25 ene 2026

Copernicus confirma el cambio climático: por qué la inacción sale más cara que actuar ya


El informe Global Climate Highlights 2025 del servicio Copernicus (ECMWF) confirma una tendencia ya inequívoca: los once últimos años (2015-2025) son los once más cálidos registrados. En 2025, la temperatura media global alcanzó 14,97 °C, situándose +1,47 °C por encima del nivel preindustrial (1850-1900). Aunque 2024 sigue siendo el año más cálido, el dato más preocupante es estructural: el promedio 2023-2025 supera por primera vez los 1,5 °C, señal de que el sistema climático se está estabilizando cerca de un umbral que antes se consideraba un límite a largo plazo.

El propio informe muestra que esta situación no se explica solo por variabilidad natural. La persistencia de temperaturas extremas incluso sin un El Niño fuerte apunta a un forzamiento antropogénico dominante, reforzado por el aumento de gases de efecto invernadero, la reducción del enfriamiento por aerosoles y un contenido de calor oceánico excepcionalmente alto.

La inacción no es neutral: es más costosa

Retrasar la acción climática tiene costes crecientes y acumulativos:

  • Económicos: daños por inundaciones, incendios y olas de calor; interrupciones en cadenas de suministro; mayor gasto en reconstrucción e infraestructuras.

  • Salud: más mortalidad por calor, peor calidad del aire y mayor presión sobre los sistemas sanitarios.

  • Sociales y geopolíticos: estrés hídrico, inseguridad alimentaria y migraciones climáticas.

  • Irreversibles: pérdida de glaciares y ecosistemas que no se recuperan en escalas humanas.

Desde un punto de vista coste-beneficio, cada décima adicional de calentamiento multiplica estos impactos. Por eso, mitigar ahora suele ser más barato que pagar después por daños crecientes.

La palanca más eficaz esta década: renovables + electrificación

Entre las medidas disponibles, hay un amplio consenso en que potenciar las energías renovables y la electrificación ofrece una de las mejores relaciones coste-impacto:

  • Electricidad limpia (solar, eólica, hidráulica y, según países, nuclear) ya es competitiva y permite descarbonizar en cascada otros sectores.

  • Electrificación de usos finales (vehículos eléctricos, bombas de calor, parte de la industria) es mucho más eficiente que quemar combustibles fósiles directamente.

  • Redes, almacenamiento y gestión de demanda son esenciales para integrar altos porcentajes de renovables y garantizar fiabilidad.

Aquí entran soluciones tecnológicas de almacenamiento y gestión energética que permiten aprovechar mejor la generación renovable, reducir picos y aumentar la resiliencia del sistema. Propuestas como las que desarrolla SolaX Power —en almacenamiento y sistemas de gestión— ilustran el tipo de infraestructura necesaria para acompañar el despliegue renovable y hacer viable una electrificación a gran escala.

Conclusión

No estamos decidiendo si habrá impactos —ya los hay—, sino cuán grandes y costosos serán. El informe de Copernicus refuerza que la inacción es la opción más cara. Acelerar renovables, electrificar usos finales e invertir en redes y almacenamiento no es solo una estrategia climática: es una decisión económica y de seguridad a largo plazo.