22 ene 2026

IRENA - Redes eléctricas frente al clima extremo: cómo reforzar la resiliencia del sistema eléctrico


El cambio climático está transformando el funcionamiento de los sistemas eléctricos en todo el mundo. Inundaciones, tormentas, olas de calor, sequías e incendios forestales son cada vez más frecuentes e intensos, poniendo en riesgo infraestructuras críticas y aumentando la probabilidad de apagones prolongados. En este contexto, organismos internacionales como IRENA subrayan la necesidad de pasar de un enfoque reactivo —reparar tras el fallo— a una estrategia de resiliencia proactiva.

De la reacción a la anticipación

Tradicionalmente, las redes eléctricas se han diseñado para soportar fallos “normales” (como la pérdida de una línea o un generador). Sin embargo, los eventos climáticos extremos pueden provocar fallos simultáneos en múltiples activos, generando efectos en cascada. Por ello, la resiliencia moderna se centra en la capacidad del sistema para anticipar, resistir, adaptarse y recuperarse rápidamente, minimizando el impacto económico y social.

Infraestructura más robusta y flexible

Una de las prioridades es el refuerzo físico de los activos críticos: subestaciones elevadas frente a inundaciones, líneas reforzadas contra viento y hielo, y equipos preparados para temperaturas extremas. Este “hardening” reduce la probabilidad de fallo, pero debe complementarse con mayor flexibilidad operativa.

El papel de las renovables distribuidas y el almacenamiento

Las energías renovables distribuidas, junto con sistemas de almacenamiento, permiten reducir la dependencia de un único punto de suministro. Microredes, plantas solares con baterías y soluciones de respaldo local pueden mantener en funcionamiento servicios esenciales —hospitales, telecomunicaciones, agua— incluso cuando la red principal sufre interrupciones.

El almacenamiento energético también facilita el arranque del sistema tras un colapso (black-start), suaviza picos de demanda durante olas de calor o frío y mejora la estabilidad de la red en contextos de alta penetración renovable.

Redes inteligentes para decisiones más rápidas

La digitalización es otro pilar clave. La monitorización en tiempo real, el análisis predictivo y la gestión remota permiten detectar vulnerabilidades antes de que se conviertan en fallos graves. Las smart grids hacen posible una respuesta más rápida ante eventos extremos, optimizando la restauración del servicio y reduciendo la duración de los cortes.

Resiliencia como inversión, no como coste

IRENA destaca que invertir en resiliencia no debe verse solo como un gasto adicional. El análisis coste-beneficio muestra que la prevención suele ser más rentable que asumir repetidas pérdidas por apagones, daños a equipos y paradas de actividad económica. Además, nuevos modelos de financiación —colaboraciones público-privadas, instrumentos verdes y financiación concesional— están facilitando este tipo de inversiones.

Hacia un sistema eléctrico preparado para el futuro

La combinación de planificación climática, infraestructuras reforzadas, energías distribuidas, almacenamiento y digitalización permite construir sistemas eléctricos más resistentes. La resiliencia no depende de una única tecnología, sino de un enfoque integrado que tenga en cuenta tanto los riesgos climáticos como la evolución del propio sistema energético.


Soluciones tecnológicas para apoyar la resiliencia

En este contexto, soluciones como inversores a gran escala, sistemas de almacenamiento en baterías (BESS), controladores inteligentes y plataformas de monitorización —como los que ofrece SolaX Power para aplicaciones utility-scale— pueden contribuir a reforzar la estabilidad, facilitar el respaldo energético y mejorar la gestión avanzada de la red, alineándose con las recomendaciones de resiliencia planteadas por IRENA.