22 ene 2026

Trump empuja al mundo a las renovables

Parece una paradoja, pero lo que estamos viviendo hoy podría ser el mayor impulso a las energías renovables de la historia. Aunque se intente proclamar la vuelta a la "ley de la selva" y al dominio de los combustibles fósiles, este movimiento está generando un efecto bumerán que acelera radicalmente el fin de la era del petróleo por tres motivos fundamentales: seguridad, economía y tecnología.

1. Las renovables como escudo, no como arma

En un mundo donde las reglas y alianzas parecen diluirse bajo el poder arbitrario, la energía se ha convertido en una cuestión de seguridad nacional. Cuando el petróleo se usa como un arma política, las renovables se convierten en un escudo.

Ningún país puede permitirse que su economía dependa de un combustible cuyo suministro pueda cortarse con un simple tuit. Por eso, incluso altos cargos militares europeos están pidiendo que la transición energética se trate como una prioridad de defensa. Países tradicionalmente dependientes de las importaciones, como España, ven ahora en el sol y el viento su única vía para ser soberanos energéticamente.

2. La economía ya no apuesta por el pasado

Más allá de la ideología, la transición es irreversible por pura matemática: el sol y el viento son las fuentes de energía más baratas que han existido jamás.

Estamos viendo ejemplos contundentes en todo el mundo:

  • China: Se ha convertido en un "electroestado" donde el 30% de su economía ya funciona con electricidad y 6 de cada 10 coches que se venden son enchufables.
  • Reino Unido: Ha puesto en marcha planes de aerotermia y eólica marina con precios un 40% más baratos que el gas importado.
  • India: Ha realizado subastas de energía solar con baterías que cuestan un 40% menos que la electricidad de centrales de carbón ya construidas.
  • Etiopía: Ha llegado al extremo de prohibir la importación de coches de combustión, fomentando el uso de su propia electricidad renovable.

3. El "momento Nokia" de las petroleras

La diferencia clave entre el petróleo y la tecnología (como los paneles solares o las baterías) es que el combustible fósil es finito y cada vez más costoso de extraer. En cambio, con la tecnología, cada vez que se duplica la producción, el coste baja un 30%.

Quedarse anclado en los combustibles fósiles hoy es como insistir en fabricar teléfonos Nokia en el momento en que apareció el smartphone. Las industrias que hoy piden aranceles o intentan frenar a la competencia (como la eólica) están mostrando, en realidad, los últimos estertores de una industria moribunda.

Un futuro inevitable

Aunque veamos imágenes de líderes repartiéndose recursos petrolíferos, la realidad técnica y económica es otra. El futuro es eléctrico, con aire limpio y sin guerras por el crudo. La transición ya no es solo una opción ecológica, es la única forma de no quedar condenado a la irrelevancia en el siglo XXI.

Es el momento de elegir: ¿nos renovamos o nos quedamos atrás?.