transformadores, turbinas de gas, componentes eléctricos y procesos regulatorios como obstáculos para desplegar nuevos data centers.

McKinsey llega a una conclusión similar desde el lado industrial: la potencia y determinados equipos críticos se están convirtiendo en elementos que marcan el ritmo de construcción del data center. En Norteamérica, los plazos de suministro analizados por la consultora llegan a alcanzar alrededor de 80 semanas para determinados equipos de media tensión y 50 semanas para transformadores.

Es un cambio importante.

Durante años la pregunta fue:

¿Cuánto compute podemos instalar?

Cada vez más, la pregunta será:

¿Cuánto compute podemos alimentar?

Y aquí entra el BESS

Aquí conviene separar dato de interpretación.

Generali no dice que los BESS sean la solución central de este ciclo.

Pero la IEA sí va bastante más lejos: señala que las cargas de los AI data centers pueden experimentar variaciones rápidas y de gran magnitud y afirma que el almacenamiento mediante baterías onsite se está convirtiendo en una tecnología crítica para la próxima generación de centros de datos.

La razón es sencilla.

Un BESS ya no tiene por qué justificarse exclusivamente mediante arbitraje energético.

Puede actuar sobre algo potencialmente mucho más valioso:

la capacidad eléctrica disponible.

En un data center puede utilizarse para:

  • absorber picos de potencia;

  • reducir la potencia máxima solicitada a la red;

  • acompañar conexiones flexibles;

  • estabilizar generación onsite;

  • integrar generación renovable;

  • proporcionar respaldo rápido ante perturbaciones;

  • suavizar las oscilaciones de cargas de IA;

  • y participar, cuando regulación y arquitectura lo permiten, en servicios al sistema.

McKinsey destaca precisamente que las arquitecturas eléctricas para IA deben diseñarse para variaciones dinámicas de potencia y no únicamente para cargas medias, aumentando la necesidad de buffering, redundancia y controles rápidos.

El verdadero ROI puede llamarse Time-to-Power

Aquí está probablemente la parte económicamente más interesante.

Supongamos que existe terreno, financiación, racks y demanda de capacidad informática, pero la red solo puede entregar inicialmente una parte de la potencia solicitada.

Esperar varios años a una ampliación de red tiene un coste.

Si una combinación de generación, BESS, gestión de carga y conexión flexible permite poner parte de esa capacidad informática en operación antes, el valor del almacenamiento deja de medirse exclusivamente en €/MWh.

Empieza a medirse también en:

meses de operación adelantados.

Eso es Time-to-Power.

Y puede cambiar completamente la economía de un BESS.

McKinsey observa que los data centers se construyen en ocasiones más rápido que las ampliaciones de red, lo que está impulsando soluciones alternativas como generación onsite, microgrids y nuevos modelos de suministro energético. También anticipa data centers que actúan progresivamente como prosumers, participando de forma más activa en la gestión del sistema eléctrico.

Pero un BESS no fabrica megavatios

Este matiz es fundamental.

Instalar baterías no crea mágicamente energía ni elimina una restricción permanente de red.

Si un data center necesita 100 MW constantes y la red solo puede suministrar 50 MW permanentemente, una batería acabará descargándose.

El valor aparece cuando el problema es diferente: picos, restricciones temporales, rampas, congestión en determinadas horas, capacidad flexible, transición entre fuentes de generación o necesidad de mantener una determinada potencia contractual.

Ahí un BESS puede convertir una infraestructura eléctrica rígida en una infraestructura gestionable.

Y esa diferencia será cada vez más importante.

De almacenar energía a habilitar compute

Para fabricantes e integradores de almacenamiento como SolaX Power, este cambio abre un mercado bastante más amplio que el BESS convencional.

La conversación con un cliente de data center ya no debería empezar únicamente por:

“¿Cuánto podemos ahorrar comprando electricidad barata y vendiéndola cara?”

Puede empezar por una cuestión mucho más estratégica:

“¿Qué está impidiendo que conecte más capacidad informática hoy?”

Si la respuesta es potencia máxima, rampas, resiliencia, restricciones horarias o acceso flexible, el BESS puede formar parte de la solución.

No significa que las baterías sustituyan a redes, generación o transformadores.

Significa que pueden convertirse en la capa de flexibilidad que permite utilizar mejor todos ellos.

Y ese cambio conceptual es enorme.

