11 feb 2026

Choque sobre interconexiones eléctricas: Macron versus Redeia y qué está en juego para España

En las últimas semanas se ha intensificado un debate que puede tener consecuencias profundas para el mercado eléctrico europeo: por un lado, el presidente francés Emmanuel Macron ha cuestionado la narrativa española sobre la necesidad urgente de más interconexiones con Francia. Por otro, el operador español Redeia ha respondido de forma crítica, señalando que los obstáculos no son técnicos sino políticos y estratégicos.

Macron: un “debate falso” según Francia

Emmanuel Macron ha señalado que el llamado debate sobre interconexiones con España se basa en una percepción incorrecta de la realidad técnica de los sistemas eléctricos. Su argumento fundamental es que el sistema español —con una alta penetración de renovables— no está diseñado para absorber grandes flujos de intercambio con otros países, y que esto dificulta la integración eficiente en el mercado europeo.

Desde esa perspectiva, lo que parece una falta de conexión puede ser, desde Francia, una cuestión de estabilidad del sistema, planificación de inversión y prioridades internas. Macron ha subrayado que hablar de interconexiones sin atender la robustez de las redes locales crea expectativas que no se sostienen si no hay seguridad de operación y capacidad técnica equivalente en ambos lados de la frontera.

Redeia: “No es técnico, es geoestratégico”

La reacción de Redeia, el principal operador de la red española de transporte de electricidad, ha sido tajante. Su posición es que la dificultad para avanzar en nuevas interconexiones no responde a problemas de ingeniería, sino a decisiones geoestratégicas y regulatorias que retrasan o desincentivan proyectos que, desde la óptica española, son viables y beneficiosos.

Redeia reconoce que las obras tienen complejidad (como cualquier gran infraestructura), pero recalca que ya existen soluciones —por ejemplo, el proyecto de la interconexión por el Golfo de Vizcaya— que muestran que es posible aumentar la capacidad de intercambio. La empresa también señala que las barreras regulatorias y la falta de criterios armonizados entre países frenan el avance más que límites técnicos reales.

Implicaciones para España de la falta de interconexiones

La ausencia de interconexiones robustas con Francia y, por extensión, con el resto de Europa, tiene varias consecuencias concretas para España:

  1. Mercado eléctrico más aislado: sin cables suficientes que conecten con Francia, España funciona casi como una “isla energética” dentro del mercado europeo, con menos capacidad para exportar excedentes o importar cuando hay picos de demanda.

  2. Precios menos eficientes: la falta de flujo con mercados vecinos puede llevar a mayores variaciones de precio, limitando la competencia y perdiendo oportunidades de equilibrar oferta y demanda a través de fronteras.

  3. Menor integración de renovables: España ha invertido fuertemente en generación renovable. Sin interconexiones, parte de esa energía no puede aprovecharse plenamente ni contribuir a la estabilidad del sistema europeo.

  4. Vulnerabilidad ante crisis: eventos como apagones o picos de demanda son más fáciles de gestionar con redes bien interconectadas, porque otros países pueden aportar o recibir energía de forma rápida.

En resumen, para España la falta de interconexiones no solo es una cuestión técnica: afecta precios, seguridad energética y capacidad competitiva en el mercado europeo.

Una estrategia para avanzar: qué debería hacerse

El problema no se resuelve solo con más discursos. Requiere un plan integral que coordine actores europeos, nacionales y locales. La estrategia más sólida incluiría:

  1. Financiación europea significativa: reconocer las interconexiones como infraestructura crítica paneuropea y cofinanciar gran parte de los costes para aliviar la carga sobre los países por cuyas fronteras pasan las líneas.

  2. Mecanismos de reparto de beneficios y costes: diseñar criterios claros para que los países que reciben impactos locales (ambientales o de uso de suelo) también compartan los beneficios que se generan en todo el sistema europeo.

  3. Permisos y gobernanza más ágiles: establecer un marco de permisos transfronterizos con plazos máximos y coordinación directa entre autoridades, reduciendo la burocracia y conflictos entre administraciones.

  4. Compensaciones a nivel territorial: acompañar los proyectos con inversiones en las zonas afectadas en forma de empleo, infraestructura social o mejoras ambientales, para elevar la aceptación local.

  5. Narrativa de seguridad común: en lugar de enmarcar el debate en términos nacionales de “perder o ganar”, presentar las interconexiones como esenciales para la resiliencia energética europea y la competitividad frente a terceros.

  6. Armonización regulatoria: alinear criterios técnicos, de mercado y de cálculo de costes entre redes nacionales para eliminar barreras que no son técnicas pero dificultan las inversiones.

Conclusión

El choque entre Macron y Redeia no es solo un desencuentro retórico, sino un síntoma de una tensión más profunda en Europa: cómo equilibrar soberanía nacional con estructuras que, por su naturaleza, trascienden fronteras. España tiene razones económicas y estratégicas para impulsar interconexiones, pero para que esos proyectos avancen de forma rápida y efectiva se necesitan tanto incentivos financieros como voluntad política y mecanismos de cooperación más sólidos.

El reto es estructural: no basta con acuerdos bilaterales. Europa tendrá que diseñar formas más ambiciosas de coordinar infraestructura crítica si quiere que su mercado energético funcione como un todo y no como un puzle de piezas parcialmente conectadas.