27 jul. 2018

Las ciudades que bailan al ritmo renovable


Que la Administración dé ejemplo. Es uno de los reclamos que repiten los agentes del sector energético en este imparable proceso de descarbonizacióneconómica. Aunque, de momento, son los ayuntamientos los que lideran el cambio en España, al promover la reducción de emisiones de carbono, las instalaciones renovables, el autoconsumo (una fórmula penalizada durante el Ejecutivo popular y que está ahora en revisión) y hasta la comercialización de su propia energía. El objetivo es alcanzar la autosuficiencia mediante un suministro 100% verde y preservar a la vez el medio ambiente.


A principios de este mes, Madrid presentó su Hoja de ruta hacia la sostenibilidad energética, que busca que su parque inmobiliario se abastezca de energías renovables y produzca cero emisiones en 2030. 

La principal apuesta es el autoconsumo. El ayuntamiento quiere colocar placas solares en los 735.000 metros cuadrados de azotea disponible en los 900 edificios que más consumen, con una potencia de 75 megavatios hora al año y que cubrirá el 61% de la demanda de electricidad prevista en 12 años, con un coste total de 96,5 millones, según sus cálculos.

El Ayuntamiento de Barcelona es, sin duda, el que ha dado los pasos más trascendentales. A finales de junio anunció el lanzamiento de su propia empresa comercializadora, Barcelona Energía (BE), por tanto, la desconexión de la eléctrica Endesa, que hasta entonces cubría la demanda eléctrica municipal.

El nacimiento de esta empresa pública, que supone un cambio de modelo radical y gestiona unos 200 GWh al año, forma parte de su plan de transición hacia un sistema energético sostenible, con un presupuesto de 130 millones, y que se fundamenta en el autoconsumo y la generación de proximidad 100% verde (de paneles solares y de la planta de tratamiento de residuos del Besòs, que gestiona Tersa), según la web del consistorio que dirige Ada Colau. El ahorro en la factura se calcula en cerca de 710.000 euros anuales.

La tendencia es global, incluso en países tan contaminantes como China, donde 11 urbes se han propuesto frenar el dióxido de carbono a 2030. Otras, como Reikiavik, Burlington, Seattle u Oslo, ya lo han conseguido.