La IA comenzó siendo una carrera por los chips.

Después se convirtió en una carrera por los data centers.

Ahora está empezando una tercera carrera:

conseguir los megavatios.

Y probablemente una parte importante del próximo ciclo del almacenamiento energético se juegue precisamente ahí.

Esperar ya no garantiza un BESS más barato

Durante años, posponer una inversión en baterías parecía tener una recompensa casi asegurada.

La tecnología mejoraba.
La producción aumentaba.
Y el precio por kWh bajaba.

Así que, ante un proyecto BESS que no terminaba de cuadrar, había una respuesta bastante lógica:

“Esperemos un año. Será más barato.”

Pero en 2026 esa regla empieza a dejar de ser segura.

Y el motivo no es que la evolución tecnológica se haya detenido.

Es prácticamente lo contrario:

la demanda de almacenamiento está creciendo tan rápido que empieza a tensionar una cadena de suministro que, al mismo tiempo, está cambiando de generación tecnológica.

De 612 GWh a más de 1 TWh

Según InfoLink Consulting, los fabricantes enviaron 467,84 GWh de celdas para almacenamiento durante el primer semestre de 2026.

Eso supone un crecimiento del 94,8% interanual.

Solo durante el segundo trimestre se alcanzaron aproximadamente 262 GWh, un nuevo récord.

Para entender la velocidad del cambio basta comparar esa cifra con todo 2025:

612,39 GWh.

InfoLink ha elevado ahora su previsión para 2026 hasta 1.026 GWh de celdas de almacenamiento.

Es decir:

el mercado se dirige hacia su primer año de más de 1 TWh.

Pero el verdadero dato importante está detrás de esa cifra.

El exceso de oferta ha desaparecido

Hace no demasiado tiempo, uno de los grandes problemas de la industria china de baterías era precisamente el contrario:

demasiada capacidad productiva.

Eso presionaba los precios a la baja.

Desde la segunda mitad de 2025, la situación empezó a cambiar. InfoLink identifica una demanda superior a la oferta disponible y anticipa que el equilibrio entre ambas seguirá siendo ajustado durante 2026.

Y cuando una industria que crece casi al 100% anual empieza a trabajar cerca de su capacidad disponible, ocurre algo bastante previsible:

el precio deja de caer automáticamente.

Ya tenemos una primera evidencia.

Las celdas LFP de 314 Ah, uno de los formatos dominantes del almacenamiento estacionario, han experimentado una subida significativa.

InfoLink estimaba a comienzos de año un incremento superior al 16% en el precio de transacción respecto a octubre de 2025. Otras observaciones del mercado chino situaban posteriormente el aumento alrededor del 20%-22% en seis meses.

Esto rompe una percepción profundamente instalada en el mercado:

las baterías no siempre bajan de precio.

Pero cuidado: una celda un 20% más cara no significa un BESS un 20% más caro

Aquí conviene evitar una conclusión demasiado fácil.

La celda es solamente una parte del sistema.

Un BESS incluye además:

  • módulos y racks,

  • PCS/inversores,

  • transformadores,

  • HVAC o liquid cooling,

  • protección contra incendios,

  • EMS,

  • integración eléctrica,

  • ingeniería,

  • commissioning,

  • obra y Balance of Plant.

Por eso el aumento del precio de la celda no se transmite automáticamente en la misma proporción al precio final del sistema.

De hecho, InfoLink señala que los precios de integración de sistemas en China han aumentado bastante menos que las celdas, debido a la fuerte competencia entre integradores y a nuevas arquitecturas capaces de reducir otros costes.

Y precisamente ahí aparece la segunda gran transformación.

Mientras sube la demanda, cambia la batería

La industria está migrando rápidamente desde las celdas de 314 Ah hacia formatos superiores a 500 Ah.

Ya aparecen comercialmente capacidades de 587 Ah, 588 Ah y superiores, y InfoLink espera que las celdas de más de 500 Ah ganen una participación significativa en utility-scale durante 2026.

¿La razón?

Una celda mayor puede permitir:

menos celdas para construir el mismo MWh,
menos conexiones eléctricas,
menos componentes auxiliares,
mayor densidad energética
y potencialmente menor coste de integración.

Pero también introduce una consecuencia industrial importante:

los fabricantes tienen que decidir en qué generación tecnológica invertir su nueva capacidad productiva.

