No es así.
El PERTE financia algo más exigente: cambios reales de proceso industrial que reduzcan emisiones de CO₂ de forma verificable.
En ese contexto, un sistema de almacenamiento energético (BESS) solo tiene sentido cuando es condición necesaria para electrificar procesos y eliminar combustibles fósiles. No cuando es únicamente una herramienta para optimizar la factura eléctrica.
Ahí está la diferencia entre un proyecto energético… y un proyecto de descarbonización.
El criterio clave: emisiones evitadas, no equipos instalados
La evaluación no se centra en cuántos MWh de batería se instalan. La pregunta técnica es otra:
¿Qué consumo fósil desaparece gracias al proyecto?
En ese momento, el BESS deja de ser un complemento y pasa a ser infraestructura crítica de proceso.
El verdadero cuello de botella: la red eléctrica
Hoy muchos procesos industriales ya son electrificables:
hornos
vapor
secado
calentamiento de fluidos
calor de proceso
El problema no suele ser el proceso. Es la potencia disponible.
Picos de demanda, rampas de carga o limitaciones de acometida hacen inviable la electrificación sin reforzar la red, lo que implica plazos largos y costes elevados.
El BESS actúa como buffer energético:
cubre picos de potencia
suaviza perfiles de carga
desacopla proceso y red
mantiene estabilidad operativa
Sin almacenamiento, la electrificación puede ser técnicamente imposible. Con almacenamiento, pasa a ser viable.
Renovables que sí cuentan
Instalar fotovoltaica sin almacenamiento suele generar un desajuste:
la energía solar no coincide con la curva de consumo industrial.
El resultado son vertidos y bajo aprovechamiento real.
Cuando se integra un BESS:
se almacena excedente renovable
se libera cuando el proceso lo necesita
aumenta el autoconsumo efectivo
se reduce energía fósil de respaldo
Esto no es una mejora estética: impacta directamente en el cálculo de CO₂ evitado.
Eliminación del respaldo fósil
Muchas plantas siguen dependiendo de:
grupos electrógenos diésel
calderas de apoyo
sistemas térmicos redundantes
El almacenamiento industrial permite mantener continuidad productiva sin combustión.
Cada hora de diésel evitada se traduce en reducción directa de emisiones. Es uno de los argumentos más sólidos en cualquier expediente de descarbonización.
Cuando el almacenamiento pasa a ser parte del proceso
Un BESS orientado a PERTE no opera como activo financiero. Opera como activo industrial.
Eso implica:
integración con SCADA de planta
lógica de operación basada en producción
prioridad a renovables
estabilidad de cargas críticas
La batería deja de responder al precio del mercado y pasa a responder a las necesidades del proceso productivo.
El papel de las soluciones industriales de SolaX Power
Las soluciones industriales de SolaX Power están diseñadas precisamente para este escenario: almacenamiento integrado en arquitectura de planta, no como sistema aislado.
Su enfoque combina:
arquitectura containerizada modular
electrónica de potencia industrial
integración con sistemas de control
seguridad certificada
escalabilidad por fases
El objetivo no es solo almacenar energía, sino garantizar viabilidad de electrificación y continuidad operativa en entornos industriales exigentes.
Cuando el BESS se diseña con esta lógica, encaja de forma natural en proyectos PERTE: como infraestructura de descarbonización, no como accesorio energético.
Conclusión
El PERTE 2026 no va de instalar baterías.
Va de cambiar procesos industriales sin perder competitividad.
Un BESS tiene sentido cuando:
habilita electrificación profunda
convierte renovables en energía útil
elimina combustión fósil
garantiza estabilidad productiva
En ese marco, el almacenamiento de SolaX Power no es una tendencia tecnológica. Es una herramienta para seguir produciendo… con menos emisiones.
Y su valor no se mide en MWh instalados, sino en toneladas de CO₂ que la planta deja de emitir.
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