El Gobierno advierte de que la expansión de los centros de datos podría duplicar el funcionamiento de los ciclos combinados y triplicar los costes variables de generación eléctrica. Pero ¿qué sucedería si estas infraestructuras dejaran de comportarse como consumidores pasivos?
Una advertencia que merece atención
España quiere posicionarse como uno de los grandes polos europeos de infraestructura digital e inteligencia artificial.
Sin embargo, esta ambición empieza a enfrentarse a una realidad que no puede ignorarse: la electricidad que necesitan los centros de datos debe estar disponible las 24 horas del día, independientemente de cuándo brille el sol o sople el viento.
El 5 de noviembre, El Periódico de la Energía, recogiendo información de Europa Press, publicó las conclusiones de la memoria de impacto normativo del proyecto de Real Decreto sobre centros de datos.
Las cifras son contundentes.
Según las estimaciones gubernamentales, conectar 10 GW de centros de datos en España en 2030, frente a un escenario de 1 GW, podría provocar:
Un 107% más de funcionamiento de los ciclos combinados.
Un 200% más de costes variables totales de generación.
Un 65% más de emisiones de CO₂.
Es importante precisar que triplicar los costes variables agregados de generación no equivale a triplicar el precio de la electricidad que pagan los consumidores.
Además, estamos hablando de escenarios modelizados, no de resultados inevitables.
Pero la advertencia es legítima: incorporar una demanda eléctrica adicional de gran magnitud, relativamente constante y poco flexible puede incrementar la dependencia de la generación térmica durante las horas de menor disponibilidad renovable.
La pregunta es si debemos aceptar esa demanda como necesariamente inflexible.