Construir hoy enormes líneas adicionales de 314 Ah cuando el mercado está migrando hacia 500+ Ah puede no ser una decisión evidente.

InfoLink señala precisamente esta transición tecnológica como una de las razones por las que los fabricantes están siendo más prudentes a la hora de ampliar capacidad.

Y eso crea una situación poco habitual:

demanda explosiva + capacidad ajustada + cambio tecnológico simultáneo.

El riesgo ya no está únicamente en comprar demasiado pronto

Para un cliente industrial que estudia instalar un BESS, tradicionalmente existía un riesgo evidente:

comprar hoy y descubrir que mañana era más barato.

Ese riesgo sigue existiendo.

La tecnología continuará evolucionando y las economías de escala seguirán presionando costes.

Pero ahora aparece otro riesgo que muchas decisiones de inversión no están considerando:

esperar y descubrir que el sistema que necesitabas no es más barato, tiene más plazo de entrega o llega cuando ya has perdido parte del ahorro que podía generar.

Por eso la decisión correcta no debería depender de intentar adivinar el precio de una batería dentro de doce meses.

Debería depender de algo bastante más sencillo:

¿genera valor el BESS hoy?

Si una instalación puede utilizar almacenamiento para:

  • reducir picos de potencia,

  • aumentar autoconsumo fotovoltaico,

  • desplazar consumo entre periodos tarifarios,

  • evitar vertidos,

  • mejorar resiliencia,

  • optimizar la potencia contratada,

  • participar en mercados de flexibilidad,

  • o aprovechar mejor una conexión eléctrica limitada,

la pregunta relevante deja de ser:

“¿Cuánto más barata será la batería el año que viene?”

Y pasa a ser:

“¿Cuánto dinero pierdo mientras espero?”

El coste de esperar también existe

Supongamos que dentro de doce meses el BESS cuesta un 5% menos.

Fantástico.

Pero si durante esos doce meses la instalación ha seguido pagando picos de potencia, desperdiciando producción solar o comprando electricidad durante las horas más caras, hay que comparar ambas cantidades.

Porque el CAPEX no es la única variable económica.

Existe también el coste de oportunidad.

Y a medida que el BESS acumula más funciones dentro de una instalación, ese coste de oportunidad aumenta.

Estamos entrando en una nueva fase del almacenamiento

Los datos de 2026 empiezan a dibujar un mercado distinto.

467,8 GWh en seis meses.

+94,8% interanual.

Más de 1 TWh previsto para el conjunto del año.

Y una cadena de suministro que ha pasado del exceso de capacidad a trabajar con un equilibrio mucho más ajustado.

Esto no significa que el precio de los BESS vaya a subir indefinidamente.

Sería una conclusión injustificada.

Nuevas fábricas entrarán en producción. Los formatos de mayor capacidad reducirán costes. La competencia entre fabricantes e integradores seguirá siendo enorme.

Pero sí significa algo importante:

ya no podemos asumir que esperar equivale automáticamente a comprar más barato.

Para fabricantes e integradores como SolaX Power, aquí aparece una oportunidad comercial interesante.

La conversación con el cliente no debería empezar por:

“¿Cuánto cuesta el kWh de batería?”

Debería empezar por:

“¿Qué problema energético tienes y cuánto te cuesta no resolverlo?”

Porque cuando un BESS tiene un business case positivo hoy, esperar únicamente con la esperanza de que la batería sea más barata mañana puede terminar siendo una estrategia bastante cara.


Fuentes: InfoLink Consulting, 1H26 Energy Storage Cell Shipment Rankings y 2026 Energy Storage Outlook; PV Magazine/ESS News, agosto de 2026.

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SolaX ya es Tier 1 BESS Integrator: cuando el almacenamiento deja de ser un producto y pasa a ser infraestructura


En un BESS, comprar buenas baterías ya no es suficiente. La verdadera pregunta es quién puede integrar todo el sistema y responder por él durante su vida útil.

Durante años, buena parte del mercado del almacenamiento se ha explicado hablando de baterías.

Química. Ciclos. kWh. Precio por MWh. Garantías.

Pero a medida que los proyectos crecen y el BESS entra en industrias, centros logísticos, grandes instalaciones fotovoltaicas, microgrids y aplicaciones de red, la decisión cambia.

El cliente ya no compra simplemente una batería.

Compra un sistema energético.

Y ahí aparece una diferencia fundamental entre fabricar componentes y ser capaz de integrarlos.

SolaX Power acaba de anunciar su reconocimiento como SMM Tier 1 BESS Integrator – H1 2026, otorgado por Shanghai Metals Market (SMM).

Puede parecer otro reconocimiento corporativo más.

No lo es.

El verdadero riesgo de un BESS está en las interfaces

Un sistema de almacenamiento moderno combina baterías, PCS, protecciones, comunicaciones, refrigeración, EMS, conexión a red y sistemas de control.

Cada componente puede funcionar perfectamente por separado y, aun así, el sistema completo no hacerlo.

Porque muchos de los problemas aparecen precisamente entre los componentes.

¿Quién coordina el PCS con la batería?

¿Quién gestiona los límites térmicos?

¿Quién decide cuándo cargar, descargar o reservar capacidad?

¿Quién integra el sistema con la instalación fotovoltaica, las cargas del cliente o el operador de red?

Y, sobre todo:

¿quién responde cuando algo no funciona como estaba previsto?

Ahí está el valor del integrador.

De vender equipos a asumir responsabilidad de sistema

En su anuncio, SolaX señala capacidades en integración BESS, calidad de producto y ejecución global de proyectos, cubriendo aplicaciones residenciales, C&I y utility-scale.

Ese cambio es importante.

Porque el mercado está evolucionando desde arquitecturas construidas mediante múltiples proveedores hacia soluciones cada vez más integradas.

Y para el cliente eso tiene una consecuencia directa:

menos interfaces contractuales, menos incertidumbre técnica y un responsable más claro del funcionamiento del conjunto.

En almacenamiento C&I esto es especialmente relevante.

Un BESS puede utilizarse para autoconsumo, peak shaving, gestión de potencia contratada, arbitraje horario, respaldo, integración renovable o participación futura en mercados de flexibilidad.

Pero el valor económico aparece cuando todas esas funciones trabajan coordinadamente.

El hardware permite almacenar energía.

La integración permite convertir esa energía en ahorro, resiliencia y flexibilidad.

SolaX lleva años moviéndose en esa dirección

El reconocimiento de 2026 no aparece de la nada.

En 2025, SolaX ya había sido incluida por SMM en su Tier 1 User-Side Energy Storage Integration List, obteniendo la certificación Tier 1 BTM BESS Supplier.

La compañía declara además una capacidad anual de fabricación de almacenamiento de 40 GWh, junto con una inversión en I+D equivalente al 14,89 % de sus ingresos en 2025.

Pero probablemente lo más interesante no sean esas cifras.

Es la dirección tecnológica.

SolaX está construyendo cada vez más piezas de la arquitectura energética dentro de un mismo ecosistema: almacenamiento, inversores, PCS, EMS y sistemas de gestión energética.

Eso permite abordar el BESS desde una perspectiva distinta.

No como una batería conectada a una instalación.

Sino como un activo energético controlable.

El próximo salto del BESS será el software

La primera generación de almacenamiento resolvía una pregunta sencilla:

¿cuánta energía puedo almacenar?

La siguiente generación tendrá que responder otra:

¿qué es lo más rentable que puedo hacer con esa energía en cada momento?

La respuesta dependerá simultáneamente del precio eléctrico, la producción fotovoltaica, la demanda del edificio, el estado de carga, las limitaciones de red, la degradación de la batería y los servicios energéticos disponibles.

Eso convierte al EMS en una pieza cada vez más estratégica.

El BESS deja de ser simplemente capacidad instalada.

Se convierte en capacidad gestionable.

Y ahí es donde la integración completa del sistema empieza a generar una ventaja real.

Tier 1 no significa ser el número uno

También conviene evitar una interpretación demasiado comercial del término.

Ser SMM Tier 1 BESS Integrator no significa automáticamente ocupar una determinada posición en un ranking mundial ni ser uno de los diez mayores fabricantes de baterías.

Son cosas diferentes.

Lo importante del reconocimiento es otra cosa: refuerza la posición de SolaX dentro del mercado de integración de sistemas de almacenamiento.

Y para un cliente que está valorando una inversión BESS con una vida esperada de muchos años, esa capacidad de integración importa.

Mucho.

Porque el precio inicial del sistema se conoce el día que se firma el pedido.

El coste de una mala integración aparece después.

El mercado BESS está entrando en una nueva etapa

Durante mucho tiempo, la industria fotovoltaica discutió sobre paneles.

Después entendió que el inversor, el diseño, el software y la operación eran igualmente importantes.

El almacenamiento está recorriendo ahora un camino parecido.

Las baterías seguirán siendo esenciales.

Pero la batalla competitiva se desplazará progresivamente hacia la integración, el control, la seguridad, la disponibilidad y la capacidad de optimizar múltiples flujos energéticos.

Por eso el reconocimiento de SolaX como SMM Tier 1 BESS Integrator – H1 2026 resulta especialmente interesante.

No porque añada una nueva etiqueta al catálogo.

Sino porque representa algo bastante más importante:

SolaX está dejando de competir únicamente por quién fabrica el mejor equipo para competir por quién puede gestionar mejor el sistema energético completo.

Y probablemente ahí se decidirá una buena parte del mercado BESS de los próximos años.

El Ártico abre una vía rápida al BESS chino: Europa puede recibir almacenamiento en unos 20 días


La nueva ruta marítima China–Europa no transporta solo contenedores. Su primer servicio regular de 2026 lleva armarios de almacenamiento, baterías y módulos fotovoltaicos. Y eso puede cambiar una variable que pocas veces aparece en el Excel de un proyecto BESS: el tiempo.

Durante años, una de las grandes ventajas industriales de China ha convivido con una desventaja geográfica evidente: Europa está lejos.

Un BESS puede fabricarse con costes muy competitivos en Asia, pero después comienza otra carrera: embarque, tránsito marítimo, llegada a puerto europeo, transporte terrestre, stock de seguridad y disponibilidad de repuestos.

Ese recorrido acaba influyendo en el capital circulante del fabricante, en el inventario del distribuidor y, sobre todo, en el calendario del cliente.

Ahora aparece una alternativa.

El 15 de agosto de 2026, el Dubai Tower salió de Ningbo-Zhoushan inaugurando la operación regular estacional de la ruta China–Europa a través del Ártico. El servicio utiliza la Northern Sea Route, continúa hacia Felixstowe, Rotterdam, Hamburgo y Gdynia y tiene al menos ocho viajes previstos durante la temporada.

Y hay un detalle especialmente relevante para el sector energético.

Entre la carga del primer barco hay energy-storage cabinets, baterías de potencia, módulos fotovoltaicos y otros componentes de nuevas energías.

No estamos hablando, por tanto, de una posibilidad teórica para el sector BESS.

Los sistemas de almacenamiento ya están utilizando esta ruta.

De 40–50 días a unos 20

El primer viaje experimental realizado en 2025 demostró la magnitud potencial del cambio.

El Istanbul Bridge llegó desde China hasta Felixstowe en aproximadamente 20 días, pese a sufrir un retraso meteorológico. Reuters comparó ese tiempo con los aproximadamente 40–50 días que pueden requerir las rutas convencionales por Suez o alrededor del cabo de Buena Esperanza.

La ruta regular de 2026 pretende convertir aquel experimento en una operación semanal durante la ventana de navegación estival.

Para el almacenamiento energético, reducir aproximadamente a la mitad el tránsito marítimo puede tener consecuencias que van bastante más allá del transporte.

Menos inventario inmovilizado

Un fabricante europeo de BESS necesita stock para absorber semanas de tránsito y posibles retrasos.

Si el lead time marítimo disminuye, también puede reducirse parte de ese inventario de seguridad.

Eso significa potencialmente menos capital inmovilizado en almacenes europeos.

Repuestos mucho más rápidos

En un sistema BESS de veinte años de vida útil, vender el equipo es solamente el principio.

PCS, módulos, componentes electrónicos y elementos auxiliares tendrán que sustituirse durante décadas.

Una cadena logística más rápida puede convertirse en una ventaja directa para el servicio posventa.

Un componente que tarda varias semanas menos en llegar puede ser mucho más importante para un cliente que una pequeña diferencia en el CAPEX inicial.

Más velocidad para ejecutar proyectos

El mercado europeo del almacenamiento está creciendo rápidamente, pero los proyectos siguen teniendo ventanas muy concretas de construcción, conexión y puesta en marcha.

Cuando una decisión de inversión se retrasa, disponer del equipo rápidamente puede marcar la diferencia entre ejecutar el proyecto este trimestre o varios meses después.

Aquí aparece un concepto cada vez más importante:

Time-to-Power.

El BESS que llega antes, se conecta antes y empieza a generar valor antes.

Pero el Ártico no sustituirá mañana a Suez

Conviene evitar una conclusión demasiado rápida.

La Northern Sea Route sigue teniendo limitaciones importantes.

La navegación es principalmente estacional, aproximadamente entre julio y octubre; las condiciones meteorológicas y del hielo pueden cambiar rápidamente, y la ruta depende además de aguas bajo jurisdicción rusa.

También existen mayores exigencias de navegación, seguros y gestión del riesgo.

Por eso, al menos por ahora, el Ártico no parece un sustituto completo de las grandes rutas marítimas tradicionales.

Puede ser algo diferente y quizá más interesante:

un corredor logístico rápido para mercancías industriales de alto valor.

Y un armario BESS encaja perfectamente en esa categoría.

La logística también empieza a formar parte del producto

Durante años hemos comparado sistemas de almacenamiento principalmente por:

€/kWh, eficiencia, ciclos, potencia, garantía y seguridad.

La siguiente fase del mercado incorporará otras variables:

disponibilidad, lead time, capacidad de reposición y servicio durante toda la vida del activo.

Ahí fabricantes globales como SolaX Power, con producción asiática y presencia comercial y técnica en Europa, pueden encontrar una nueva oportunidad.

No significa que SolaX esté utilizando actualmente esta ruta —no existe información pública que permita afirmarlo—.

Pero estratégicamente la posibilidad es evidente.

Si Europa puede recibir equipos BESS desde los grandes centros industriales chinos en aproximadamente tres semanas, el modelo logístico del almacenamiento podría empezar a cambiar.

Menos stock.

Menos capital inmovilizado.

Repuestos más rápidos.

Y proyectos que pueden entrar antes en operación.

El primer barco ya transporta almacenamiento energético.

Quizá la noticia no sea que China haya encontrado una nueva ruta hacia Europa.

La noticia para nuestro sector es que el BESS ya ha embarcado en ella.

Fuentes: Xinhua/Belt and Road Portal, Reuters y Lloyd’s List, agosto de 2026.

17 ago 2026

La segunda vida de un parque renovable necesita baterías


Repotenciar ya no es cambiar aerogeneradores. Es sacar más valor del mismo punto de conexión.

Durante años, repotenciar un parque eólico significaba algo bastante sencillo: retirar aerogeneradores antiguos y sustituirlos por máquinas más grandes, eficientes y productivas.

Ese modelo está cambiando.

La nueva generación de proyectos de repotenciación empieza a diseñarse alrededor de un recurso que puede resultar incluso más valioso que el propio aerogenerador:

el punto de conexión a la red.

Y cuando la potencia de generación aumenta mucho más rápido que la capacidad disponible para evacuarla, aparece una pieza que cambia completamente la ecuación:

el almacenamiento.

Un dato que merece atención: 53%

El programa Repoten 2 del MITECO ha adjudicado 612 millones de euros a 173 proyectos, que movilizarán cerca de 3.750 millones de euros de inversión y renovarán más de 3,5 GW de potencia eólica e hidroeléctrica.

Pero probablemente el dato más interesante no está en los gigavatios.

Está en las baterías.

El 53% de los proyectos adjudicados incorpora almacenamiento hibridado.

En conjunto, añadirán algo más de 2 GWh de nueva capacidad de almacenamiento.

Eso supone un cambio importante.

El BESS deja de estudiarse únicamente como una instalación independiente para arbitraje energético.

Empieza a convertirse en parte del diseño de una central renovable existente.


Seis veces más potencia por aerogenerador

La transformación tecnológica es enorme.

Repoten 2 prevé sustituir cerca de 3.000 aerogeneradores antiguos, con unos 790 kW de potencia media, por menos de 500 máquinas nuevas de alrededor de 5 MW.

La potencia media por aerogenerador se multiplica más de seis veces.

Pero existe un problema.

La red a la que está conectado el parque no se multiplica por seis.

Y ahí empieza realmente la ingeniería del nuevo proyecto.

Ya no basta con preguntarse:

¿Cuántos MW puedo instalar?

La pregunta importante pasa a ser:

¿Cómo puedo obtener el máximo valor económico del punto de conexión que ya tengo?


El punto de conexión se convierte en un activo

Un parque renovable puede aumentar significativamente su potencia instalada mientras mantiene limitada su capacidad de acceso a la red.

La regulación permite, bajo determinadas condiciones, incorporar almacenamiento mediante hibridación utilizando el mismo punto de conexión y la capacidad de acceso concedida.

Aquí conviene hacer una precisión importante:

una batería no crea mágicamente más capacidad de acceso.

Lo que puede hacer es gestionar mucho mejor la capacidad que ya existe.

Cuando la generación supera lo que puede evacuarse, parte de esa energía puede almacenarse.

Cuando la producción disminuye o el precio de mercado mejora, puede descargarse.

El punto de conexión deja así de utilizarse únicamente cuando sopla el viento.

Empieza a utilizarse cuando más valor puede generar.


De producir más energía a vender mejor la energía

Esta diferencia parece pequeña.

No lo es.

Durante décadas, gran parte de la economía renovable se construyó alrededor de maximizar MWh.

En un sistema con mucha generación renovable, empieza a importar otra variable:

cuándo se venden esos MWh.

La elevada producción simultánea de eólica y fotovoltaica puede reducir el precio capturado por estas tecnologías en determinadas horas. La propia fuente señala que el análisis de una repotenciación debe incorporar previsiones horarias de producción, precios, restricciones de evacuación y almacenamiento.

Ahí es donde un BESS introduce una nueva dimensión económica.

Puede permitir:

  • almacenar energía en periodos de bajo valor;

  • desplazar generación hacia periodos de mayor precio;

  • reducir pérdidas asociadas a determinadas restricciones de evacuación;

  • participar potencialmente en servicios de ajuste;

  • y aprovechar de forma más intensiva la infraestructura eléctrica existente.

Por eso MW renovables y MWh de batería deberían empezar a diseñarse conjuntamente, no como dos proyectos independientes.


El BESS pasa de accesorio a infraestructura

La consecuencia es importante para promotores, fondos y propietarios de activos renovables.

La decisión ya no debería ser simplemente:

“vamos a repotenciar el parque”.

Debería estudiarse como una nueva optimización completa del activo:

Generación + BESS + conexión + mercado + operación.

Porque puede existir un punto en el que añadir otro MW de generación produzca menos valor que añadir capacidad de almacenamiento.

Y también puede ocurrir lo contrario.

No existe una batería óptima para todos los parques.

La propia fuente advierte de que aumentar el tamaño del almacenamiento no garantiza una mayor rentabilidad: hay que analizar potencia, capacidad energética, perfil de producción, capacidad de conexión, spreads de precios, ciclos y degradación.

Ese análisis es precisamente lo que diferencia instalar una batería de diseñar un activo híbrido.


Y aquí empieza una nueva oportunidad para el BESS utility-scale

Este nuevo mercado encaja especialmente bien con arquitecturas modulares de almacenamiento a gran escala.

Por ejemplo, SolaX ORI combina bloques de 2,5 MW de PCS y 5,015 MWh de batería, en arquitectura containerizada con refrigeración líquida y precomisionado en fábrica.

Pero la tecnología es solo una parte de la solución.

El verdadero valor aparece cuando el BESS se dimensiona alrededor de:

la curva de generación, la capacidad del punto de conexión y los mercados en los que va a operar.

Ahí es donde almacenamiento y repotenciación empiezan realmente a converger.


La conclusión es bastante clara

España tiene miles de MW renovables construidos hace años alrededor de un sistema eléctrico muy diferente al actual.

Ahora esos activos empiezan a renovarse.

Y la oportunidad no consiste simplemente en instalar máquinas más grandes.

Consiste en rediseñar completamente la forma en que utilizan la red y monetizan su energía.

Los datos de Repoten 2 ofrecen una señal difícil de ignorar:

más de la mitad de los proyectos ya incorporan almacenamiento.

Quizá estemos empezando a ver cuál será realmente la segunda vida de muchos parques renovables.

No será únicamente una turbina nueva.

Será una central híbrida.

Renovable + BESS + gestión inteligente del punto de conexión.

Y ahí puede estar una de las próximas grandes oportunidades del almacenamiento energético en España.


Fuente base: AleaSoft Energy Forecasting / El Periódico de la Energía, 16 de agosto de 2026. Datos del programa Repoten 2 del MITECO.